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Norah Zapata, momentos de ceniza

/ 31 de marzo de 2024 / 06:55

La poeta Norah Zapata-Prill regresa al país desde Lausana-Suiza para presentar tres nuevos poemarios en Cochabamba y La Paz

Norah se fue a Europa en los setenta. Cochabambina de nacimiento, vivió en La Paz desde los ocho años hasta que llegó la hora de la partida en medio de la dictadura de Banzer. Iba para odontóloga, luego fue profesora de literatura (otro dolor de muelas) y terminó en Italia y Suiza al frente (durante cuatro décadas) de centros de psicogeriatría. Cuando salió al exilio, Norah Zapata-Prill (luego explicaremos ese “extraño” segundo apellido pegado con guion al paterno) ya era poeta. Norah es hoy una de las voces mayores de la poesía boliviana. Y de cuanto en cuanto regresa a Bolivia, como ahora.

Norah Zapata-Prill presentó el miércoles pasado en la Fundación Patiño de Cochabamba su último poemario Eclipses (2023), editorial Letreo (el sello fundado por Benjamín Chávez y Gary Daher). El libro -con prólogo de Vilma Tapia- tendrá este jueves 4 de abril su presentación en La Paz (pizzería Efímera, Sopocachi, 19.00). Sostiene Vilma que “Eclipses trae al lenguaje lo aparecido y develado en la experiencia liminal: en la vivencia del cuerpo malherido, en la sospecha de muerte, en los episodios de dolor y temor extremos y en los sueños, es decir, en la vasta complejidad que define una situación de clínica”.

Después, Norah volverá a su “Llajta” para leer poesía en la librería Atenea el viernes 12 de abril con motivo de la presentación de dos nuevos libros de la Yerba Mala Cartonera (“Crónicas de un desvanecimiento” de la cubana Maielis Gonzáles y los textos ganadores del II Concurso de Cuentos “Crispín Portugal”).

Cinco días después, el miércoles 17, presentará también en Cochabamba otro poemario Ágape, editorial 3600, con prólogo de su colega Marisol Quiroga quien dice en el prólogo: “Ágape no es sólo testimonio, sino también, y fundamentalmente, un darse a sí mismo y, a través de sí, dar el mundo que se atestigua, la ofrenda no puede ser otra que la palabra, lo escrito y lo (aún) no escrito, el salmo y el grito con que se nombra ese amado y efímero mundo interior/exterior y se entrega”.

Presentación del libro en el Espacio Patiño. Norah junto a Vilma Tapia, Benjo Chávez, Melita del Carpio Soriano, Rosalba Guzmán y Alba María Paz Soldán.
Presentación del libro en el Espacio Patiño. Norah junto a Vilma Tapia, Benjo Chávez, Melita del Carpio Soriano, Rosalba Guzmán y Alba María Paz Soldán.

Su ajetreada agenda (que también la ha llevado estos días a Santa Cruz) dice que volverá a finales de abril a la ciudad de La Paz para presentar (el 24) el tercer libro de esta gira 2024: Jadis y ahora (Plural editores) donde “vuelve a confirmar su presencia y contundencia verbal” según dice en el prólogo Mónica Velásquez Guzmán quien añade: “el momento escribiente es el de la ceniza y no el del fuego; el de la vejez y no el de la evocada plenitud; el del silencio y no el del diálogo”. Entre idas y venidas, charlamos con Norah, la poeta que siempre regresa.

– Has vuelto en varias oportunidades (me imagino que no tantas como si hubieses deseado) a Bolivia y sus/tus ciudades (Cochabamba, Santa Cruz y La Paz), ¿cómo han sido esos regresos desde que te instalaras en Suiza en el 78? ¿Han sido dolorosos después de 40 años de ausencias?

– Mi niñez y mi adolescencia han sido difíciles por las emigraciones diversas. Mi juventud, igualmente. Muchos cambios y frustraciones. No siempre se realizan los deseos como uno quiere y esto hace daño. Pero, los cambios significan encuentros, descubrimientos. Algunos bienhechores.  Es el caso de mi emigración a Suiza donde al fin me instalé, tal vez, definitivamente.

– Tu (atrevida/valiente) poesía erótica de los 70 esconde el desencuentro, el desamor, la pérdida del ser amado. Cito un poema tuyo (lo reproducimos en estas páginas) rescatado de Presencia Literaria del 72 que leí el otro día en la hemeroteca: “¡Qué ideas tienes / poner un cuadro obsceno en el pasillo! / y ¿si me desnudara aquí sin más? / ¿me clavarías en tu lecho? / ¿Buscarías la nueva alcoba para mirarme desconocida / buscarías donde recordarme con mis pocas alegrías absurdas? / ¿un encaje en el sostén / una simulada prostitución en el escote de mi blusa?”. Dice el escritor Guillermo Ruiz Plaza (otro boliviano autoexiliado en las Europas, como tú) que el desgarro y el miedo a la perdida son dos grandes temas de tu poesía. ¿Han sido una constante o han apareciendo/desapareciendo?

– Figúrate que no me acuerdo de ese poema. Guillermo Ruiz Plaza (gran poeta y amigo del alma) tiene razón cuando afirma que el desgarro y el miedo son mis temas. Acaso no preferidos pero constantes. Creo que esos temas recurrentes son la motivación de la escritura de toda poeta existencialista.

