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Rodrigo Rada, dispuesto a romper la rutina

Punto, línea... dibujo. Los márgenes entre realidad e incertidumbre son explorados por el artista.

/ 31 de marzo de 2013 / 05:00

Es muy difícil que logres pasar de esta noche”, le dijo el amigo de infancia, ahora en su rol de médico, a Douglas Rodrigo Rada. Éste se hallaba en la sala de terapia intensiva y agradeció al compañero la sinceridad. “Creo que es mejor, si te vas a morir mañana, que lo sepas; así harás cosas que de otra forma no asumirías”, opina el artista paceño, radicado en Cochabamba, y que luego de un largo periodo de enfermedad ha superado la embolia que estuvo a punto de matarlo.  

Rodrigo ha aprendido lo que vale el tiempo. Y, entre muchas otras labores que ha emprendido luego de dos años en que no pudo hacer nada más que cuidarse, escribe un libro sobre sus dibujos, ha fotografiado toda su obra, la ha ordenado y ha firmado cada una de sus creaciones. No hay nada pendiente, en tal sentido. “Me he dado cuenta de que si tú no asumes este trabajo, nadie más lo hará. No hay institución en el país que se preocupe por la memoria, por la historia del arte”.

Durante el tiempo de mayor cuidado, cuando estaba “guardado”, como él dice, empezó a hacer dibujitos en papeles pequeños. Pero es ahora que una idea que estaba pendiente ha cuajado, por lo que el artista se dice muy contento: ha armado con unos 300 de esos dibujos un mural que invita al observador al juego de mirar lo que forman, desde lejos, y a buscar aquellas figuras que le dicen más, de cerca.

Un monstruo, una mariposa, una mosca… lo que cada quien pueda ver en el muro lateral derecho de la sala de exposiciones de la CAF, en la zona de San Jorge paceña. Y en el detalle, punto, línea, forma; dibujos con lápiz, bolígrafo, pero también hilo, aguja, tornillos, monedas, grapas y un sinfín de objetos, algunos de los cuales se mueven: sólo hay que encontrarlos y darles el impulso. No faltan las huellas de los dedos del artista, y manos, muchas manos que vienen de las que ha trabajado para una exposición en Dublín (Irlanda), aunque para esa muestra —HandJob, proyecto de Alan Phelan que ahora mismo está en la Oonagh Gallery— se decantó por una instalación con guantes de goma.

 La exposición de la CAF se titula Margen. Y como concepto se halla lejos ya de esa realidad de estar enfermo, aclara el artista ganador del Premio Siart y de la Bienal de Santa Cruz. Para exorcizar esos días de dolor ya hizo Tregua (2012), un trabajo con objetos y dibujos que, sin embargo, algo adelantaban de Margen.

Ya lo juzgará el observador, pero permítase algunos apuntes más acerca del mural-monstruo. Las obras “son como recortes. Es mi intento de transgredir los límites del dibujo a lápiz, sin que deje de ser un dibujo objetual”, explica Rada, quien al darse cuenta de cómo la mirada se posa en una figura amorfa lograda con hilo rojo, cita a su colega Alejandra Alarcón, que igualmente se habría detenido en este dibujo que parece mirar desde dos puntitos sutiles que bien podrían ser unos ojos.

La cualidad de dibujante del artista es harto conocida. De hecho, así se presentó en La Paz a mediados de los 2000 en una exposición en Espacio Patiño con la que marcó su retorno de México, luego de una década en que vivió y se formó allí en la Universidad de Las Américas (Puebla).

Aquella vez, llenó los muros de enormes dibujos a lápiz destinados a ser borrados. “Es curioso. En México trabajé mucho con el concepto de prótesis, con vínculos simbólicos entre las personas, en espacios en los que los objetos comunes pueden convertirse en simbólicos y en cómo la gente le da significaciones a un objeto mientras la persona de al lado no le importa. Era para hablar de la otredad, del ser diferente, el yo y el otro, en fin”. Ya en Bolivia, por las coyunturas que encontró no siempre accesibles para obras conceptuales, dice, “la obra cambió y se volvió dibujo”.  

 En 2005, Rada ganó el Salón Internacional de Arte con un video brevísimo: un hombre patea la pelota, ésta rebota y le da de lleno en la cabeza a otro hombre. La otredad, nuevamente.

En 2008, un dibujo en tinta, en el que se ve un enorme espacio negro que se va blanqueando en virtud de una mujer que barre, le valió el galardón de la XVI Bienal de Santa Cruz de la Sierra.

