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Guerra civil

/ 26 de mayo de 2024 / 05:50

La nueva cinta del director británico Alex Garland combina la ficción distópica con su mirada sobre los conflictos bélicos

Parece indiscutible que las guerras, más aun las civiles, constituyen probablemente la muestra extrema de a dónde puede llegar la estupidez humana activada por la ambición y el deseo de hacerse del poder con el propósito de dominar, o en lo posible borrar del escenario, a los demás, especialmente a quienes no comulgan con las visiones del mundo de aquellos que se autoasumen como portadores de la verdad.

No es empero sobre el lado atroz de las guerras, tantas veces abordado, con mayor o menor puntería, en el género bélico, que el novelista y director británico Alex Garland (Londres/1970) enfoca su mirada y nos desafía a profundizar la nuestra, o sea convoca a ver y no sólo mirar aquello que nos pone por delante.

Garland es conceptuado por buena parte de la crítica como uno de los directores en actividad más atendibles, debido a su inventiva fílmica y su agudeza para describir las situaciones que aborda consideración en la cual pesaron sobre todo sus dos primeros largometrajes: Ex Machina del 2014, suerte de relectura del Frankenstein de Mary Shelley y Aniquilación, rodado el 2018, en ambos casos con una abierta intención polémica para poner sobre el tapete discutibles disrupciones en el mundo actual. Menos entusiasta fue la acogida de su tercer trabajo: Hombres, que realizó el 2022.

Sin embargo pareciera haber recobrado la fuerza creativa en Guerra civil, una curiosa mezcla entre la ciencia ficción distópica, el género de su preferencia, tanto cuando escribe como cuando rueda, y el cine bélico, más algunos apuntes, secundarios por cierto, tomados de las películas del camino.

Decía que no es sobre la mera descripción, más o menos espectacular de los conflictos armados, como Garland enfoca su nuevo trabajo, más bien hunde el estilete en el papel de los reporteros de guerra y, al mismo tiempo el de la prensa oral, escrita, audiovisual ahora digital, así como del cine industrial de ficción, en la mutación de esos horrendos acontecimientos en espectáculos, por lo general sujetos a una esquemática confrontación entre buenos y malos, dependiendo la adscripción de tales roles al bando a nombre del cual los cronistas o cineastas asumen, por así decirlo, su vocería.

En un futuro cercano, aunque ciertos datos visuales como los automóviles, celulares y otros adminículos parecieran autorizar a inferir que ya mismo, Estados Unidos se encuentra enfrascado en una brutal contienda fratricida, en la que podrían perfectamente haber convergido hechos tan bizarros cómo el asalto trumpista al capitolio el 6 de enero de 2021, los disturbios callejeros precipitados en Los Ángeles tres décadas antes a consecuencia de la ejecución a sangre fría del ciudadano de color Rodney King por tres policías blancos absueltos de toda culpa en pocos meses por un jurado, o cualquiera de las casi diarias noticias acerca de matanzas en escuelas, centros comerciales, vías públicas, protagonizadas por desquiciados poseedores de armas de fuego gracias a las leyes que protegen la venta indiscriminada de estas. O sea, la ficción armada por Garland no deja en momento alguno de hacer eco de la realidad en su relato.

Cuatro personajes, todos ellos y ellas, cronistas, se encuentran en Nueva York cubriendo alguno de los innumerables violentos enfrentamientos, cuando les llega el rumor de la inminente toma de la Casa Blanca por los rebeldes. Abordan pues su vagoneta y emprenden el viaje hacia Washington, ansiando llegar cuanto antes a ese destino. No es que les preocupe la suerte que vaya a correr el presidente, los acicatea principalmente el ansia de arribar a tiempo para registrar el episodio. O mejor dicho: obtener la primicia, o la exclusividad, del mismo. Afán este último típico de la ya dicha inclinación de la prensa a privilegiar su propio interés competitivo por sobre cualquier consideración, moral o de otra índole.

En el trayecto, que supone atravesar medio país en ruinas, se topan con innúmeras carnicerías y si bien sus credenciales periodísticas les garantizan en teoría la supervivencia, no dejan de enfrentar circunstancias por demás estremecedoras, sin dejar que estas les corten el apetito de novedades, cuanto más desagradables mejor. 

El cuarteto protagónico está conformado por Sammy, obeso y ya maduro y, por ende, experimentado corresponsal afroamericano del New York Times que hace las veces de guía y consejero; Lee, una asimismo veterana fotorreportera con un largo

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currículum de presencia en múltiples contiendas bélicas a lo largo y ancho del mundo, de las cuales conserva impresionantes tomas fotográficas; Joel, brasileño de origen, mucho más joven que los anteriores, impulsado por un aventurerismo que daría la impresión de ser el único estímulo adecuado para proporcionarle la dosis de adrenalina que a su vez le permita encontrar algún sentido a la vida; Jessie incondicional admiradora de Lee, a quien anhela parecerse a fin de alcanzar idéntica notoriedad a la de su maestra.

