martes 2 jun 2020 | Actualizado a 03:08

Miradas de La Paz eterna

El fotógrafo paceño Mauricio Aguilar muestra momentos efímeros y únicos del departamento paceño

/ 3 de abril de 2020 / 10:50

El fotógrafo paceño Mauricio Aguilar muestra momentos efímeros y únicos del departamento paceño.

La urbe paceña se caracteriza por sus paisajes diversos, que pasan desde un tradicional micro de los años 60, pasando por fiestas folklóricas, la modernidad del teleférico, hasta el panorama de montañas que tienen como corolario el Illimani.

El fotógrafo paceño Mauricio Aguilar ha recorrido los rincones de la ciudad para captar instantes únicos. Para llevar a cabo este trabajo, el fundador y líder de Foto Espacio Bolivia cuenta que retó las inclemencias del tiempo, desde peligrosas esperas en parajes solitarios durante la noche hasta lluvias intensas y frías en los amaneceres.

El fotógrafo paceño Mauricio Aguilar muestra momentos efímeros y únicos del departamento paceño

El fotógrafo paceño Mauricio Aguilar muestra momentos efímeros y únicos del departamento paceño.

“Quiero mostrar que La Paz es una ciudad fascinante, porque nunca deja de deslumbrarme”. Este proyecto nació hace dos años, con incursiones a centros urbanos y rurales, tanto en calles asfaltadas como en cerros altos, en instantes perfectos que pasan en unos segundos o en esperas que pueden alargarse toda la noche.

Cuando cierra los ojos y recuerda los momento sublimes de este proyecto, Mauricio cuenta que ve los atardeceres y amaneceres, siluetas del teleférico y de los tradicionales micros, imágenes que tomó con una cámara que ha convertido momentos efímeros en eternos.

Fotos: Mauricio Aguilar Machicado

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Nuevos viajes por Bolivia

A través de imágenes, videos, cuadros y un guía de turismo, dos agencias ofrecen la experiencia de viajar por el país sin tener que salir de la casa.

/ 28 de mayo de 2020 / 14:00

Paisajes. Un turista camina en medio del mar salado en época de lluvias. Fotos: Extreme Fun Travel y Natura Tours

Para conocer una mínima parte del salar de Uyuni (ubicado en el departamento de Potosí) se necesita al menos un día. Lo mismo ocurre con el área protegida de Tucabaca (en Santa Cruz). Pero ahora, con el coronavirus y la cuarentena obligatoria, es imposible disfrutar de éstos y otros tantos sitios turísticos bolivianos. No obstante, las agencias Extreme Fun Travel y Natura Tours proponen llevar a estos lugares a través de Viajemos juntos por Bolivia, una propuesta que busca mostrar el territorio nacional de manera interactiva.

Es un fin de semana de sol intenso y cielo límpido, el tiempo ideal para salir de la ciudad y conocer sitios atrayentes, aunque no es necesario dejar la sala o el dormitorio para disfrutar de un viaje. “Háganse a la idea de que estamos subiendo a los buses. Por favor, no vayan juntos, tenemos que ir intercalados en los asientos por los protocolos de bioseguridad”, explica el guía en una reunión de grupo a través de Zoom.

El turismo es una de las áreas económicas más afectadas en este último tiempo. Los conflictos sociales derivados de las elecciones generales de octubre de 2019, el incendio en la Chiquitanía y la pandemia provocada por el coronavirus han ocasionado que más de 400 agencias de viaje hayan cerrado sus oficinas, según los datos publicados por la Asociación Boliviana de Agencias de Viaje y Turismo (Abavyt) y la Cámara Nacional de Operadores de Turismo (Canotur).

El dorado intenso en el horizonte antes de que se pierda el sol en el salar de Uyuni.

“Nuestra primera idea es sobrevivir, porque durante los próximos meses no será fácil hacer operación turística”, explica Roberto Urioste, gerente de la agencia Extreme Fun Travel.