Y así, más facetas del artista fueron manifestándose: escultor, fotógrafo, pintor, instalador; estuvo muy activo, con exposiciones nacionales e internacionales, residencias en el país y fuera de él…

Cuando su salud le puso un alto, “cambió mi metodología”, dice. Guardó su maleta y la vida de aquí para allá y asumió una más ordenada, “lo cual ha cambiado todo”. Los dibujos “empezaron a sintetizarse, cambiaron los formatos”, aunque la esencia de este arte, punto, línea, están siempre presentes, porque en definitiva “es donde empieza todo lo demás”.

En la actual muestra en la CAF, dos dibujos llevan el sello más reconocible de Rada, al estilo de Las barrenderas. Superficies que él oscurece y que por contraste dan vida a figuras humanas.    

Al artista no le interesa tanto, en esta oportunidad, que la atención se dirija a esas obras, sino a las “nuevas”: el monstruo y un mural condenado a desaparecer. En la pared que continúa respecto de la puerta de ingreso a la galería, como si de lejos llegase, avanza un nadador. El mar no es de agua sino algo más sólido y que da la impresión de ser agudo y difícil. “Como minas”, sugiere el creador. Es un dibujo con tiza —blanco sobre negro— sumamente vulnerable y con esa condición de efímero que caracteriza a muchas de las obras de arte contemporáneo.

Tales son las obras de Margen, la muestra curada por Cecilia Lampo y con la que Rodrigo Rada, “una vez más, le estoy dando vueltas a los límites del espacio, a aquel que hay entre la realidad y la incertidumbre. Quiero pensar que el piso no está abajo ni el techo arriba; deconstruir lo que percibo como realidad. En la obra del nadador, por ejemplo, espero estar rompiendo la rutina… bueno, lo que es mi rutina”.

Curador e investigador

Al margen de la producción, Rodrigo trabaja en otras ramas que, eso sí, no se alejan del arte. Es uno de los curadores, junto a Alejandra Dorado, del tercer Festival de Performance Cimientos que, a nivel internacional, está convocado para mayo y que tendrá lugar en el Centro Portales de Cochabamba. “También presentaré una obra”, desliza, pero esencialmente está entusiasmado por la posibilidad de compartir con el cubano Luis Garciga y el argentino Santiago Cao, y con los nacionales Santiago Contreras, Galo Coca, Roberto Valcárcel, entre varios otros.   

Y está la elaboración de otro libro, dedicado esta vez a la historia del performance en Bolivia. “Tenemos el festival, hemos organizado jornadas y plataformas en el país, así que estaba ahí la inquietud de consolidar la parte histórica, tan necesaria para continuar”. Como curador “estaba ya interesado en conocer lo que se hizo, para no inventar el hilo negro otra vez. Elizabeth Torres, directora del Centro Patiño en Cochabamba, coincidió con esta necesidad y juntos, además de con Alejandra Dorado, emprendimos el trabajo”.

El artista afirma haber descubierto mucho de lo que ni sospechaba. Por una parte, porque al vivir años fuera de Bolivia, “no tenía vivencia de muchas cosas”.

Por otra, la sempiterna ausencia de registro en el país. Entrevistas, por ejemplo con Sol Mateo, Angélica Heckl y Valia Carvalho, “me aclararon bastante acerca de los orígenes del arte contemporáneo y de las plataformas que comenzaron a armar performances y arte no tradicional”.  

Entre las revelaciones para él, y seguramente para muchos, artistas incluidos, Rada menciona, luego de reconocer en Roberto Valcárcel “a nuestro padre y creador, fundador, no sé cómo llamarlo”, artistas y obras que están también en los orígenes y en el desarrollo. “He descubierto una obra  que Angélica Heckl presentó dos veces, en Cochabamba y La Paz, que ni ella había documentado. El cineasta Martín Boulocq tenía una grabación, así que la tenemos; hicimos de detectives muchas veces: miramos fotos de presentaciones buscando si alguien tenía una cámara y así trazamos las pistas”. De esa forma identificaron a María Luisa Ramírez, “una artista que hasta 2005 fue muy activa e interesante por su trabajo con el cuerpo y el dolor femenino”.

Para el libro se tenía que elegir un eje articulador amplio y se decidió que fuese precisamente el cuerpo.

Otra actividad como curador, que se alista para octubre, es la cuarta bienal Contextos, cita que tiene como corresponsable a Ramiro Garavito.

Demasiado para un sobreviviente, se le comenta. “No lo soy, para nada. Soy simplemente una persona a la que le tocó vivir una experiencia extrema y había que enfrentarla. Nada más que eso”.

