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Matilde, te llamabas magnolia

La cantautora y poeta presentará al año un nuevo disco y libro             

/ 6 de diciembre de 2021 / 20:03

El jardín de la casa de Matilde Casazola tiene rosas, geranios, plumbagos y heliotropos. “Las plantas y las flores son como los amores, todos son hermosos”, dice mientras entramos al cuarto de estar donde brilla un retrato que Ricardo Pérez Alcalá hiciera de ella en 1976 (es la tapa de su primer disco). En las paredes también cuelgan cuadros que Matilde ha pintado con rostros familiares, es su galería de afectos. “En 1987 tuve tuberculosis en mi pulmón izquierdo, no podía ni cantar ni escribir, entonces me dediqué a pintar”.

Veinte años antes, en 1967, Matilde se iba de Bolivia con su gran amor: Alexis Antiguez Arístides, un artista/titiritero argentino que se alojó en Sucre muy cerca de su casa de la calle Bolívar. El vecino, Lucho Chopitea, hacía de anfitrión por entonces de los artistas que pasaban por la capital. Matilde tiene 19 años y Alexis, 36. Van a pasear desafiantes “haciendo empanadas” por las calles escandalizadas de la ciudad; él con su poncho y su barba; ella con pantalón, “pucho” entre los labios y un poncho casero hecho a partir de una vieja manta de la madre. Se van a casar un año después. Y van a viajar juntos por toda Bolivia y la Argentina. “Siempre había soñado con viajar y Alexis fue como un enviado, siempre fui muy libre, es imposible hacer arte sin libertad plena”. La “Pocha” —como le dicen aún en casa— va a ser durante nueve años “Pochita” Antiguez. Son dos pero están rodeados de la “crema y la nata” de la época: Gil Imaná, Inés Córdoba, Lorgio Vaca, Alfredo La Placa, Pepe Ballón y su Peña Naira, donde dará su primer concierto y conocerá a Violeta Parra…

“Todos los amores / son el mismo amor. / tienen ojos claros / henchidos de sol, / o negros abismos / donde no da el sol / pero todos ellos / son el mismo amor”, Amores de alas fugaces.

Matilde carga los bártulos de los títeres, acomoda al público, cambia las cortinas, vende entradas y comienza a tocar la guitarra en noches de bohemia. Las primeras canciones son una zamba y un yaraví; Flor de romero y Cinco lágrimas. Matilde es una chica con una timidez terrible, pero se atreve a tocar y cantar frente a los mejores. “Ni rica, ni famosa he sido, pero tengo amigos que me han dado mucho amor”. Con memoria prodigiosa, recita aquí y ahora la letra de aquella primera zamba argentina, inédita hasta el disco que sacará el próximo año. Ese nuevo trabajo discográfico no tiene nombre, pero sí tiene ya tres canciones instrumentales: Capricho, Caro e bello y Te llamabas magnolia. El tercer tomo de su obra poética también está en camino de la mano de la editorial 3600. Matilde y Alexis tienen que salir de Bolivia a la rápida en el 67. Al titiritero cordobés lo han acusado de ser enlace de la guerrilla del “Che”. La pareja recorre la Argentina de punta a cabo, de Neuquén y Río Negro a Buenos Aires y Santa Fe.

“Un poco de amor en el camino / es lo único que os pido. / Después podéis herirme, / burlaros de mi facha / o de mi gesto triste. / Después podéis pisar las flores, / cortar el árbol verde, / hundirme la mirada / y ajarme la sonrisa. / Después podéis tirarme en el camino / obscura y olvidada, / que yo tendré una estrella / colgada de mis ojos / para siempre”, Los ojos abiertos.

A sus 10 años, Matilde enseña su primer poema a la profesora, de nombre Julia Peñarrieta. Estudia en la Escuela Nicolás Ortiz de niñas en Sucre y las monjas del Santa Ana intentan corregir su mano zurda. “La izquierda es el demonio, me decían. Y me ataban mi mano zurdida en el recreo hasta que una vez mi madre se enteró y se apareció en el colegio para hablar con la monja. No sé qué le dijo, pero nunca más me molestaron. Ahora mi zurda tiene sus ventajas, pues para tocar guitarra es muy útil”. También aprende solfeo en la Escuela Nacional de Maestros Mariscal Sucre y estudia guitarra con el maestro español Pedro García Ripoll en un hotelito de La Paz. “Eran los años 60 y él era muy imaginativo. Aprendí disciplina tras años de ser autodidacta”. Su primera guitarra se va a llamar “Estrella” y la acompañará durante tres décadas. Las muñecas antiguas que tiene en el cuarto de estar también tienen nombres: son “Galletita”, “Roxana” y “Payasito”.

Volvemos a la infancia. Matilde juega con su hermana Gabriela (también poeta) y sus tres primos, hijos de don Gunnar Mendoza. Comen duraznos de los árboles de la quinta y corren al cuarto de la querida abuela al fondo de la casa. La madre, doña Tula, toca el piano, “un piano que tuvieron que vender por necesidad”. Todavía hoy Matilde guarda grabaciones en cassette de su madre, preludios que compuso el abuelo, don Jaime Mendoza, que una vez supo ser doctor en Chayanta, amén de filántropo, poeta y geógrafo. Todavía hoy Matilde es capaz de recitar de memoria un viejo poema (Pachamama) del padre de su padre.

HOGAR. La cantautora y poeta, en el patio de su casa en Sucre

“Como niña jugando en colores / me parezco mirar, / junto a la amplia ventana / que da al sol poniente / esta tarde, / y me maravilla pensar / otra vez el paisaje terrestre / en que habita mi sangre”, La noche abrupta.

Tras el primer libro que nunca se presentó en Bolivia (Los ojos abiertos, 1967) llega el primer disco con canciones propias, Una revelación, 1975. La séptima canción de aquel L.P. se llama Como un fueguitoy la novena, De regreso.  Van a tener que pasar 20 años para que Savia Andina encienda de nuevo aquel fueguito muerto de frío. “En su momento pasó desapercibido el disco por falta de difusión y publicidad. Además yo no era ni coqueta ni tenía grandes aparatos sobre el escenario, mi estilo no cautivaba por entonces al gran público. Pero una vez, estando en Potosí, Rafael Arias, el hermano de Gerardo, redescubrió la canción que luego también cantaron Emma Junaro y otros”.

