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Escapismo

Agua, sonido del Illimani y de su desaparición lenta y tal vez imparable.

/ 16 de junio de 2013 / 05:08

Allí, tan cerca que el nevado pierde la forma a la que nos tiene acostumbrados desde la urbe, es donde se puede escuchar la banda sonora del glaciar, cada vez más reducido. Al detenerse donde los torrentes se congelaron durante la noche, las estalactitas de hielo desaparecen bajo el sol con su música especial.
“¡Esto sí es agua del Illimani!”, dice un caminante al probar el líquido fresco y puro que corre ladera abajo.

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Se acerca

El camino se hace difícil, moroso, con zancadillas y virus, pero ahí está, la luz al final de un cielo majestuoso paceño.

El cantautor paceño Manuel Monroy Chazarreta

Por El Papirri

/ 20 de septiembre de 2021 / 10:35

CH’ENKO TOTAL

Ya está cerca, se acerca, se lo ve como una luz bendita, ahí al fondo, un ruidito de gentes como grillos se avecina, es como un fueguito ardiendo a lo lejos, la altipampa sigue con sus porrazos, el camino se hace difícil, moroso, con zancadillas y virus, pero ahí está, la luz al final de un cielo majestuoso paceño.

Se acercan los niños cantando, felices: “si tu equipo es puntero de la cola”, “mañana hay paro movilizado”; sus caritas de luna se encienden de luces, uno se tropieza con el micrófono, a la hermosa de ocho años le encanta cantar Qué tal metal. Se acerca la historia del teatro, su fantasma preferido, el ingresar a la sala vacía, hacer reverencia, dos años hemos esperado, saludamos a los antiguos técnicos del teatro que mueven tarimas, alistan los pedestales. Los amigos músicos enrolan sus cables, saludan rápido, corretean en el fondo de la luz, son la luz misma. El Vico Guzmán, gran batero histórico, se olvidó unas baquetas, llama a alguien para que las traiga, “falta un monitoooor”, grita el Heber Peredo desde su trono de teclados.

Empezamos, tiemblan las rodillas, la gente aplaude, hay silbidos pero de alegría, Segalez con su guitarra me hace la seña de positivo, es la primera vez que tengo un guitarrista en 42 años, es que quiero bailar, librarme de ser base de esta construcción sonora compacta en su desorden. Le respondo la seña de positivo, estreno una guitarra que compré hace aaaños y que estaba en el ropero, tiene cuerdas de metal, salgo de mi zona de confort, las cuerdas de nylon son el confort, uta che, debería nomás tocar con la Sevillana, ¡ya, carajo! Sin llorar, Papirri. Entro a la luz de la escena y emprendo con el Kaluyo del retorno, sentida canción valluna sobre el migrante y su sueño de retorno. “Es que yo no tengo preciooo”, digo casi en lagrimón y me repongo en “tanto lío para eeestooo”. Antes, en el camerino, la productora me dice: “No hay una entrada, quedan todavía para mañana”. “Ufff”, digo pensando en la cantidad de músicos que tocarán en este concierto de presentación del disco 60Aen el Municipal de La Paz.

Ya está cerca, se acerca, se ve como luz bendita, el rito del recital, el calor del circo, el show y sus cabecitas anónimas, la fuerza que hay que sacar desde donde no hay fuerza, mucho le he dado a este cuerpo, che, está lleno de moretes, el hígado tiembla en sus humores, el corazón está hinchado, duele un poco el pecho, rezo a mis padres, debo sonreír, he perdido la sonrisa, ¿dónde se ha metido el humor? Bueno, menos mal las cancioncitas del final de la primera parte son para bailar, tengo que bailar, no me responde bien la pierna izquierda, se me acalambra, “trankilo, kilo”, dice la Carito desde el fondo de la escena. Entonces llega El barrilito, qué linda melodía hizo mi abuelo, en forma de gato, le puse la letrita en plena pandemia del año pasado, la magia del arte es efectiva, lo veo a mi hermano bailando a los tres añitos este gato que le regaló el abuelo. Entonces aparece el otro abuelo, El Olvidado, “mi abuelo nació en un puerto, navegante de la maarr”, digo y se me vuelve a quebrar la voz. Aparece el gran David Portillo con su figura mítica, siempre en sonrisas, y le cascamos tensos, emocionados a la Mamita Cantila, “estrellita de la mañana, madre de la luz, estrellita de la mañana, madre de Jesús”, otro asunto espiritual, bien, che. Llega la declaración de amor a La Paz, mi ciudad y otra vez se me quiebra la garganta, por suerte está Diana Azero, siempre lúcida, firme, apuntalando mas allá de su ego, atenta a todo. Raúl Flores se luce en su bajo, otro asunto espiritual, “yo te amo, mi La Paz, por su gente y su bondad, yo te kerooo”. Entonces a levantar el show, vamos a bailar, ya que no hay chistes, arriba las caderas, llega la cumbia suavita A casa de Gabo, arremetemos con un caporal bilingüe con las churras del Ballet Folklórico La Paz y su mini pollera, suena el charango de Ariel, fuerza ese caporal, “¡Camote! ¡Camote!”, grita la gente desde sus asientos, otro acto de amor este Camote. Terminamos la primera parte con el tema Ch’utis, danzando bien riquito.