Derecho a crear

Así, repasando el rompecabezas de dibujos que cada vez se abre más, dejando ver, por ejemplo, hombres con la columna vertebral formada por grapas, se nos ocurre comentarle que hace poco, durante una cita teatral con programadores internacionales, las obras bolivianas merecieron el comentario de “teatro del no lugar”. Algo malo, pues los invitados esperaban algo más “boliviano”.  

“Hace como un año di una conferencia  en Argentina y mostré imágenes de la obra de 20 artistas bolivianos, entre ellos Gastón Ugalde, Valcárcel y Galo Coca.

Al final se me acercó una reportera y me dijo que era una barbaridad que renegásemos de nuestras raíces prehispánicas y que nuestro arte contemporáneo era como el de todos los demás. Lo cierto es que si hay gente que perdió sus raíces prehispánicas y cree necesitarlas, que las busque; pero sin que nosotros seamos víctimas de ello”.

“Tenemos —declara el artista— el derecho de buscar nuestra identidad y expresión donde nos dé la gana. No tenemos por qué estar esclavizados por lo que se supone que son ‘nuestras raíces’. Éstas ya están en nosotros y Coca es un buen representante de ello. Estamos demasiado enterados de lo que pasa en el mundo para no tener una visión abierta. Y la identidad no es algo cerrado, menos en un país como Bolivia, tan distinto y variado. La diversidad es nuestra; abracémosla también desde el arte”.  

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Fernando Quiñovel presenta las tendencias en peinado para novias

Los recogidos, en su amplia variedad y con novedosos toques, marcan tendencia entre las novias en este retorno de las fiestas matrimoniales

/ 17 de octubre de 2021 / 19:42

Muchas parejas se quedaron con las ganas de una gran celebración a causa de la emergencia sanitaria por el COVID-19. Sin embargo, con el retorno a las actividades presenciales, llegó la oportunidad perfecta de darse el sí y ya han surgido las propuestas para que ese día sea realmente inolvidable. El estilista Fernando Quiñovel y el equipo de Hair Studio Q (edificio Quiñovel, Montenegro Bloque J -13, San Miguel), proponen los looks para novia que serán tendencia en la temporada 2021-2022.

Los peinados recogidos son la principal recomendación para destacar en esta ocasión. “Son clásicos y elegantes, una opción femenina que estiliza y es versátil”, comenta Quiñovel, estilista que permanentemente actualiza su técnica en los más importantes institutos de Estados Unidos y Europa.

En cuanto a los estilos que imperan en esta temporada se pueden observar desde los recogidos trenzados, pasando por moños simples y clásicos basados en peinados icónicos, hasta llegar incluso a modelos de inspiración francesa para aquellas que buscan un look más osado.

Quiñovel muestra al público no solo peinados tradicionales, sino tendencias vanguardistas de carácter renovador, en las que el uso del color y de los accesorios juegan un papel importante. Detrás de cada creación se pone en práctica variadas técnicas que buscan lograr texturas y volúmenes diferentes para cada propuesta.

Hair Studio Q también sugiere reinventar algunos peinados tradicionales, de acuerdo a las facciones y los gustos de cada novia. El desafío es encontrar un equilibrio entre lo armónico y lo sobresaliente para obtener un resultado con el que las novias se sientan cómodas, pero sin dejar de resaltar lo mejor de sus rasgos.

El complemento indispensable para cada peinado es el maquillaje y, según Cinthia Quiñovel, esta temporada viene con pieles luminosas, pestañas y ahumados que profundizan la mirada, además de labios en tonos nude con un toque de brillo. La idea es que la novia luzca vibrante y fresca en el día de su matrimonio.  

Estas propuestas se mantendrán hasta el próximo año entre los estilos más populares, por lo que estos estilistas sugieren dar un paso más y crear innovadoras combinaciones que hagan juego con el vestuario de cada novia. Para hacer reservas, llamar al teléfono 2773736.

Fotos: Alan Rodríguez Tapia/ Asistencia: Samuel Hulen. Angie Zeballos

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Durmiendo en el espacio

Los astronautas ven desde la Estación Espacial Internacional (ISS) días de 90 minutos terrestres, lo que dificulta su sueño

Los crew quarters son los nuevos espacios en que los astronautas tienen oscuridad total durante ocho horas

Por Claudia Fernández

/ 17 de octubre de 2021 / 19:37

Son 16 amaneceres en 24 horas. Desde la Estación Espacial Internacional, la única tripulada que orbita la tierra, los astronautas pueden ver 16 puestas de sol en un día terrestre mientras realizan investigaciones o filman una película, como sucede en este momento. Tienen una vista privilegiada del planeta Tierra con “días de 90 minutos”. Este ciclo de tiempo es uno de los factores que afecta el sueño de los tripulantes. Y en el espacio no pueden haber personas somnolientas.

