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Sulma Montero, susurros de poesía

La escritora paceña Sulma Montero

/ 23 de enero de 2022 / 16:47

La poeta y artista paceña presentó Adenda (antología íntima) publicada en Córdoba, Argentina

En el cruce a Villa Copacabana, al otro lado del río, hay una niña sentada en un callejón. Las vecinas del barrio llevan baldes cargados de agua. Doña Asica, la primera sanguchera de la zona que peleaba cuchillo en mano con su marido, ha cruzado la frontera y tiene su puesto en la Pasos Kanki y Brasil, vende en la ciudad. La niña se llama Sulma y le gusta mirar, no tanto hablar. Mira los rostros de los que pasan y sus maneras de caminar, mira el agua del Orkojahuira y de lejos observa a Toribio Tapia, su vecino kallawaya. Al barrio ha llegado un hombre, cuya madre, doña María, también cura. El caballero saluda: “Hola niña, ¿cómo estás?”. Sulma responde: “Buenas tardes, señor”. Todavía faltan diez años para que Sulma Montero y Jesús Urzagasti se conozcan y se amen.

Sulma es una niña con el pelo “afro”, sufre acoso escolar en el colegio Hugo Dávila de Miraflores. No sabe aún que esas raíces ensortijadas vienen del Perú, de una abuelita burguesa —María Eugenia— que se escapó de Lima y llegó a La Paz por culpa del amor prohibido de un zapatero que remendó su corazón roto. En los inviernos crudos, Sulma sufre más de la cuenta: el frío se mete clandestino entre las faldas escolares y los reglazos por desobediente y distraída hinchan los dedos de su mano izquierda. Sulma es una niña tímida, parece absorta siempre en una realidad paralela, la suya. No le gusta jugar, le gusta mirar los eucaliptos a las orillas del río. Todavía falta harto para que ese río baje contaminado por las fábricas de la zona norte.

Sulma Montero es un verso suelto, un poema susurrado. Ha presentado hace diez días en la pizzería Efímera de Sopocachi, junto a un callejón, su obra reunida Adenda (antología íntima) publicada por la editorial de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). El libro fue lanzado en 2019 pero Sulma se olvidó de hacer una presentación pública. Hasta hoy. Sigue siendo una niña con muñecas. Una de ellas, una que se parece mucho a Frida Kahlo, está sentada/callada en uno de los estantes de su casa envalijada de Sopocachi, la misma que compartió tantos años con Jesús.

(“He pasado por tantos lugares antes de encontrarte / he visto sombras / he sentido frío / te llamé y me desbandé. / ¿En qué silencio escucharé mi voz? / Ese es tu enigma, niña”. Del poemario Mujer con muñecas, Sulma Montero Castillo).

El profesor de Literatura es delgado y callado, viste un terno gris. Sulma no recuerda su nombre, solo se acuerda que daba “Composición”. Sulma se ríe al recordar el nombre de la materia: “Fue mi primer crítico, le gustaba lo que yo escribía y a mí me gustaba que le gustara”. La bulla del colegio, el machismo, la violencia… eso no le gustaba. En la casa, su padre Freddy, coronel de Policía, repetía y repetía: “Tienes que ser valiente”. Y Sulma lo fue, lo sigue siendo.

LA GRÁFICA

Sulma Montero nació en La Paz el 29 de septiembre de 1968. Estudió Literatura, Diseño y Artes Plásticas. Foto: Ricardo Bajo

Foto: Ricardo Bajo

Sulma con una de sus unicornias. Foto: Ricardo Bajo

Montero con la whipala. Foto: Ricardo Bajo

La portada del libro que antologa su obra poética. Foto: Ricardo Bajo

La biblioteca olvidada de su tía abuela Mery ayudó: ahí se peleaban —uno para todos y todos para uno— los tres mosqueteros de Dumas: Athos, Porthos y Aramis junto a D’Artagnan. Las lecturas del padre también colaboraron: el coronel coleccionaba suplementos de mitología griega y novelas del colombiano José María Vargas Vila. Sulma fantaseaba con todo: con amazonas, con caballos, con afroditas y unicornios.

Con 11 años, Sulma tiene un gran amigo, es su cuaderno. Escribe y dibuja rostros: “Buscaba expresarme en ese mar de letras que no comprendía; necesitaba escribir y me divertía dibujar, para mí era un juego”.  Un día, su padre, director de Identificaciones de la Policía, lleva un montón de carnets para firmar. Sulma agarra todos y se va a su cuarto. Después de un buen rato, sale y dice: “Con este señor me voy a casar”. Don Freddy responde sonriendo: “Pero, ¿cómo harás eso? Ese señor está casado”. En el carnet que Sulma tiene entre sus manos dice: Jesús Urzagasti Aguilera. Nacido el 15 de octubre de 1941. En Campo Pajoso, provincia del Gran Chaco. Estado civil: Casado.