Lo que viene en la segunda es la fiesta a la vida, el homenaje a respirar, el recuerdo como bálsamo, llega Alasita con su abundancia, Maribella insurrecta, aquellos Polvos del olvido que estremecen, los nenes suben de sus butacas a escena a cantar Qué tal metal, uyyyy, son muchos, demasiados, nos van a putear los del teatro, “La guacataya, la guacataya!” grita el público feliz, nos zapateamos en Bien le cascaremos, entonces me doy cuenta de que en la Metafísica popular ya no preciso estar, la cantan todos, los niños, los viejos, los jóvenes, las chicas lindas, las abuelitas y yo me voy calladito a mi casa mientras la gente sigue en el teatro, se prendieron con Los Canarios del Chaco que salieron a chacarerear. Todo esto pasará el 8 y 9 de octubre a las 18.00  en el Teatro Municipal de La Paz. Bien que has ido, che.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Cuando no se necesita a un periodista: la inteligencia artificial crece en las redacciones

La IA permite que se optimice el tiempo haciendo las tareas morosas y que se acceda a los datos de forma efectiva para su análisis

/ 20 de septiembre de 2021 / 09:50

La inteligencia artificial (IA) nos recomienda, según nuestros gustos, películas en Netflix o música en Spotify, identifica los mensajes SPAM que llegan a los correos electrónicos, personaliza nuestras redes sociales, nos responde inmediatamente en los chat de servicio al cliente cuando buscamos información de algunas empresas o puede darnos la mejor ruta para evitar el congestionamiento vehicular.

El campo de la IA es amplio; desde ayudar en la medicina con un software para detectar cáncer de mama y pulmón mediante análisis radiográficos o escribir artículos periodísticos, sin necesitar de que lo haga un periodista.

No hay magia detrás de la inteligencia artificial: lo que existe son datos, miles de datos y órdenes de los humanos. Se puede enseñar al sistema de IA (el aprendizaje automático, Machine Learning), pero también puede aprender por sí misma (Deep Learning). Y antes de entrar a los robots periodistas, no necesariamente como los vimos en las películas, nos quedamos con los datos. Ahí entra el Big Data. 

Es el “volumen y tipo de datos provenientes de la interacción con dispositivos interconectados como celulares, GPS, relojes inteligentes, computadoras todo aquello que es capaz de producir información y enviar electrónicamente a otra parte”, describe el investigador Walter Sosa Escudero en su libro Big Data.

Medios de comunicación

Los medios de comunicación, por el momento los más grandes en el mundo, apuestan por el procesamiento automatizado del lenguaje; en palabras más sencillas: son más las notas periodísticas elaboradas por inteligencia artificial, elaboradas por robots.

No es extraño leer noticias deportivas, financieras, el pronóstico del tiempo o análisis de los datos del COVID-19 en diarios donde ningún periodista participó de la redacción.

“Gracias a la generación de lenguaje natural, la IA es capaz de redactar todos los partidos de una jornada normal en cualquier liga en apenas segundos. Esto libera al periodista de tareas repetitivas, lo que le permite centrarse en lo verdaderamente importante: el análisis de la realidad. Además, el artículo generado por la inteligencia artificial puede suponer un borrador que el periodista puede enriquecer con sus conocimientos”, menciona a ESCAPES ofía Sánchez González, PR y Marketing de Narrativa, la startup española que interpreta datos estadísticos y elabora noticias de forma automática con su sistema Gabriele.

Este sistema envía algunas notas para Infobae (medio de comunicación argentino), el Heraldo (medio español), Ansa (Agencia italiana de noticias), Rtve (radiotelevisión española), y diferentes medios deportivos como Encancha (medio de comunicación chileno), entre otros.

“Cada cliente requiere un tipo de contenido, por lo que nuestro sistema de IA (Gabriele) lo personaliza según las necesidades de cada medio. El proceso de configuración comienza con un corpus de ejemplos del propio medio, es decir, utilizamos textos generados por ellos para que nuestro sistema de inteligencia artificial aprenda y pueda reproducirlos de la manera más fiel posible. Por último, realizamos un análisis avanzado de estos datos utilizando algoritmos de Machine Learning y Deep Learning”, dice Sánchez.