En suma, cada personaje representa un arquetipo de los motivos privilegiados, de acuerdo al enfoque de Garland, por los reporteros de guerra, todos ellos distantes de la más mínima consideración ética, de algún rasgo de solidaridad con las víctimas de los sobrecogedores eventos que relatan, o, menos aún de alguna predisposición a compadecerse de esos humanos reducidos a la condición de datos informativos, números o piezas de un rompecabezas observado desde una inmutable lejanía. Resulta claro, por ejemplo, que a Lee años y años de estar inmersa en el horror le han provocado una suerte de estrés postraumático, equivalente a una coraza vacía de emociones sin la cual no podría seguir en pie, o que a su discípula Jessie el encandilamiento de la fama probable la ofusca al punto de adormecer todo otro sentimiento.

Por añadidura Garland tampoco deja de poner en cuestión, pero le toca al espectador percibirlo, el director se abstiene de proclamas explícitas, el tramposo alcance que en este contexto ha cobrado el concepto de objetividad, deliberadamente confundido con el de neutralidad, y en atención al cual la tarea periodística se reduce, supuestamente, a informar sin tomar partido por ninguna de las posiciones opuestas frente a una determinada situación, aun cuando, se sabe: la sola elección de qué noticias importan más que otras configura per se una toma de posición, o que la pertenencia de  los cronistas a un determinado medio

supondrá indefectiblemente su predisposición para alinearse con la visión política e ideológica del propietario.

Si los cuatro protagonistas, anoté,

representan determinados arquetipos, lo propio ocurre con la figura del acobardado primer mandatario, en verdad un déspota en el pleno alcance del adjetivo, que ante el avance de las facciones “enemigas” opta por una especie de clandestinidad en los corredores del palacio presidencial, sin renunciar, pese a ello, a las estridencias discursivas en tono claramente identificable como similar al utilizado por Trump, asegurando que el triunfo se halla al alcance de la mano, cuando en realidad la denominada WA, conformada por milicias de California y Texas, se encuentra a un tris de ocupar ese centro del poder y acabar con la vida de su excelencia.

Arquetipo, valga aclarar, no es sinónimo de estereotipo, según parecen creer los fabricantes de incontables bodrios del género que sea. Y justamente uno de los aciertos de Garland es conseguir que sus personajes preserven la suficiente contextura humana, emocional, como para salvaguardar la credibilidad de los mismos. El trabajo interpretativo del elenco también aporta lo suyo, y es mucho, a esa armónica concordancia entre tema y narración. 

Volviendo empero a Guerra civil, lo recensionado hasta aquí podría inducir en el lector la sospecha de que la pantalla le lanzará encima un enfático discurso acerca del obligatorio compromiso de cada quien con su entorno histórico, o bien un relato cargado de sermones admonitorios. Menos mal no es así, pues tan solo pensarlo basta para inferir el bodrio que resultaría. Ello no quiere decir que durante el viaje del cuarteto estos no se topen con múltiples escenas de una estremecedora atrocidad, pero en todos los casos, comenzando por la tortura y posterior ejecución sumaria de varios prisioneros, es en los reporteros que la película mantiene focalizada su mirada, consignando la mencionada insensi- bilidad hacia las víctimas con la cual toman y dan cuenta de los hechos.

La misma actitud se reitera en el momento cuando encuentran un helicóptero derribado sobre un enorme centro comercial —pudiera entenderse la escena cómo una metafórica alusión al destino que le espera al capitalismo consumista —. A los protagonistas ni se les ocurre perder un instante para averiguar si alguno de los empleados o clientes ha sobrevivido a la catástrofe, se contentan con obtener las imágenes posibles más sensacionalistas del evento. E idéntica actitud mantienen cuando registran una masacre, el fusilamiento de un herido dispuesto a rendirse, o el llenado de una fosa común con los respectivos cadáveres.

En todos los casos Garland opta por la contención en un tramado que se prestaba a la crispación. No hay gestos enfáticos ni diálogos chillones, por el contrario son siempre escuetos. Tal opción se advierte incluso en las secuencias más duras, donde en una suerte de laconismo visual, predominan los planos con escasa profundidad de campo —sello distintivo del estilo de Garland en toda su obra —. Dicha parquedad, notoria asimismo en el montaje, juega a contrastar con la banda sonora impregnada de los ruidos de disparos y explosiones con el propósito de evitar que el espectador escape del horror que Guerra civil está describiendo. Y es ese el modo para sostener la tensión sin necesidad de extralimitarse en el tono de un relato que mantiene siempre en foco a los dos personajes femeninos, otro rasgo reiterado en la filmografía del director. La impecable faena de Kirsten Dunst como Lee y Cailee Spaeny en el papel de Jessie es uno de los puntales mayores del inmersivo emprendimiento de Garland, sin que ello signifique una desacreditación del trabajo igualmente preciso del resto del elenco, incluyendo el de algunos secundarios que en un par de minutos se roban la atención, tal el caso de Jesse Plemons, sádico, y siempre sonriente, asesino de antagonistas.