Lo anecdótico —revela Urioste— es que la idea de reinventarse en este contexto y ofrecer un viaje interactivo surgió a través de un sueño. Cuando despertó, casi de inmediato comentó el proyecto con Nelson Pacheco —dueño de Natura Tours— y empezaron a armar Viajemos juntos por Bolivia. En comparación con el turismo virtual, que surgió hace varios años y que consiste en el uso de gafas de realidad virtual para ir a otros lados, Pacheco y Urioste organizan una reunión virtual en la que muestran los atractivos con una exposición, además de mapas, fotografías y videos.

“Necesitas un día para visitar el salar y al menos cuatro días para conocer los atractivos”, comenta Urioste al otro lado del monitor, en un contacto a través de la plataforma Zoom. El guía virtual empieza por recordar el cuento de La miskki simi, escrito por Adolfo Costa du Rels, que se desarrolla en la también llamada Hija Predilecta de Bolivia. De manera paralela a la explicación, las imágenes van llevando poco a poco al pueblo, al Cementerio de Trenes o a Colchani.

“Esta experiencia puede ser la mejor manera para promocionar Bolivia”, explica el dueño de Extreme Fun Travel, ya que en unos 50 minutos el turista conoce las características de la región potosina sin tener que salir de su domicilio.

Generalmente, a los turistas se les venda los ojos para que se emocionen al ver por primera vez el salar, un mar blanco de 10.582 kilómetros cuadrados. En el viaje virtual aparecen en la pantalla fotografías oníricas de esta región, que cambia de acuerdo con el sector, las horas y la estación. En resumen, el salar nunca se verá igual, asevera Urioste.

Viaje. Unos visitantes juegan con las proporciones aprovechando la perspectiva entre el salar de Uyuni y el cielo.

El recorrido lleva a través de las paredes a los hoteles de sal, a sacarse una foto a los pies del monumento al Dakar o en el sector donde el viento intenso hace flamear decenas de banderas del mundo, además de almorzar en un lugar alejado del salar, donde ni siquiera se puede escuchar ningún sonido; o tomar un buen vaso de vino en el atardecer, antes de esperar el ocaso con casi cero grados de temperatura.

“Empezamos a hacer algo para continuar en el turismo, porque, si no, es mejor que vaya cerrando la agencia y piense en qué otra cosa podría trabajar”, agrega el biólogo que durante varios años ha llevado a la gente a este atractivo natural.

De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, el COVID-19 ocasionará que el turismo internacional caiga este año al menos 30% con respecto al año pasado, lo que puede representar una pérdida de $us 450.000 millones. En ese contexto es que estos emprendedores decidieron rehacerse mediante estos viajes, que empezaron a inicios de mayo por Uyuni y luego continuaron con la Reserva Municipal de Vida Silvestre Tucabaca, ubicada en el municipio de Roboré, en el departamento de Santa Cruz.

Nelson Pacheco —quien ofrece recorridos por esta región— fue uno de los más perjudicados en el área turística, pues el incendio en la Chiquitanía ocasionó que dejara de trabajar por cuatro meses. En enero, de nuevo se dinamizó el turismo, pero se paralizó otra vez a mediados de marzo, cuando se declaró la cuarentena.

Jóvenes chiquitanos interpretan música barroca para los visitantes.

La primera alternativa para sobrevivir fue vender paquetes por adelantado, con el objetivo de ayudar a los trabajadores hoteleros y a las comunidades que participan en los recorridos. “Me frené en esa idea porque no sabía qué pasaría si hubiera inflación o una devaluación del dinero”, sostiene el comunicador social que cursó una maestría en Turismo en Costa Rica.

En ese panorama difícil, Urioste y Pacheco hicieron una alianza. “Queremos enamorar a la gente, porque cuando se reactive la actividad turística en el país, el flujo no será internacional, sino que se delimitará dentro del país e incluso dentro de cada departamento”, agrega Pacheco.