En los medios de comunicación son dos las áreas más utilizadas por IA. Uno: “Para aumentar la capacidad de generación de informes”. Aquí se revisan grandes volúmenes de documentos con aprendizaje automático, se detectan eventos de noticias de última hora en las redes sociales y extraen datos de COVID-19 de sitios web gubernamentales y oficiales.

Dos: “Para reducir los costos variables”. La segunda área importante en la que se utiliza la IA en el periodismo incluye herramientas que automatizan el proceso de transcripción —la palabra que a la mayoría de los periodistas nos espanta, “desgrabar” (transcribir). Para aquellos que no están relacionados; imagínese una entrevista de una hora, bueno esa hora de conversación debe ser convertida en texto, palabra por palabra—, automatizan también el etiquetado de imágenes, videos y generación de historias, según un análisis de la Fundación Knight sobre cómo la IA impacta en el periodismo.

Algunos medios de comunicación y empresas tienen sus propios sistemas de IA, estos sistemas tienen nombre como; Heliograf (que utiliza el Washington Post), Syllabs (Le Monde), Quakebot (Los Angeles Times), Quill (Forbes) y Cyborg, el sistema utilizado por Bloomberg, compañía de asesoría financiera, para automatizar miles de artículos sobre los resultados financieros de empresas cada trimestre.

“La labor de un periodista es fundamental y no va a cambiar. Lo que varía es el modo en el que ejerce su profesión, un modelo que combina tecnología e investigación para lograr mejores resultados. El periodista será más inteligente gracias a la inteligencia artificial y podrá utilizar herramientas que ya existen para analizar patrones y extraer información. Así, su labor tendrá más impacto”, dice Sánchez.

New York Times

El gigantesco medio estadounidense con 7,5 millones de suscriptores, el medio con más suscriptores en el mundo, también se subió a la IA. Por ejemplo, El New York Times, con el apoyo de Google Cloud, está digitalizando su inmensa colección de fotos.

“Durante más de 100 años, el New York Times archivó aproximadamente siete millones de fotos antiguas en un lugar llamado la Morgue dentro de sus oficinas en Times Square en Nueva York. Muchas de las fotos se han almacenado en carpetas y no se han visto en años”, explicó Sam Greenfield, director técnico de Google, a través de un blog. Uno de los primeros pasos es digitalizar las fotos, pero para que el material fotográfico sea más accesible y útil es conocer el contenido de las imágenes. ¿En qué año fue tomada?, ¿dónde?, ¿quiénes salen en las fotos? Ahí entra la API de Cloud Visión, una herramienta de Google que permite analizar una gran cantidad de imágenes y extraer información valiosa para comprender su contenido.

Y éste, es solo un ejemplo del uso que da el New York Times a la IA. Seguro sus innovaciones deben ser diversas y grandes, como los recursos que tiene.

Funes

Aunque a un ritmo menor que en los países desarrollados, los medios de Latinoamérica poco a poco se van sumando a optar por alguna forma de automatización en sus procesos. “La inteligencia artificial es una herramienta de acompañamiento y no de sustitución, por lo que la automatización no acabará con los puestos de trabajo para los periodistas: facilitará sus tareas”, menciona Sánchez.

Funes —como el nombre del extraño personaje de Jorge Luis Borges, ese joven con memoria prodigiosa capaz de recordar cada uno de los detalles insignificantes— es un algoritmo creado por una iniciativa peruana para luchar contra la corrupción. La herramienta analiza miles de datos recopilados por Ojo Público, un medio de comunicación peruano, en contrataciones públicas del Estado e “identifica relaciones políticas y financieras a través de un modelo algorítmico que muestra escenarios de riesgo de corrupción”.

Otro ejemplo de inteligencia artificial fue potenciado por Verificado, un medio mexicano, que incorporó a su redacción a Pinpoint, una herramienta de investigación que ayuda a explorar y analizar grandes colecciones de documentos, esta herramienta es gratuita y cualquier periodista puede utilizarla. Admite archivos PDF, imágenes, correos electrónicos, archivos de audio y la mejor parte es que los convierte en texto ¡adiós “desgrabar”!, identifica organizaciones, personas y tiene 115 GB de almacenamiento para cada cuenta.

“La automatización es el futuro en muchos campos, no solo en el periodismo. La pandemia ha acelerado la transformación digital de muchas empresas, que se han dado cuenta de que la automatización supone una ayuda fundamental para crecer: los empleados pueden dedicarse a tareas de valor añadido sin perder el tiempo en trabajos repetitivos”, asegura Sánchez.