A guisa de balance final. Al parecer el esfuerzo demandado inexorablemente por la contención acabó agobiando al director, según llevan a presumir las ridículas escenas de acción y los ingenuos retorcimientos del último cuarto de hora en un relato empañado con un final muy por debajo del nivel precedente. Tampoco Garland pudo sacarle el bulto a la manía en boga de los alargamientos superfluos, sin que los referidos traspiés desvaloricen de manera significativa Guerra civil, realización eventualmente destinada a figurar entre las más atendibles del año en curso.  

Ficha Técnica  

Título Original: Civil War – Dirección: Alex Garland – Guion: Alex Garland – Fotografía: Rob Hardy – Montaje: Jake Roberts – Diseño: Caty Maxey – Arte: Mark Dillon,  Jason Vigdor – Música: Geoff Barrow, Ben Salisbury – Efectos: Frederick Mac Browne, J.D. Schwalm, Brian Shevela, Iva Atanasova, Marcus Duprat, Rares Veteleanu, Sian Rhys Morgan, Richard Hogue, Chad Holmes, Lee Alan McConnell, Brendan McHale – Producción: Elisa Alvares, Gregory Goodman, Andrew Macdonald, Allon Reich, Timo Argillander, Joanne Smith, Kenneth Yu – Intérpretes: Nick Offerman, Kirsten Dunst, Wagner Moura, Jefferson White, Nelson Lee, Evan Lai, Cailee Spaeny, Stephen McKinley Henderson, Vince Pisani, Justin James Boykin,  Jess Matney, Greg Hill, Edmund Donovan,  Tim James, Simeon Freeman – EEUU/2024

Texto: Pedro Susz

Fotos: Internet

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Fotografía contemporánea desde El Alto

El artista responde una entrevista basada en el ‘Bingo del artista contemporáneo boliviano’ de Vicente Mollestad

Por Marisabel Villagómez Álvarez Plata

/ 21 de julio de 2024 / 07:21

Antes de hacer su apología del artista indígena en una discusión sobre la selección de artistas residentes en Gasworks 2024, el boliviano Vicente Mollestad, hace un par de años atrás, lanzaba de manera mucho más lúdica un Bingo del artista contemporáneo boliviano a través de los fanzines publicados por el colectivo de investigación artística “El Alto Aesthetics”. En ese bingo se proponen argumentos que, para este artículo, hemos convertido en preguntas. Este pequeño instrumento que sirve lúdicamente a esta publicación como guía crítica para las apuestas o provocaciones de artistas, también puede ser, lamentablemente, una guía para medir la indigeneidad de hoy. ¿Es así tan lúdico como absurdo el procedimiento de aceptación de nosotros mismos? ¿Tenemos que “mesurarnos” en indigeneidad antes de ser artistas? ¿Quién puede levantar ese nombre, a nombre de quién o de qué cuerpo colectivo? Para entender el razonamiento detrás de semejante propuesta, pasamos a continuación cada una de las casillas del Bingo propuesta al formato de entrevista para adentrarnos en la obra del fotógrafo alteño Santos Miranda, quien inaugura Ande, una exposición de fotografía contemporánea e instalación en la galería comercial Miranda (Avenida 16 de Julio, #78 entre calles Catacora y Álvarez Plata, El Alto) el 27 de julio de 2024.

Aplicación del Bingo del artista contemporáneo boliviano en forma de entrevista a Santa Miranda la exposición Ande:

— ¿Usa cuerpos indígenas en su obra?

— Sí.

— ¿Puede pasar como europeo?

— No.

— ¿Ocupa espacios de artistas indígenas?

— Mi propuesta es entrar a los cholets y galerías de El Alto. Soy citadino y pertenezco a la lógica de la ciudad.

— ¿Está disponible para trabajar con personas/instituciones cuestionables para avanzar en su propia carrera?

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— Sí.

— ¿Se beneficia de la concentración del poder blanco?

— No. Justamente en mi caso la élite que apoya mi espacio no es considerada una élite blanca.

— ¿Su principal ambición es dejar Bolivia o ya vive fuera?

— No, pero sí me gustaría trabajar más fuera.

— ¿Usa la palabra ‘descolonización’ para describir su práctica?

— No, de hecho, yo no me siento colonizado.

— ¿Su trabajo no tiene relevancia para el boliviano común?