Del paraíso blanco del salar, el aventurero puede trasladarse a un océano verde, ubicado a 400 kilómetros al este de Santa Cruz de la Sierra. En la pantalla del teléfono celular o de la computadora aparece la foto de unos vehículos blancos. “Háganse a la idea de que estamos subiendo a los buses. Por favor, no vayan juntos, tenemos que ir intercalados por los protocolos de bioseguridad”, indica el guía.

Las seis horas que se emplean para trasladarse de la capital cruceña a Santiago de Chiquitos —una localidad ubicada en el municipio de Roboré, en la provincia Chiquitos—, en este viaje dura los segundos que Pacheco emplea para explicar los datos generales de esta región.

Además de convertirse en la primera área protegida municipal del país, Tucabaca también es rica en biodiversidad, ya que existen 307 especies de plantas, además de 548 especies de vertebrados.

En Tucabaca, un grupo de formaciones pétreas dentro del área protegida municipal.

En este viaje, lo primero que llama la atención es su nombre, que proviene del chiquitano tukabashka, como se llama un ave que vive en esta región.

Mediante imágenes y videos se muestra a una comitiva que lleva a cabo una caminata por un césped que parece recién cortado y flanqueado por un bosque de intenso color verde, que esconde 36 sitios con pintura rupestre, diversas formaciones geológicas y varias cascadas, donde se puede percibir la frescura del agua tibia.

Así transcurre el viaje, que tiene como primera recompensa fotos panorámicas de la Torre de Chochis o Torre de David, un cerro de color rojizo y que es representativo de la Chiquitanía.

El segundo premio llega al terminar el recorrido, cuando un integrante de la Orquesta Sinfónica Chiquitana interpreta dos canciones orientales en vivo, lo que lleva al visitante virtual a esperar que la emergencia sanitaria termine muy pronto para poder emprender el viaje físico, ya sea hacia el mar blanco de Uyuni o hacia el océano verde de Tucabaca.

Tucabaca. La Torre de David es el cerro representativo de la visita a Tucabaca.

ACTIVAR EL TURISMO.

Una manera de ayudar para que el turismo en Bolivia se restablezca es mediante estos viajes interactivos, que empezaron con las visitas a Uyuni y Tucabaca, con planes para presentar tours al Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi y otros sitios bolivianos.

Cada tour, que puede durar una hora, cuesta Bs 25 para grupos que participan en un encuentro organizado por las agencias de turismo, mientras que cuesta Bs 50 para recorridos privados y en horarios que definan los clientes.

Para acceder, comunicarse con Extreme Fun Travel en la página web www.extremefuntravelbolivia.com, su perfil de Facebook o llamar al teléfono 72094420.

Para contactar a Natura Tours, visitar su página web http://www.naturatours.com.bo, su perfil de Facebook o llamar al 72158590.

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La rana chiquitana

Ameerega boehmei es el nombre científico de este anfibio endémico de singular belleza que ahora está en la categoría En Peligro.

/ 28 de mayo de 2020 / 13:37

Hábitat. Esta rana endémica de Bolivia vive en las Serranías de Santiago de Chiquitos, Roboré y Chochis. Fotos: Steffen Reichle

Primera víctima de los incendios en la Chiquitanía

Reina y señora de las serranías de Santiago de Chiquitos, Roboré y Chochis en Santa Cruz, la rana chiquitana, rana venenosa o Ameerega boehmei, para los científicos, es capaz de hipnotizar a cualquiera con sus colores vivos. Ella es la que paga la primera factura por los incendios de 2019 que devoraron 5.3 millones de hectáreas al pasar a la categoría de En Peligro, que la acerca más a la extinción.

El año pasado, expertos en anfibios de Bolivia se reunieron con especialistas mundiales de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para poner nuevas categorías a estos animales en territorio nacional y esta especie que antes estaba sin categoría ahora “llegó al nivel En Peligro (EN) tras verificar los últimos datos científicos”, se lamenta el biólogo alemán Steffen Reichle, especialista en anfibios que vive en el departamento cruceño desde hace más de 26 años. El nivel EN es el peldaño inferior a Peligro Crítico (CR), la última categoría antes de ser declarada extinta.