(“De noche sueñas con una piedra debajo / del agua y se agitan tus latidos en los pasos rumorosos de la lluvia. / Ahora que estás frente a mí / toco tu rostro de niña inmóvil junto al estanque / del tiempo. / Ahora que estoy frente a ti / me veo”, del poemario Infancia, Sulma Montero Castillo).

La joven Sulma ingresa a estudiar la carrera de Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés. Luego hará lo propio con Bellas Artes y también con Diseño. “Me embarazaba y egresaba, me embarazaba y egresaba”. En la “U”, Sulma tiene junto a su compañera Inés González Salas, también escritora y entonces estudiante de Filosofía, un programa de televisión en el canal universitario. En la sección “Arte y Sueño” entrevistan a artistas, filósofos, poetas… En una de esas, el invitado se llama Jesús y se apellida Urzagasti. Estamos en 1992 y va a ser un encuentro cercano del tercer tipo. “Fuimos hasta el periódico Presencia donde Jesús hacía el suplemento Presencia Literaria y lo entrevistamos, no me dejó de mirar todo el rato”.

Días después, llega el cuarto encuentro. La clase leía De la ventana al parque y escuchaba al escritor. Sulma llega tarde e interrumpe la charla magistral. Jesús la encara y la besa en la boca. “Fue un encuentro de dos mundos, fue extraño, yo sentí que algo se había sellado, que había nacido para ese momento”, recuerda Sulma. Lo que vino después fueron tres hijos compartidos: Nivardo Héctor, Carmen y Froilán Pompilinio (éste último nombre está sacado de Los tejedores de la noche).

Sulma es una poeta con universo propio, hila un mundo tejido con rigor, entrega palabras en forma de recovecos juguetones, sale del círculo, va más allá y va más adentro. “Solté la mano con la prosa, con los cuentos y Jesús me ayudó mucho para armar en vez de fragmentar, para ordenar la narración y dejar reposar. Al principio, me hacía papilla cuando yo le mostraba mis textos y a ratos no quería hacerlo porque yo me rajaba y se me quemaba el cerebro”. Ahora, nueve años después de la muerte de Urzagasti, Sulma extraña: “Me hubiese gustado mostrarle lo que he venido escribiendo”.

Por eso, a veces, camina hasta el Montículo donde está la estatua de Jesús, rodeada de rosales. “La estatua no quedó bien, iba a hacerla yo, pero al final la hizo otro escultor. Tuvieron que rehacer la cabeza. A ratos quiero ponerle una bomba y a ratos me reconcilio pues creo que representa al campesino que llega a la ciudad con su impronta y triunfa. Jesús fue un niño humilde que vendía empanadas para ayudar a sus siete hermanos menores, todavía en la casa ya de mayor, seguía usando sus abarcas, ese espíritu de superación que ha dejado es lo que vale”.

Hoy, la casa compartida está a punto de ser vendida. Pero algo pasa siempre que lo impide. Deben ser señales. Los libros están embalados, los cuadros están listos para volar, las esculturas, protegidas. En esta casa, frente a la mezquita de Sopocachi, compartí varias charlas con Sulma y Jesús en 2003 y 2006. Mascamos coca, tomamos mate de matico y recordamos a Agnés mirando un cuadro/retrato suyo de Urzagasti titulado Leyendo a Baudelaire. De esta casa partimos a ch’allar Un hazmerreír en aprietosen una imprenta de Villa Fátima. Los muebles han desaparecido y dentro de ellos, los croquis para escribir El último domingo de un caminante. En esta casa se siente todavía a Urzagasti, su generosidad, su valentía, su disciplina. Sus libros —cuatro mil de ellos— han sido repartidos por bibliotecas de barrio, de pueblo, de comunidad, de La Paz al Chaco, del Chaco al país entero.

(“Entonces comprendo que fuimos solo niños que jugaban / en un patio solitario, y que nos faltó tiempo / para tomarnos de la mano y correr bajo la lluvia”, del poemario Reina de la floresta, Sulma Montero Castillo).

Sulma se siente una trapecista entre las alas y la ilusión. Cuando no escribe, pinta y cuando lo hace se olvida de todo, se levanta y sigue, se imagina transitando por otros parajes, llegando a otros colores. A veces se frustra (“siento que lo que pinto no está bien”) y entonces vuelve a la escultura, ahora que puede ensuciarse para ser feliz.

Su penúltima obra es una instalación titulada Un nombre para la rosa. Es un vestido de novia salpicado de pétalos de flores y nombres de mujeres asesinadas a manos de hombres con miedo. Su penúltimo proyecto —junto al artista vasco Javier Seco Goñi— se llama Bolivia es mujer y reúne obras de arte postal (“mail art”) realizadas por autores y autoras de 20 países. En estos días, Sulma trata de modelar en cristal unicornias, así en femenino. Se pregunta desde hace algún tiempo: ¿Por qué hay tantas estatuas con hombres a caballo? ¿Dónde están las yeguas?