— Tiene. Mi trabajo oscila entre la discusión modernista de hombre y paisaje y una figuración del habitar urbano a través del comercio. Creo que añade valor a la posibilidad de la construcción identitaria comercial a través de la foto, si se quiere llamar documental, de ese habitar las galerías, los cholets.

— ¿Se considera pionero y/o sobresaliente a nivel nacional pero sería mediocre a nivel internacional?

— No siento competencia en fotografía porque creo que estamos todavía encontrando propuestas en ese ámbito y no es que hayan maneras muy claras de medir eso.

— ¿Odia a Mamani Mamani?

— No, pero me pregunto cuál es su autoridad.

— ¿No hace nada por la diversidad cultural en la escena artística?

— No.

— ¿Tuvo recursos para estudiar arte en el exterior?

— No.

— ¿Sus principales referencias/ídolos son artistas blancos?

— Mi principal refencia es Gastón Ugalde, de hecho quiero a través de esta exposición hacerle un guiño, pero quizás él tampoco era considerado blanco en todo lugar.

— ¿Su red de artistas y círculo social son blancos/jailones?

— No niego que tengo ciertos privilegios, pero en mi entorno, nadie es estrictamente blanco.

— ¿Se apropia de la estética, del imaginario, del lenguaje, de las ideas de los pueblos indígenas, etc.?

— En esta exposición me apropié de Gastón y, bueno, de su apropiación de lo indígena.

— ¿Ha votado por Carlos Mesa?

— No.

— ¿Su clase es la razón principal por la que se puede dedicar al arte contemporáneo?

— No y sí.

— ¿Reproduce la antropología occidental en su investigación y trabajo?

— Yo parto del poder de la avenida La Paz, eso me permite no victimizarme, aunque suene duro, y así también no me auto-exotizo.

— ¿Se apropia de la lucha de un grupo marginado?

— Sí, en el sentido en que somos supuestos marginados, pero no.

— ¿Su arte se vende a una audiencia primeramente blanca?

— Sí. En Santa Cruz me compran.

A partir de este juego frenomenológico propuesto por Mollestad, quiero hacer dos apuntes sobre la posibilidad de entrar en las galerías y cholets de la ciudad de El Alto, en tanto artistas contemporáneos. Uno, que la arquitectura comercial de esa ciudad nos sirva como metáfora de contención. En este momento en el que nos invanden unas conversaciones de tintes supremacistas, debemos recurrir a esta expresión humana como vehículo transmisor de conocimiento sobre el actuar indígena o el no-indígena boliviano. Al final, la expresión de la arquitectura de cholet tiene ya tres generaciones en las que estamos reflejando categorías “modernas” de pensamiento social “descolonizado” o “post-colonizado” donde nos estamos planteando cuestiones de clase, raza y género; subjetividades, ontologías y agendas emancipatorias en un dominio que es tanto público como privado y que finalmente constituye el dominio de lo político. Permitir que la arquitectura comercial de la ciudad de El Alto contenga múltiples narrativas pictóricas o narrativas políticas aseguran que el microcosmos simbólico que representa (atravesado por la economía popular transnacional de la que hablan Verónica Gago, Alfonso Hinojosa, Nico Tassi y Tara Daly, entre otros) pueda extrapolar estéticas diversas: entradas, protocolos; performatividad y transgresión; miradas y auras. En suma, se pueden recoger y representar dentro de los cholets el juego del deseo y el juego del poder.

Mi segundo apunte sobre la posibilidad de entender la aquitectura comercial como una metáfora de conocimiento. Tanto nos hemos enfocado en el debate de colonialismo, decolonialidad y postcolonialidad que hemos agotado el discurso. Si entendemos que la arquitectura permite la expresión de una “cognición encarnada” podremos permitirnos una transformación en el conocimiento de nosotros mismos y de los paisajes externos a nuestros cuerpos. El punto mediador puede ser la arquitectura comercial de la ciudad de El Alto.

Ambos apuntes que definen esta arquitectura como metáfora de contención y de conocimiento están atravesados por fenómenos transnacionales que son evidentes para cualquiera. Creo que es el momento de que podamos explorarnos desde esta narrativa, más allá de las medidas propuestas por Mollestad.

Perfil

Santos Winston Miranda Ramos nació el 6 de noviembre de 1993 en El Alto. Licenciado en Arquitectura por la Universidad Mayor de San Andrés, es artista y fotógrafo autodidacta. Participó en diferentes exposiciones colectiva y ganó el 3er Premio Internacional de Paisajismo IFLA AMERICAS, 2º Premio Nueva Facultad de Artes UMSA Tiwanaku, Premio Nuevo Palacio de Convenciones de Cochabamba, Premio Plurinacional Eduardo Abaroa (2021), Premio Departamental de Ilustración de La Paz (2021), Premio Concurso Fotografía Friedrich Ebert Stiftung (2023) y Premio Concurso Fotografía Wikimedia Commons (2023).