Y antes que la tecnología nos gane, mejor vamos migrando a otro tipo de periodismo menos mecánico.

FOTOS: ACOOL_STUDIO,UPKLYAK, RAPIXEL.COM, FULLVECTOR Y STARLINE (FREEPIK)

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Casa de la Libertad, la cuna de Bolivia

Rumbo al bicentenario del país, el repositorio resguarda joyas que atestiguan los hitos de la independencia nacional

Por Miguel Vargas

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:29

Es el espacio que resguarda el documento original que certifica la creación de Bolivia: el Acta de la Independencia. Además tiene el mejor retrato de Simón Bolívar, creado a principios del siglo XIX por José Gil de Castro, uno de los mejores pintores hispanoamericanos de la época. En su momento, el mismo Libertador indicó: “Retrato mío hecho en Lima, con la más grande exactitud y semejanza”. La Casa de la Libertad es un repositorio nacional, dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB), que desarrolla actividades de interacción a través de la atención a visitantes presenciales y virtuales para difundir el patrimonio histórico cultural. Es el custodio del patrimonio de los bolivianos, así como de su conservación y preservación, explica el director de este espacio, Mario Linares Urioste. 

El edificio que alberga a la Casa de la Libertad —ubicado en la plaza 25 de Mayo, en pleno centro de la capital del país, Sucre— data de la colonia. Su construcción fue encargada por la Compañía de Jesús a principios del siglo XVII para el funcionamiento de la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier.

Al principio funcionó como Capilla Doméstica de los jesuitas y Sala Mayor o Aula Magna de la Universidad San Francisco Xavier, fundada en 1624. Ahí se graduaron de doctores en ambos derechos y Teología los principales protagonistas de las revoluciones independentistas de Chuquisaca, La Paz y Quito, registradas en 1809, y de Buenos Aires, en 1810. “La mitad de los diputados que suscribieron el Acta de la Independencia de las Provincias Unidas de Río de la Plata, en Tucumán en 1816, se habían graduado en dicha Sala Mayor, al igual que 30 de los 48 firmantes del Acta de la Independencia del Alto Perú, hoy Bolivia”, apunta Linares.

Esas paredes albergaron a la Asamblea Deliberante que, formada por representantes de las cinco provincias de Charcas y presididos por el doctor José Mariano Serrano, proclamó la creación de la República de Bolívar el 6 de agosto de 1825, que luego se denominaría Bolivia. Desde entonces y hasta 1898, en esta sala se reunió el Congreso boliviano. Allí se sancionaron las leyes fundamentales del país.

Debido a su relevancia histórico-arquitectónica y al simbolismo cívico que ostenta, mediante el Decreto Supremo 5918 del 4 de diciembre de 1961, el edificio fue nombrado como Primer Monumento Nacional de Bolivia. 

“Es uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Su construcción se remonta a principios del siglo XVII. Posee las características de la arquitectura virreinal que se han conservado a través del tiempo”, apunta el director del repositorio.

La Casa de la Libertad comprende un amplio claustro rodeado de galerías de una sola planta bajo cubiertas que se apoyan en columnas de piedra. Un gran portón de cedro nativo, tachonado de clavos de bronce además de dos grandes aldabones, se abre a la Plaza Mayor.

Al fondo del claustro, frente al zaguán abovedado y con idéntico portón, está el denominado Salón de la Independencia. La imponente belleza arquitectónica resguarda también importantes tesoros: además del Acta de la Independencia y del retrato de Bolívar pintado por José Gil de Castro, Se tiene la espada que el Mariscal Antonio José de Sucre blandió en los campos de Ayacucho (9 de diciembre de 1824), en una victoria que selló la independencia hispanoamericana.

También está la espada que José Ballivián empuñó en los campos de Ingavi, donde logró una victoria que consolidó la independencia y soberanía de Bolivia (18 de noviembre de 1841).

Justamente, un retrato de José Ballivián, realizado por Antonio Villavicencio, artista chuquisaqueño que se formó en la escuelas de París a principios del siglo XIX, forma parte de la colección que incluye la primera bandera de los patriotas del Río de la Plata, que fue traída a nuestro territorio por el general Belgrano.

También se preserva la bandera boliviana que flameó por última vez en el puerto de Antofagasta, que fue recuperada por la niña Genoveva Ríos en plena invasión chilena, el 14 de febrero de 1879.

Y en relación a las piezas de arte, está la colección de arte virreinal denominada Princesa de la Glorieta. En gran parte está formada por obras de artistas indígenas y posee una gran variedad de objetos de gran valor artístico e histórico.

