martes 26 ene 2021 | Actualizado a 20:32

Abuelos 2.0: China forma a sus mayores en temas digitales

COMERCIO. En China, la mayoría de las transacciones económicas se hace con la aplicación WeChat.

/ 6 de enero de 2021 / 11:40

En esta época, los chinos están pegados a su teléfono celular. ¿Todos? No, muchos adultos mayores no saben usar internet, por eso el Estado imparte ahora clases para ponerse al día en la materia

Con 70 años, Li Changming acaba de comprarse un teléfono. Para saber utilizarlo, participa en una formación organizada por las autoridades de su barrio de Chengdu, una metrópolis del suroeste de China. “Todavía no entiendo todas las funciones, pero tengo ganas de saberlo”, explica a la AFP. “Nunca es demasiado tarde para aprender”.

Delante de él, un profesor le enseña como cerrar una aplicación. Para ello, se adapta a sus alumnos de pelo canoso. “Es como si hubiera demasiadas cosas en la habitación: hay que hacer limpieza”, dice.

Saber utilizar un celular se ha vuelto vital en China, donde el comercio electrónico está ganando terreno (24,3% del total, en el tercer trimestre) y el dinero en efectivo está en vía de extinción.

De ahí el interés de las autoridades para que el conjunto de la población se familiarice con el comercio el línea.

Las aplicaciones de pago de WeChat y Alibaba están en todos los comercios, incluso en los más pequeños. Y en los mercados, es normal pagar una lechuga escaneando el código QR del vendedor.

“No se puede vivir sin móvil”, resume Meng Li, una mujer sexagenaria de Chengdu que ha seguido la formación y acaba de realizar su primera compra en línea. Entre los objetivos de las autoridades también está impulsar el consumo e incitar a las personas mayores a comprar.

Foto: AFP

En China, en 2025 habrá 300 millones de personas jubiladas, prácticamente la población de Estados Unidos, y su poder adquisitivo representará más de 750.000 millones de dólares, según información de Daxue Consulting.

Aunque actualmente un 98% de las zonas rurales está conectada a la 4G, casi un tercio de la población no tiene acceso a internet… es decir 460 millones de habitantes.

Por ello el gobierno instó en noviembre a “reforzar las competencias de las personas mayores” en el sector digital, mediante estas formaciones.

El nuevo coronavirus, que golpeó al gigante asiático a principios de año, puso de manifiesto la urgencia de conectar más a la gente. Cuando la población de Wuhan (centro), donde se detectó el virus a finales de año, quedó confinada durante semanas, los residentes que podían encargar sus compras a distancia tenían muchos menos problemas para abastecerse.

Más de 36 millones de personas se conectaron por primera vez a internet entre marzo y junio en el gigante asiático.

Desde la epidemia, en China, solo para circular se necesita tener ciertos conocimientos tecnológicos: muchos lugares públicos y transportes exigen que se muestre una aplicación que evalúa los riesgos epidemiológicos de cada persona en función de los contactos que ha tenido.

En Chengdu, Li Changming está preparado para encarar el siglo XXI. Tras su clase, ha ido al mercado. Ha sacado sus gafas y su celular y ha comprado con él unos pimientos, ingrediente indispensable de la cocina de Sichuan.

Entusiasmado, dice que ahora utilizará el sistema de navegación para ir a ciertos lugares, e incluso pondrá puntos a los restaurantes donde vaya. “Me queda mucho para aprender”, admite, sin embargo. «Saber tomar fotos con mi móvil será mi objetivo de los próximos 10 años».

Carlos Piñeiro, el cineasta de los presagios

‘Sirena’ es el primer largometraje del director paceño, es la primera película boliviana de 2021. Se estrenará en salas el jueves y se puede ver de forma virtual desde hace cuatro días

Fragmento del largometraje "Sirena"

Por Ricardo Bajo

/ 20 de enero de 2021 / 11:05

Primera secuencia: interior, domicilio familiar, Los Pinos, noche: Carlos Piñeiro ordena viejos cajones aprovechando la cuarenta rígida del año pasado. Entre los papeles viejos, encuentra una carta. Es de su padre Mario Adolfo. Está fechada en 1994 y comienza con un “Querida Ardilla”. Es su chapa de “wawa”. La misiva es un presagio. El padre está totalmente seguro de que el hijo de ocho años se va a dedicar de mayor a las artes audiovisuales.