(“En los cerros violetas tan extraños en su perfección / habitan grandes aves de patas largas que vuelan / por todos lados. / Aquí vivo. / Aquí camino y busco”, del poemario Mujer con muñecas, Sulma Montero Castillo).

FOTOS: RICARDO BAJO

Truddy Murillo: ‘Como bailarina he renacido’

La coreógrafa nunca dejó la danza, ni estando embarazada. Ella cría a sus hijos entre escenarios y salas de ensayo

/ 23 de mayo de 2022 / 06:25

MAMÁS ARTISTAS

Es agosto de 2011 en el Teatro Michael Donahue del colegio Calvert de La Paz. En el escenario luce su arte la bailarina y coreógrafa Truddy Murillo. La obra de danza contemporánea, dirigida por Sylvia Fernández, se llama Deseo y en una de sus partes se refiere a la maternidad. El público se sorprende porque bajo los reflectores aparece una figura poco frecuente: una bailarina embarazada.

Y es que Truddy ha llevado con danza la maternidad y ahora que dirige su propia escuela y compañía, Mandala, es una mamá que baila. “Ha sido un cambio total, lleno de emociones y retos. Sobre todo ha crecido mi sensibilidad, me ha permitido estar más presente y a la vez bailando, con mis hijos en cada momento. Te partes y bailas con sus corazones. Y ha sido una carrera, porque te vuelves multifacética: estás partida, invencible, eres un pulpo feliz”, cuenta sacándose tiempo de sus ensayos, pues tiene una presentación en puertas. Le acompañan sus hijos: Agustín (10), Mateo (7) y Lara (3).

Foto: Truddy Murillo

Mandala ha presentado a lo largo de su existencia diferentes obras en que se destaca el compromiso social y se lleva en alto la vida y enseñanza de personajes como la premio Nobel de la Paz Malala, el rey del cine mudo Charles Chaplin y la pintora mexicana Frida Kahlo. Ser madre ha impulsado su visión sobre el arte.

“Con más pasión y entrega, me siento más conectada a mí a mi cuerpo, más sensible y también con miedo, al sentir que mi cuerpo dejó de ser mío completamente, pues estas personitas —mis hijos— se robaron para siempre una parte mía y me han transformado. Como bailarina he renacido, más humana, más leona”, explica la artista que lejos de apartarse del arte a causa de la maternidad, ha hecho que la maternidad se integre a sus formas de crear con el cuerpo.

Foto: Truddy Murillo

Las anécdotas no faltan. “Estaba a punto de entrar al segundo acto de Quijote y tuvimos que pedir que no toquen el tercer timbre porque todavía estaba dando de lactar, lo hice y después entré a encarar un rol de ballet clásico”. Así es el día a día de una mamá que baila. “Saber que mis wawas están en el camerín mientras yo bailo… todos mis hijos aprendieron a caminar en una sala de ballet mientras dictaba clases o ensayaba”.

El siguiente reto en su carrera viene con el Ensemble de Danza Mandala, que presentará Frágil e Intenso, un trabajo colaborativo con el director y coreógrafo costarricense Francisco Centeno-Rodríguez, en el que Truddy asume la dirección general y baila. Se presentará el 25 y 26 de mayo a las 19.30  en el Teatro Nuna (21 de Calacoto, a pasos de la gasolinera).

De cara al futuro, no sería nada raro que sus tres pequeños siguieran su camino. “Amaría que mis hijos sean artistas para que estén más conectados con la vida, con más sensibilidad, presencia y esencia… Los tres toman clases de baile, pintan y tocan piano, espero que siempre sigan teniendo arte en su vida, para que tengan un refugio y una conexión consigo mismos”.

Foto: Truddy Murillo

FOTOS: ARCHIVO TRUDDY MURILLO

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Mosoj Huayna, de paseo con mamá

La embarcación más grande del país retorna con los recorridos turísticos por el lago Titicaca, justo para proponer un viaje con las madres

lago. El Buque Multipropósito Mosoj Huayna navega las aguas del Titicaca

Por Marco Fernández

/ 22 de mayo de 2022 / 23:25

Cuando la bocina del Mosoj Huayna hace el primer llamado a sus pasajeros, Guaqui y todo el entorno lacustre parecen llenarse de vitalidad, ya que, nuevamente, la embarcación más grande de Bolivia volverá a apostar por el turismo, para dar la posibilidad de que más bolivianos naveguen en el lago Titicaca. El Día de la Madre es la fecha que han elegido para este regreso.

Con botes hechos a base de totora, navegantes tiwanacotas e incas surcaron el lago navegable más alto del mundo para construir lo que ahora son atractivos arqueológicos en la Isla del Sol, la Isla de la Luna y Copacabana.

“El material lítico o piedras rocosas empleadas en esa construcción, las de mayor volumen, pesan más de una tonelada, las cuales, como coinciden muchos investigadores, fueron transportadas por vía lacustre”, explica el capitán de navío Antenor Agramont, uno de los oficiales que fueron parte del Buque Multipropósito Mosoj Huayna, la embarcación que fue construida por la Armada Boliviana.