El “hogar” de los astronautas está a 400 kilómetros de distancia de la Tierra, en ese lugar viven varios meses investigando y realizando ensayos de biología y física, entre otros. Además, la Estación Espacial Internacional genera imágenes que asisten en la agricultura y desastres naturales. Y durante 12 días la ISS, por sus siglas en inglés, recibe a una inédita tripulación que tendrá que adaptarse a vivir en el espacio.

Es la primera vez en la historia que un director de cine (Klim Shipenko) y una actriz (Yulia Peresild), guiados por un veterano cosmonauta (Anton Shkaplerov) filman el primer largometraje ruso de ficción rodado en el espacio: El desafío. Los nuevos huéspedes de la estación experimentarán los beneficios y dificultades de la microgravedad, y de los 16 amaneceres. 

“La ISS rodea la Tierra cada 90 minutos. Esto significa que los astronautas experimentan un ‘día’ de 45 minutos y una ‘noche’ de 45 minutos”, dice a ESCAPEErin FlynnEvans, directora del Laboratorio de Contramedidas a la Fatiga del Centro de Investigación Ames de la NASA.

“Los seres humanos tenemos un reloj interno llamado ritmo circadiano. El ritmo circadiano determina cuándo se debe dormir y despertar de manera óptima. La palabra ‘circadiano’ proviene del latín, que significa ‘aproximadamente un día’. El ritmo circadiano de todos es un poco más largo o un poco más corto que 24 horas. Sin embargo, la luz a la que estamos expuestos en la Tierra interactúa con el ritmo circadiano para ayudarnos a estar listos para dormir por la noche cuando está oscuro y para ayudarnos a mantenernos despiertos durante el día cuando hay luz”, explica Flynn-Evans.

Para los investigadores de la NASA es importante brindar las mejores condiciones a los tripulantes, y hay avances a 52 años del lanzamiento del Apolo 11.

“Durante las misiones anteriores —como Apolo, Skylab, el transbordador espacial y Mir— los astronautas no tenían un ambiente de sueño tan agradable como el que tienen ahora. Durante muchas de esas misiones, los astronautas tenían que dormir en la misma área, lo que significaba que podían interrumpirse más fácilmente. Los astronautas informaron que se habían despertado debido al ruido, la temperatura incómoda o también por la contaminación lumínica”, dice Flynn-Evans.

Era 16 de julio de 1969 cuando unas 650 millones de personas vieron la imagen televisada del Comandante Neil Armstrong, y escucharon su voz que describía la llegada a la Luna, y quedaba grabada para la historia la frase: “… un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Desde entonces las condiciones de trabajo de los astronautas han cambiado. 

NASA

¿Dónde y cómo duerme un astronauta?

“Los astronautas de la Estación Espacial Internacional tienen compartimentos para dormir que se denominan ‘crew quarters (CQ)’. Estos CQ son bastante agradables y brindan a los astronautas condiciones ambientales que incluyen privacidad, oscuridad, temperatura fresca y buen flujo de aire”, explica  Flynn-Evans.

Los CQ son similares al tamaño de una cabina de teléfono. Además de bolsas de dormir, tienen computadoras desde las que se puede hacer llamadas personales, escuchar música o ver películas.   

Los astronautas duermen ocho horas diarias en estas cápsulas verticales que contienen un saco de dormir atado a la pared. Sin embargo, no duermen totalmente estáticos.

“Los CQ tienen un saco de dormir que se adhiere a la parte posterior del CQ con velcro — gancho de terciopelo— . Los sacos de dormir también tienen correas para que los astronautas puedan apretarlos o aflojarlos según su preferencia de flotar o sentirse contenidos mientras duermen”, explica Flynn-Evans.

Desde abril de 2021, la Estación Espacial Internacional tiene siete cuartos permanentes para la tripulación o espacios personales para que los astronautas duerman o trabajen durante su estadía en la estación. Este espacio exclusivo permitió mejorar el descanso de los astronautas. Y también fue resuelto el problema de la luz de los 16 amaneceres.

“Nuestros cuerpos no pueden adaptarse a un ‘día’ de 90 minutos y, por lo tanto, este tipo de patrón de luz-oscuridad puede causar interrupciones del sueño y somnolencia durante periodos de vigilia. Este sería un gran problema si fuera la única fuente de luz del astronauta. Sin embargo, en la ISS, los astronautas tienen acceso a las luces mientras están despiertos y pueden experimentar una oscuridad total, lo que ayuda a minimizar este tipo de interrupciones”, asegura Flynn-Evans.