Segunda secuencia: interior, colegio San Ignacio, día. En el penúltimo año de estudios de secundaria, el profesor consigue una copia pirata de La nación clandestina de Jorge Sanjinés. Proyecta la película para toda la clase. Carlos Piñeiro no había visto hasta entonces un filme boliviano. Cuando el Tata Danzanti retorna a su comunidad para entregarse, Carlos ya sabe que se muere por hacer cine. Ahí comienza todo.

Tercera secuencia: exteriores, lago Titicaca, día. El padre de Carlos, ingeniero civil de profesión, busca a un amigo desaparecido en las aguas del lago sagrado e intenta rescatar junto a un socio el cadáver en manos de una comunidad aymara que se niega a devolverlo porque teme que eso repercuta en la cosecha. Estamos en 1984 y el progenitor no sabe que su hijo va a rodar esa historia ficcionalizada 35 años después como parte de su primer largometraje. O quizás tenga un presentimiento.

Carlos Piñeiro es el tercer hijo del matrimonio de Mario Adolfo Piñeiro y Roxana Pinelo, que estudió ya de mayor Comunicación Social tras parir a sus cuatro “wawas” por cesárea. El mayor es Juan Pablo, novelista y guionista de cine. El segundo es Mario Andrés, arquitecto y director de arte. El tercero es Carlos y la cuarta es María Beatriz, fundadora del Colectivo Marketero, especializado en marketing digital y publicidad. Los cuatro están presentes en Sirena, el primer “largo” de Carlos después de los cortometrajes Martes de challa (2008), Max Jatum(2010), Plato paceño(2013) y Amazonas(2015).

DIRECTOR. Carlos Piñeiro junto a la estatua de Chaplin en el ingreso a Multicine, donde se exhibirá el filme ‘Sirena’. Foto: R. Bajo/D. Loayza

En la “premier” de la película en Copacabana el viernes ocho de enero, una niña se paró en el CITE de la localidad, a dos cuadras de la plaza principal, y preguntó en medio de la banda de tarqueada: “¿Por qué se llama Sirena? El director Carlos Piñeiro se quedó feliz con la pregunta. El objetivo de la “peli” de suspenso estaba logrado. La interrogante que lanzó uno de los protagonistas naturales del filme, Benjamín Pari, que hace del policía Saturnino Poma e interlocutor entre los buscadores y los comunarios de Santiago de Okola, es más complicada: “¿Va a haber una copia de colores de la película?” Piñeiro ha explicado varias veces que la obra está en blanco y negro por varias razones. “Sirena tiene dos miradas, dos contrastes, dos mundos que chocan. No podíamos pintar el lago de manera paisajística, a colores. El blanco y negro te mete en el bote de búsqueda, te introduce en el lago, nos ayuda a retratarlo de manera sombría, lejos de la imagen turística y luminosa que todos tenemos”, cuenta Carlos.

La familia Piñeiro posee una espiritualidad a flor de piel. En la infancia de sus hijos e hija, el padre acostumbraba a llevar a toda la prole a los cerros de la ciudad, eran los famosos domingos sagrados de montaña. La conexión con lo mágico y lo místico, con los espíritus y los antepasados, era palpado desde lo más alto de la “waca”. La conexión con los muertos también ha estado presente siempre. Cuando la madre de Carlos se iba a casar por primera vez, el novio fue atropellado el día de la boda en la avenida Roma. Cuando el hermano de Carlos, “Piñas”, tenía diez años, fue llevado a Estados Unidos para ser operado de una extraña enfermedad del corazón, estando prácticamente muerto por varios momentos durante la cirugía.

Carlos Piñeiro estudió durante dos años Diseño Gráfico y luego cuando se abrió la licenciatura del Programa en Dirección de Cine de la Universidad Católica Boliviana ahorró una platita y sin decir nada a nadie se apuntó. “Temía la reacción de mi madre, pero mi hermano mayor ya nos había abierto el sendero pues él también arrancó estudiando Ingeniería de Sistemas para contentar a la familia y luego se pasó a la carrera de Literatura de la UMSA”, cuenta Carlos.