Guaqui —municipio ubicado en la provincia Ingavi, del departamento de La Paz— fue antaño un puerto próspero, desde donde transportaban alimentos y minerales hacia el territorio peruano para su exportación a todo el mundo.

De aquella época dorada quedaron un cementerio de trenes, unos galpones amplios abandonados y un puerto que iba desapareciendo de a poco. Empero, desde hace unos años, autoridades y pobladores decidieron revitalizar el pueblo lacustre.

Por ello, gracias al trabajo de todos, el cementerio de trenes se convirtió en museo, los galpones fueron transformados en repositorio cultural e histórico de la región, y el puerto fue remozado con el apoyo de la Armada Boliviana.

En esa dirección, en la década de los años 90, los jefes navales proyectaron la construcción de una embarcación que sirviera para la instrucción de cadetes, sargentos y oficiales, cuenta el teniente de navío Cristhian Doria Medina, comandante del Mosoj Huayna.

A inicios del año 2000 formaron un equipo técnico para la construcción del Buque Escuela —la primera denominación que recibió la embarcación—, que fue especializado en SIMA de Perú, en los astilleros de la Armada argentina y en la Escuela Industrial Pedro Domingo Murillo, rememora Doria Medina.

“No teníamos muchos medios, pero sobraba la capacidad; eso lo hemos demostrado y esto es la prueba, este barco de acero naval”, recalca el suboficial mayor Anastacio Apaza, quien luego desciende hacia el cuarto de máquinas para verificar el estado de los dos motores Scania —de 600 caballos de fuerza cada uno— antes de que la embarcación zarpe en el Lago Sagrado.

Lo que antaño era un Guaqui inhóspito, ahora se muestra con bríos nuevos, más aún con la presencia del Buque Multipropósito Mosoj Huayna (del quechua “Musux Wayna”, que significa “joven nuevo”).

El tercer bocinazo de la embarcación es también el último llamado para que los pasajeros la aborden. Esta vez es un numeroso grupo de estudiantes de la Universidad Central, quienes son recibidos por Doria Medina en nombre de la Armada, quien los invita a rendir honores a la bandera boliviana antes de iniciar el viaje.

“El zarpe siempre es distinto, tanto por la intensidad del viento como por la corriente de agua, en especial en el Lago Mayor”, cuenta el alférez Ernesto Araníbar, quien es el encargado de manejar el timón del Mosoj Huayna.

Para ello —según explica— tiene el apoyo de un mapa, a través del cual se marca el rumbo, un GPS que indica que están yendo por buen rumbo y una derrota, es decir, el rumbo que seguirá la embarcación.

Estos elementos son muy importantes en el momento de la navegación, pues alguna vez, cuando se internaron en el lago durante la madrugada, la neblina densa impedía la observación desde la cabina, así es que apelaron a la ayuda del GPS, que puede impedir, entre otras cosas, que la embarcación se lleve por delante a botes pescadores.

Las 300 toneladas del Mosoj Huayna se mueven a través de un canal en Guaqui, donde hay que tener cuidado por las aguas bajas. Tras un par minutos, la embarcación se mueve ágil, a ocho nudos.

Cuanto más se ingresa al Lago Sagrado, el viento se hace más fuerte. Al mismo tiempo, pareciera ser más puro, ideal para apoyar en la baranda y contemplar el horizonte de azul intenso, que por momentos se enreda con el cielo.

“Es la primera vez que estoy en esta embarcación. Me ha llamado mucho la atención el viaje y estar junto a mi familia en un lugar tan importante”, comenta Nancy Bustillos, quien confiesa que siente el movimiento del barco, pero que tiene mareos, como algunos otros.

“Es un momento muy bonito poder compartir con mi mami, estar en un lugar tan lindo y ver este atardecer”, sostiene Giovanni Altuzarra, hijo de Nancy, quien disfruta, desde la proa, aquel panorama singular del lago que fue navegado por incas y tiwanacotas.

En la parte superior, los universitarios aprovechan el tiempo benigno para bailar y tomar fotos de la travesía lacustre, en tanto que los últimos rayos solares indican que el alférez Araníbar debe llevar al Mosoj Huayna a buen puerto, al rozagante puerto de Guaqui.

LA GRÁFICA

Tripulación. El Mosoj Huayna cuenta con el trabajo de los integrantes de la Unidad Operativa de Servicios de Navegación Turística (UOS Navtur). Foto: Miguel Carrasco

Gastronomía a bordo del Mosoj Huayna. Foto: Miguel Carrasco

Confortables camarotes. Foto: Miguel Carrasco

Lugares de esparcimiento. Foto: Miguel Carrasco

Foto: Miguel Carrasco

Una travesía especial por el Día de la Madre

Por el Día de la Madre, la Unidad Operativa de Servicios de Navegación Turística (UOS Navtur) ofrece un paquete especial de dos días (sábado 28 y domingo 29 de mayo), con zarpe en el Estrecho de Tiquina, primera llegada a la Isla del Sol para disfrutar de los restos arqueológicos y arribo a Copacabana, donde habrá una noche de divertimento con la agrupación PK-2 y La Secuencia. El día siguiente, la comitiva se dirigirá a la Isla de la Luna y en la tarde será el desembarco en el Estrecho de Tiquina, para el retorno a La Paz.