– Deseo/beso y viaje. Viaje y pasión casi se confunden. Has vivido en Italia donde incluso has organizado festivales de poesía. Vives ahora en Suiza (donde fuiste directora de un centro médico social psico geriátrico de Lausana, hasta tu jubilación). A ratos te imagino como el personaje japonés de la última película de Wim Wenders, perfect days y su lema de vida: “Ahora es ahora y la próxima vez será la próxima vez”. ¿Nunca sentiste tentación por la nostalgia?

– Desconozco al cineasta que mencionas y su película. Pero igual, el tema de la emigración crea un sentimiento de nostalgia inevitable. Sí, soy nostálgica pero no “pasista”.

– Voy a insistir con el exilio, vas a disculpar. ¿En qué formas partir es en cierta manera morir?

– Dije alguna vez en una entrevista: que partir es morir un poco pero también hacer morir un poco. A quienes abandonamos les hacemos sufrir, morir un poco. Recuerdo a mi madre con un pañuelo en la mano secando sus lágrimas cuando me despedí al irme de Bolivia.

– ¿Qué queda de la Norah que con treinta años ganara dos veces el Gran Premio Nacional de Poesía “Franz Tamayo” de la alcaldía de La Paz con De las estrellas y el silencio (1975) y Géminis en invierno (1978)? Con uno de nuestros mejores poetas de todos los tiempos, compañero Oscar Cerruto, entre el jurado, dicho sea de paso.

– La Norah de ahora ha envejecido, pero en el fondo sigue siendo la misma. Claro que recordar esos años y esos premios me dan placer, pero el pasado es el pasado, ¿No? Ah, Oscar Cerruto, gran poeta y amigo, quedará por siempre en mi corazón.

– ¿Te sientes -de alguna forma- pionera al haber unido desde la intimidad con voz de mujer palabra y sexo, labios y escritura? Te cito: “Fue puro azar mi sexo / mi inteligencia, mi pasión por la palabra”.

– Sigo penando lo mismo. En nuestra unicidad somos Eros y Tánatos. Sí, creo que mi sexo y mi inteligencia no lo tengo merecido, sino dado. Lo que sí me pertenece es la fidelidad y mi pasión por la palabra.

– Vuelves para presentar tres poemarios de golpe pero tu obra publicada es escasa (apenas cuatro poemarios y eso sí, varias antologías). ¿Es por ese afán de celebrar más el silencio que la soledad o por una necesidad de revisión permanente?

– Por las dos razones.

– ¿Te preocupa que tu obra publicada sea tan difícil de acceder para el público/lector boliviano? A Eduardo Mitre le pasa lo mismo.

– Claro que me alegraría que los poetas bolivianos de la diáspora sean mas leídos en Bolivia. Acaso falta más difusión y que nosotros mismo no hacemos gran cosa para la publicidad. Pero es difícil hacerla desde afuera.

– El primer poemario de los tres que presentarás en esta gira es Eclipses, tercer libro de la editorial Letreo de los poetas “Benjo” Chávez y Gary Daher. Tiene ilustraciones de Fernando “Nano” Ugalde. Y diálogos con poetas como Pessoa y Pizarnik. Chávez y Daher dicen en la solapa de tapa de tu libro: “el título nos previene de una experiencia de oscuridad temporal que amenaza ser definitiva; transcurso que viaja desde la luminosidad y su pérdida gradual hasta la noche. Tinieblas que exigen distinto modo de mirar el mundo y reclaman otra luz, en este caso, una luz interior para alumbrar las cosas”.

Eclipses es un poemario escrito en dos clínicas suizas donde estuve internada durante seis meses el año pasado a causa de una operación de la columbra vertebral. Fue una experiencia dolorosa. Pero como soy una convencida del valor terapéutico del arte y particularmente de la poesía, gracias a la imaginación convertí los muros blancos de mi habitación en lienzos donde imágenes y palabras ocuparon mi tiempo, mis insomnios, mis delirios Tiene un maravilloso prólogo de Vilma Tapia Anaya.

– Precisamente, Vilma (amiga y poeta) ilumina el concepto esperanza para mirar tu obra. La esperanza del amor que vendrá. La esperanza “en el fondo más desnudo del sollozo”. La esperanza del sobreviviente. “Sé que el sol no tiene sombra / hay que hacerla”.

– Pienso que la acción es creadora y no la pasividad. La confianza del sobreviviente reside en que somos en contínua transformación, seres en devenir, luego, en espera permanente.

– Quiero volver a ese centro de abuelos y abuelas donde has trabajado hasta tu jubilación. ¿Qué te han enseñado sobre la soledad, la locura y la vida?

– En los países del Norte hay una especie de demisión de la comunicación. Mi experiencia con los ancianos dichos “dementes” ha sido capital para mejor comprender la sabiduría oculta en la cual viven. Para mí ellos son reflejos de nuestra condición humana. Aún en sus delirios hay un mensaje. Un mensaje de esperanza. Es como si vivieran protegidos en sus mismidades. Poeta como me siento he penetrado en sus delirios sin ser atrapados por ellos. Lo viví como metáforas de los designios. Nunca fui agredida.