La Estación Espacial Internacional empezó a construirse a finales de 1998 y tras dos años llegaron los primeros tripulantes. Para su construcción se requirió la colaboración de 15 países y actualmente las principales agencias a cargo son la NASA (EEUU), Roscosmos (Rusia), Jaxa (Japón), la Agencia Espacial Europea (ESA)y la Agencia Espacial Canadiense (CSA).

Actualmente es la única estación espacial con tripulación permanente, y tiene un tamaño similar al de una cancha de fútbol y está dividido en pequeños espacios. Otras de las estaciones lanzadas fueron las del programa Salyut entre 1971 y 1982. Cinco de ellas fueron civiles, mientras que otras dos fueron militares.

Tras el programa Salyut, la Unión Soviética lanzó en 1986 la Estación Orbital Mir, siendo la primera estación espacial en ser habitada de forma estable. Tras 15 años en uso, en 2001 fue destruida de forma controlada cayendo en el océano Pacífico. También se lanzaron la estación espacial Tiangong-1 de China que tuvo una reentrada en 2016, y Tiangong-2 lanzada el 15 de septiembre de 2016.

En la ISS se investiga el cuerpo y la microgravedad. Por ejemplo, un estudio descubrió que los astronautas perdieron masa muscular paraespinal significativa durante una misión de larga duración. Además, realizan la demostración de una nueva tecnología para eliminar el dióxido de carbono de las naves espaciales.

Y durante estos días la Estación Espacial Internacional no solo será escenario de investigaciones, sino también un escenario cinematográfico.

Fotos: NASA

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Recoleta: Un mall ecosustentable late en Sopocachi

Comida, ropa, productos de belleza, libros, café, tragos artesanales y música en vivo conforman la nueva propuesta ecosustentable paceña

MARCAS. Tiendas ecosustentables y que buscan el cuidado del medioambiente se han instalado en los dos pisos y los patios de la casona

Por María José Richter

/ 17 de octubre de 2021 / 19:33

Yo siempre he creído en las alianzas”, cuenta con entusiasmo Martina Eguino (26), dueña de la idea de la Recoleta en La Paz, el nuevo ecoespacio ubicado en la avenida Sánchez Lima (en el pasaje Carranza) y abierto todos los días de 10.00 a 21.00. El proyecto, sin embargo, tiene su precedente en el otro extremo del país: Recoleta Santa Cruz, instalado en el barrio de Equipetrol desde julio del año pasado, ofreciendo desde aromaterapia y degustación consciente, hasta vestimenta sustentable y comida vegetariana. Las pioneras de la propuesta en la ciudad cruceña son Cinthia Zeballos de Salvé Bolivia y María Laura Castedo, Valeria Hinojosa y María Julia Castedo de Ecomentalízate, una tienda multiproducto eco friendly. 

Rodwy Cazón

Por aquella creencia en los lazos, Eguino decidió trasladar aquella novedosa oferta a la ciudad de La Paz. “El año pasado les escribí a las personas de Ecomentalízate apenas supe de su tienda. Fuimos junto a mi tía Victoria Ossio, del refugio de animales Senda Verde a conocer Recoleta. Cuando llegamos, dijimos ‘esto es más que una tienda eco, esto es una casa’. Mi cabeza explotó y les dije que me gustaría hacer una alianza, que es en lo que creemos”, recuerda. Hoy, Recoleta Santa Cruz, decorado completamente con elementos reciclados, tiene más de 60 submarcas que ofrecen sus productos.

Una antigua casa de Sopocachi acoge esta nueva propuesta. Cada marca, con su propia decoración, se acomoda en un ambiente del inmueble en específico. Música de fondo. Un café en el living. Espacios cerrados, y otros abiertos, resguardados por los árboles. Dos pisos de oferta y los patios. “No quisimos cerrarnos al nicho de la zona Sur. Esta fue la primera casa que vimos, nos encantó la vibra, que sea retro y que tenga grandes espacios. Decidimos tomarla de inmediato”, relata Eguino. Hoy Botanika, Salvé, Ayurveda, Ecomentalízate, Bru Coctelería Artesanal, Ágape por Green Salad, Senda Verde y Lectura son algunas de las tiendas que acomodaron sus productos en la residencia de antaño.