LA GRÁFICA

En el Salón Independencia se lucen cuadros con los líderes de la lucha por la emancipación. Foto: Casa de la Libertad

Una fuente engalana el patio colonial de la edificación que está en la plaza 25 de Mayo. Foto: Casa de la Libertad

Detalle del coro, con delicados tallados. Foto: Casa de la Libertad

El Acta de la Independencia de Bolivia. Foto: Casa de la Libertad

La sala Juana Azurduy de Padilla está dedicada a la heroína

Foto: Casa de la Libertad

Superar los desafíos

La pandemia del COVID-19 también afectó y cambió las dinámicas de la Casa de la Libertad. “Provocó una baja importantísima en la interacción con visitantes al museo, registrándose una disminución del 80%. De igual manera, las diferentes actividades cívico-culturales que se desarrollaban en el repositorio bajaron en un casi 90%. Sin embargo, en contrapartida, la virtualización del museo nos permitió duplicar, de cerca de 5.000 personas en marzo de 2020 a casi 10.000 personas en julio de 2021, el número de visitantes que siguen y aprecian los contenidos digitales que constantemente difunde el museo a través de sus redes sociales”, explica el director.

Institución en movimiento

El principal objetivo del repositorio nacional es desarrollar actividades de interacción con los visitantes presenciales y virtuales para difundir el patrimonio histórico cultural nacional. Además hace actividades educativas con estudiantes del municipio de Sucre a través del programa Aulas Abiertas. También se traslada a unidades educativas de comunidades y municipios a lo largo y ancho del territorio nacional, con el programa denominado Casa de la Libertad junto a su pueblo.

Finalmente, la institución desarrolla procesos de producción, promoción y participación en torno a las culturas vivas y expresiones artísticas a través de actividades cívicas y culturales con diversos artistas y gestores culturales. Promueve también encuentros interculturales gracias al programa de investigación con pueblos y naciones indígenas del Estado Plurinacional, que se traducen en nuevas museografías, publicaciones y documentales audiovisuales. Si bien el espacio está dedicado a los inicios de Bolivia como país, es un espacio dinámico en el que se ofrecen herramientas para entender de mejor manera los diferentes procesos que atraviesa el país en su existencia.

“Casa de la Libertad cobija al edificio patrimonial, bienes museísticos, bienes documentales y archivísticos, haciendo de este repositorio un espacio para mantener viva la memoria de nuestra historia. A pesar de la crisis sanitaria, el museo ha permanecido activo, tanto en las actividades presenciales como virtuales. Lo seguirá haciendo pues, como templo cívico de la bolivianidad y referente histórico de la nación, dará cumplimiento al mandato supremo de custodiar, preservar, rescatar y difundir el patrimonio histórico cultural del Estado boliviano para beneficio de la sociedad en su conjunto, a quien se debe”, resalta Linares.

Por ello, tras la ampliación de la infraestructura del repositorio, el principal proyecto en desarrollo es la nueva museografía que será implementada en la presente gestión. “Con ello, la capacidad de CDL se incrementa de 10 a 16 salas permanentes, nuevos espacios que permitirán enriquecer la narrativa de la visita, incorporando episodios fundamentales de la historia boliviana que anteriormente, por razones de espacio, no alcanzaban a ser museografiados más que en exposiciones temporales”, agrega. 

Además, el museo continuará ejecutando sus programas de extensión: Investigaciones conjuntas con Pueblos y Naciones Indígenas del Estado Plurinacional, la Casa junto a su Pueblo y Aulas Abiertas.

Y finalmente, gracias al apoyo de la FCBCB, “la institución se ratifica en su compromiso de constituirse en un espacio de diálogo y encuentro entre todos los bolivianos y bolivianas. En esa medida, miramos con esperanzas el futuro próximo, preparar la Casa de la Libertad como epicentro de las celebraciones del bicentenario de la fundación de la Patria, en 2025”. Es así que la cuna de este país, que nació el 6 de agosto de 1825, celebrará estos 200 años por todo lo alto.

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Alerta Roja

La película surcoreana de desastres dirigida por Lee Hae-jun y Byungseo Kim se centra en la erupción de un volcán en la montaña Baekdu

Por Pedro Susz K.

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:19

CINE

Gracias a una de esas carambolas impensadas desembarcó en las pantallas locales esta producción surcoreana, traída por una distribuidora independiente con sede en Tarija: otra rareza en los tiempos que corren, marcados por un ensanchamiento del monopolio de las películas comercializadas por las sucursales de las empresas punta de la industria fílmica made in USA.