Recuerdo a una viejecita que no podía dormir porque tenía “hombrecitos” en las manos de los cuales no podía desprenderse y a quien le dije con tanta convicción que me los confiara, que los pusiera en mi bolsillo. Se quedó tranquila y tomó su somnífero. ¿Será que un día esos “hombrecitos” salgan de mi bolsillo? Me pregunto de vez en cuando. ¿Ves? Yo veo la singularidad de la metáfora entre la demencia y la poesía.

– ¿Sigue siendo el azul cielo tu color favorito?

– Sí. Por aquello de su inmensidad.

– ¿Qué recuerdos guardas de tu generación poética de los Nisttahuz Parrilla, Shimose, Matilde Casazola, de los que ya no están?

– ¡Guardo bellos recuerdos! Con los medios financieros de la “Casa de Poesía El Cactus” que fundé y poseo en Ostuni-Italia, publicamos una antología bilingüe de poetas bolivianos, en italiano y castellano. Se llamó Il paese degli specchi” (El país de los espejos: Antología de la poesía boliviana de hoy. Incluía a 32 poetas bolivianos.  Para mí fue una manera de honrar a la poesía nuestra, a la poesía que me ha dado tanto. Así pude leerlos traducidos al italiano por Emilio Coco, el antologador y gran difusor de la poesía hispanoamericana. De Jaime Nistahuz no sé nada, ni de Pedro Shimose. Con Matilde Casazola estoy en comunicación permanente por “mails”. Soy muy fiel en la amistad. A los que ya no están los llevo en mi corazón.

– La (pen)última y nos vamos. ¿Te sientes valorada?

– Tengo suerte. Me siento valorada. Amigas y poetas como Mónica Velásquez, María Soledad Quiroga Santa Cruz y Alba Paz Soldán se encargan de difundir mi obra, escribiendo prólogos y artículos.

– La yapita: la curiosidad biográfica, ¿de dónde viene ese Prill pegado al apellido Zapata?

– ¡Es una larga historia! Monseñor Juan Quirós, el editor de Presencia Literaria donde publicaba mis poemas, consideraba que mi nombre de pila era muy largo y no poético. Mi apellido materno es Parrilla. Al volver de los Estados Unidos, una vez me propuso llamarme: Norah Zapata-Grill por aquello de que “grill” en inglés significaba “parrilla”. Publicaron, entonces, en Oruro mis apellidos pero por error, transformado en Prill. Fue la ocasión para que Monseñor me bautice como Norah Zapata-Prill. Fue rocambolesco. Mi madre estuvo decepcionada pensando que la estaba renegando.

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POEMAS

PRIMER POEMA “Grano de arena convirtiendo mi dolor en perla no quiero otro vientre. Esta fértil ofrenda de la esperanza es una almeja que me alberga hasta el parto en nueva luna.” (Diecisiete, del poemario “Eclipses”, 2023).

SEGUNDO POEMA “El lamento de la tarde se abría A la confesión del fuego ¡hacer arder! Volverlo todo un rojo intenso.  Hacer del viento un mechón de cabellos saliendo de tus brazos.  Retorcerte en el fuego y arder arder para consumirte hasta el último grito del sollozo.  Arder para hacerse olvido en la ceniza”.(“Arder”, del poemario “Fascinación del fuego”, 1978).

TERCER POEMA “¡Qué ideas tienes!  ¡Poner un cuadro obsceno en el pasillo! ¿y si me desnudara aquí sin más? ¿me clavarías en tu lecho?.  ¿Buscarías la nueva alcoba para mirarme desconocida? ¿buscarías donde recordarme con mis pocas alegrías absurdas? ¿un encaje en el sostén una simulada prostitución en el escote de mi blusa?.

Me quedo así de espaldas que se me queme la sopa.

No quiero ser un postre que se amasa los ojos con tus lágrimas mientras te niegas en el sexo por costumbre.

No voy a pintarme ni de azul ni de rojo molino de París ni de azul en los sueños.

Estoy cansada de píldoras y cremas para gustarte, estas cansado de tu presencia aquí, sin riesgo.

De hoy en adelante toma tú la píldora, si quieres.

O ve a la peluquería, si quieres.

Yo aquí, noche a noche, día a día más lejos de los escaparates y por eso mismo más cerca de la tarde que te espera volver solo a mi silencio.

Más cerca de este “da igual” que me escuchas diariamente (pero que no es igual sino el acierto de mi grito).

Y ya ves, porque me da igual.

Voy a levantarme y en silencio levemente señalo con el índice lo que está más cerca a nuestros labios.

Sí, me llego a ti para que oigamos juntos que el campanario (también se siente solo asomado en su venta y dobla) como tú, como yo”.  (Fragmento de poema publicado en Presencia Literaria, 1972).

CUARTO POEMA “Voladores en mis cielos de niña pelotas de trapo jugando secretas ilusiones en las calles nubes que viajan mis inocencias mangos columpiando cosmos.

Primeras lágrimas sauces llorando lo que se lleva el tiempo en mis andanzas: Comí de otros panes pero sabiendo que el trigal era tuyo sintiendo que el grano ha madurado entre tus surcos cerros redondos ecos míos.

Llámenme viento de la puna desgrana el huayño dime la razón del hombre al lado de la piedra paja brava Abrázame.