Para consultas y reservas, comunicarse a los teléfonos 71732835 y 73003210, o en el muro de Navtur en Facebook.

FOTOS: MIGUEL CARRASCO

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Renacer Juntos: apoyo para mamás en duelo

Renacer Juntos Bolivia lleva 11 años transformando en amor el dolor del duelo por la pérdida de un hijo

EVENTO. El grupo suelta globos como símbolo para dejar ir al cielo al hijo que partió

/ 22 de mayo de 2022 / 22:52

No llores”, “déjalos descansar”, “eres joven, vas a tener más hijos”, “estaban en el vientre, no los has conocido”, eran algunas de las frases de consuelo que Danitza Alarcón solía escuchar de parte de sus familiares y amigos tras la partida de sus mellizos.

“Para mí enterarme de que estaba embarazada de mellizos era como un cuento de hadas, una noticia realmente alegre, la cual a todo al que se la comentaba se quedaba con la boca abierta porque pues, era realmente, como decían, una doble bendición”, recordó Danitza.

Sin embargo, el 2 de abril de 2010 se le adelantó el parto por cosas que se suscitaron durante su embarazo: una discusión con su pareja y una mala praxis de la doctora que la atendía. De ese modo, los bebés Aaron y Adison nacieron a los cinco meses, pero vivieron solamente algunos minutos porque no tenían los pulmones desarrollados y después fallecieron.

Este hecho la condujo hacia una severa depresión que le duró alrededor de un año. Y las frases que ya conocía de memoria no le ayudaban a sentirse mejor.

Por ello decidió buscar ayuda. Encontró en internet un grupo de mamás en Argentina que tenían hijos fallecidos y ahí comenzó a conversar en los foros y dio la casualidad de que había una mamá de La Paz. “Con ella un domingo nos hemos citado para contarnos nuestras historias y bueno, ni las lágrimas ni los abrazos se dejaron esperar. Ha sido prácticamente una puerta abierta entre tanta cosa… por fin había encontrado a una persona que estaba hablando mi mismo idioma, que no me ponía peros y que nunca me mencionó siquiera esos consejos que me venían diciendo constantemente y que más que darme paz me causaban más dolor”.

A raíz del encuentro, decidieron hacer un evento en La Paz: replicar la suelta de globos que se realizaba en Argentina.

HOMENAJE. Danitza Alarcón, fundadora del grupo Renacer Juntos Bolivia, durante un evento en memoria de los niños fallecidos

Los atisbos de esperanza

Las dos mujeres fueron a distintos canales de televisión para invitar a madres y padres que estaban pasando por lo mismo, algo que para Danitza fue muy difícil, porque hablar de sus hijos, de su espera y de su muerte solo le provocaba llanto.

Pero fue gracias a esa invitación que se reunieron casi 30 mamás y papás, con quienes realizaron la primera suelta de globos en noviembre de 2011 en La Paz, y el 18 de diciembre del mismo año, Danitza  creó Renacer Juntos Bolivia con el grupo de participantes, con quienes empezaron a hacer reuniones mensuales.

“Fue una especie de magia ver cómo poco a poco, mes a mes, sin necesidad de ir a terapias, a psicólogos o de tomar pastillas, he podido ir encontrando esa paz que estaba buscando. En su momento buscas las respuestas del porqué, para qué, cómo, por qué a mí, y  ahora, después de 12 años desde lo que me ha pasado, puedo decir que ya las he encontrado: ¿por qué a mí y por qué a mis hijos? Posiblemente porque alguien tenía que crear este grupo, que ayuda a tantas mamás y papás, que les da paz, que puede generar nuevamente que sus corazones vuelvan a amar. Por eso cuando llega alguien a Renacer, son ellos los que colaboran, dan consejos, les guían por el camino por el cual ir”.

El grupo ya tiene 11 años. Lo conforman alrededor de 350 familias, de las cuales no todas están presentes en las reuniones mensuales, pero cuando realizan las sueltas de globos o las olas de luz —que se realizan cada 15 de octubre a nivel internacional. De 19.00 a 20.00 se encienden velas por la muerte de los hijos, simbolizando que pese a que ellos no están presentes, queda una luz encendida en su memoria— se acercan, siempre se acuerdan y tienen presentes a sus hijos. Además de eso, tienen un grupo de WhatsApp donde mandan alguna nota, foto o dedicatoria cuando es un día significativo, “ya sea en el cumpleaños del hijo o el ángelversario, como nosotros le decimos al día que se convirtieron en ángeles”.