De regreso a la nostalgia, el inevitable tema/eje de su obra. Durante nueve años, Matilde (y Alexis) disfrutaron de una vida itinerante de viajes y distancias. “Compuse ese tema entrando al país, cuando uno está lejos se ve todo con mayor intensidad. Siempre tuve un amor sufriente y terrible por Bolivia. Con la emoción del reencuentro con este mi país, sentí de nuevo las hierbas y el perfume agreste de los campos, toda mi vida he acumulado nostalgias”. Las versiones que más le gustan del “regreso” son las de Luis Rico y Jenny Cárdenas.

“Desde lejos yo regreso / a tus piedras trabajadas, por titanes ignorados que cobijan la altipampa / desde lejos como el viento / traigo nombres de otras patrias / pero busco en tu infinito las raíces de mi alma / yo no logro explicar con qué cadenas me atas / con qué hierbas me cautivas, dulce tierra boliviana”, De regreso.

Matilde ama cantar, por lo que aquellos años de la tuberculosis fueron los peores. Perdió la voz y apenas alcanzaba a pronunciar más de cuatro frases seguidas. El agotamiento físico lo podía todo. Hay dos tipos de tuberculosis: la abierta con tos y la cerrada, más explosiva por dentro, más peligrosa. Matilde sufrió la segunda y la pintura la salvó. Aprendió a mezclar colores aunque ya dibujaba desde niña. Fue un descubrimiento. Así aparecieron retratos de seres queridos y rostros imaginados, ninfas, bosques y ángeles de la guarda. La imaginación había saltado del pentagrama a la paleta. “Los ángeles me acompañan desde aquel trágico. Dice el poeta español Gerardo Diego: ‘Señor, yo te he visto y quiero volverte a ver, quiero creer’. Yo también quiero creer, mi fe es más de deseo, en los años 70 era anti-religión, pero con los años he vuelto a creer. Todos tenemos un ángel, es un misterio que existe, por eso los pinto para dialogar con ellos”.

La historia del arcángel Rafael que curó al padre de Tobías de la ceguera es una de sus favoritas en la Biblia. Matilde volvió a ir a la iglesia. Su preferida en Sucre es la de Santo Domingo, blanca y hermosa, en la calle Calvo. Durante 10 años (entre 1989 y 1999), ayuda en las canciones de liturgia y da clases a los chicos que tocaban en la misa. Entre estos alumnos está Pepe (José Alberto Morales), la futura armónica de La Logia, banda rockera emblema de la capital. Matilde es una cajita de sorpresas. El último dibujo que ha hecho es un retrato del leonés Amancio Prada. Está en la tapa del disco que escucha estos días: Tres poetas en el círculo: Cunqueiro, Lorca y García Calvo. Con el poeta andaluz asesinado por el fascismo, Matilde tiene conexiones: un destino errante, unos títeres itinerantes, la poesía. “Es mi poeta de cabecera”. ¿Y cuándo sabes que una canción es una canción y un poema es un poema? “Yo no decido nunca. Algunas melodías vienen con su letra y se van trenzando, yo solo tengo que enhebrar y el tarareo sale, entonces la canción vuela. Los poemas llegan solos, tienen su propia música. Mi estilo siempre trató de recuperar las tradiciones, la música folklórica y mezclar la poesía popular con la lírica”.

“Si hoy no me das tu rosa a tiempo, mañana no la quiero no, mañana no la quiero que ya será invierno”, Rosa del tiempo.

Tres changos cantan al atardecer la cueca Rosa del tiempo en la Recoleta de Sucre. Las parejas sentadas bajo los arcos se besan, la ciudad mira para otro lado, algunos se toman fotografías de amor para el recuerdo. “Es hermoso que los muchachos toquen mis canciones. Hace muchos años, cuando apenas arrancaba a componer mis primeras melodías, tuve un sueño premonitorio. Caminaba por la calle de mi casa y de uno de los patios oí una canción tocada por un dúo masculino, cuando me acerqué era uno de mis temas, desperté emocionada y pensé: ojalá algún día alguien toque mis canciones”. Jach’a Mallku, con el paceño Franz Chuquimia al frente, ha versionado Rosa del tiempo, pero también otro de los “hits” de Matilde: Tanto te amé. La nostalgia aterriza de nuevo, pero ya no duele: “Tanto te amé, que ya mi canto se quiebra / como un cristal, como agua que se despeña / buscando el mar, buscando alivio a su pena / Tanto te amé, que ya mi canto se quiebra”.

RECUERDO. Casazola y Alexis Antiguez con Yayo Jofré, Gilbert Favre, Ernesto Cavour y Julio Godoy (Los Jairas).

Matilde no sabe (ni quiere) cocinar, pero ama el plato paceño. Los picantes de la comida chuquisaqueña lastiman su hígado delicado. No ha tenido hijos, la vocación siempre pudo más. Matilde ha disfrutado de varias historias de amor —la de un exjesuita la contaremos otro día—, pero la discreción (y su apego a la privacidad) también pudo más. “Sacrifiqué muchas cosas, mi destino era otro. Todo tiene un precio, mi vocación por el arte es como la vocación religiosa, la acepté con mucho gusto y me dio muchas recompensas”.

En las interminables noches de canto y poesía, apenas tomaba alcohol pero fumaba harto tabaco. Comenzó a fumar de niña cuando le hacía el “favor” a su padre de apagar sus cigarrillos Poker, no sin antes darle una “villa” final y clandestina. E incluso, una vez, probó “un tabaco de otro estilo”, que le ofreció una amiga. “A ver si te gusta, me dijo, y yo comencé a mirar las plantas decorativas que estaban cerca de mí y cómo sus flores se agrandaban y se abrían, fue todo muy raro. Mi amiga se rió y me dijo: ‘Eso que has fumado se llama maría’. Me molesté y nunca más fumé aquel tabaco de otro estilo”, cuenta entre risas.

Una de esas recompensas fue viajar por el mundo con su guitarra y su canto. “He actuado en Suiza, Francia, en España gracias a las puertas que me abrieron Pedro Shimose y Marcelo Arduz, en Suiza conocí a la viuda de Alfredo Domínguez, Gladys Cortez, ella cantaba muy lindo junto a un guitarrista chileno que estaba exiliado y había sido torturado en la época de Pinochet”.