Tierra acéptame desnuda y río nocturna mariposa que no sabe dónde malgastó sus horas.

Dios ¡cuan frágil es el valido de la oveja que a su rebaño vuelve! tierra mía dame la paz del ave que retorna al nido.

(“Retorno” del poemario “Ágape”, 2019).

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Alma Tunante, Andrés Laguna y Norah Zapata-Prill.

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EL REGRESO Los trazos de José Ballivián

El artista paceño presenta una selección de dibujos en Kiosko Galería de Santa Cruz

Los trazos de José Ballivián

/ 19 de mayo de 2024 / 06:58

—¿Qué hará Quilco en la vida?” —él respondió resuelto: — ¡Nada!

Y tornó el camino de regreso, entregándose a los brazos abiertos de su solar nativo. Surcó con pies recios el lomo de mar endurecido de la pampa, se peinó la cabellera con el viento y aplacó su sed en el arroyo tímido. Se santiguó con la cruz de los cuatro puntos cardinales y se santificó con el aire de las cordilleras. Se envolvió de pampa y se puso frente al horizonte, camino de su hogar. Entonces el asno le mostró su fatiga y la majada le contó los secretos de la pastora.

Y cuando Quilco se hubo reintegrado a sus campos, puso las manos en los hombros de su padre y le habló en aymara:

—Tatay me he regresado…

Fragmento final del cuento ‘Quilco en la raya del horizonte’ de Adolfo Cáceres Romero

La reflexión sobre lo mestizo implica una definición de raza, una combinación que se ha producido en Bolivia antes de la llegada española y que tuvo un impacto político por los privilegios que gozaban los españoles y sus hijos durante la así llamada colonización.

Las reivindicaciones raciales, de alguna forma fracasadas durante la revolución de 1952 en Bolivia y los grandes esfuerzos políticos de este siglo por darle presencia a algunos grupos hasta entonces marginados, generaron propuestas estéticas que no solamente repiensan la idea de igualdad ante la ley, sino que también reivindican sus expresiones estéticas y, en algunos casos, como los de Adriana Bravo, Iván Cáceres y José Ballivián, entre otros, estiran esta reflexión hasta lugares que si bien transgreden los márgenes de lo políticamente correcto, son una inevitable muestra de la expresión cultural de una Bolivia actual, responsable por una condición social en la que los flujos comunicativos ponen en permanente diálogo lo local, popular y andino con los dejos producto de la imparable invasión global. 

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Esta muestra titulada El Regreso, inspirada en el cuento Quilco en la Raya del Horizonte de Adolfo Cáceres Romero, sugiere un retorno a una práctica tradicional y a una representación normativa como lo es el dibujo de José Ballivián, pero que se distingue y se diferencia por las temáticas que presenta y en las que se pone en tensión combinaciones culturales poco ortodoxas y en muchos casos políticamente incorrectas.

José Ballivián reflexiona sobre las múltiples capas que conforman la identidad nacional.

La selección de dibujos de distintas épocas conjuga un cuerpo de obra que se enfoca en lo así definido como mestizo, pero que simplemente implica la visibilización de ciertos grupos que consiguieron combinar con éxito visiones transversales sobre lo boliviano.

*El artista José Ballivián expone una selección de dibujos del 2013 – 2024 en la exposición ‘El regreso’ en Casa Melchor Pinto (con la colaboración de Kiosko Galería) de Santa Cruz. La muestra permanecerá abierta del 26 de abril al 2 de junio.

PERFIL

José Ballivián nació en La Paz, Bolivia. El artista visual estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes Hernando Siles. Ha expuesto en muestras individuales y colectivas, como la 57a Bienal de Venecia en Viva Arte Viva, en el Pabellón de Bolivia (Venecia, Italia); Bienal Sur (Buenos Aires, Argentina), Bienal Conart (Cochabamba, Bolivia), Bienal Siart (La Paz, Bolivia), Museo de Arte Contemporáneo MAR (Buenos Aires, Argentina), Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino + Macro (Rosario, Argentina), Museo de Bellas Artes (Salta, Argentina), Museo Emilio Caraffa (Córdoba, Argentina) y el Museo Provincial de Bellas Artes Timoteo Navarro (Tucumán, Argentina), entre muchos otros.

Texto: Douglas Rodrigo Rada

Fotos: José Ballivián

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Máncora Restaurant & Bar: Los sabores del Perú, en Sopocachi

restaurante y bar Máncora

Por Fernando Cervantes

/ 19 de mayo de 2024 / 06:47

Crónicas gastronómicas

Máncora es el nombre de una de las playas más bonitas del norte del Perú, caracterizada además por tener un agradable clima cálido los 365 días del año. Antiguo pueblo pesquero, tuvo entre sus visitantes nada menos que al laureado escritor norteamericano Ernest Hemingway, quien anduvo por esos lares allá por el año 1956.