Rodwy Cazón

Propuestas locales y sustentables

Las marcas están tejidas por un mismo hilo: los productos sustentables. “La idea nace de la necesidad de la ciudad de tener espacios donde el gasto sea más reflexivo. Quieres comer local, hay productos para ello; quieres comprar ropa de segunda mano, pero modernizada, está Salvé; y así sucede con las diversas marcas”. Pero el consumo consciente es solo el plus. El objetivo mayor es que Recoleta sea un rincón donde la gente coincida.

“Que sea un lugar de encuentro, que la gente venga porque le gusta el ambiente, los productos, los tragos, el café y la comida; en fin, que se sienta en casa. Las personas pueden quedarse horas trabajando y estar cómodas”, explica Eguino. A ello se suma una propuesta que se irá forjando paulatinamente: una agenda cultural con arte completamente local y, en algunas ocasiones, con un propósito mayor.

Hace unas semanas, Recoleta reunió a los músicos Vero Pérez, Prana, Agadá, Piel Morena, Nia Cole y Poche Ponce en beneficio de los bomberos voluntarios que combaten los incendios en la Chiquitanía. El evento fue organizado por el movimiento juvenil en Bolivia Fridays For Future.

“El objetivo fue que la gente sepa que se puede ayudar así, pasando un momento ameno, y ser conscientes de lo que sucede en el país”, comenta Eguino.

“Si hay gente de teatro, si hay poesía… la idea es tener siempre algo, desde actividades para niños hasta música en vivo. Estamos intentando ser un centro donde siempre haya eventos. Lo ideal sería tener una lista de acontecimientos mensuales, pero por ahora soy solo yo y se me hace difícil. Que venga una banda, por ejemplo, implica varias cosas: el sonido, los instrumentos y demás, que iremos trabajando de a poco”, señala.

Mientras tanto, Recoleta espera a sus visitantes paceños para una renovada experiencia sustentable.

LA GRÁFICA

GESTORA. Martina Eguino, parte del directorio de Recoleta La Paz

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Fotos: Rodwy Cazón

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‘La Paz Diseña’, moda emergente que cuida el medio ambiente

Diecinueve diseñadores consagrados y emergentes pasaron por la curaduría para el evento que destacará la moda circular

Por Adrián Paredes

/ 17 de octubre de 2021 / 19:27

Se decía que las modas pasan rápido. Que cuando una prenda entra en boga, ya está por salir otra que le quitará el glamour de la novedad. Hoy en día, nada podría estar más lejos de la verdad. Eso afirma Brígida Vidangos Aguilar, presidenta de la Asociación Paceña de Diseñadores de Moda (APDM), que celebró la curaduría de su evento La Paz Diseña.

 Juntando diseñadores consagrados y emergentes, La Paz Diseña tendrá una temática especial: fomentar la moda circular, una nueva filosofía mundial que busca crear y diseñar prendas de alta gama utilizando materiales amigables con el medio ambiente.

Lana, lino, algodón y fibras extraídas de plantas, la moda circular abandona la creación y el consumo vertiginoso de prendas y opta por una moda lenta, de diseños que, además de ser creados reciclando creativamente prendas antiguas y con una política de cero residuos, tienen también el reto de mantenerse relevantes por dos o tres años desde su estreno.

“Rescatamos lo mejor de las prendas y así nace algo nuevo”, asevera Vidangos. “Queremos mostrar al público que hay muchos materiales con los que se pueden hacer prendas de calidad, pese a que hayan tenido ya un tiempo de vida”.

APDM

El mundo de la moda paceña

De convocatoria abierta y sin cuotas de inscripción, participaron ocho diseñadoras emergentes, nueve consagradas de la APDM y dos más independientes, también consagradas dentro del mundo de la moda paceña.

“Varinia Vera mostró una mezcla de materiales y aguayo; Alexandra Bravo, que realiza arte plumario con plumas recicladas de gallina, como parte de estar en contra del uso de plumaje de animales exóticos, también mostró sus diseños.

Vimos tejidos con cintas de jean por Belen Iñiguez y Hugo Mejía transformó sacos de hombres en prendas femeninas”, detalla Vidangos. La diseñadora está contenta por el hecho de que casi todos los participantes pasaron a la segunda curaduría y, eventualmente, al desfile y a la exhibición, tras la evaluación de un jurado que incluyó a la diseñadora colombiana Juliana Flores, la argentina Denisse Nardini y el joven fotógrafo Miguel Ángel Flores, entre otros.

“La experiencia en la curaduría fue muy gratificante, por el nivel de compromiso y organización de la Asociación”, expresó Nayana Patón, una de las diseñadoras emergentes que sorprendieron a la APDM en el evento realizado en septiembre.