El diseño ayudó al cineasta a encontrar una identidad, un estilo propio. Lo demás lo posee de forma innata: tiene ganas de contar cosas. Con apenas 22 años se casó con la actriz Mariana Vargas y tuvo dos hijos (Manuel y Pedro). “Ahí comencé a trabajar y durante 15 años estuve como asistente de dirección y de dirección de arte, haciendo un poco de todo, vestuario, maquillaje, etcétera con cineastas como Germán “Monki” Monje en Hospital Obrero —mi primera película—, Jorge Sanjinés en Insurgentes, Juan Carlos Valdivia, Marcos Loayza, Rodrigo Bellott, Mela Márquez, Paolo Agazzi, Diego Mondaca, Serapio Tola o Kiro Russo. Y también teatro como escenógrafo y diseñador para teatro con Percy Jiménez, Diego Aramburo, entre otros”.

CINE. Una imagen del equipo de Socavón Cine durante la filmación de la película de Piñeiro. Foto: R. Bajo/D. Loayza

En 2008 su compadre Pablo Paniagua, director de fotografía, volvió de estudiar cine en Buenos Aires con una cámara de ocho milímetros y seis rollos vírgenes para rodar, cada uno de tres minutos, un total de 18 minutos. Con guion de su hermano, nacía así Martes de challa, la vida, muerte y entierro en el edificio Dallas de un pepino carnavalero y borracho. “Nos costó 500 dólares, 100 nos dio la Paceña, otros 100 la librería Armonía, otros 100 un amigo, Pablo Keke. Rodamos durante tres días, sin derecho a equivocarnos. Ahí nos dimos cuenta rápidamente de que las limitaciones son fundamentales en el proceso creativo, si tienes todo a veces no sale igual”, dice Carlos con ese orgullo que tienen los que parten desde abajo.

Con el primer cortometraje llegó el primer galardón, el “Amalia de Gallardo”; total, cuatro mil dólares. Carlos y Pablo, amigos desde el San Ignacio, reinvirtieron todo el monto en hacer su segunda película, esta vez en 16 mm con la cámara Super 16 de Cine Box y cintas Kodak y Fuji para diferenciar los 30 años existentes en la historia del “corto”. Las quince latas de rollo se convirtieron en Max Jutam (2010). “Rodamos por primera vez en la comunidad aymara de Santiago de Okola, gracias a Miguel Hilari, pudimos pedir los permisos necesarios de la comunidad, fuimos varias veces a sus asambleas y después, cuando estrenamos, mostramos la película ahí y ahora nos ha ayudado también para tener una buena recepción de los comunarios”, dice.

El segundo cortometraje también llegó con premios bajo el brazo, el primero desde México (Festival en Foco de Oaxaca) y luego un “Abaroa” y otro “Amalia” de yapa. Repitiendo el mismo modus operandi de reinversión, en 2012 llega Plato paceño, el “corto” que lo va a cambiar todo: viajes a festivales del extranjero y roce con directores admirados.

La trayectoria con final feliz se trunca de repente con un divorcio/crisis existencial y un viaje a Cobija, Pando, donde se había instalado su padre y su nueva empresa Andamas (acrónimo de Andes y Amazonas). Carlos —con algún dinero prestado— se coloca al frente de una lavandería de ropa. Las dudas sobre su futuro como cineasta dan vueltas y vueltas. “Un día, como una epifanía, mientras lavaba las medias de un militar, me dije a mí mismo: es hora de demostrar si sirves para el cine o no. Entonces comienzo a cranear lo que iba a ser mi cuarto corto, me lo pongo como prueba, como sacrificio. Es la historia de un colla en Brasil llamado Celestino que viaja engañado y termina trabajando en una lavandería, encerrado en su mundo, manteniendo su identidad y costumbres muy lejos de su casa y su hábitat natural y cultural”. La cuarta película reafirma la vida y pasión de Carlos, ha pasado su particular Rubicón. Las ovaciones y elogios en la competencia internacional oficial del Festival Clermont Ferrand (Francia), la muestra más grande de cortos en el mundo, así lo atestiguan.