Texto: Marisabel Villagómez Álvarez Plata

Fotos: Santos Miranda

Bingo: Vicente Mollestad

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Q’aytu: Un hilo que une fuegos, cócteles y sabores

Por Fernando Cervantes

/ 21 de julio de 2024 / 06:17

Crónicas gastronómicas

Apenas uno toma la carta de este restaurante se entera de que la palabra quechua q’aytu significa “lana o hilo”. El concepto de este establecimiento, ubicado en la ciudad maravilla, queda evidenciado en sus primeras líneas: “El hecho de que estés leyendo este párrafo en este momento es el resultado de una única historia, una serie de sucesos improbables, que nos trajo imperativamente a este momento específico, esa es la prueba irrefutable de que todos somos el resultado de un único hilo de continuidad del espacio y tiempo, y que todos somos parte de un mismo tejido y estamos bordados con el mismo Q’aytu”.

Al frente de este emprendimiento se encuentra Pedro Moscoso Cortez, un bartender de amplia experiencia tanto nacional como internacional que también ha sido fundador de ABBAR, la primera asociación de bartenders de Bolivia. Pedro, junto a su pareja y chef ejecutiva del lugar, Kydian Castillo, inauguraron un 14 de febrero de 2023 este espacio que tiene como principal característica una privilegiada vista de la ciudad de La Paz (está ubicado en la calle Modesta Sanjinés, entrando media cuadra de la avenida La Bandera, justo a los pies del mirador de Killi Killi), con un menú creación enfocado en la experiencia y el cuidado de cada detalle.

En su carta podemos encontrar muy buenas creaciones saladas como la Hamburguesa no Vegetariana, a base de hamburguesa de lenteja, cebolla caramelizada, tomate, camote, queso, salsa de la casa y tocino, acompañada con palitos de yuca con queso, una salsa y un topping; el Sangucho de carne, que contiene carne asada salteada con queso mozzarella y abrazada por una marraqueta horneada en mantequilla, acompañada de palitos de yuca con queso, una salsa y un topping. Destaca especialmente la denominada “mejor carne asada de la ciudad”, que contiene 300 gramos de carne de res preparada a cocción lenta durante 36 horas y masajeada con ají de Padilla, k’hoa y sal gruesa; viene acompañada de palitos de yuca con queso, una salsa y un topping. También muy digno de destacar es el Chicharrón en tu Salsa, a base de 300 gramos de panceta de cerdo elaborado a cocción lenta por 36 horas, sofrito y salteado en salsa agridulce o ají colorado de Padilla, acompañado de chuño con queso, una salsa y un topping.

En cuanto a las pizzas, las opciones incluyen la pizza Margarita (con tomate y salsa de albahaca), la pizza de las carnes (con jamón, salame, tocino, chorizo y carne asada) o la estrella de la casa, la Pizza Indecisa, en la que cada una de sus ocho porciones tiene un sabor diferente, lo que permite disfrutar de una pizza con sabor a choripán, sándwich de huevo, charque, chicharrón al ají, chicharrón agridulce, carne asada, hamburguesa y salchipapa.

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A la hora de los dulces, las alternativas son dos: el brownie de la casa, a base de chocolate amargo, quinua y avena acompañado de helado de chirimoya con papaya, tierra de chipilo salado, jalea de airampo con naranja y quinua, o el tiramisú de la casa, con galletas de vainilla infusionadas con un jarabe de café y ron de 12 años con crema de cheesecake infusionada con licor de menta espolvoreada con cacao, chocolate y canela.

Si hablamos de bebidas, Q’aytu tiene una excelente coctelería donde destacan clásicos como el Negroni, a base de gin, vermouth rosso, campari y twist de naranja o creaciones como el Jacha Supay, que lleva singani, quirquiña, pulpa de frutos rojos, jugo de tumbo, jugo de naranja y bitter. También está el té de la abuela, un contundente ponche caliente servido en taza que trae singani, maracuyá, infusión de té negro, anís estrella, clavo de olor, cardamomo, canela y sultana, por citar algunos ejemplos.

Para finalizar, hay que resaltar que Q´aytu tiene un staff sumamente amable y, además, varias estufas a leña que hacen que sus ambientes se mantengan agradablemente cálidos, todo lo cual brinda una placentera experiencia con el marco del majestuoso Illimani de fondo.

Q’aytu

  • Dirección: Calle Modesta Sanjinés N° 1373  
  • ☎ Contacto: 67055993
  • Producto estrella: La Pizza Indecisa
  • Rango de precios: Bs 15 (Tiramisú de la casa) a Bs 90 (Pizza Indecisa)
  • Horarios de atención: Martes a sábado de 17.00 a 22.00.  