Sin fecha fija, por la pandemia, el fomento a la moda circular  continuará en octubre.

APDM

Fotos: APDM

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Tres pasos al frente

La cinta del boliviano Leonardo Pacheco se acerca al grupo de 13 jóvenes que se ofrecieron a luchar en la Guerra del Chaco

Por Pedro Susz K.

/ 17 de octubre de 2021 / 19:23

CINE

Si bien el cine boliviano se acercó a la Guerra del Chaco desde los mismos años del enfrentamiento con el Paraguay entre 1932 y 1935, en principio documentando in situ los acontecimientos (La campaña del Chaco, Juan Peñaranda Minchín/1933; Infierno Verde, Luis Bazoberry/1932-1935), Tres pasos al frente, primer largometraje del joven director cochabambino Leonardo Pacheco (21 años) a la cabeza de un elenco igualmente bisoño, se suma a Boquerón (Tonchy Antezana/2015), Fuertes (Óscar Salazar Crespo, Franco Traverso Chueca/2019), Chaco (Diego Mondaca/2020), trilogía de las más recientes miradas retrospectivas de nuestro cine sobre aquel crucial momento de inflexión en la historia del país. Y, tal cual ocurre casi siempre con las óperas primas,  el ambicioso apuro por decirlo todo de una vez, y con el mayor despliegue de efectismos a mano, desemboca en algunas demasías atribuibles a la inexperiencia de sus responsables. Sin embargo, es justo apuntarlo, el director hace, intermitentemente, gala de una puntería escasa en ese tipo de primeras obras.

Los códigos instituidos por la industria del entretenimiento en relación al género del cine bélico entrañan un desafío ineludible: someterse a esas recetas, repitiendo los sobados estereotipos frecuentados en incontables títulos apuntados a mostrar las contiendas armadas como el non plus ultra del arrojo varonil, o bien zafar de semejante corsé para develar la profunda estupidez de semejantes eventos, mayormente propiciados, a lo largo de la historia universal,  por los dueños del poder para legitimarlo o acrecentarlo. Al comulgar con la glorificación patriotera de algunos episodios instalados en el imaginario colectivo por la historia oficial en el modo de paliativos al desencanto que trae consigo la enumeración de los traspiés de los cuales se encuentra plagada la historia republicana, Pacheco no sale muy indemne del auto-envite que asumió al asomarse a la descabellada aventura a la cual fueron empujados Bolivia y Paraguay por los intereses de algunos países vecinos y las empresas petroleras, puntas de lanza del modelo neocolonial implantado desde los albores de la República en complicidad con las oligarquías nativas.

Pacheco aborda lo sucedido el 6 de agosto de 1933 cuando al constatarse la enorme cantidad de bajas en las tropas bolivianas, a instancias del obcecado entonces presidente Daniel Salamanca y de su improvisado asesor estratégico traído desde Alemania, el Gral. Hans Kundt, los cadetes de primer, segundo y tercer año del Colegio Militar, muchos de ellos adolescentes de entre 13 y 18 años, fueron instados a dar tres pasos al frente para acudir voluntariamente a las trincheras. Los más de 160 cadetes dieron unánimemente, en igual número de ocasiones, esos tres pasos adelante y 10 días más tarde partieron hacia aquellas lejanas tierras asoladas por el calor y la sequía, de donde solo retornaron vivos algo menos de 110.

El relato está seccionado en tres bloques, un  tanto desbalanceados. El primero, que se alarga a 52 de los 107 minutos del metraje, se detiene en el resaltado de la dimensión humana de los personajes y en un exhaustivo repaso a las minucias de la rutina castrense. En el segundo, Pacheco se toma un par de licencias (la composición de los oficiales “pilas” Cabrera y Martínez)  para acomodar el conflicto dramático a opinables sentencias proferidas por los jefes: “La guerra exige hombres no niños”, “vivir es un acto de cobardía”, entre otros, creyéndose así eximido de poner en cuestión el absurdo esencial de cualquier guerra. El tercero cumplimenta su mirada al sacrificio como el paso a la inmortalidad histórica, echando mano de la pormenorizada inmolación de los voluntarios sin escatimar ningún detalle de la crueldad a la que es capaz de llegar, en esas circunstancias extremas, el hombre: el “otro”, claro —lo que Eco denomina “construir al enemigo”—, permitiendo, con tal inventario, de atrocidades, parece suponer asimismo el realizador, añadir unos centímetros a la estatura heroica de los personajes. 