La puesta en circulación de Alerta roja en 2019 (Bajo el título  en inglés Ashfall/Lluvia de cenizas), coincidiendo con el lanzamiento de Parásitos (Bong Joon-ho), película de la misma procedencia, ganadora del Oscar al mejor film extranjero y de la Palma de Oro en Cannes, cuyo suceso, de crítica especialmente, opacó la recepción de este emprendimiento de calidad claramente inferior a la de su connacional pero tampoco desprovista de algunos (pocos) rasgos interesantes y que en su país de origen fue el mayor éxito taquillero de los últimos años —la vieron 8 millones y medio de espectadores—, gracias, entre otras cosas, a incluir en su elenco a varios de los actores allí más populares, pero de igual manera por la ambiciosa envergadura de la superproducción, cuyo presupuesto rondó los 20 millones de dólares.

Inscrita en el género de películas de catástrofe, con cierta tradición en la filmografía surcoreana de los últimos 15 años —en 2009 Haedudae mostró un tifón devastando Busan; Pandora de 2016 abordó un desastre nuclear inspirado en el de Fukushima; Exit de 2019 describió una nube tóxica de misterioso origen infectando Seúl—, inclinada asimismo a incluir en los argumentos referencias más o menos explícitas al largo conflicto político con su par del Norte, en algunos casos dejando traslucir algunas posibilidades de una pronta reunificación, como, en otros, develando los enormes escollos para que ello pueda efectivizarse a plazos más o menos próximos. El trabajo a dúo de los realizadores Byung-seo Kim y Lee Hey-jun oscila entre ambas tendencias sin tomar claramente partido por una de ellas, no obstante algunas insinuaciones, un tanto crípticas, que mencionaremos más adelante.

Jo In Chang, el protagonista central, es un capitán especializado en desactivar bombas de todo calibre. La súbita erupción del monte Baekdu, localizado justo en la frontera entre Corea del Norte y China, entraña un inminente peligro para el territorio de las dos Coreas. Su disparatada misión, la cual de todas maneras solo tiene un 4% de posibilidades de éxito, consiste en detonar una bomba atómica en una de las minas subterráneas cercanas al volcán a fin de que la lava en lugar de salir por la cumbre fluya hacia el conducto artificialmente habilitado impidiendo así la catástrofe provocada por dicha erupción. El problema mayor estriba empero en conseguir el explosivo nuclear, encargo que Jo In tratara de cumplimentar negociando con Lee Joon Pyeong, un alto funcionario del Ministerio de las Fuerzas Armadas del régimen norcoreano. Si tal estrategia falla, no queda otra sino robar una ojiva, justo cuando Estados Unidos viene ejecutando un programa de desnuclearización, con el concurso del desertor Ri Jun-pyong, quien reniega de su nacionalidad.

Evitando demorarse en prolegómenos el relato entra pronto en materia. A los cinco minutos de metraje, Baekdu vomita sus primeras descargas de fuego y lava desencadenando un temblor cuyas réplicas destrozan media ciudad de Seúl en secuencias pródigas en espectaculares efectos especiales hechos, no podía ser de otra manera, por computación. Que el monte causante de semejante hecatombe sea un símbolo insistentemente enarbolado por la dinastía de los Kim, a cuya cabeza se encuentra Kim Jong-un, el temible líder de esa nación, es desde luego un guiño, difícilmente discernible empero para el grueso de los públicos del mundo desconocedores de los entretelones políticos del país asiático.

Nada menos que cinco guionistas fueron convocados a trabajar la estructura argumental de base para Alerta roja. El resultado final entrega la impresión de que el quinteto en cuestión redujo su tarea a sumar, literalmente, ideas, pero ninguno de ellos asumió la de articularlas en una historia consistente, puesto que la dispersión de las mismas es el mayor punto flaco de la película. A menos que los directores hubiesen tenido el propósito de poner en pantalla una suerte de recopilación en sorna de los innumerables tropos de las películas de catástrofe fabricadas en Hollywood y adoptadas en varios de los arriba mencionados títulos surcoreanos del mismo género. Tal presunción choca empero contra la sensación de que el asunto se toma demasiado en serio, acogiéndose a la hipótesis, frecuentada por el cine y las series televisivas norteamericanas de que las armas nucleares, siempre y cuando sean puestas en manos de un confiable grupo de superhéroes, pueden llegar a ser la panacea perfecta para poner atajo a desastres masivos de variada envergadura. Y por añadidura son patentes las referencias a Armaggedon (Michael Bay/1998) y a 2012 (Roland Emmerich/2009), dos prototipos del referido punto de vista, con lo cual la supuesta ironía acaba puesta entre mayúsculos signos de interrogación.