Contactenos: Fernando recomienda .Fernandorecomienda . @fernandorecomienda . Correo: [email protected]

Texto: Fernando Cervantes

Fotos: Restaurante Q’aytu

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Mi villano favorito 4

La cinta de animación del estudio Illumination retoma, con un cuestionable resultado, sus exitosos personajes

Por Pedro Susz K.

/ 21 de julio de 2024 / 06:12

La pandemia del caprichoso estiramiento de las sagas sin otro motivo que el de seguir agregando ingresos a las productoras ofrece un nuevo deplorable ejemplo en Mi villano favorito 4 producida por Illumination, otra empresa independiente que al igual que Pixar, dueña de los derechos de Intensamente dio pie al espejismo de que serían las encargadas de sacar al cine comercial fabricado en Hollywood del sopor que muestra hace ya buen tiempo. Y el dato de que Mi villano favorito 4 ya había recaudado en dos días 25 millones de dólares en varios países, antes de su estreno en Estados Unidos donde se calculaba que en dos días ingresaría una suma superior a los 125 millones de la misma moneda permite presagiar, sin temor a equivocarse, que en el horizonte asoman Mi villano favorito 5, 6, 7, y así, cómo se ha hecho usual hasta el infinito y más allá.

El rollo había comenzado a desenvolverse en 2010 con Mi villano favorito a secas, vista por la relativamente modesta cantidad de 580.000 espectadores. Un trienio más adelante, en 2013, Mi villano favorito 2 dio un salto a 2 millones 600 mil entradas vendidas. El engorde continuó el 2015 con Minions, derivación de la misma serie, que trepó a 4 millones 949 mil espectadores, y el engorde continuó sucesivamente con Mi villano favorito 3 en 2017 y Minions. Nace un villano en 2022.

En el interín Gru, el villano de la primera entrega, pasó al bando contrario convirtiéndose en agente de la Liga Anti-villanos comandada por Silas Ramsbottom, aparte de haber formado familia adoptando a Margo, Edith y Agnes, tres adolescentes que, pensaba, le serían útiles en su intento de robar la luna, a las cuales se suman ahora Gru Junior, bebé capaz de provocar sin transición  risas a granel, lo mismo que hartazgos instantáneos del mismo calibre en papá, al cual se parece mucho, con un poco más de pelo, eso sí, y de igual manera entra en escena, más solo a modo de personaje secundario, Lucy. la esposa del exmalo.

En la secuencia introductoria conoceremos al antagonista de ocasión: Maxime Le Mal, un mega bellaco híbrido entre humano y cucaracha, quien compartió algunos años de adolescencia con Gru, al cual odia desde entonces, al punto de haber prometido que acabaría cuanto antes con su vida en complicidad con su refinada novia Valentina.

Inicialmente encerrado en una prisión de máxima seguridad, Le Mal, ayudado por su ejército de cucarachas, consigue fugar redoblando su promesa de liquidar esta vez sin falta a su otrora compañero de internado o escuela para villanos. La huida de su contrincante obliga a Gru y su parentela, más algunos minions, a trasladarse a un vecindario, cambiando de identidad por decisión de la referida Liga Anti-villanos, bajo el supuesto de que el anonimato los pondrá a salvo de todo riesgo, lo cual desde luego adivinamos al tiro que no será cierto.

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Para entonces habrán corrido, a un ritmo narrativo desenfrenado, apenas 10 de los 95 minutos de la duración de la película, invitando a sospechar que de allí en adelante prevalecerán los rellenos, como en realidad acontece. En efecto, todo lo que sigue es una deshilachada acumulación de sucesos y personajes, en muchos momentos puras copias de otras películas de persecución como, entre otras, Terminator 2, 007, Spider-Man o Los 4 Fantásticos. Esas alusiones pretenden ser una irónica tomadura de pelo a los superhéroes que atiborran otras sagas que en el presente compiten en la taquilla con las hechuras de la productora Illumination y si bien a momentos resultan un tanto graciosas, en definitiva ponen en evidencia una notoria falta de originalidad, aparte de solo poder ser descifradas por los adultos, más no por lo espectadores de temprana edad, a quienes apunta Mi villano favorito 4, calculando que, como es obvio, no irán solos a las salas, de modo que, por si acaso y para evitar, sin conseguirlo, que los padres sean víctimas de un aburrimiento casi instantáneo, la trama apela a dichos aderezos.