Desde 2020, el grupo ha evitado reunirse presencialmente por el COVID-19, pero no han dejado de tener encuentros por Zoom. “En algún momento se van a volver a reactivar las reuniones presenciales. He tenido comunicación con mamás y papás nuevos. Me contactan más o menos una vez al mes directamente o a través de un amigo que me dice que conoce a alguna persona que ha perdido a su hijo o hija y luego me hace el enlace con ellos”. 

Danitza no tiene hijos biológicos. Se casó hace un mes tras una relación de tres años con “un hombre maravilloso”, como lo llama, que tiene dos hijos de su primera relación: María René, de 13 años; y Luis, de 17 años, a quienes trata de transmitirles todo ese amor que tiene guardado dentro suyo. “Obviamente no soy la mamá de ellos, soy más una amiga, pero el amor siempre está presente. Vivimos los cuatro, con mi esposo y sus dos hijos”. Y les acompaña Pekas, que es como su hijita, porque le ha enseñado otra manera de amar, además de brindarle paz y tranquilidad.

“Si Dios en algún momento decidiera premiarme de nuevo con volver a ser mamá biológica, estaría muy feliz y más bendecida de lo que ahora ya me siento con lo que tengo en este momento en mi vida: una familia a la que amo y que me apoya”.

MILAGRO. Hebe Sejas, junto a su pequeño ‘arcoíris’, Evan Albeiro

Una mamá milagro

Hebe Sejas se enteró del grupo en 2013. El 12 de septiembre de ese mismo año, a las 05.00, falleció su hija, Vivian Mariana, en trabajo de parto. Desde este suceso, Hebe permaneció en terapia intensiva e intermedia porque estuvo muy delicada de salud y al cabo de poco más de dos semanas  le dieron de alta del Hospital Materno Infantil. Entonces tuvo que enfrentar la realidad de que su hija no llegaría a casa con ella. “Fue una situación muy dura, entré en un estado de depresión muy profunda”.

A 25 días de que falleciera su bebé, Hebe habló con su hermana menor, quien le dijo que había visto un documental sobre un grupo de padres con similar experiencia que compartían sus vivencias.

Una amiga psicóloga le habló de nuevo del grupo que había contactado a la coordinadora, Danitza. “A mediados de octubre de 2013 había un evento donde se hacía una suelta de globos y ese día yo decidí encontrar a Danitza y a las otras mamás del grupo Renacer Juntos Bolivia para hablar sobre mi experiencia”, cuenta.

Además del sufrimiento de la partida de su bebé, Hebe fue contagiada de una enfermedad en terapia intensiva a través de transfusiones sanguíneas que se le hicieron para salvarle la vida. Y a causa de su cuadro médico, sus riñones no habían logrado filtrar todos los virus y bacterias que venían en la sangre, por lo que contrajo el citomegalovirus crónico, contra el cual luchó alrededor de cinco años. No solo había perdido a su bebé, le dijeron que no tenía posibilidad de ser mamá a futuro.

“Mis médicos, especialmente el inmunoalergólogo y el ginecoobstetra, me dijeron que salir de terapia había sido un milagro gracias al equipo maravilloso que me tocó en el Materno Infantil, particularmente el Dr. Richard Gómez y la enfermera, de quien desconozco su nombre”.

El bebé había fallecido porque ella tuvo un desprendimiento de placenta súbito y la hemorragia interna fue tan fuerte que no había manera de pararla a menos de que le sacaran la matriz. Gracias a la acción de esa enfermera y de ese doctor no se la extrajeron, pues lograron parar el sangrado y estabilizarla parcialmente.

“A partir de esto, me ha tocado estar entre Bolivia y Chile haciendo tratamientos muy fuertes para poder lidiar con este virus que atacaba especialmente al hígado y las articulaciones de forma agresiva. La medicación también atacó varias partes del cuerpo, y básicamente mi sistema inmune no reaccionaba”.

El retorno de la ilusión

Tras cinco años haciendo consultas entre Bolivia y Chile, el virus había bajado de tal manera que Hebe tenía la posibilidad de hacer un tratamiento y poder tener un hijo si así lo deseaba. Así, en 2018, junto al que entonces era su pareja, decidieron hacer un tratamiento. El 24 de junio de 2019, después de un embarazo complicado en el que estuvo casi los nueve meses en cama y con vigilancia médica e internaciones, nació su “bebé arcoíris” —que es como se conoce a los nacidos después de que se ha perdido antes un hijo—, Evan Albeiro.

“Tras muchos años de aceptar la muerte física de mi hijita y de vivirla espiritualmente, hoy soy mamá de un hermoso niño que tiene dos años y 11 meses: mi pequeño arcoíris”, dice muy feliz.