En 2019, la revista mundial Science dio cuenta de que probablemente “la mitad de los anfibios en el mundo estaría en peligro por el calentamiento global”, pero aquella situación se recrudeció en el caso de la rana chiquitana.

“En este momento está en peligro de extinción porque muchas partes de su hábitat conocido han sido afectadas el 2019 por los incendios o está en peligro de ser afectada por las próximos quemas”, añade Reichle. Los últimos reportes climatológicos indican que los focos de calor crecen gradualmente en la región chiquitana, una zona donde los chaqueos humanos y la consecuente deforestación son mayores a los de hace 30 o 40 años.

Serranías de Santiago de Chiquitos, Roboré y Chochis.

Perfect storm o ‘tormenta perfecta’, en inglés, es el término que el científico alemán-cruceño acuña para describir al principal enemigo de esta rana chiquitana a la que su veneno, con el que se defiende de otros animales, no le alcanza para protegerse y salir airosa de la extinción.

La rana chiquitana mide entre 22 y 26 milímetros, es pequeña, se destaca por sus colores aposemáticos (llamativos contra depredadores: negro y amarillo) y vive en los pastizales abiertos cerca de pequeños ríos y charcos de agua, que los incendios destruyeron el año pasado.

Se reproduce en la época de lluvias, que en la Chiquitanía ahora son escasas. Y mientras la hembra pone los huevos para luego marcharse, el macho se encarga de ellos. “El macho vuelve al lugar después cada dos y tres días para mojar los huevos, para que no se sequen y una vez que los huevos eclosionan, este hace subir a sus hijos a la espalda y los lleva a un cuerpo de agua cercana para su desarrollo”, complementa el alemán respecto a esta función de llevar ‘toda una guardería’ de bebés rana en las espaldas. Los huevos se convierten en renacuajos, juveniles y luego alcanzan la etapa adulta

Serranías de Santiago de Chiquitos, Roboré y Chochis.

Instinto paternal

Otras especies de ranas llevan en la sangre este instinto parental muy presente. Hay hembras que llevan también en sus espaldas los huevos fertilizados para dejarlos en un cuerpo de agua donde se desarrollan hasta ser ranas independientes. “En el caso de la Ameerega, el padre ayuda a sus hijos a sobrevivir esta primera parte de la vida para que no sean víctimas de depredadores”, sostiene Reichle. En Pando, otra especie de rana hembra lleva sus huevos a unos huecos de bambú, un lugar al que retorna para alimentarlos.

Las pequeñas Ameregas son raspadoras de algas, plantas muertas y detritos en el cuerpo de agua. Mientras crecen aprenden a cazar pequeños insectos, hormigas, moscas y otros invertebrados en un micro mundo en el que utiliza también su veneno para defenderse de los depredadores.

Un espécimen fotografiado por Steffen Reichle.

Riqueza anfibia

Bolivia se encuentra entre los 15 países más ricos en anfibios en todo el mundo. Hay al menos unas 276 especies y 75 son endémicas, es decir, son ciento por ciento bolivianas. Hay 23 especies en Peligro Crítico (CR), 13 en En Peligro (EN) y 19 en Estado Vulnerable (VU), según datos oficiales.

Pese a esos sorprendentes números, 54 especies de más de dos centenares, están amenazadas, según Reichle. “En Bolivia, los anfibios están desde las llanuras, como la Chiquitanía, hasta los 4.800 metros de altitud. En la Amazonía está la más grande diversidad, pero las especies endémicas están en los yungas de Cochabamba y La Paz, principalmente en sus valles”, cuenta.