En la ciudad de La Paz, Máncora es el nombre de un nuevo restaurante situado en el barrio de Sopocachi, en el tercer piso de una antigua casona que cuenta con una calurosa terraza en la cual se puede disfrutar de una extensa carta que incluye variedad de ceviches, aperitivos, arroz con mariscos, chaufas y también platos para compartir, como piques o milanesas de la casa. Las especialidades peruanas —como el chupe de camarones, el lomo saltado o la jalea de mariscos— también dicen presente en este menú, pero evidentemente el protagonismo lo tiene ampliamente ganado su barco marino, que trae a bordo platos como el arroz dulce con camarones, jalea de mariscos, ceviche de trucha, ceviche de mariscos, cóctel de camarones, arroz chaufa de pollo, chaufa de mariscos, chaufa de carne, ceviche de camarones, salsas y canchita con chifles. El barco para seis personas está 350 bolivianos y para cuatro personas, a 250.

Algo interesante de mencionar es el amplio horario en el cual este restaurante abre sus puertas, pues se puede visitardesde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche los días de semana y el fin de semana la cocina está abierta hasta las 4 de la mañana.

Máncora Restaurant & Bar

  • Dirección: Av. Sánchez Lima # 2201, 3er nivel. Sopocachi.
  • Reservas: 72009685       
  • Rango de precios: Bs. 24 (empanadas de choclo y queso) a Bs 350 (Barco marino para seis personas)    
  • Producto estrella: Barco Marino. 
  • Horario de atención: Lunes, martes, miércoles y domingos, de 10.00 a 22.00. Jueves, viernes y sábado de 10.00 a 4.00 del día siguiente.

Peter Pablo es el propietario

restaurante y bar Máncora

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Contáctenos:

Fernando  recomienda, Fernandorecomienda @fernandorecomienda,  Correo: [email protected]

Texto y fotos: Fernando Cervantes

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Nación Menotti: Un espectáculo para pensar

El 5 de mayo falleció el entrenador argentino César Luis Menotti, Julio Peñaloza recupera un texto que hizo sobre la visión de este estratega

Por Julio Peñaloza Bretel

/ 19 de mayo de 2024 / 06:45

Pep Guardiola se convirtió en la confirmación de todo cuanto César Luis Menotti pregonaba desde los años 70 sobre el juego a partir de una militancia, de una visión del mundo. Definió que el catalán era el Che Guevara del fútbol. Fue en 2014 que el más talentoso pedagogo de la palabra futbolera en castellano pronunció las últimas palabras, tajantes e irrebatibles: Jugar bien puede ser una cosa para unos y muy distinta para otros. De lo que ya no hay duda es de en qué consiste jugar lindo. La inteligencia, la claridad conceptual y el buen decir fueron características de este que nos enseñó a amar el fútbol como manera rotunda y lúdica de amar la vida. Extrañaremos tanto al Flaco, con la certidumbre de que siempre estará entre nosotros. A continuación el texto (originalmente publicado en 2014 y ahora con algunas actualizaciones) que homenajea a ese flaco, fumador empedernido que partió a los 85 años, víctima de una anemia severa:

Cómo le pega Leonardo Pisculichi de media distancia. Para disparar al arco o para enviar centros perfectos a sus compañeros mejor habilitados.  Cómo le pega  Neymar Jr. que le hizo el segundo al PSG con la clase de los que saben, desde fuera del área y con el ligero efecto que hace del remate, pelota inatajable. Cómo le pega Marcelo Martins que anotó uno de bolea en su cierre de temporada para ser nombrado el mejor extranjero del Brasilerao. Pisculichi estaba de regreso de Qatar con 30 años y el ojo clínico de Marcelo Gallardo sirvió para que un jugador en retirada se convirtiera en la manija de River Plate para conquistar la Copa Sudamericana. Pasar bien y recibir bien son fundamentos ineludibles con los que debe contar un buen futbolista, pero pegarle con precisión y puntería pueden encausar triunfos como el obtenido por los de la banda roja frente a Atlético Nacional de Colombia, o el Barcelona dando vuelta un marcador en partido de Champions, o el Cruzeiro cerrando la temporada con un año fabuloso para el más importante jugador boliviano fuera del país.

El entrenador argentino César Menotti con Pep Guardiola
El entrenador argentino César Menotti con Pep Guardiola

Siempre convencido de que el buen trato de la pelota es el que marca las diferencias de calidad entre unos y otros —para pasarla, para gambetear, para pegarle de lejos—, me reencontré con los orígenes que me convencieron de que el fútbol es un espectáculo para pensar. Esos orígenes están exclusivamente vinculados a mis ávidas lecturas de El Gráfico en 1978 cuando César Luis Menotti, además de ser el seleccionador argentino, fue el locuaz narrador de una aventura entremezclada por jugadores bonaerenses con otros de provincia, que terminaría con la obtención del primer título mundial para la albiceleste.

Pues bien, el número de El Gráfico del último mes de 2014 se presenta con un primer plano del Menotti actual (76 años), canoso, surcado en su rostro por el transcurso del tiempo, quien ofrece respuestas a 120 preguntas y cero cigarrillos luego de haber sido fumador empedernido, que lo confirman como al entrenador que nos enseñó que el fútbol es jugar bien, pero que para ello, aparece como casi imprescindible contar con el maravilloso instrumento de la palabra para vehicular una manera de comprender y explicar el juego, y para eventualmente rebatir tantos falsos debates acerca de la asociación que se hace entre buen fútbol y resultado.