De la lavandería de “Collija” (Cobija en argot por la gran llegada de hombres y mujeres de occidente a la “Perla del Acre”) vuelve al lago Titicaca, como cerrando un círculo, la figura geométrica de la sabiduría aymara. Con “Migu” Kori Hilari Sölle de intermediario, vuelven para rodar en el “Dragón dormido”, a 17 kilómetros de Puerto Carabuco, entre la comunidad de Quillima y Santiago de Okola. El guion de Sirena— en castellano y aymara— va a ser escrito a cuatro manos por Juan Pablo, su hermano, y Diego Loayza, ambos productores de la película. La fotografía, esta vez, recae en Marcelo Villegas y el resto son los habituales —Sergio Medina en la dirección de sonido, Kiro Russo en el diseño sonoro…— del colectivo Socavón Cine, al que pertenece Carlos.

El equipo, todo un junte equilibrado de amigos, usa drones para atrapar la majestuosidad del Titicaca pero en el montaje de Amanda Santiago apenas quedan unas imágenes fijas cenitales. El efectismo no forma parte del menú. Su primer “largo” —que ha ganado un premio al fomento en el Festival de San Sebastián/Donostia (País Vasco)— se estrena en el Festival de Cine de Valdivia y el día que Evo Morales renuncia por el golpe es el plato fuerte de una noche del Festival de Mar del Plata (donde obtiene el premio al mejor filme de un director Sub-35. La película ve truncado su periplo por festivales europeos como Toulouse por culpa de la pandemia y Carlos se queda con los pasajes en la mano. No importa, el sueño ya está cumplido: primer “largo” en el Titicaca. “Lo mejor es que no tengo deudas, Sirena ha costado 70.000 dólares, no debo nada a nadie, pasé el último día del año en la Isla de la Luna solo sin ver un alma para poder arrancar el año diciendo: gracias Lago”.

Ahora “solo” falta que el público boliviano vea este filme de suspenso con poco diálogo: el pasado jueves se estrenó virtualmente en la plataforma de streamingdel Multicine y la distribuidora BF; y este jueves 21 llega a las salas. Tal vez el cinéfilo pueda observar las huellas de Ozu, Sanjinés, Lucrecia Martel, los Coen, Kusturica, Wong Kar-wai o los uruguayos Stoll y Rebella. “No he visto todo el cine que quisiera, mis influencias son más literarias, los cuentos de Horacio Quiroga y Juan Rulfo me han marcado como códigos narrativos, Sirena es un homenaje a ambos, es una obra sobre la muerte, sobre la llegada de unos hombres a un lugar, sobre cómo unos ven la muerte de fiesta y como augurio y otros, como culpa y miedo, esa separación entre vida y muerte no existe; si vivo, muero”. Mientras tanto, Carlos prepara otro regreso, esta vez a Pando: Taturana, su próximo largometraje”, transcurre entre la ciudad de El Alto y Cobija. Piñeiro sabe que el mundo está lleno de presagios, el próximo todavía es un secreto.

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La cultura nacional se ostenta en las medias

Algunos de los diseños de estos calcetines se inspiran en elementos populares del imaginario colectivo de Bolivia, otros rompen con la sobriedad

Los diseños de la ilustradora Geraldine Csapek

Por María José Richter

/ 20 de enero de 2021 / 10:48

En un retazo de suave algodón negro se distinguen — llenas de vivos colores que contrastan con el oscuro material— las máscaras del Carnaval de Oruro. El colorido pepin o paceño, la impactante careta del diablo y la coqueta china Supay adornan el espacio entre el doblez del jean y los zapatos. El evento folclórico, síntesis de nuestra cultura, ornamenta el atuendo. También lo hacen las salteñas —con su intenso color mostaza— bordadas en el calcetín azul. El par de medias hasta llega a lucir apetecible.

“No hay regla sobre cómo combinarlos. Los calcetines con diseños pueden usarse con un traje formal o con un atuendo casual. No hay limitantes, son parte esencial de la vestimenta”, cuenta Patricio Salinas, el joven emprendedor que decidió apostar, desde 2019, por Calcetín: el negocio de medias que hoy marca tendencia en La Paz y se abre al país.

El emprendimiento forma parte de Textiles Online, la línea de Salinas que también promociona Boxer for humans, la ropa interior masculina con diseños.

Salinas es paceño. Estudió en el colegio Alemán y cursó cuatro semestres de la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Católica Boliviana. “Dejé la universidad para dedicarme por completo a la acción de emprender”, explica. Calcetín, en especial, “nació de la idea de expresar el ser interno a través de la moda”.