Matilde nunca “cayó” en política, pero tiene dos lindas historias con Marcelo Quiroga y con Luis Espinal. “Vivía en La Paz dando clases de guitarra en la escuela Mauro Núñez y escuché en la televisión un discurso de Marcelo. Me pareció un hombre valiente, sincero, de mucho idealismo, me impresionó y me dije, tengo que conocerlo. Con una amiga que era del PS1 nos dedicamos a ir a todos los mitines para ver si podíamos hablar con él, hasta que una vez tuvimos suerte y en una reunión política se acercó a nosotras y nos dio la mano, nos hicimos muy amigos, unidos por la poesía, luego conocí a su compañera, María Cristina, una mujer tan valiente y tan hermosa”.

La historia con Lucho Espinal también es de encuentros forzados. “Una amiga, Rosemary Cardozo, quería publicar sus poemas y en los grandes periódicos de La Paz, como Presencia o Última Hora, no era tan fácil, entonces la acompañé al semanario Aquí que dirigía Espinal. Era maravilloso, lo vi solo dos veces más, pero con personas como él, con algo tan fuerte en su interior, es suficiente. El envidiaba a los poetas porque su obra perdura y el trabajo periodístico es efímero. Tengo varios poemas inspirados en Espinal que publicaré pronto”.

Tras cumplir su sueño, conocer a Marcelo y Lucho, llegó la tragedia. Entre marzo y julio de 1980, ambos fueron cruelmente asesinados. Matilde entró en una especie de nirvana depresivo, no le interesaba nada, fue una larga pesadilla de un año. Un viaje a Francia en 1982 —organizado por la guitarrista clásica gala Sylvie Genovese— la rescató de la tristeza infinita. “Dice que los muertos se levantan / y en la tarde incendiada agitan / sus brillantes pañuelos / que son poemas que el mercader del viento / les trae del remoto mundo / irisados / y trémulos”, A veces un poco de sol.

LIBRO. La portada de la Obra poética, de Matilde Casazola.

La historia del ojo de Matilde queda para el final. Después de salir de Bolivia a la rápida por la persecución política y estando en un parque de Avellaneda, Buenos Aires, previa a una actuación de títeres, un hombre delgado —supuesto policía— se acercó en la noche y la golpeó en la sien con una pistola de grueso calibre, también a su pareja Alexis. La sangre comenzó a brotar y el desmayo vino después. “Me atendieron en el hospital y nos dijeron que iba a perder la vista de los dos ojos, pues el nervio óptico había sido cortado, había que tomar una decisión, operar para salvar el ojo derecho. Alexis tomó la decisión y el doctor hizo el milagro”.

Matilde recuperó la vista  como lo hizo el padre de Tobías en esa historia de la Biblia que tanto le gusta. Matilde mira el reloj, agarra su nueva guitarra Yamaha de nombre “Luciérnaga” y apoya el pie: “Hace mucho que no toco, haremos dos canciones que pronto voy a grabar”. Suenan Te llamabas magnolia y Éramos los dos. Volvemos al amor del principio. Son las nueve de la noche en la capital, la tarde ha pasado volando, como sus canciones. Matilde me regala uno de sus poemarios. “Para Ricardo, con la emoción de este encuentro, Sucre, noviembre de 2021”. El segundo poema de ese libro arranca así: “Amo mis huesos / su costumbre de andar rectos / de levantar un semicírculo / para abarcar el cielo / de encadenarse en filigranas diminutas / para favorecer el movimiento; / amo mis huesos con sus curvas / sus salientes / y sus cuevas profundas”, Los cuerpos.

FOTOS: RICARDO BAJO

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Mamoru Hosoda: ‘Hay dos versiones de nosotros gracias a la realidad virtual’

El director japonés conversó con ESCAPE sobre su nueva película ‘Belle’, que ya se estrenó en Bolivia

Mamoru Hosoda, director japonés

/ 23 de enero de 2022 / 16:59

Realmente se pueden hacer acciones concretas desde las redes sociales para cambiar el mundo? ¿Hay un verdadero poder detrás de un like? ¿Cuán importante es la imagen que una persona proyecta a través de internet? ¿Puede uno realmente crear una voz propia tras una pantalla? La vida real, con toda su crudeza, se entremezcla con los fascinantes y creativos mundos virtuales en Belle (2021), película de animación japonesa dirigida por el reconocido realizador Mamoru Hosoda (19 de septiembre de 1967), que se exhibe en las principales salas del país gracias a Bf distribution.

La historia gira en torno a una estudiante de secundaria, Suzu Naito, que vive en el campo de Kochi. Ella perdió a su madre en un accidente a una edad temprana y vive con su padre. De personalidad más bien retraída, descubre una nueva vida en el mundo virtual llamado U, en el que Suzu es Belle, un ícono musical.

Belle está dirigida por Mamoru Hosoda y es la tercera película producida por Studio Chizu. La cinta se estrenó el 16 de julio de 2021 en Japón y el jueves llegó a  Bolivia.

Mamoru Hosoda es un multipremiado director, nacido el 19 de septiembre de 1967 en Kamiichi, Distrito de Nakaniikawa, en la Prefectura de Toyama, Región de Chubu. Estudió pintura al óleo en la Universidad de Arte y Diseño Industrial de Kanazawa. En 2011 cofundó junto con Yuichiro Saito el Studio Chizu. Los niños lobo Ame y Yuki (Ō kami Kodomo no Ame to Yuki, 2013), Summer Wars (Sama Wozu 2009) y La chica que saltaba a través del tiempo (Toki wo Kakeru Sh ō jo 2006)   son sus trabajos más reconocidos. Las dos últimas ganaron el premio a Mejor Animación en el Tokyo Anime Awards de 2007 y 2010, respectivamente.

Con Mirai, mi hermana pequeña dio el salto internacional, siendo nominado a un Premio Óscar en la categoría de Mejor Película de Animación en la 91ª edición de los Premios de la Academia. Y con Belle,  que se estrenó por lo grande en el Festival de Cannes, recibió una ovación de 14 minutos “que marcó historia como una de las más largas que se han registrado en las 74 ediciones del Festival”, señala el portal especializado www.mundopeliculas.tv. ESCAPE tuvo la oportunidad de hablar con Mamoru Hosoda, vía Zoom, gracias a un contacto facilitado por Bf  Distribution.

—La película habla mucho sobre la vida cotidiana y nuestra relación con las redes sociales, pero también propone un paralelismo con la historia tradicional de La Bella y la Bestia —de hecho, hay una escena en que se rinde homenaje al baile de los personajes de Bella y la Bestia bajo la araña del salón en la película de Disney— ¿Cómo se unieron estas ideas para concretar la película?