Reichle no se olvida de la rana gigante (Telmatobius culeus) del lago Titicaca que se encuentra en Peligro Crítico debido a su uso extendido en jugos vitamínicos o como un estimulante para aumentar la potencia sexual en algunos pueblos altiplánicos de Bolivia y Perú.

Reichle, que también es un apasionado por la fotografía, recuerda que la Ameerega boehmei era difícil de encontrar, algo que también la protegía de los humanos. Pero ahora su hábitat está amenazado y la subsistencia de la especie está en jaque por los incendios, el nuevo enemigo.

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Pizza para novatos, secretos de la receta ideal

Un set con ingredientes, masa lista e instrucciones llega directo a los hogares para que amantes de las pizzas puedan aprender a hacerlas en casa

/ 25 de mayo de 2020 / 13:12

Masa. La masa que se entrega está lista para colocar sobre el molde en que se horneará la pizza. Fotos: Imilla alzada

Son las siete de la mañana y es lunes. Luego de un clásico fin de semana en cuarentena por la pandemia del COVID-19 —es decir, sin poder salir a la calle—, Sukko Stach espera la llegada de dos amigos suyos que viven cerca de su casa. Estos encuentros no son solo para mitigar la necesidad de contacto, junto a ellos llegarán además masas y salsas.

Ingredientes. El queso que se utiliza ha sido seleccionado después de tres meses de búsqueda. La salsa de la casa es muy sencilla, pues su sabor radica en la nobleza de las materias primas.

“Cada quien tiene sus secretos y sus recetas. Así que nos vemos para intercambiar nuestras masas y salsas y ver qué podemos hacer con lo que ha llegado a nuestras manos. Es una forma de compartir que incluso ha llegado a ser una suerte de competencia en la que tenemos que inventar de todo para tener resultados interesantes con lo que tenemos en casa”, detalla el dueño de la Imilla Alzada (Álvarez Plata 50, Cota Cota), restaurante especializado en productos fermentados: cerveza, vino, sidra y pizza hecha con masa madre.

Estas reuniones —llenas de retos, charlas y pasiones compartidas— son una de las razones por las que decidió que la mejor forma de reactivar las actividades de su restaurante sería creando un set para que los comensales puedan lanzarse a hacer sus propias pizzas. Éste viene con masa para dos pizzas lista para meter al horno, salsa de la casa, queso mozzarella, pepperoni —si se escoge esta opción—, albahaca, pimiento morrón y cebolla, como un toque especial para despertar la creatividad.

“A un panadero no se le queda la masa en las manos. Pero eso luego de hacer miles de pizzas diariamente. La masa que preparamos para enviar —por Mr. Delivery o Yaigo— está pensada para que sea fácil extenderla directamente con los dedos en una lata de horno. Está un poco menos hidratada que la que solemos hacer en la pizzería. También incluimos instrucciones y sugerencias. Normalmente no le ponemos ni pimentón ni cebolla, pero los incluimos para que los clientes experimenten en casa con los diferentes sabores”. Para tener un resultado al estilo de una pizza napolitana, Sukko recomienda, también, precalentar el horno a la mayor temperatura posible y poner la lata en el escalón más alto.

La temperatura del horno asegura que la comida está libre de bacterias y virus; de esta manera y con sus propias manos, los clientes pueden estar seguros de que comen algo delicioso y libre de cualquier patógeno.

Los pedidos se hacen de 15.00 a 16.00 —esto para evitar la saturación de los servicios de entrega—, los envases pueden reutilizarse y todo está empacado para llegar fresco y listo para cocinarse, aunque también se puede dejar en la nevera para intentarlo al día siguiente.

“Durante varios meses trabajé haciendo pizzas caseras antes de abrir la Imilla Alzada, utilizando el horno eléctrico que tengo, que llega a unos 180 grados centígrados. La experiencia que gané así no pagó muchos frutos en el restaurante porque allí tenemos un horno de barro cuya temperatura puede llegar a los 500. En cambio ahora todo eso vuelve y utilicé lo que aprendí para planificar este kit, que es una buena forma de empezar a hacer pizzas en una cocina común”, narra el emprendedor paceño.