Hace tres años que surgió el emprendimiento, “no como una fábrica, no tenemos la intención de serlo, pero sí como una marca. Queremos ser la marca más grande de calcetines a nivel nacional”.

En 2020 trabajaron con pedidos online y hacia finales de año, en noviembre, el equipo abrió su primera tienda física en La Paz. Y crecen: Este año, Calcetín se trasladará a un espacio más grande en la zona de San Miguel.

“En enero de 2020 tomamos un local comercial que usábamos como oficina. Hicimos un campo, acomodamos las cosas e inauguramos un pequeño espacio para ventas en noviembre. Estamos remodelando la nueva tienda en una locación más céntrica y más espaciosa”, comenta Salinas con mucho entusiasmo.

En una vía láctea de algodón peruano —desde donde se provee el material—, una jirafa con gafas, dueña de su propio planeta, da vueltas por el tobillo. Este es uno de los diseños de Calcetín, hecho por Adriana Bilbao, artista paceña, que participó en el concurso “La mejor idea nace en tu interior”, lanzado en diciembre del  año pasado y que convocó a los interesados en presentar ideas para crear un modelo especial, con el nombre del ganador.

 La identidad boliviana es el principal insumo de Calcetines

Diseños de Alejandra Hurtado y Caio Hurtado

Diseños de Alejandra Hurtado y Caio Hurtado

Foto: Douglas Tapia y Calcetín Emprendimiento

Este diseño fue creado por Alejandra Hurtado e inspirado en las mujeres que visten pollera

No son menos animadas las propuestas del equipo oficial de diseñadores, conformado por Alejandra Hurtado de Mendoza, Geraldine Csapek y Caio Hurtado. La mayoría de ellas, como los calcetines del Carnaval y las salteñas, se inspira en la cultura nacional y en elementos populares instalados en el imaginario colectivo de los bolivianos y también de los turistas que visitan el país. Tal es el caso del diseño en colaboración con Droguería Inti: las latas del ungüento Mentisan.

Con la nueva tienda, 15 diseñadores nacionales se incorporarán al equipo para exponer los nuevos modelos que formarán parte de la colección 2021.

Uno de los mayores retos para todo el equipo surgió en medio de la pandemia provocada por el COVID-19 y la cuarentena estricta. “El primer mes de encierro fue muy duro, casi nos quedamos sin flujo para seguir cubriendo los costos fijos. Otro de los problemas fue la falta de stock y la imposibilidad de ingresar la producción de los calcetines al país”. Sin embargo, la cuarentena ayudó a potenciar las ventas online y expandir el negocio virtualmente.

Calcetín promociona sus productos a través de sus redes sociales (Facebook e Instagram), donde se encuentra el catálogo con todos los modelos y donde es posible realizar los pedidos para diferentes departamentos o para La Paz. 

A largo plazo, Salinas y el equipo de Calcetín buscan exportar la marca. “Estamos en constante mejora y crecimiento, no nos quedamos estáticos. Reaccionamos rápido al mercado, entramos con fuerza y sobre todo hacemos las cosas con genuino amor y pasión. La marca es competitiva a nivel internacional en diseño y materiales, como en estrategia y redes sociales. Creo que entre todas y todos los latinos debemos sumar fuerzas para competir con mercados más grandes”.

Romper la sobriedad textil, animar el atuendo, divertirse con la moda, son algunos de los retos que tiene el equipo para esta gestión. Los nuevos modelos buscan —comenta Salinas— darle un giro a la cultura boliviana y combinarla con las exigencias del mercado, generando una pieza singular de la indumentaria que acompaña todos los días el atuendo.

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Baila con la eternidad, Randolph

Los músicos Gustavo Orihuela y Luis Daniel Iturralde dan dos sentidas despedidas a su amigo y colega Randolph Ríos, fallecido por COVID-19

APASIONADO. Docente y director de la Orquesta Sinfónica Juvenil, DJ, contrabajista del Gustavo Orihuela Quartet y fanático de Star Wars y los aliens; así fue en vida Randolph Ríos y así lo recuerdan amigos y alumnos por igual.