—Siempre quise crear mi versión propia de La Bella y la Bestia hasta que hace tres años pude llevar esta historia al mundo del internet. En la historia original de La Bella y la Bestia, la Bestia tiene muchas dualidades, muchos elementos. Su exterior es violento y valiente, pero en su interior, su corazón resulta ser mucho más noble. Nosotros, como sociedad, considero que tenemos estos dos elementos gracias al espacio cibernético. Existen dos versiones de nosotros con la realidad virtual y quería exponerlas.

—Sobre nuestra relación con  internet, en general se suele creer que es ficticia, esa otra vida que podemos tener en la red. Sin embargo, en la película plantea algo temerario: que se puede cambiar el mundo actual, como lo conocemos, desde la misma red.

—Si eliges un personaje como Suzu, que se sienta en la esquina de la clase, leyendo un libro, no pareciera ser muy comunicativo. Sin embargo, la verdad es algo que uno ve en la superficie, en el momento presente. ¿Podrías decir que eso que ves es el personaje de Suzu en su totalidad? Probablemente en su interior existan muchas más posibilidades, muchos rostros esperando por mostrarse, pero que no son parte de las realidades en las cuales el personaje las pueda expresar.

En ese sentido, nuestra realidad, hasta que apareció internet, era un solo mundo, una sola realidad. Algunas veces, la gente ni siquiera ve estas otras caras de las personas que viven sus vidas, siguen adelante y luego mueren. Solamente conocen un lado, un elemento de estas personas.

Por el internet, muchos se han sentido libres de expresar otros elementos de sí mismos. Como sociedad, somos capaces de poder acceder y de poder expresar diferentes aspectos a los cuales no hubiésemos podido acceder si no hubiese existido el internet. Por eso, no creo que Bellesea una película de ciencia ficción, creo que trata sobre una realidad que está sucediendo ahora mismo.

—Pero para poder reflejar esta realidad que estamos viviendo ahora, en la película ha habido por detrás un diseño visual fantástico. ¿Cómo se ha creado este mundo de U?

—El mundo de U es otra realidad de la existencia, es un mundo en el que podemos liberar, en cierto modo, a los seres humanos, porque ahora que se habla de una sociedad globalizada no creo que exista un espacio globalizado, un imaginario globalizado para todos. Como se dice, todo está controlado y manipulado por una compañía o por algún país.

U trata de ser muy global en el sentido de que creamos un espacio en el que no existieran razas, fronteras, países, géneros o sexos. Es este mundo imaginario que puede convertirse en real, pero que no está limitado con restricciones.

En cuanto al diseño como tal, fue hecho por Eric Wan, un arquitecto que vive en Londres, cuya imaginación ayudó mucho a la apariencia visual de este espacio.

—El corazón de esta película es la música. Es lo que late y que emociona. ¿Cómo fue el proceso de trabajar el filme a la par de la música?

—Para la música de la película, al tratar de mostrar un mundo muy global, nos pusimos a pensar en qué tipo de música podría representar lo global, teníamos que encontrar una música que llegue a todo el mundo. Tal vez podríamos haber revisado los top 10 o la lista de los Billboard, pero considero que existen otras interpretaciones, otras opciones que escuchar para elegir la música capaz de crear un mundo nuevo como ese en el que viven estos personajes. En ese sentido, el proceso de creación musical fue muy grande porque no se lo encargamos a una sola persona sino a cuatro y cada una de ellas compuso una parte, no trabajaron juntas para poder crear una única experiencia musical.

—¿Cómo cree que los bolivianos recibirán esta película concebida en Japón?

—Para todos en Bolivia, Belle es una película sobre nuevos mundos. Probablemente van a sorprenderse de las distintas maneras en las que perjudicamos nuestra libertad. Pienso que el internet abre toda clase de posibilidades y que puede ser una fuente de esperanza.

FICHA TÉCNICA

Título original: Ryūto Sobakasu no Hime

Año: 2021 Duración:122 min.

País: Japón

Dirección: Mamoru Hosoda

Guion: Mamoru Hosoda

Música: Taisei Iwasaki

Fotografía: Animación

Productora: Studio Chizu, Dentsu Inc, Kadokawa, Nippon TV, Toho

FOTOS: BF DISTRIBUTION

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Mujeres, el nexo de los sistemas alimentarios

Las bolivianas preservan alimentos de la agrobiodiversidad, recuperan prácticas agrícolas ancestrales y proyectan emprendimientos productivos para la economía de sus familias

/ 23 de enero de 2022 / 16:54

Más de 1.500 mujeres indígenas lideran o protagonizan emprendimientos productivos vinculados a la agrobiodiversidad boliviana. Con sentido crítico y responsable sobre los recursos naturales, ellas contribuyen a la preservación y conservación de especies nativas de alto valor nutricional para Bolivia y el mundo. Son ellas las que hacen la diferencia al tener un rol central en el cuidado del hogar y en la producción de alimentos.

Verónica Flores es una indígena guaraní de la comunidad de Cañadillas, en la región del Chaco, departamento de Chuquisaca. “Como pueblo guaraní es importante proteger nuestros recursos, nuestro bosque. Aquí tenemos al nogal que ahora consumen nuestros niños porque da energía y es muy bueno”, dice refiriéndose a la nuez del nogal, alimento de alto contenido de omega 3 y minerales.

El fruto es consumido por los habitantes de la región porque ayuda principalmente a prevenir enfermedades cardiovasculares, coadyuva en la formación de tejido óseo y regula la función de sistema nervioso.

Este es uno de los alimentos que inspiró el emprendimiento Amandiya, una pequeña planta de transformación de frutos, entre ellos el nogal, mistol y algarrobo, con los que se prepara un multivitamínico proteico que se comercializa como producto artesanal en el municipio de Monteagudo, el mercado que queda más cerca de Cañadillas.

Las mujeres, además, iniciaron la producción de mermelada de guayabilla que se comercializa en el mercado de Monteagudo. Y son ellas quienes cuidan los viveros de frutos silvestres, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) y del Instituto Superior Tecnológico Monteagudo.