Para quienes se sientan un poco más inseguros antes de empezar, en las redes sociales del restaurante podrá encontrar fotografías que ilustran todo el proceso, así como más sugerencias y consejos. La web también está llena de opciones a probar para todos aquellos que tengan algo más de experiencia y quieran crear combinaciones gastronómicas más elaboradas o exóticas.

“Espero que ahora que podrán tocar y probar la calidad de los insumos haya más apreciación por ellos. Pasamos más de tres meses buscando queso de buena calidad, que es el mismo que enviaremos en los sets. Nuestra salsa es una combinación bastante simple pero rica y la masa ha pasado toda la noche reposando. Así, hacer una pizza puede transformarse en algo más. Es una manera de compartir, que además motiva a la creatividad”.

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El Mercado y la CALLEría de Arte

Pintura, fotografía y música para quienes transitan por las vías de Sucre es la respuesta del centro cultural al COVID-19

/ 25 de mayo de 2020 / 12:54

Fotos: Carmen Julia Heredia

La cuarentena nos condiciona al distanciamiento social. Nos encerramos para cuidarnos y para prevenir el contagio de COVID-19 en la colectividad. El encierro es la manera más segura que tenemos para afrontar la realidad; pero también es una medida irreal, pues resulta imposible que la vida siga sin el movimiento de los mercados.

Los mercados son espacios de intercambio donde interactúan todo tipo de personas, de diversa procedencia cultural, social y económica. Sin ellos sería imposible la supervivencia de las ciudades.

“En los mercados late la ciudad”, como explican, la investigadora Carmen Julia Heredia y el rockero José Alberto Morales, también conocido como “el Pepe de La Logia”, fundadores de El Mercado, centro de contracultura y resistencia.

Este espacio se encuentra en la calle Casimiro Olañeta de la ciudad de Sucre, en el barrio conocido popularmente como Kimsa Molle, nombre quechua para describir a tres enormes árboles de molle que antes estaban ahí. Carmen Julia escuchó que cuando las personas agricultoras llegaban del campo para vender sus productos, se sentaban a los pies de estos molles para descansar. Se armaba entonces un pequeño mercado para el vecindario que aprovechaba de proveerse de alimentos. Por eso, para recuperar las memorias del lugar, El Mercado eligió este nombre; pero, también para reivindicar al mercado como espacio de lucha social, pues como dice el mural que está pintado en su escenario: “la canasta familiar siempre encendió la chispa de la lucha”.

Se trata de un espacio autogestionado de formación, producción, difusión artística y académica, donde es posible dejarse llevar por la bohemia chuquisaqueña. Desde hace cinco años, El Mercado organiza conciertos, exposiciones, talleres, conferencias y reuniones que aportan a la sensibilización y reflexión de la sociedad. En este lugar acogedor se construye la lucha por la libertad y la dignidad.
En este duro momento de aislamiento social, El Mercado optó por reconfigurarse, mostrándonos que es posible construir nuevas formas de acción social para no caer en el individualismo, al que parece estar empujándonos el encierro.

Utilizando los muros y balcones del centro, inauguraron la CALLEría de arte. Así, la música, la pintura y la fotografía ambientaron las calles donde se encuentra “El Mercadito”, como de cariño le decimos sus caseras.

Muestras. La vida de las personas con discapacidad, el valor del trabajo de quienes se ganan el sustento en las calles y pinturas de los hermanos Arancibia se expusieron en la galería que está en la calle que organiza El Mercado, centro cultural en Sucre.

El 15 de abril, aniversario de Tarija, se realizó la primera exposición Los hermanos Arancibia, en conmemoración a estos dos grandes artistas y gestores culturales tarijeños. Sin duda, la exposición de pinturas originales alegraron a las personas que transitaban entre las calles Olañeta y Destacamento.