Por Luis Daniel Iturralde/Gustavo Orihuela

/ 20 de enero de 2021 / 10:38

Randolph Ríos (para mí, Gandalf, como el mago) fue mi hermano desde que arribé a La Paz y estoy agradecido por todo lo que vivimos y por todas las enseñanzas que me dejó. Compartimos la pasión por la música, por los aliens, por la comida, por el silencio en compañía sincera. Gracias por darme el ejemplo del músico emprendedor que siempre fuiste, por tener un humor increíble, que siempre alegrabas cualquier reunión, viaje y ensayo, y por ser una persona que desde la sencillez hizo mucho, realmente eres un ejemplo para mí y para todos. Gracias por haberme estrechado tu gran amistad cuando nos conocimos en la Orquesta y en el Conservatorio, gracias por habernos alegrado con tanta intensidad en cada momento de la vida. Te quiero mi hermanito, gracias por ser mi hermano mayor desde que llegué a La Paz. Buen viaje, Papu. (Gustavo Orihuela)

FOTO: LUIS DANIEL ITURRALDE/GUSTAVO ORIHUELA

Randolph Ríos

La vida es como el agua, se escapa de las manos. Sin embargo siempre está, fluyendo y transformándose, en algún lugar…

Murió mi gran amigo Randolph Ríos, de semblante despreocupado y alegre, con esa caminata de pantalones chorreados llena de funk, con esas orejas enormes y curveadas que devoraban todo tipo de música, enfrascado en un smoking dirigiendo la Sinfónica, bailando salsa, disco y jazz con el baby bass, transformado en DJ de medianoche, alegrando los corazones de distintos públicos, en distintos lugares, a distintas horas, como una antorcha que alumbra las ganas de vivir.

Cuando se comparten las mismas pasiones no hay mucho que explicar, la conexión se hace de manera instantánea y más aun teniendo la bendición de trabajar juntos en un mismo proyecto musical exitoso.

Recuerdo los conciertos de Gustavo Orihuela Quartet. Recuerdo los conciertos abarrotados de gente y llenos de aplausos sinceros que compartimos juntos. Como ejemplo puedo citar el teatro Gran Mariscal de Sucre, el Teatro Municipal Albero Saavedra en La Paz, El Teatro Nuna en La Paz (donde hicimos además varias grabaciones audiovisuales), festivales de jazz en Ecuador, Paraguay, Chile y Perú, o el Club Bonafide en Nueva York (club del gran y reconocido bajista camerunés Richard Bona) donde la gente se paró a bailar con nosotros, entre muchos otros conciertos grandes y pequeños donde siempre la conexión y la profunda amistad del cuarteto se reflejaban en nuestra música y entrega en escenario.

Randolph era una persona muy discreta y multifacética, docente de contrabajo del Conservatorio Plurinacional de Música, contrabajista de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Al mismo tiempo fungió como director invitado habiendo realizado una de las temporadas más exitosas de la sinfónica con sus conciertos de música para películas (Star Wars, Disney, Clásicos…). También era un DJ apasionado conocido como Moro Funk, quien hacía bailar a la gente en clubs como el Glam o Malegría.

Realmente Randolph vivió una vida intensa y enriqueció muchísimo distintas escenas de la música en Bolivia.

Baila con la eternidad, Randolph que siempre estaremos llenándonos de tu picardía, de tu genuina amistad, alumbrados por tu carcajada, por tu cálido abrazo musical.

Hasta pronto hermano del alma, la vida es como el agua, se escapa de las manos. Sin embargo siempre está, en algún lugar.

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Mi partecita en la vida de Canito

La cantante Tere Morales recuerda y se despide del guitarrista Juan Carlos Ríos, recientemente fallecido por COVID-19

GUITARRISTA. Mejor conocido como Canito, Juan Carlos Ríos fue un guitarrista paceño conocido por tocar junto con el grupo K’ala Marka y el dúo Weimar y Cano.

Por Tere Morales

/ 20 de enero de 2021 / 10:32

Canito me contó que consiguió en el colegio un cancionero de Silvio Rodríguez. Fue un descubrimiento que lo deslumbró, tanto por la exigencia en la técnica de la guitarra, como en la poesía de sus canciones. Sacó todas cuando tenía 10 años, más o menos. Luego vino lo demás: un dúo con Franz Valverde (Panchito) en lo que fue El Dúo Criollo. Canito tenía 17 años en ese entonces y según palabras de Panchito, “nuestros dedos volaban en la guitarra”. En 1993 dieron conciertos y giras junto al grupo folklórico K’ala Marka, realizando conciertos y giras a nivel nacional e internacional. El Dúo Criollo no grabó ningún disco y solo dieron un concierto de reencuentro en 2013, donde hicieron el compromiso de grabar, pero nunca llegaron a concretarlo.