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A Menotti le debemos infinitas reflexiones, incontables ejemplos, ácidas comparaciones y rivalidades que vale la pena sostener, en el convencimiento de que siempre será un buen ejercicio intelectual combatir a los detractores del discurso creativo, los portavoces y hacedores de la practicidad, del camino vertical y simplificado, de la espera antes que de la búsqueda, del ponerse a buen resguardo antes que arriesgar, de los cultores de la falta táctica para anular la inventiva del otro, en la medida en que se carece de prosa o poesía propias. Y es justamente en estas coordenadas que el fútbol seguirá invariablemente siendo juego antes que  botín político, —a pesar de haberse convertido en un negocio descomunal— ese que el propio Flaco calificó alguna vez: “Amo el fútbol, pero su entorno me pudre”.

Menotti fue mi maestro por entregas semanales de la legendaria revista argentina. Me enseñó a mirar el juego apreciando la sensibilidad de los artistas que terminan dominando la pelota con todos sus misterios de trayectorias o inexplicables desapariciones, y es a partir de él que pude entender mejor lo que hizo Brasil del 70, Holanda del 74 y el Barcelona de la prodigiosa década de la santísima trinidad, Messi, Xavi e Iniesta. Justamente en esta conversación con el periodista Diego Borinsky encontramos, como si se tratara del hallazgo que nos faltaba para completar el rompecabezas de nuestras convicciones, el siguiente criterio sobre lo hecho por Josep Guardiola en La Masía y el Camp Nou: “Lo de Guardiola fue un huracán devastador, arrasó con toda la trampa y la mentira, los aniquiló de tal manera que ahora hasta los italianos quieren tener la pelota y jugar. El único que cada día juega peor es Brasil.” Y como para hacer más ilustrada tan rotunda afirmación, completemos el panorama con esta otra: “Fueron asesinados por Guardiola. Felizmente asesinados, los decapitó, les cortó la cabeza, las patas, se acabó, no se puede hablar más, porque ahora Guardiola va a Alemania y mete 7 goles, o como el otro día, que su equipo hizo 35 toques y la empujaron adentro del arco. Se acabó. Esto no quiere decir que no se pueda ganar de la  otra manera, eh, pero eso que ello pregonaron de que no se puede ganar jugando lindo, eso que hay que ganar y punto, se acabó. Ahí tenés a Guardiola: juega lindo, te ganó 16 títulos, les rompió el culo a todos, inventó a un montón de jugadores. A Piqué lo trajo por dos mangos de Zaragoza, Puyol decían que era un burro que no podía jugar y la rompió. Iniesta era suplente. Se acabó. Los decapitó.”

Diego Armando Maradona

¿Qué más? Para fines de comprensión del contexto boliviano es bueno recordar algunas frases convertidas en eslogans, proferida por algunos jugadores de nuestra liga: “No importa si jugamos mal, lo importante es que ganamos” o “hay que ganar como sea”. Listo. Son esos mismos jugadores los que culpan al sol, la luna, las estrellas, la lluvia, el estado del campo, los árbitros y cuantas excusan encuentren en el camino para justificar su mediocridad o las limitaciones inocultables de sus desempeños. He aquí entonces la explicación de por qué inicio este texto refiriendo las virtudes de tres futbolistas —Pisculichi, Neymar Jr, Martins— que demuestran lo que son con la pelota y no por lo que no pudieron conseguir en la vida. He aquí la explicación de por qué en Bolivia no hablamos de fútbol como nos lo propone Menotti, porque puede resultar incómodo el desmontaje de escuálidas propuestas tácticas basadas en la espera y en el contraataque tal como consiguió en gran medida The Strongest su tricampeonato: Jugando a lo Tigre, con valentía, tantas veces feo y casi siempre pensando primero en el cero en arco propio. Así de pobre es nuestro “profesionalismo”, en el que se debate sobre la filosofía de la papa frita y casi nada sobre cómo tratan la pelota nuestros equipos.

Han transcurrido 46 años desde que Argentina ganara en el Monumental de Buenos Aires su primera Copa del Mundo, y la marca rosarina de Menotti sigue indeleble, así como las de paisanos suyos, igual de valiosos por su inteligencia y claridad conceptual para comprender el juego como Marcelo Bielsa, Jorge Valdano, Lionel Messi, o Norberto Fontanarrosa. Así, con personajes de tan grande credibilidad, el fútbol, continúa siendo una extraordinaria aventura a descubrir y conquistar todos los días en el verde césped.

Texto: Julio Peñaloza Bretel

Fotos: Internet

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‘Experiencia Ítaca’: la travesía interior multisensorial

La espera estéril se torna fértil a través de la profunda reflexión de la protagonista

La actriz Cristina Wayar y la directora general de la obra, Roswitha Grisi-Huber.

Por Mitsuko Shimose

/ 19 de mayo de 2024 / 06:41

El hecho de haber sentido, conocido o presenciado algo tiene que ver con la vivencia, una de las acepciones de la palabra “experiencia”. Esta vivencia es transmitida a través del viaje interior en Experiencia Ítaca, propuesta teatral del grupo La valija de Penélope, que obtuvo el apoyo del Fondo Concursable Municipal de las Culturas y las Artes (Focuart 2023), estrenada ese mismo año y que regresó hace poco  a las tablas del Centro Cultural de España en La Paz y la Casa Grito. Esta obra, dirigida por Roswitha Grisi-Huber, es la puesta en escena del poemario Ítaca, de Blanca Wiethüchter (1947-2004), cuya reedición fue gestionada también el año pasado por el grupo teatral después de que la edición del año 2000 se hubiese agotado.