El potencial de los recursos naturales en Bolivia y el compromiso del Estado respecto a las dinámicas de los sistemas alimentarios es explícito; sin embargo, enfrenta una serie de desafíos para promover su sostenibilidad. Estos desafíos se podrían abordar de forma holística al crear espacios de diálogo y articulaciones pertinentes para los actores de los sistemas alimentarios de forma colectiva. En este sentido, una  evaluación de los sistemas alimentarios, con el apoyo de la Unión Europea, ha sido realizada en 2021.

Bolivia es un país donde las mujeres son mayoría; del total de la población, ellas conforman el 50,7% del total de la población.

El país tiene 2,5 millones de personas ligadas a unidades productivas agrícolas. En ese contexto, el 85,7% de las mujeres rurales trabajan en la agricultura y la pecuaria, cumpliendo un rol esencial en la poscosecha, la transformación y la comercialización de los alimentos.

Las mujeres están activamente involucradas en la forestaría y en la producción de ganado menor. Contribuyen al ingreso del hogar a través de la agricultura doméstica y la transformación artesanal. Además, tiene un rol central en el cuidado del hogar, la alimentación sana de la familia y en la producción de alimentos.

Productora de cacao en Cochabamba

Hoy, las mujeres que trabajan con productos de la agrobiodiversidad se han convertido en el nexo entre los sistemas alimentarios del pasado y los del presente. Y el futuro que quieren darle tiene una consigna: sostenibilidad.

“Nosotros (la comunidad) reconocemos el valor de los frutos y nadie chaquea como tampoco nadie usa agroquímicos y glifosato, hemos empezado a valorar las semillas propias del lugar y no usamos semillas transgénicas por ser organismos genéticamente modificados; cuidamos nuestro medio de subsistencia”, dice Verónica Flores.

A poco más de 10 kilómetros de Monteagudo está el Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) El Palmar. Allí crece una extraordinaria palmera conocida como janchicoco, un vocablo quechua que significa “coco molido” y que da nombre a un alimento de alto valor nutritivo que solo crece en Bolivia.

Dentro del territorio el rol de las mujeres es esencial para el resguardo del patrimonio alimentario. Sabina Zurita, habitante de El Palmar, cuenta que desde pequeña molía el janchicoco para preparar empanadas con ají rojo y cebolla picada. “Ahora enseño a mis hijos sus preparaciones. Ellos son varones y me ayudan picando cebolla, moliendo la semilla, lavando y moliendo los cocos de janchicoco. Cuando no estoy, ellos pueden preparar cualquier plato o un refresco”.

El potencial del janchicoco en la gastronomía es rico, ya que a partir de él se puede preparar nogada (un guiso con pollo) y ají de papa con janchicoco y refrescos, explica Zurita, quien cuenta que las mujeres han formado un grupo de gastronomía para rescatar sus tradiciones.

Por sus características únicas —de acuerdo con resultados de laboratorio, la semilla tiene altos valores proteínicos y ácidos oleicos, como el omega 3—, el janchicoco es considerada una especie priorizada para garantizar la seguridad alimentaria con soberanía en el país.

Las empanadas de janchicoco

Casos de éxito

La igualdad de género es un mandato y una transversal fundamental para alcanzar la Seguridad Alimentaria y Nutricional, señala la FAO, a través de la mejora de los niveles de nutrición, la optimización de la productividad agrícola y el manejo de los recursos naturales. Esta organización considera que una de las condiciones para alcanzar estos objetivos es apoyar a las mujeres en los diferentes papeles que desempeñan en la agricultura y el desarrollo rural; razón por la cual incluye el enfoque de igualdad de género en todos sus programas y proyectos.

Así se logró la participación del 51% de mujeres en un proyecto apoyado por el Global Environment Facility (GEF) para la recuperación de la agrobiodiversidad, que beneficia a más de 1.400 familias de 35 municipios a nivel nacional. Y el 52% de participación femenina en el proyecto Más Algodón Bolivia, con un enfoque de fortalecimiento de sus capacidades y equipamiento de sus emprendimientos.

Esta información es fruto de estudios que ofrecen información relevante para promover la inclusión de las mujeres, como el Estudio Multidimensional de la Pobreza de hogares indígenas chiquitanos, con enfoque de género: “Reduciendo los riesgos y aumentando la resiliencia de los medios de vida”; La contribución de las mujeres en el Decenio de la Agricultura familiar (Bartolina Sisa); y el Modelo de intervención territorial en Seguridad Alimentaria con enfoque de género; además de inventarios de género bianuales.

El trabajo en el Chaco boliviano es sostenible gracias a las mujeres

Los próximos pasos

En los últimos años se ha trabajado en el empoderamiento de asociaciones productivas de mujeres en las cinco macrorregiones donde la FAO actúa. Por ejemplo, fortaleció organizaciones de mujeres productoras y de cadenas de valor vinculadas a la producción de miel, frutos del bosque, meliponicultura, algodón de color, cañahua, quinua y castaña.

Además se apoyan acciones para potenciar la producción del alimento bajo sistemas agroalimentarios tradicionales y mejorar la nutrición de las familias, lo que implica, también, mejorar las condiciones de producción, transformación y comercialización de alimentos.

Por ejemplo están los Puntos Móviles Saludables implementados en el departamento de Pando para que la población acceda a alimentos sanos, adquieran hábitos saludables de alimentación, sobre la base de productos propios de la región.

Esta iniciativa está encabezada por las asociaciones de mujeres emprendedoras Sos Pando y Mujeres Amazónicas, quienes atravesaron por un proceso de fortalecimiento y capacitación en la preparación de recetas con frutos de la Amazonía. Mediante talleres, las emprendedoras conocieron el valor nutricional de los alimentos, su correcta combinación e idearon recetas innovadoras que ahora ponen al alcance de la población en el mismo formato de los puestos callejeros de comida.

Como resultado de la evaluación del sistema alimentario, se han identificado algunas áreas de inversión clave para mejorar aún más los sistemas alimentarios locales en pleno reconocimiento del papel central que desempeñan las mujeres para garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición para todos, al tiempo que se preserva el medio ambiente. Ya que el papel de las mujeres bolivianas en la agricultura es fundamental, a pesar de que su contribución está ampliamente subestimada por ser consideradas trabajadoras familiares no remuneradas.

Por esto es que los programas nacionales y locales deben llevarse a cabo y desarrollarse, para que las mujeres del campo, quienes labran la tierra y crean seguridad alimentaria para el país entero, puedan mejorar su economía y calidad de vida. Porque al preservar la gran agrodiversidad de alimentos de Bolivia, ellas son el verdadero nexo entre los sistemas alimentarios del pasado y del futuro.