El nuevo desafío de Canito fue Cantares, grupo que existía desde hacía varios años y al que ingresaron junto a Rocío Moreira y Fernando Gutiérrez. Allí, grabaron tres discos y Canito trabajó en el grupo hasta el año 2007. 

Al año siguiente, conformó el Dúo Negringo, con Leonardo Egúsquiza, haciendo un variado repertorio latinoamericano y trabajando juntos hasta 2013, cuando empieza una nueva etapa junto a Weimar Baldiviezo, en el exitoso dúo Weimar y Cano, con quien estuvo hasta su partida.

Foto: Tere Morales

Juan Carlos Ríos

Co n Canito nos conocimos en 2011, en un acto de beneficencia escolar, yo no tenía acompañante y me dijeron que un papá de familia acompañaría… yo estaba asustada, porque no es fácil cantar con una persona que no sabe tocar muy bien y menos sin conocerla. “Tere, te presento al Señor Cano, papá del Carlos”. “Mucho gusto, dije yo. Y ahora… ¿qué cantamos?”

Ambos nos vimos en una situación tan divertida, que empezamos a lanzar canciones y a ver qué sabíamos ambos, habíamos definido tres temas y sus tonos y nos llamaron a escenario. Salimos volando y recién allí, escuché la gran calidad de acompañante que me habían obsequiado… Cantamos las tres ¡y una de yapa! Ambos felices habiendo descubierto un encuentro tan afortunado. Así nos fuimos encontrando en escenarios y tratando de siempre cantar alguito juntos. Cuando necesité acompañante para otra beneficencia, lo busqué y le pedí ayuda. Fue a dos ensayos y llevó a Weimar con él. Ambos ensayaron y dieron el concierto conmigo, sin pedir nada a cambio.

“Teresita, quisiera invitarte a cantar en mi programa de Facebook, los domingos. Hago guitarreadas en vivo y quisiera pedirte que cantes conmigo… ¿te animarías? ¡Ya hice 50 programas!” Así llegó a ensayar a mi casa y se enamoró del arbolito de ciruelo, me contó cómo cantó para los niños cuidadores de autos y lustras de la 21, en época de Navidad. Él solito con su parlante y su guitarra. “Los niños querían regalarme monedas, Teresita, ¡qué ganas de llorar!” “Quiero hacer este programa con todos los amigos talentosos, para que en otros países los vean y conozcan la calidad de músicos que tenemos… y los lleven y los inviten, ¡que su música se difunda, porque se lo merecen!” Cantamos en su casa, nos aplaudieron mucho y nosotros tan felices. Fuiste un regalo de la vida, con fecha de expiración muy corta Canito, porque no hay tiempo que alcance para disfrutar un alma como la tuya. Descansa en paz y visita nuestros cantos, con el cariño de siempre. Tu cantora.

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Revive una icónica casona de la Plaza Murillo

La vivienda colonial data de 1600 y es una de las más antiguas de la ciudad. Una familia orureña financia la recuperación de este espacio

Dos albañiles trabajan en la vivienda patrimonial, la cual tiene paredes de más de un metro de grosor

Por Liliana Aguirre

/ 20 de enero de 2021 / 10:19

Data de 1600 y es el testimonio de los tiempos coloniales, de cuando la ciudad estaba amurallada y se dividía en dos. Esta vivienda que se encuentra al lado de la Asamblea Legislativa parecía desahuciada, a punto del colapso inminente, sin embargo ahora está siendo restaurada y revive. “Esta es la única casa que queda inclusive de los primeros levantamientos topográficos y de los primeros planos de La Paz. Conserva su estructura, es una de las más antiguas con base colonial como el damero español”, explica el arquitecto Ronald Terán, director de la obra, que está a cargo de la restauración y rehabilitación de este patrimonio edificado.

El trazado en damero español es el tipo de planeamiento urbanístico que organiza una ciudad mediante el diseño de sus calles en ángulo recto, creando de esta forma manzanas rectangulares cuyas cuadras tenían 100×100 metros. Realizar una explanada en La Paz no fue tan sencillo, así que optaron por usar gradientes.