El hecho es que la inicial, ponderable, decisión de dispensarnos de los circunloquios para ir cuanto antes al grano, va evaporándose a medida que avanza el relato, pues éste, quedó anotado, se desperdiga en innumerables subtramas y deja a medias sus líneas fuerza, las cuales podrían haber sido el sustento transversal de un trabajo que al igual que los otros títulos arriba señalados seguramente traducen en alguna medida las aprehensiones colectivas de los habitantes de ese medio país agobiado por la inacabable pulseada con la otra mitad y para peor aquejado de temores permanente por lo que pudiera ocurrir si Corea del Norte y China pasan de las amenazas a los hechos. Resquemores a los cuales aporta su cuota parte el permanente intervencionismo estadounidense, al que la película alude, eso sí, sin medias tintas, abandonando filones que pudieron haber sido profundizados con beneficio para el nivel de la obra acabada, tal el caso de la amistosa relación entablada entre Jo y Ri, el mandamás de la misión y el agente doble.        

Entre las flaquezas inocultables del armado narrativo destaca el pobre tratamiento del personaje de la esposa del capitán protagonista, padre en ciernes, la cual aparece y desaparece por puro arbitrio. Así en los momentos iniciales de la trama, inmediatamente después de la erupción, resulta atropellada por un tsunami, pero algunos minutos después vuelve a presentarse intacta, no obstante su avanzado embarazo. Es un ejemplo de los incontables absurdos argumentales de los cuales se desentiende el tratamiento afanado casi exclusivamente en ofrecer un divertimento sin pausa, propósito hasta cierto punto puesto en riesgo por un metraje estirado mucho más allá de lo conveniente y en el cual salen sobrando, entre otras, las bromas, los chistes excedidos de peso y los pasos en falso indecorosos en una misión a tal punto crucial que de ella depende la sobrevivencia de millones de gentes. 

Por cierto no todo resulta objetable en la película de Kim y Hey-jun. Hay un adecuado manejo artesanal de los múltiples momentos de acción,  el trabajo de los actores, pese a no contar con el soporte de papeles trabajados a fondo, es parejamente inobjetable. Y, sobre todo, resulta atrayente la textura visual elegida, absteniéndose del colorido sobresaturado y optando por una suerte de velado que aporta a densificar figurativamente la atmósfera tensa de las secuencias con una mayor carga dramática. Funcionan asimismo los cambios de ritmo, aún si los desvíos argumentales tienden a acentuar por momentos la impresión de una pérdida de rumbo del relato, que en esas instancias ahonda la impresión de estar mezclando distintos guiones.  

Si Ud. se pregunta por qué el grueso de los críticos considera que el cine coreano se encuentra en un momento pico, Alerta roja no le absolverá las dudas, al contrario, como si lo hacían Parásitos, Tren a Busan (Yeon Sang-ho/2016) o cualquiera de los eslabones de la maciza filmografía de Lee Chang-Dong (Poesía/2010; Burning/2018). Pero si su plan es pasar un buen rato distraído sumergiéndose durante 130 minutos en este despatarrado y pasado de revoluciones batido con ingredientes tan disímiles como el thriller político, el “bromance”, la distopía, el cine bélico,  la película puede servir al efecto.

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Monumentales: Wiracocha y el escudo nacional

En la nueva sede de la Asamblea Legislativa Plurinacional, el escultor Mariano Ramírez ha dejado su huella artística en un escenario político

ERGUIDO. En un edificio de Bs 509 millones se encuentra erguido Wiracocha

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:15

La política se ejerce en muchos escenarios, pero son aquellos que se pueden recorrer, palpar y mirar los que más se imponen en la memoria y terminan por convertirse en símbolos. Eso lo saben, o lo intuyen, en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) por lo que, a principios de agosto del año que corre, estrenaron una nueva sede en cuya infraestructura se dieron la tarea de hacer grabar íconos de las 36 naciones y pueblos originarios de Bolivia. Y entre todos estos símbolos resaltan un gigantesco Wiracocha, el dios grabado en la piedra de la puerta del Sol de Tiwanaku, y un imponente y detallado escudo de armas de nuestra nación.

Rodeado de figuras aladas, propias de la cultura tiwanacota, Wiracocha fue erigido en el mural de la testera del nuevo hemiciclo de la Cámara de Diputados. Mide 12 metros de largo y 8 de ancho y parece tallado en piedra, cuando se trata de un trabajo en madera de las manos de Mariano Antonio Ramírez Justiniano, artista nacido en Villazón y que se formó en la Escuela de Bellas Artes “Hernando Siles” de La Paz.

Este escultor de 43 años de edad es también el responsable del Escudo Nacional de Bolivia, tallado en madera y revestido de un acabado de betún en sus 2,70 metros de largo y 3,20 de ancho con los que se yergue por encima del nuevo hemiciclo del Senado.