FOTOS: RAÚL PÉREZ, SAREZKA TAPIA Y FAO

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Con Lorgio Vaca

En noviembre pasado visité al gran muralista cruceño Lorgio Vaca. Me recibió con su hermosa sonrisa en su taller

El Papirri con Lorgio Vaca

Por El Papirri

/ 23 de enero de 2022 / 16:49

CH’ENKO TOTAL

En noviembre pasado visité al gran muralista cruceño Lorgio Vaca. Me recibió con su hermosa sonrisa en su taller lleno de colores y cantos de pajaritos. La casa de Lorgio está en un pequeño bosque encantado de arte que la ciudad absorbió. El maestro cumplió el 24 de septiembre 91 años de edad. Siempre lúcido y amable, me recibió a los abrazos, la última vez que lo había visto fue en un bus, rumbo a Tiwanaku, íbamos a apoyar la primera posesión de Evo, era enero de 2006, pero nos encontramos como si nos hubiéramos visto ayer. Mientras tomamos un juguito de linaza, contó que su papá fue a la Guerra del Chaco, la guerra destrozó el matrimonio. En la separación su padre le dio el regalo más importante de su vida: un juego de acuarelas. Su madre doña Bertha Duran lo raptó de la casa paterna llevándoselo a La Paz, donde estudió en el colegio La Salle. “Yo he sobrevivido porque siempre fui un tipo out, perfil bajo, fui solitario desde niño”, dice. Saliendo bachiller ingresó a la carrera de Derecho, en la que siguió estudiando por dos años.

Pero el color le envolvió el alma, dejó todo, incluyendo un trabajo de oficina, y se fue a vivir al lago Titicaca en busca del silencio, del color, de la luz. Vivió con los campesinos aymaras pagando el alquiler de su cuarto de adobe con las pinturas que hacía. “Véndeme”, le dijo un hombre del lago, allí se dio cuenta de que sus pinturas tenían cuantía. En su búsqueda, volvió a Santa Cruz, colándose en un vuelo de los correos de Bolivia, rumbo a la bienal de Sao Paolo. Ese año de 1954 fue fundamental: con su hermoso carácter hizo amistades pictóricas, pasando cursos de cerámica veneciana y química del color en Rio de Janeiro. “Un día de esos colgué una acuarela en el cuarto de un amigo, a las semanas el amigo me dijo que había presentado la pintura a un concurso y que yo había ganado”. Era nada menos que el premio especial del III Salón de Acuarelas de la Escola de Bellas Artes. Entonces, conoció al gran muralista Cándido Portinari, quien le indicó que si deseaba hacer murales tenía que hacerlo en su país.

Retornó a Bolivia cargado de nuevos conocimientos, y de obras propias y obras de sus amigos brasileños, iniciando una gira de exposiciones por el país. Así llegó a Sucre. En aquel lugar aconteció el taypi,la energía bendita que se contrae y condensa, “lo que llamamos casualidad es el tejido de la vida”, me dice. Se encontró con los artistas del Grupo Anteo, quienes trabajaban el arte público del mural. Solón Romero, Jorge y Gil Imaná lo recibieron con gran cariño y simetría ideológica, se quedó en Sucre realizando su primer mural en 1956 en una pared del Colegio Nocturno Padilla, obra conjunta con Jorge Imaná. Había logrado dominar la pintura de caballete pero el arte público del mural le poblaba el alma. Ese gran encontronazo con el Grupo Anteo fue un hito en la plástica boliviana. Hombres revolucionarios trabajaron murales para los sindicatos de la época. Quizá ésta haya sido una primera gran etapa del maestro, de 1930 a 1956.

Volvió a los viajes, a la búsqueda, a la aventura en esta posible segunda etapa de 1956 a 1970. Viajó por Latinoamérica exponiendo en Cuzco, Lima, Quito, Venezuela, Colombia, expuso en conjunto con el título paradigmático de “Cuatro pintores del Grupo Anteo”. En estos años conoció el amor, casándose con la artista peruana Adita Sotomayor, con quien tuvo tres hijos, una historia de amor sin igual. A los 33 años, en 1963, ganó el Premio Nacional de Pintura; sin embargo, lo que más le interesaba era seguir trabajando con el mural y con la cerámica, realizando el mural en la Cripta del Mariscal Santa Cruz de la Catedral de La Paz y el mural La Juventud en la Universidad peruana de Trujillo. En 1968 conoció al gran muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, me cuenta que lo conoció en un curso de yoga que dictaba una artista famosa en México, Siqueiros visita la exposición de Lorgio en la Galería de México y luego lo convida a su taller de Cuernavaca. “Tengo fotos con Siqueiros, salí en el periódico y todo”, me dice en su sencillez de sabio.

En 1970 Lorgio decide radicar con su familia en su Santa Cruz natal gracias a la invitación de su amigo Cristóbal Roda, empresario de la cerámica, desde entonces a la actualidad consolida su arte público, realiza hermosos murales en parques, rotondas, bancos, colegios, iglesias, que son hoy patrimonio cruceño. El arte es del pueblo y para el pueblo, qué mejor que realizarlo con la antigua técnica precolonial de la cerámica y con materiales originarios. “¿Cuántos murales hizo en Santa Cruz, maestro?”, pregunto obvio. “Creo son unos 22, según lo que me indican amigos investigadores”, responde simple. La gesta del Oriente Boliviano, mural de 1971 ubicado en el paseo municipal El Arenal es símbolo de esta gran etapa, ejecutado en 240 metros cuadrados en relieve cerámico policromado marca la línea estética del maestro. “En realidad, creo que he realizado por etapas un solo mural”, me dice sonriendo. Las lavanderas, Homenaje a Melchor Pinto, Tradiciones cruceñas, Tu derecho a la salud, Pórtico florido, Radiocomunicación y paz, Cristo viene del trigo son algunos de ellos. El mural Celebración de Montero, mural de cuatro paneles, fue agredido un mes antes de inaugurarse en 2007, integrantes del Comité Cívico atacaron con martillo y cincel dos efigies con el rostro del Che y la Wiphala.