Por esta icónica vivienda, diseñada con balcones coquetos, muros macizos y altos techos, pasaron muchas familias de abolengo en distintos periodos de la historia boliviana, como el presidente Pedro Blanco Soto. Una de las últimas propietarias fue una señora brasileña de apellido Vincenti, quien no vivía en el país por asuntos de salud. La distancia no le permitió ocuparse de la vivienda y la vendió. “La actual propietaria es la familia Choque Condori, ellos son de Oruro. Esta familia está haciendo una inversión considerable. Se reunieron con personas de la Alcaldía y asumen la responsabilidad de salvar el edificio aunque es costoso. Hay que resaltar que son pocos los propietarios que invierten en restauración”, agrega el arquitecto.

El sitio deja ver el esplendor de otrora, pese a estar en obras aún y ante el deterioro que sufrió con las lluvias, por la falta de una cubierta, pero también por parte de quienes la habitaron, ya que el espacio fungía de conventillo y en él se adaptaron decenas de cuartos para que las personas moren en ellos, pese a que a muchas habitaciones no les entraba la luz solar y carecían de ventanas para la ventilación.

“Estamos haciendo toda la restauración, rehabilitación, reciclaje, reintegro y reconstrucción. Tenemos un buen porcentaje del edificio que ha colapsado, producto de lluvias. La esquina de la Calle Ballivián es la más afectada por el abandono. Con la humedad de tantos años, y la casa cerrada, se perdió evidencia y elementos, pero cada día rescatamos lo más que se pueda. Se perdieron dos balcones, uno de cajón y otro de puerta cristalera. La parte superior con la pendiente que queda ha jalado dos muros desplazados. Hicimos una integración entre lo que es nuevo y lo que es antiguo con un sistema constructivo característico de todas estas casas patrimoniales, que vienen de Arabia, a través de España, durante la colonia. Los muros son de 1,20 metros de grosor y van en escalonado  y subiendo se reducen de1,20 metros a 80, a 60 y 40 centímetros. Además, en los cimientos se ponen piedras de río”, detalla Terán.

La casona colonial volverá a su esplendor

La casa cubierta mientras se realizan los trabajos

Las restauraciones en la casa patrimonial y el conventillo

Las restauraciones en la casa patrimonial y el conventillo

Las restauraciones en la casa patrimonial y el conventillo

Revive casona de la plaza Murillo

Foto: Álvaro Valero

En el proceso de restauración se están reciclando muchos materiales, como puertas rústicas de madera colonial. Sin embargo, no se pudo salvar todo porque muchas piezas se pudrieron a causa de la humedad y el abandono. Un ejemplo de ello es la chajña, una especie de cañahueca pero más gruesa que se usaba para los techos. “En algunos casos hay piezas de los cactus que crecían aquí en La Paz y que se usaban en las construcciones. Además, como hay aguas subterráneas,  para que los cimientos no se remojen se hacían de piedra de río y con calicanto. Respetamos el sistema constructivo de la época ya que es hidrófugo y repelente. Erradica la humedad y, en otro caso, no permite el ingreso de la humedad”, acota el profesional.

Así, los ejes compositivos coloniales serán replicados guardando las bóvedas, cuidando detalles del zaguán y de los balcones, ya que una vez concluidos los trabajos en la vivienda se instalarán galerías y en la planta superior habrá un café restaurante desde donde se verá la plaza Murillo, el Km 0 de la urbe.

La parte de este inmueble en que se modificó la estructura original para habilitar habitaciones y alquilarlas se derrumbará, nada ya le queda de patrimonial, y allí se levantará un hotel de varios pisos para turistas. La conclusión de la obra está proyectada para la primera semana de abril de este año.

“Tener un restaurante en pleno centro histórico va a atraer a mayor turismo. Toda la ciudad debería hacer eso, ya que se necesita revitalizar la zona y generar mayores ingresos a estas casas. Los países de la región tienen su centro histórico vivo e invierten en él. Este es el único en el que se lo usa de pernocte y no debería ser así”, señala Terán.

La inversión está hecha y el trabajo continúa. Pronto la plaza Murillo recuperará una de sus más emblemáticas casonas.

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