Ya casi cumplido el primer mes de uso del nuevo edificio del Legislativo, en el que se invirtió poco más de Bs 509 millones, nombres y detalles comienzan a aflorar. Ramírez es uno de ellos. Un escultor de metal y soldadura que asumió el reto de crear dos simbólicas piezas de madera para uno de los escenarios políticos más importantes de Bolivia.

PESO. La pieza central del escudo de armas necesitó de 8 personas para ser instalado

Las geometrías de Wiracocha

Wiracocha, con toda su geometría tiwanacota, fue su primer reto, uno que empezó en modelos a escala que este escultor tallaba, buscando los tonos y texturas que mejor combinarían con la piedra comanche del hemiciclo de los diputados. 

“Me puse a trabajar como un alquimista con diferentes tonos de pintura y texturas hasta que conseguí algo de textura y color que aprobaron (en la ALP)”, explica Ramírez. Después de dos meses de experimentación, allá por finales de 2019, sería resina mezclada con arena ultrafina y ciertos pigmentos de coloración los que le dieron a la madera esa ilusión de piedra muy realista. Homenaje perfecto a un imperio de piedra como Tiwanaku, sin arriesgarse a colocar el material real y terminar por causar un derrumbe en el flamante hemiciclo.

Pero mientras esto sucedía, en otros escenarios políticos se gestaba una crisis que paralizó los trabajos del escultor hasta septiembre de 2020, cuando incluso la pandemia del coronavirus había retrasado aún más el emprendimiento de su obra.

De octubre a noviembre, Ramírez, al mando de seis artesanos, trabajó los diseños tiwanacotas a partir de una plantilla gigante que luego dividió en módulos.

Pieza por pieza, con una caladora, fue recreando los íconos de esta ancestral cultura boliviana, creando una especie de rompecabezas que, semana a semana, iba colocando en el mural.

“Yo me quedo con Wiracocha, pues es el astro supremo que nos da luz y vida. Para mí es nacional, internacional, universal. Es una figura para todos de luz y vida. Yo me quedo con eso”, asevera Ramírez, quien después dedicaría noviembre, diciembre y parte de enero a dar los retoques a su rompecabezas gigantesco hasta que pareciese una sola piedra.

‘Si no puedes soldar…

A contrarreloj para el estreno programado del nuevo edificio de la ALP, en abril del año que corre comenzaron los trabajos para realizar el escudo con cinco artesanos al mando de Ramírez.

Ya para entonces estaba curtido. Este escultor tiene por filosofía conciliar dicotomías en su arte. Se lo conoce por buscar entre la chatarra materiales para soldar y “remetalizar”, concepto que usa para hablar de metales desechados que él rescata y que, con su trabajo, de alguna forma reencarnan en obras como la que adorna el frontis de la universidad San Francisco de Asís en la plaza Abaroa o el edificio Jardín de la avenida 6 de Agosto.

“Cuando uno cree que es el final, puede ser el principio. Yo parto de esa dialéctica de vida y muerte”, expone al hablar de sus esculturas de chatarra.

Es por ello que siempre ha mantenido la mente abierta a trabajar con todo tipo de material, incluyendo la madera. Hacerlo no fue el gran reto de este trabajo, tanto como vencer el vértigo que lo hizo sufrir mucho en el armado de Wiracocha.

“Poco a poco llegué a la cima”, relató sobre su paulatina ascensión de los andamiajes hasta lograr ese gran triunfo de aquella primera etapa, mismo que lo ayudaría a enfrentar mejor la presión de terminar el escudo de armas en apenas un mes, del 10 de abril al 10 de mayo, con la colaboración de un gran tallador de madera como es don Antonio Baraja.

“Es el juego de las versatilidades: si no puedes soldar, pues trabaja en otra cosa. La experiencia de la vida a uno le enseña no estancarse en una sola cosa”.

Finalmente, los 24 tableros que componen este escudo de impresionante detalle y relieves fue dividido en tres módulos cuyo peso fue la parte más difícil de su ensamblado en el muro al que estaba destinado. Es más, solo el centro del Escudo Nacional necesitó de ocho personas para ser instalado.

“Es gratificante y complicado vivir del arte”, expresa Ramírez, pensando en cómo ahora su nombre de escultor y artista boliviano empieza a ser asociado a este importante escenario político. Más que nada porque para él, ser un artista en Bolivia “es una labor quijotesca de día a día, con temporadas altas y bajas”.

Y, sin embargo, hay trabajos monumentales como éste, icónicos, enormes, que le permiten estar agradecido con su oficio y con la vida.

Tanto Wiracocha como el Escudo de Armas fueron armados como dos enormes rompecabezas

Fotos: Mariano Ramírez, Archivo La Razón

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