Ambos conviven con su “chiquitita con alitas” y que la tienen siempre presente en su pequeño altar, ofreciéndole misas y mandándole globos al cielo. “Mi hijito está creciendo con la idea de que tiene una hermanita que está con Dios”.

Para ella, Renacer ha sido un pilar fundamental a partir de esa primera suelta de globos a la que asistió en octubre de 2013, un mes después de la muerte de su hija. Remarca que Danitza y el equipo de mamás le dieron el soporte emocional que ella no encontraba ni en su familia, ni en su pareja, ni en sus amigas.

“Si muere papá o mamá, el hijo es ‘huérfano’; pero si muere tu hijo, no hay palabra para describir en qué te conviertes. Es un duelo constante con el que uno tiene que aprender a convivir, pero también es esa prueba infinita de que a pesar del tiempo y la distancia, se debe amar para siempre”.

Ella asegura el haber aprendido a amar cada día más a su hija y que, en nombre de ella, hace las obras que le tocan en este mundo y, particularmente, acompañada de las mamás que están en este duro camino.

“El dolor de la ausencia de un hijo es tan grande que se vuelve un duelo eterno y, al serlo, está en nuestras manos el de vivirlo siempre con dolor o con un amor infinito que se transforma en buenas obras y servicio a los demás”.

Para contactarse con Renacer Juntos Bolivia, comunicarse con el teléfono 65623584 (Danitza Alarcón) o escribir en su página de Facebook, de igual nombre.

Altar en honor a Vivian Mariana

Para contactarse con Renacer Juntos Bolivia, comunicarse con el teléfono 65623584 (Danitza Alarcón) o escribir en su página de Facebook, de igual nombre

FOTOS: DANITZA ALARCÓN Y HEBE SEJAS

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Patricia García: ‘La maternidad me hizo trabajar sobre mí’

La actriz, directora y educadora celebró 25 años de teatro. Sus hijos han acompañado este construir en las tablas

Patricia García con sus retoños

/ 22 de mayo de 2022 / 22:36

MAMÁS ARTISTAS

Con la obra Still Medea, de Diego Aramburo, la actriz y teatrista Patricia García celebró en 2021 sus 25 años de carrera, un camino marcado por la maternidad: desde colgar en lo alto del Teatro Municipal con cinco meses de embarazo hasta el arribo de Yago (8 años) y Aitor (2), sus compañeritos de tablas.

“Mi primer hijo me hizo tener curiosidad por el teatro para niños, que hasta entonces no tenía en mis planes, así como las creaciones para niños, como un proyecto de cuentos ilustrados —expone “Pati”, como la llaman sus amigos— Me ha generado muchas curiosidades artísticas el tener una guagua porque me ha puesto en contacto con arte para niños, que es maravilloso, y ha refrescado mis referentes porque me ha llevado a cuentos infantiles y otras cosas que había olvidado. La maternidad me reconectó con mi yo niña”.

La llegada de los dos pequeños ha generado una comunidad muy especial en torno a esta familia. Los teatristas y trabajadores culturales conocen a Yago y Aitor y siempre están preguntando por ellos o ayudando a Patricia. “La maternidad me ha hecho trabajar mucho sobre mí. Sobre la Pati mamá. Y obras como Still Medea son fruto también de mis maternidades, que si bien han sido muy bellas, mis embarazos han sido muy dolorosos.  También trabajé, por ejemplo, un videoarte en que se me veía como el personaje Patman —con traje de Batman— llevando al niño al colegio mientras todos me veían”.

La lactancia antes de entrar a escena y tener a la niñera en el camerino son parte de este trayecto en que la maternidad está involucrada en el proceso artístico. “Estoy en una etapa en que soy Pati mamá y no hay, no hay manera de que eso no esté impregnado en mis talleres y en mis obras”.

A pesar de que son pequeños, Yago y Aitor ya son conscientes de que su mamá es actriz. “Mis dos hijos hacen la voz de Batman perfecta porque me han visto tanto ensayar el Patman”. Y desde un inicio, ambos han formado parte de las obras de mamá. “Yago, yendo a ver la obra donde él ha puesto su voz, en la mitad gritó: ‘Soy yo, soy yo’. Y mi hijo pequeñito ha participado en el videoarte Solón, es una de las figuras importantes ahí. Él se ve en el video y dice: ‘Estoy ahí, soy yo con mi mamá’. En ese tiempo, por ejemplo, él extrañaba a la gente del rodaje, me preguntaba por ellos como que fueran familiares”.

Imágenes inolvidables ha dejado Pati en sus compañeros en esta faceta. Cuando hacía el personaje de Patman, Pati recién había dado a luz, por lo que para amamantar a su bebé solo se sacaba una parte del traje, así que quienes pasaban entre bastidores podían ver literalmente a Batman amamantando. Y sus estudiantes también se han encariñado tanto con los bebés, que los cargaban mientras Pati hacía alguna indicación. Y ya más grande, Yago se sabía tan de memoria las obras que le hacía notar a su mamá cuando se había equivocado en algo.