La segunda, Amor sobre ruedas, se realizó el 27 de abril, para conmemorar los cuatro años de la marcha de personas con discapacidad. Las fotos de Carmen Julia y Mila Matías reivindican la dignidad de las personas discapacitadas desde la exposición de su sexualidad. La exhibición muestra la intimidad de Marcelo y Feli, pareja chuquisaqueña, que es clave en la organización de esta lucha.

El 9 de mayo de 2020, se inauguró Contra la criminalización del trabajo informal, en homenaje a las personas que desarrollan la economía en las calles durante la cuarentena. La exposición puede ser visitada durante todo mayo, mes del trabajo.

Revalorizar el trabajo

El montaje fue realizado sobre los tradicionales costales de papa tarabuqueños y las fotografías son de Carmen Julia Heredia y Daniel Castro. La temática reivindica a las vendedoras ambulantes y del mercado; quienes se encargan de la limpieza y desinfección de las calles; a los mineros que para subsistir, algunos de ellos, siguen entrando a los socavones; al personal médico y a todas las personas que salen a trabajar y se exponen al peligro de la pandemia.

La inauguración de la muestra fue celebrada con un concierto de Pepe, vocalista de La Logia, que ofreció su voz, guitarra y armónica para ejecutar los clásicos temas de esta legendaria banda chuquisaqueña. Canciones como Indio migrante, que denuncia la discriminación hacia las personas que vienen del campo, retumbaron en el centro chuquisaqueño.

Muestras. La vida de las personas con discapacidad, el valor del trabajo de quienes se ganan el sustento en las calles y pinturas de los hermanos Arancibia se expusieron en la galería que está en la calle que organiza El Mercado, centro cultural en Sucre.

Un grupo de vendedoras ambulantes se acercó a escuchar el concierto y a observar la exposición, estaban contentas porque se revalorice su trabajo. Incluso sintieron confianza para comentar que: “las señoras nos molestan demasiado por trabajar así”. Por eso, este encuentro callejero entre las personas y el arte tiene la magia de sensibilizar a la gente.

Carmen Julia explica que “todo centro cultural debería siempre inmiscuirse con la realidad cultural y social de su barrio, pero hoy más que nunca, los barrios son epicentros para la organización, sobrevivencia y solidaridad. Los centros culturales debemos jugar un papel muy importante en este tiempo, por eso, para la concientización, la información, la solidaridad, organización y qué mejor, a través del arte”. Con esa premisa se organizan las actividades de El Mercado, que pueden seguirse a través de su página de Facebook: “El Mercado de Kimsa Molle”.

Esta es la propuesta artística cultural desde El Mercado ante la pandemia: seguir generando arte para resistir a la tristeza, al miedo y a la resignación de la desigualdad social.

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Atalaya, la reconquista de las terrazas

Desde el encierro, un grupo de fotógrafos captó imágenes de la cotidianidad en tiempos del coronavirus

/ 25 de mayo de 2020 / 12:40

Calor. Una joven aprovecha la luz solar para trabajar, obra de Christian Dávila. Fotos: Miko Arte Gallery

Desde hace dos años, Giscel Montoya —estudiante de Diseño Gráfico— comenzó a interesarse por la fotografía callejera. No obstante, “desde que ha empezado la cuarentena, he visto cortada mi inspiración porque tenemos que mantenernos encerrados todo el tiempo”. De repente, el paradigma del sujeto a quién fotografiar y dónde hacerlo cambió por completo. Ante esta situación, el colectivo Miko Art Gallery creó Atalaya, fotografía en tiempos del COVID-19, un proyecto que pretende documentar los espacios arquitectónicos que estaban olvidados hasta antes de la pandemia, es decir los balcones, las terrazas y los patios.