Película Tres pasos al frente

Es ambigua la caracterización de Salamanca, a cuya tozuda irresponsabilidad camarillera cabe endilgarle, sin la menor duda, el desastre de aquella guerra con su altísimo costo en pérdidas humanas y no se advierte asomo alguno de  contextualización geopolítica, anclándose en un miope ombliguismo, par de inadmisibles, a estas alturas, omisiones compartidas con los títulos colacionados en el primer párrafo, salvo en algunas instancias del film de Mondaca.

En su debut, anotamos más arriba, Pacheco peca de los excesos usuales de las primeras incursiones en cualquier rubro creativo, sintiéndose obligado a expresarlo todo de un solo envión, aun cuando en el caso de Tres pasos al frente, exhiba, por momentos, una perspicacia inusual en los principiantes. Pero es asimismo constatable un desconocimiento de la función de las herramientas narrativas propias de los códigos cinematográficos.

Hay a lo largo del relato un abuso desmedido de los primeros planos, cuyo valor expresivo permite sacar el mejor partido de la gestualidad de los intérpretes, pero si, al mismo tiempo, estos últimos vociferan sin pausa, en vez de potenciar el alcance denotativo de los elementos icónicos tal subrayado superfluo acaba neutralizándolo. De igual manera, el forzado acento lastimero, condolido y fingidamente empático, amén de sobreactuado, de la dilatada secuencia del adiós en el momento de la salida de los personajes hacia el frente acaba siendo deslucido por los recalcados verbales. ¿No hubiese sido más eficaz tratar aquella sobrecogedora circunstancia enfocándose en los gestos de los actores y dejando a la imaginación de los espectadores las réplicas, con lo cual se hubiese franqueado de seguro una más clara empatía emocional de éstos hacia aquéllos?

La música, sin entrometerse mucho, tampoco aporta gran cosa al enriquecimiento dramático, como sí lo hace la fotografía trabajada sobre una paleta marrón que no se somete al “verde” de aquel infierno y así consigue densificar visualmente la agobiante sensación de sed, relatada con tanta puntería por Augusto Céspedes en Sangre de mestizos (1936). Los actores, por su lado, atienden su tarea apelando a la (no muy amplia) gama de sus recursos, salvo un par de fallidas caracterizaciones, en particular la de Kundt.     

A estas alturas, y sin menoscabo del sacrificio entregado por quienes marcharon al horror, no saldría sobrando preguntarse si aquel grupo de voluntarios dieron los tres pasos al frente porque amaban a la patria, o por la sabida propensión de los adolescentes hacia la aventura, en esa etapa de mutación existencial en la cual el grupo, la pandilla, la camaradería generacional en fin, se convierten en los referentes del comportamiento de los individuos urgidos de sentirse aceptados,  o, en definitiva, porque fueron víctimas del contagio con la atmósfera de la época, impregnada de una inflamación patriotera gatillada por el Partido Republicano, autodenominado Genuino, con Salamanca a la cabeza, que creyó haber topado con la oportunidad de consolidar un poder que comenzaba a flaquear.  Tanto da, se dirá, y en última instancia, es así, pero, guardando el debido respeto, el puro tributo se me antoja insuficiente para aportar a una ponderación más precisa de lo acaecido en el Chaco Boreal.

¿Y cuáles son de las destrezas insinuadas dos veces líneas arriba, impidiendo que Tres pasos al frente acabe en un capricho devenido en caricatura? se preguntará el lector. Detallo: la composición de los personajes, sin tensar la cuerda emotiva hasta romperla, y evitando convertirlos asimismo en pedazos de mármol parlante,  permite sostener la credibilidad del relato. El ojo para elegir las locaciones en Cochabamba, Cotapachi y Tarata, situadas a cientos y miles de kilómetros de la sede de gobierno y del escenario de la guerra, respectivamente, gracias al cual tampoco se pone en riesgo la fiabilidad narrativa.     

Por añadidura. En tiempos en los cuales la lectura ha pasado a ser una alternativa de los “raros”, los pocos que optan por un libro en lugar de la flamante tontería de hoy en TikTok y sabiendo por lo demás cuán poco afectos hemos sido siempre a reflexionar colectivamente acerca de nuestra historia, a revivir la memoria — menos aun con sentido crítico—, quizás el mérito principal de la película de Pacheco sea el de la invitación a sus coetáneos a ese ejercicio, aun cuando el abordaje elegido para dicha mirada retrospectiva peque de los vacíos ya mencionados. O sea: permanece abierto el crédito para Pacheco de cara a su eventual reincidencia fílmica.

FOTOS: PELÍCULA ‘TRES PASOS AL FRENTE’

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