A medida que el relato avanza, a ratos uno se pregunta si avanza realmente, se van multiplicando las anécdotas inconclusas y los personajes secundarios. Como salida de la nada, aparece una vecina obstinada en cometer alguna fechoría solo para perturbar a sus copetudos progenitores y muy pronto los tres volverán a la nada. Lo propio acontece con otra habitante del lugar que sirve de refugio a Gru y los suyos, a la cual la película le dedica, vaya uno a adivinar con qué objeto, varios minutos mostrando cómo persiste en ingresar a la peluquería errónea. No son menos indescifrables la reaparición de la malhumorada directora de la escuela, las andanzas de unos tejones adictos a la miel y las causas que provocaron el experimento para achicar a un quinteto de minions súbitamente metamorfoseados en una suerte de supermanes en miniatura.

Y hablando de esos pequeños, a menudo graciosos y simpáticos personajes redondos y amarillos de ojos saltones que se comunicaban en un indescifrable lenguaje chillón, al parecer han tomado algunos cursos que les permiten manejarse en un lenguaje convencional, su participación en la historia ha quedado reducida al mínimo, quizás porque han perdido buena parte de la magnética simpatía y el encanto que sus multitudinarios fans menores de diez años disfrutaban a mandíbula batiente. O, con mayor probabilidad porque ellos de igual manera seguirán teniendo el protagonismo en los redundantes episodios que la productora de seguro tiene en el refrigerador en espera de ser horneados y puestos a la venta, entretanto asimismo se les dedican algunos videojuegos, así como proliferan sus réplicas físicas comercializadas en las jugueterías. No falta quién cree posible que pronto hasta circulen supositorios con forma de minions precisamente.

Los coguionistas Mike White y Ken Daurio no parecieran haberse percatado de que no resulta suficiente acumular muchas buenas ideas en el libreto si luego los directores, para el caso Chris Renaud, uno de los creadores de los minions, y Patrick Delage no encuentran, o tal vez ni siquiera pretendieran buscar, la manera de articularlas durante el rodaje, en lugar de solo amontonarlas, haciendo que el resultado final tenga la apariencia de una sucesión de cortometrajes, inconclusos para peor.

Los dibujos mantienen la calidad del original y la banda sonora es uno de los pocos logros de esta rehechura falta de cualquier atisbo innovador que abunda en chistes escasamente risibles y frenéticas secuencias de acción que se suceden a un ritmo de igual manera apresurado al máximo sin que ello consiga empero encubrir cuán deshilvanada es la historia, dado que su forma de avanzar deja en todo momento la impresión de no ir hacia ninguna parte.

Acabada la proyección uno se queda con la duda acerca de dónde encajaban las escenas de las hijas de Gru practicando artes marciales o qué aportaban las de Lucy, la esposa de Gru, empeñada en ganarse la vida como peluquera sin tener ninguna aptitud para el oficio.

En buenas cuentas tales incertidumbres, entre otras, persisten debido al insuficiente desarrollo emocional de los personajes, fácticamente el propio Le Mal es el villano más endeble de la serie, Gru junior semeja un boceto inacabado y a las muchas inconclusas situaciones argumentales o subtramas que parecen simple relleno sin aportar un ápice a la dubitativa coherencia de la historia de Mi villano favorito 4 semejante a un pastiche cuyo principal gancho siguen siendo los minions, en gran medida subutilizados, como si únicamente estuviesen en pantalla insinuando sin disimulo que ya vendrán nuevas entregas tan solo destinadas, como dije antes, a proseguir sumando millones a los ingresos de la empresa productora.

Ficha técnica

Titulo Original: Despicable Me 4 – Dirección: Chris Renaud, Patrick Delage – Guion: Mike White, Ken Daurio – Animación: Pierre-François Duhamel, Alex Angelis, Renaud Buvat, Carter Goodrich, Sergio Lopez, Nicholas Olivieri, Jim Sweeting, Raymond Ross, Nicolas Reimer – Arte:  Scott Cooper, Daniel Fernandez Casas, Gregory Georges – Montaje: Tiffany Hillkurtz – Música: Heitor Pereira – Efectos:  Emmanuelle de Amézaga, Cédric Burkarth, Jérémy Gurdal, Jade Gachet, Pierre Legargeant, Pablo Penchansky, John Hreich, Maxime Poron, Michael Alcover, – Producción: Jean-Luc Florinda, Brett Hoffman, Christopher Meledandri, Helena Muzi Cohen, Sandrine Lagareste – Voces:  Steve Carell, Pierre Coffin, Will Ferrell, Sofía Vergara, Chris Renaud, Dana Gaier, Madison Skyy Polan, Miranda Cosgrove, Kristen Wiig, Steve Coogan, John DiMaggio,  Stephen Colbert, Chloe Fineman, Joey King – EEUU/2024

Texto: Pedro Susz K.

Fotos: Internet

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Las Illas e Ispallas en el Musef

Un libro y una exposición explican estas figuras sagradas de las culturas andinas

/ 21 de julio de 2024 / 06:08

El Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef)  presentará la exposición Illanakan, Ispallanakan Ajayu y el lanzamiento del libro homónimo, el 24 de julio a las 19. 00 en las instalaciones del repositorio, en la calle Ingavi.