En su confinamiento, Salvador Saavedra —director de Fotografía de Miko Art Gallery— sentía la misma incomodidad que ha compartido Giscel. Entonces, en él surgieron dos incógnitas: ¿cómo generar imágenes respetando las reglas de la cuarentena? y ¿qué fotografiar para así conocer nuestro entorno?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que debido al confinamiento por la emergencia sanitaria por el coronavirus puede presentarse depresión e incluso suicidios. “El aislamiento es una medida que nos afecta a todos, pero no de la misma manera, pues en aquellas personas con factores de riesgo puede desencadenar en depresión o un bajo estado de ánimo”, explica la entidad.

Diversión. Padre e hijo se divierten con agua, aprovechando un día soleado, obra de Salvador Saavedra.

Desde lo más alto de su casa —donde se están los tanques para agua—, Salvador vio que estaba pasando algo interesante. “Las personas estaban volviendo a utilizar sus balcones, sus terrazas y patios. Le estaban dando una nueva significación, estaban volviendo a usarlas, porque esos espacios son los que más conectan con el exterior”. Es una forma de recuperar una libertad arrebatada por la pandemia.

En ese momento surgió el proyecto Atalaya —dirigido por Salvador Saavedra y Fabiana López—, en referencia a las fortificaciones utilizadas como torre de vigilancia durante los conflictos bélicos entre árabes y cristianos en zonas estratégicas de la península ibérica, durante el siglo XVI. “También se les llamaba atalayas a aquellas personas que subían a lugares altos para ver qué es lo que estaba pasando. Es como un lugar de reflexión o como un espacio para hacer avistamientos”, explica Salvador.

En su infancia, Giscel subía a la terraza de su casa para jugar con sus primos, pero desde que su pelota se iba a las casas vecinas, dejó de ir a ese espacio. “Si nos remitimos al programa arquitectónico de las viviendas, por lo menos dentro de la ciudad de La Paz, esos espacios —las terrazas y balcones— son los últimos que se diseñan. Generalmente, lo utilizamos como depósitos más que como lugares de estancia”, analiza Salvador.

De repente, como consecuencia de la cuarentena obligatoria, las familias reencontraron en lo alto de sus viviendas un lugar para reunirse. Lo que antes era solo un lugar para lavar y secar la ropa se transformó ahora en el sitio para comer, jugar o incluso para cortarse el cabello. “Durante estos días, las personas están saliendo a sus ventanas, balcones y terrazas. Esos ambientes los están adoptando y adaptando a su nuevo cotidiano”, sostiene Fabiana, una administradora de em­­­presas que también se dedica a la fotografía.

Riesgo. Una persona saca la mitad de su cuerpo para limpiar la ventana, en una imagen captada por Camila Ticona.

Tedio. Durante el Día del Niño, un menor de edad se apoya en la terraza, en una imagen tomada por Giscel Montoya.

Cotidianidad. Una familia instala un comedor en lo alto de su casa para la hora del té. La imagen tomada por Fabiana López.

Bloques. En la fotografía de Carlos Fiengo, dos personas miran desde su terraza, en medio de varias viviendas de ladrillo.

“Me he dado cuenta de que los patios y terrazas tienen vida. Ni siquiera conocía a mis vecinos y ahora ya sé quiénes habitan a mi alrededor”, comenta Giscel. En el caso de Fabiana, conoció a una vecina que al ver que tomaba fotos, regresaba a su terraza con juguetes o ponía música para bailar, estableciendo un vínculo de amistad que no necesitaba palabras.

“Si estuviéramos en días normales no tendría razón de ser, porque sería un acto netamente voyeurista y estarías invadiendo la intimidad de otra persona; sin embargo, son tiempos de cambio de paradigma. Además, está inmerso en un acervo histórico e investigativo”, aclara Salvador sobre este proyecto.

Entre el 8 y el 30 de abril llegaron más de 90 imágenes de las terrazas y patios provenientes de La Paz, Cochabamba, Oruro, El Alto e incluso de Leipzig (Alemania), de los que Miko Art Gallery escogió 30 piezas para mostrar cómo es que ha sido este reencuentro de las familias con las terrazas en tiempos del coronavirus.

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