Experiencia Ítaca busca no solo mostrar la vivencia de Penélope (Cristina Wayar) durante la angustia de su espera —una angustia de amor que, para el teórico literario y ensayista francés Roland Barthes, en su libro Fragmentos de un discurso amoroso (2014), “es el temor de un duelo que ya se ha verificado, desde el origen del amor”—, sino también hacer vivenciar al público dicha angustia —y su resolución— a través de recursos multisensoriales.

Lo primero que se ve al ingresar al teatro es, naturalmente, la escenografía. Más allá de los elementos en la escena, lo que más resalta son los diversos colores, sobre todo en los vestidos guardados en el closet de la protagonista, los mismos que viste para pintar aquella espera grisácea. Bien lo señala Barthes que existe una “escenografía de la espera”, donde se provocan “todos los efectos de un pequeño duelo”, el cual es rehuido por  ella mediante el uso de prendas en toda la paleta de colores, convirtiéndose así el (des)vestirse en un acto subversivo.

En la puesta en escena se siente, además, el aroma del humo de la vela que la actriz apaga luego de prenderla, cuya luz denota esperanza, y desesperanza cuando ella extingue la llama con su aliento. Era al encender la vela que su angustia se incrementaba, lo que no quiere decir que al apagarla el desasosiego desapareciera. “La angustia de la espera no es continuamente violenta; tiene sus momentos apagados”, apunta al respecto Barthes.

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El sentido del gusto se hace presente a través del vino que bebe Penélope (nombre griego que significa “la que teje”), algunas veces imaginando la celebración de cuando esa ausencia se disolviera, u otras, en actitud de cavilación, la cual la lleva del tejer y destejer al escribir y reescribir. “Es la Mujer quien da forma a la ausencia, quien elabora su ficción, puesto que tiene el tiempo para ello; teje y canta; las Hilanderas, los Cantos de tejedoras dicen a la vez la inmovilidad (por el ronroneo del Torno de hilar) y la ausencia (a lo lejos, ritmos de viaje, marejadas, cabalgatas)”, se lee en  los Fragmentos.

La sonoridad —cuyo diseño está a cargo de Canela Palacios— también se percibe claramente en la puesta en escena a través de llaves, sogas tensionadas, arena en un círculo de papel mantequilla, entre otros, cuyas resonancias simbolizan collares, el paso del tiempo y las olas del mar. Del mismo modo se escucha el canto de Penélope, que al igual que el de las sirenas, es el que realiza el conjuro que invoca su nombre en el acto de aguardar. Ya decía Barthes que “la espera es un encantamiento”. Según este teórico francés, “la ausencia amorosa va solamente en un sentido y no puede suponerse sino a partir de quien se queda —y no de quien parte—. Históricamente, el discurso de la ausencia lo pronuncia la Mujer: la Mujer es sedentaria, el Hombre es cazador, viajero; la Mujer es fiel (espera), el Hombre es rondador (navega, rúa)”; pero debido al conjuro, el estado de espera se subvierte.

Unida a la percepción del oído, está la del tacto, pues todo lo que toca la protagonista tiene un sonido específico acompañado de particulares texturas, como el tejido y el telar o, se manifiesta desde el re-descubrimiento de su propio cuerpo, algo que le brinda conciencia de sí misma a través de su corporeidad. Para Barthes, es necesario sacrificar ese Imaginario del otro, para acceder al “amor verdadero”, ese que logra sacarla de su espera sin (des)esperar y que la envuelve en su propio abrazo.

De ese modo, en Experiencia Ítaca, la espera estéril se torna fértil a través de la profunda reflexión en la que la actriz se sumerge durante su viaje interior multisensorial. Esta introspección la lleva a tejer/escribir su propia historia, conduciéndola al tan anhelado encuentro, que ya no es con el otro, sino consigo misma, re-unión que se da en el mar de su isla natal de la cual se reapropia borrando la sensación de anulación que genera la espera, puerto al que llega en el buque de su propio nombre: Penélope, y que termina diluyéndose para convertirse una con el océano: Ítaca florece.

Texto y Foto: Mitsuko Shimose

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Nocturno de Tiwanaku

El sitio arqueológico de Tiwanaku abrió sus puertas —de 19.00 a 22.00— para la Larga Noche de los Museos. Una experiencia diferente.

/ 19 de mayo de 2024 / 06:30

Son las siete de la noche y hace (mucho) frío. Un centenar de personas esperan a que las puertas de acceso al sitio arqueológico de Tiwanaku se abran. Llegan los primeros guías y piden paciencia. Es la quinta vez que la Puerta del Sol, los monolitos, el templete subterráneo y las pirámides de la cultura tiwanacota van a ser apreciados de una manera diferente: de noche. Bajo la oscuridad y bajo las estrellas de mayo (mes de la Chakana), Tiwanaku —la vieja capital— revela sus misterios ancestrales.