Como artista y madre, Pati tiene muy claro lo que desea en el futuro de sus hijos: libertad. “No quiero llevarles por obligación a hacer arte, y también tengo muy claro que, en el caso de que ellos se dediquen a esto, no quiero ser como la sombra y que ellos sientan que están debajo. Espero que ellos decidan. Eso sí, van a ser chicos que verán el mundo diferente porque al crecer han tenido contacto con el arte, no solo teatro, pues mi padre es pintor y yo trabajo en cosas de música. Mi hijo mayor quiere tocar piano y pasa clases de teatro. Ya me ha pasado que en la reunión del colegio me digan: ‘señora, su hijo ya ha dirigido una obra y tiene ocho años’. Para nada lo presiono, siempre le pregunto si quiere ir”.

Mientras, los pequeños ya han actuado en un montón de obras, Yago incluso ha sido invitado a ser “crítico” de obras infantiles del Fitaz. “No me hago lío si se hacen artistas. Les ayudaré en lo que esté en mis manos y les dejaré que sigan su camino. Estoy muy orgullosa de la familia libre que he conformado y creo que somos afortunados”.

FOTOS: TONY SUÁREZ, JULIO GONZALES Y DANIEL ARCE

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Mariela Jordán: ‘La maternidad es un inmenso acto de entrega y amor’

La cantante y comunicadora social tiene un pequeño músico en casa: Santiago, de tres años de edad

Por Miguel Vargas

/ 22 de mayo de 2022 / 22:30

MAMÁS ARTISTAS

En su casa, la música es tradición. Su tío es Cergio Prudencio, el creador de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos; su hermano Luigi es un eminente guitarrista clásico que prosigue sus estudios en Alemania con honores y ella, a los cuatro años, ya era parte de la Coral Infantil. Con el paso de los años fue afilando armas cantando en roles protagónicos de musicales como Rent y Moulin Rouge, así como en la banda de rock pop Aeroplan y como solista junto a músicos reconocidos en géneros como el jazz.

Mariela formó una familia con Luis Daniel Iturralde, percusionista y gestor cultural, y hace tres años llegó el integrante más joven de esta familia musical: Santiago.

Ser mamá y cantante significó un fuerte cambio para ella. “Al principio fue un poco difícil porque tuve que dejar de cantar y parar todas las actividades que estaba haciendo en mi vida para gestar. Fueron tres meses de reposo total y de aceptar cambios físicos y emocionales que estaban pasando en ese momento: tener que dejar de cantar cada fin de semana o de viajar para cantar, o simplemente, la salida de mi vida de personas que creí amigos de toda la vida. Es por eso creo que la maternidad es un inmenso acto de entrega y amor, mi vida cambió por siempre y soy mamá de Santiago, un niño muy esperado y no cambio por nada del mundo la experiencia de vida y lo que te enseña ser mamá”.

Si bien estos cambios son muy fuertes, también trae sus ventajas: ver el mundo de forma diferente. “Es lindo poder escribir letras para canciones donde puedo hablar sobre cómo me siento ahora que soy mamá y que otras personas se puedan identificar con este sentimiento, siento que tengo más cosas que contar y que cantar desde mi experiencia de ser mamá”.

Con papá y mamá artistas, Santiago resultó un niño muy musical, que tiene muy presente este arte desde antes de nacer y ahora disfruta y ama las melodías y ritmos como Mariela. “Desde que soy mamá, sentí y vi la música como una aliada, porque me ayuda y me ayudó a hacerlo dormir desde que nació, porque le ponía música para tranquilizarlo y se dormía; me ayuda cuando me hace un berrinche y le pongo una canción que le gusta y me ayuda porque él ya sabe que duerme con música y elije lo que quiere escuchar”.

Además Santiago tiene una serie de instrumentos musicales con los que juega y que toca todo el día. Por ejemplo, pide música clásica para tocar su violín. “Antes yo le ponía el Concierto Nº 3 de Brandenburg de Bach para dormir, pero ahora él es más grande y le gusta jugar a la orquesta y quiere que todos jueguen con él. Aprecia y disfruta mucho la música”.

Con ese perfil, hay grandes posibilidades de que este pequeño siga el camino de sus padres, con el apoyo de su mamá. “Sí, quisiera que mi hijo sea artista, y en especial músico, porque la música te lleva a lugares impensables y te logra conectar contigo misma para hacer tu arte. Te ayuda a canalizar tu energía, pensamientos y sentimientos. La influencia de la música en los niños repercute en la mente, en las emociones y en el espíritu, y alcanza un nivel de bienestar y felicidad al llegar a lo más íntimo de cada persona, trasmitiendo diferentes estados de ánimo y emociones que liberan la función tanto emocional, como afectiva e intelectual. Y por eso si quisiera que mi hijo tenga las bases necesarias para tocar cualquier instrumento que a él le guste”.

FOTOS: ÁLVARO VALERO

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