La obra del maestro Lorgio Vaca es reconocida en todo el mundo, es estudiada en universidades europeas, el artista es admirado por académicos y pintores del universo. Humildemente yo siento que el Estado boliviano no ha reconocido como se debe la monumental obra de Lorgio Vaca. ¿Se le otorgó el Premio Plurinacional de Culturas? Creo que no. Entonces, señores gobernantes bolivianos, burócratas con poder y gestores culturales actuales, pongan voluntad al tema, reconozcan la hermosa historia de este gran creador revolucionario y gestionen para que se le otorgue en brevedad el Cóndor de los Andes. El maestro sabe que pienso esto, me mira con su sonrisa amable y me recuerda su frase: “A mí me alegra todo, yo nunca esperé nada de la vida”.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Sulma Montero, susurros de poesía

La poeta y artista paceña presentó Adenda (antología íntima) publicada en Córdoba, Argentina

La escritora paceña Sulma Montero

Por Ricardo Bajo H.

/ 23 de enero de 2022 / 16:47

En el cruce a Villa Copacabana, al otro lado del río, hay una niña sentada en un callejón. Las vecinas del barrio llevan baldes cargados de agua. Doña Asica, la primera sanguchera de la zona que peleaba cuchillo en mano con su marido, ha cruzado la frontera y tiene su puesto en la Pasos Kanki y Brasil, vende en la ciudad. La niña se llama Sulma y le gusta mirar, no tanto hablar. Mira los rostros de los que pasan y sus maneras de caminar, mira el agua del Orkojahuira y de lejos observa a Toribio Tapia, su vecino kallawaya. Al barrio ha llegado un hombre, cuya madre, doña María, también cura. El caballero saluda: “Hola niña, ¿cómo estás?”. Sulma responde: “Buenas tardes, señor”. Todavía faltan diez años para que Sulma Montero y Jesús Urzagasti se conozcan y se amen.

Sulma es una niña con el pelo “afro”, sufre acoso escolar en el colegio Hugo Dávila de Miraflores. No sabe aún que esas raíces ensortijadas vienen del Perú, de una abuelita burguesa —María Eugenia— que se escapó de Lima y llegó a La Paz por culpa del amor prohibido de un zapatero que remendó su corazón roto. En los inviernos crudos, Sulma sufre más de la cuenta: el frío se mete clandestino entre las faldas escolares y los reglazos por desobediente y distraída hinchan los dedos de su mano izquierda. Sulma es una niña tímida, parece absorta siempre en una realidad paralela, la suya. No le gusta jugar, le gusta mirar los eucaliptos a las orillas del río. Todavía falta harto para que ese río baje contaminado por las fábricas de la zona norte.

Sulma Montero es un verso suelto, un poema susurrado. Ha presentado hace diez días en la pizzería Efímera de Sopocachi, junto a un callejón, su obra reunida Adenda (antología íntima) publicada por la editorial de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). El libro fue lanzado en 2019 pero Sulma se olvidó de hacer una presentación pública. Hasta hoy. Sigue siendo una niña con muñecas. Una de ellas, una que se parece mucho a Frida Kahlo, está sentada/callada en uno de los estantes de su casa envalijada de Sopocachi, la misma que compartió tantos años con Jesús.

(“He pasado por tantos lugares antes de encontrarte / he visto sombras / he sentido frío / te llamé y me desbandé. / ¿En qué silencio escucharé mi voz? / Ese es tu enigma, niña”. Del poemario Mujer con muñecas, Sulma Montero Castillo).

El profesor de Literatura es delgado y callado, viste un terno gris. Sulma no recuerda su nombre, solo se acuerda que daba “Composición”. Sulma se ríe al recordar el nombre de la materia: “Fue mi primer crítico, le gustaba lo que yo escribía y a mí me gustaba que le gustara”. La bulla del colegio, el machismo, la violencia… eso no le gustaba. En la casa, su padre Freddy, coronel de Policía, repetía y repetía: “Tienes que ser valiente”. Y Sulma lo fue, lo sigue siendo.

LA GRÁFICA

Sulma Montero nació en La Paz el 29 de septiembre de 1968. Estudió Literatura, Diseño y Artes Plásticas. Foto: Ricardo Bajo

Foto: Ricardo Bajo

Sulma con una de sus unicornias. Foto: Ricardo Bajo

Montero con la whipala. Foto: Ricardo Bajo

La portada del libro que antologa su obra poética. Foto: Ricardo Bajo

La biblioteca olvidada de su tía abuela Mery ayudó: ahí se peleaban —uno para todos y todos para uno— los tres mosqueteros de Dumas: Athos, Porthos y Aramis junto a D’Artagnan. Las lecturas del padre también colaboraron: el coronel coleccionaba suplementos de mitología griega y novelas del colombiano José María Vargas Vila. Sulma fantaseaba con todo: con amazonas, con caballos, con afroditas y unicornios.

Con 11 años, Sulma tiene un gran amigo, es su cuaderno. Escribe y dibuja rostros: “Buscaba expresarme en ese mar de letras que no comprendía; necesitaba escribir y me divertía dibujar, para mí era un juego”.  Un día, su padre, director de Identificaciones de la Policía, lleva un montón de carnets para firmar. Sulma agarra todos y se va a su cuarto. Después de un buen rato, sale y dice: “Con este señor me voy a casar”. Don Freddy responde sonriendo: “Pero, ¿cómo harás eso? Ese señor está casado”. En el carnet que Sulma tiene entre sus manos dice: Jesús Urzagasti Aguilera. Nacido el 15 de octubre de 1941. En Campo Pajoso, provincia del Gran Chaco. Estado civil: Casado.

(“De noche sueñas con una piedra debajo / del agua y se agitan tus latidos en los pasos rumorosos de la lluvia. / Ahora que estás frente a mí / toco tu rostro de niña inmóvil junto al estanque / del tiempo. / Ahora que estoy frente a ti / me veo”, del poemario Infancia, Sulma Montero Castillo).

La joven Sulma ingresa a estudiar la carrera de Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés. Luego hará lo propio con Bellas Artes y también con Diseño. “Me embarazaba y egresaba, me embarazaba y egresaba”. En la “U”, Sulma tiene junto a su compañera Inés González Salas, también escritora y entonces estudiante de Filosofía, un programa de televisión en el canal universitario. En la sección “Arte y Sueño” entrevistan a artistas, filósofos, poetas… En una de esas, el invitado se llama Jesús y se apellida Urzagasti. Estamos en 1992 y va a ser un encuentro cercano del tercer tipo. “Fuimos hasta el periódico Presencia donde Jesús hacía el suplemento Presencia Literaria y lo entrevistamos, no me dejó de mirar todo el rato”.