La pirámide de Akapana es la primera parada del recorrido nocturno. La Chakana —la Cruz del Sur— se ve con todo su esplendor bajo un cielo despejado. El templo está estratégicamente pensado para disfrutar de las deidades astrales en forma de constelación cuadrada y escalonada. La cultura tiwanacota perduró durante más de 25 siglos y siempre supo dónde estaba el sur, gracias a la chakana.

Se ven colores azulados y blancos, rojos, naranjas. Todas las estrellas son más grandes y luminosas que el sol. Los tiwanacotas y otras culturas ancentrales estaban íntimamente conectados con el cosmos, con el cielo. En esta noche de Tiwanaku, lejos de las luces de la ciudad, esa relación —olvidada con la llegada de la era de la industrialización— renace de repente. Es un viaje en el tiempo.

En la visita nocturna a Tiwanaku se pueden apreciar piezas emblemáticas.
En la visita nocturna a Tiwanaku se pueden apreciar piezas emblemáticas.

El “puente/escalera” (eso significa chakana en quechua) está frente a los ojos de los que llegaron. La conexión entre el mundo terrenal y el mundo de los dioses se dibuja en el firmamento despejado. Son los cuatros “suyos”. Un guaraní que visita Tiwanaku por primera vez dice en voz alta en el primer grupo de visitantes: “no veo una cruz, lo que veo yo es al ñandú”. Tiene razón (también): la constelación lleva la forma de una avestruz. Cada uno ve lo que quiere.

La segunda estación es el monolito Ponce. Es la estela ocho. Estamos dentro del Templo de Kalasasaya, el templo de las piedras paradas. Tiene tres metros y es de una sola pieza, de piedra andesita. Tiene lágrimas con forma de pez, hombres alados, águilas, plumas, cóndores. De noche impresiona más, de noche parece saber cómo y porqué desapareció la cultura tiwanacota, esa que se extendió desde las costas del actual Chile hasta el altiplano, desde el Perú hasta la Argentina actual. ¿Qué pensaría la noche que lo “descubrió” Carlos Ponce Sanginés? Dime cuál es tu verdadero nombre, ahora que está oscuro y nadie nos escucha. Cerca está el monolito Fraile, pieza de arenisca veteada. Tiene peces. Es un dios del agua, cuando el lago Titicaca llegaba hasta estas orillas. En una mano un “keru” (vaso) y en la otra un báculo. Viste faja. Fue enterrado con honores. No sabemos cuándo resucitará.

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Unos metros más adelante, al extremo oeste, los turistas se sacan fotos con la Puerta del Sol. Está iluminada y la gente aprovecha para sacarse “selfies”. Dicen que antes adorábamos a la luna y luego la cambiamos por el sol. Este recorrido nocturno es una ofrenda a la diosa luna, esa que ilumina nuestras noches de insomnio. Espero que Huiracocha, el Señor de los Báculos, no se moleste.

Los visitantes observan y toman fotografías a las estelas de Tiwanaku.

Caminamos en la oscuridad, hay que mirar al suelo para no tropezar. Algunos alumbran el piso con la luz de los celulares. Cuando bajamos hacia el Templo de Kalasasaya, hay que agarrarse de las piedras de las escaleras, de las paredes balconeras. La temperatura, a campo abierto, roza los cero grados. Cuando llegamos a la escalinata de piedra, todos se paran para sacar fotos. Cuando bajamos al templete subterráneo, al mundo de abajo, las 175 cabezas clavas de roca caliza dan más miedo que de día. Están a punto de contarnos la verdad en esta noche de misterio. La guía habla de mensajes extraterrestres que se escuchan en las noches más frías, como la de hoy.

En el centro del templete estaba el monolito Bennet, la estela Pachamama. Hoy está a resguardo en el Museo Lítico, bajo techo. Ha sufrido demasiado desde que fuera llevada a la fuerza y sin permiso de la comunidad a la ciudad de La Paz en 1932. Primero estuvo en el Prado y luego junto al estadio Hernando Siles en Miraflores. Cada vez que lo movieron/molestaron sin pedir permiso/ofrenda ocurrieron desastres, especialmente inundaciones, como aquellas del 2002 cuando fue trasladado de vuelta por última vez. Su “descubridor”, el gringo Bennett, murió ahogado en una playa de su país, Estados Unidos. Con los dioses no se juega y menos si son gigantes. En su lugar, hoy está el Monolito Barbado, es la estela 15 o “Kontiki”. La guía apura a los visitantes: “vayan saliendo, tienen que entrar el resto de los grupos”.

De regreso al Museo Lítico, nos chocamos con otros grupos. En la entrada del museo, los chicos del grupo de teatro de la UPEA, la Universidad de El Alto, escenifican pasajes y leyendas. El paseo por las salas cerámicas y líticas es gratuito cuando Tiwanaku se muestra de noche.

La estela Pachamama luce imperial, sobrecoge por su tamaño. Me gustaría que estuviese de nuevo en su lugar junto al resto de las estelas, junto a sus hermanos, como reina de la noche. Son las 10 y los últimos minibuses devuelven a los citadinos a las luces de la ciudad. El sortilegio ha terminado. Los gigantes duermen tranquilos. Hasta el próximo nocturno de Tiwanaku.

Texto y Fotos: Ricardo Bajo Herreras

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