Días después, llega el cuarto encuentro. La clase leía De la ventana al parque y escuchaba al escritor. Sulma llega tarde e interrumpe la charla magistral. Jesús la encara y la besa en la boca. “Fue un encuentro de dos mundos, fue extraño, yo sentí que algo se había sellado, que había nacido para ese momento”, recuerda Sulma. Lo que vino después fueron tres hijos compartidos: Nivardo Héctor, Carmen y Froilán Pompilinio (éste último nombre está sacado de Los tejedores de la noche).

Sulma es una poeta con universo propio, hila un mundo tejido con rigor, entrega palabras en forma de recovecos juguetones, sale del círculo, va más allá y va más adentro. “Solté la mano con la prosa, con los cuentos y Jesús me ayudó mucho para armar en vez de fragmentar, para ordenar la narración y dejar reposar. Al principio, me hacía papilla cuando yo le mostraba mis textos y a ratos no quería hacerlo porque yo me rajaba y se me quemaba el cerebro”. Ahora, nueve años después de la muerte de Urzagasti, Sulma extraña: “Me hubiese gustado mostrarle lo que he venido escribiendo”.

Por eso, a veces, camina hasta el Montículo donde está la estatua de Jesús, rodeada de rosales. “La estatua no quedó bien, iba a hacerla yo, pero al final la hizo otro escultor. Tuvieron que rehacer la cabeza. A ratos quiero ponerle una bomba y a ratos me reconcilio pues creo que representa al campesino que llega a la ciudad con su impronta y triunfa. Jesús fue un niño humilde que vendía empanadas para ayudar a sus siete hermanos menores, todavía en la casa ya de mayor, seguía usando sus abarcas, ese espíritu de superación que ha dejado es lo que vale”.

Hoy, la casa compartida está a punto de ser vendida. Pero algo pasa siempre que lo impide. Deben ser señales. Los libros están embalados, los cuadros están listos para volar, las esculturas, protegidas. En esta casa, frente a la mezquita de Sopocachi, compartí varias charlas con Sulma y Jesús en 2003 y 2006. Mascamos coca, tomamos mate de matico y recordamos a Agnés mirando un cuadro/retrato suyo de Urzagasti titulado Leyendo a Baudelaire. De esta casa partimos a ch’allar Un hazmerreír en aprietosen una imprenta de Villa Fátima. Los muebles han desaparecido y dentro de ellos, los croquis para escribir El último domingo de un caminante. En esta casa se siente todavía a Urzagasti, su generosidad, su valentía, su disciplina. Sus libros —cuatro mil de ellos— han sido repartidos por bibliotecas de barrio, de pueblo, de comunidad, de La Paz al Chaco, del Chaco al país entero.

(“Entonces comprendo que fuimos solo niños que jugaban / en un patio solitario, y que nos faltó tiempo / para tomarnos de la mano y correr bajo la lluvia”, del poemario Reina de la floresta, Sulma Montero Castillo).

Sulma se siente una trapecista entre las alas y la ilusión. Cuando no escribe, pinta y cuando lo hace se olvida de todo, se levanta y sigue, se imagina transitando por otros parajes, llegando a otros colores. A veces se frustra (“siento que lo que pinto no está bien”) y entonces vuelve a la escultura, ahora que puede ensuciarse para ser feliz.

Su penúltima obra es una instalación titulada Un nombre para la rosa. Es un vestido de novia salpicado de pétalos de flores y nombres de mujeres asesinadas a manos de hombres con miedo. Su penúltimo proyecto —junto al artista vasco Javier Seco Goñi— se llama Bolivia es mujer y reúne obras de arte postal (“mail art”) realizadas por autores y autoras de 20 países. En estos días, Sulma trata de modelar en cristal unicornias, así en femenino. Se pregunta desde hace algún tiempo: ¿Por qué hay tantas estatuas con hombres a caballo? ¿Dónde están las yeguas?

(“En los cerros violetas tan extraños en su perfección / habitan grandes aves de patas largas que vuelan / por todos lados. / Aquí vivo. / Aquí camino y busco”, del poemario Mujer con muñecas, Sulma Montero Castillo).

FOTOS: RICARDO BAJO

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Agatha Christie, la reina del crimen, y el alzhéimer

En 1920 publicó su primera novela, la cual escribió mientras era enfermera en la Primera Guerra Mundial

La escritora Agatha Christie

Por Dr. Aníbal Romero Sandoval.

/ 23 de enero de 2022 / 16:41

ESCAPES

Agatha Christie nació en una comunidad de Reino Unido un 15 de septiembre de 1890, la escritora destacó en el género policial con 66 novelas. Agatha Clarissa Miller, bajo el seudónimo de Mary Westmacott, escribió también novelas “rosas”, así como historias cortas y piezas de teatro.

En 1920 publicó su primera novela, la cual escribió mientras era enfermera en la Primera Guerra Mundial. En su segundo matrimonio viajó a Irak y Siria con su marido, donde se inspiró para escribir Asesinato en Mesopotamia, Muerte en el Nilo y Cita con la muerte. Quizás su obra El asesinato de Roger Ackroyd es la más destacada: fue votada como la mejor novela de crimen de todos los tiempos por la Asociación de Escritores del Crimen de su país. El libro de los Récords Guinness la registra como la novelista más vendida de todos los tiempos.

Falleció por causas naturales un 12 de enero de 1976 a los 85 años en su casa, nunca se aclaró si llegó a padecer de  alzhéimer, que se cree la afectaba hace algunos años atrás. Esta enfermedad, llamada también demencia senil, implica el deterioro de las funciones mentales de forma crónica, es decir, a lo largo de los años. No es reversible. Comienza con el olvido de algunas palabras al hablar y progresa al no poder mantener una charla, hasta llegar al mutismo. Las personas que sufren este mal pueden perderse en los ambientes de su propia casa y olvidar realizar tareas simples, como vestirse o labores cotidianas. Estos pacientes pueden terminar lesionándose solos por lo que es importante mantenerlos bajo cuidado.

La reina del crimen, Agatha Christie, decía: “Lo más razonable que se ha dicho sobre el matrimonio o sobre el celibato es esto: hagas lo que hagas te arrepentirás”.

(*) Dr. Aníbal Romero Sandóval En esta sección se abordan patologías relacionadas con personajes de la historia.

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