Este evento, fruto de años de investigación rigurosa y colaboración interdisciplinaria, ofrece una visión integral del mundo de las illas e ispallas, figuras sagradas de las culturas andinas que simbolizan protección y abundancia. A través de una combinación de estudios etnográficos y arqueológicos, los autores Ireneo Eloy Uturunco Mendoza, Aida Acarapi Cahuana, Byron Silvester Alarcón Romero y Luis Isaac Callizaya Limachi han logrado una obra que no solo documenta estas prácticas ancestrales, sino que también resalta su relevancia en la actualidad.

El proceso de investigación que dio vida a la muestra es un viaje que recorre desde el período prehispánico hasta nuestros días. Los autores han trabajado estrechamente con comunidades locales, participando en ceremonias rituales y recolectando testimonios orales que enriquecen el contenido del libro. Además, la obra está complementada con una colección de fotografías y gráficos que ilustran los objetos culturales y su contexto sociocultural.

La exposición que acompaña el lanzamiento del libro presenta una colección de 70 bienes culturales, cada uno con su propia historia y significado. Esta muestra ofrece al público la oportunidad de interactuar con piezas que han sido fundamentales en las prácticas ceremoniales y la vida cotidiana de las comunidades andinas. La curaduría de la exposición ha sido diseñada para crear un recorrido inmersivo que conecta a los visitantes con las tradiciones y creencias que han perdurado a lo largo del tiempo.

SENTIDOS DE ILLA

En el marco del pensamiento andino, la cualidad de los seres es muy dinámico, principalmente de aquellos vinculados a los fenómenos naturales, como la intervención del rayo o illapa, por ejemplo. A partir de las lenguas puquina, aymara y quechua, la acción del rayo estaría relacionado con todo lo luminoso (la luz, el fuego, lo que brilla), principalmente, mediante su centelleo (relámpago), transfiriendo energías en los seres alcanzados por su resplandor, los cuales serían considerados como illa/illi, cuya esencia animadora determinaría la renovación de los seres.

De acuerdo con Federico Aguiló (1997), históricamente la construcción del sentido y significado de illa, estaría vinculada a la lengua pukina y subsistirá relacionado con lo luminoso, la luz y el fuego. Con estos significados habría pasado a las lenguas aymara y quechua. En tal sentido, su definición abarcaría variados elementos.

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“Illa, illi, illn = Pensamiento. Iluminación de la mente. Hay una clara referencia a la luz y el fuego, a lo que brilla. Lo que está dentro. Algo vacío. Las ‘illas’ son las piedras bezoar, que se sacan del hígado de las llamas y sirven para hechizos y encantamientos de los yatiris… Illapa (rayo, relámpago). Illimani, Illampu (Bol.) Illiniza (Ecuador), nevados andinos son de raíz claramente puquina”, según Aguiló (1997: 262).

En este mismo sentido, Aguiló menciona que, en la lengua aymara, los topónimos en illa e illi, desplegarían varios significados, como brillo, luz, claridad. Henriette Szabó (2008), citando a Aguiló (1988), menciona que el término illa sería de origen puquina y significaría “estrella, luz que parpadea”, también, “peña tocada por el rayo o moneda preciosa”. La autora menciona, también, el uso del término en el norte andino boliviano, es decir la zona Kallawaya, en donde “designa a ciertas especies de ‘plantas’, a veces silvestres, que son consideradas cuidadoras de las especies domésticas, y se llama también ‘estrella’”.

Diferentes tipos de illas

Uno de los conjuntos más destacados en el libro y la exposición son las illas de animales. Estas pequeñas figuras, a menudo elaboradas en piedra o metal, representan llamas, alpacas y otros animales domésticos cruciales para la subsistencia de las comunidades andinas. Utilizadas en rituales de ofrenda, las illas de animales buscan asegurar la protección y la abundancia del ganado. Cada figura no solo es una obra de arte, sino también un testimonio de la profunda conexión entre los pastores andinos y sus rebaños.

Otro grupo de objetos fascinantes son las ispallas de cultivos. Estas representaciones de mazorcas de maíz, papas y otros productos agrícolas, talladas en piedra o madera, son esenciales en los rituales que piden buenas cosechas y la fertilidad de la tierra. Las ispallas destacan la relación simbiótica entre los agricultores andinos y la Pachamama, la Madre Tierra, de la cual dependen para su sustento.

Entre los objetos catalogados, las figuras humanas ceremoniales ocupan un lugar especial. Estas pequeñas estatuillas, usadas en rituales de agradecimiento y peticiones a los espíritus ancestrales, simbolizan la comunicación continua entre los vivos y sus antepasados. Cada figura es una manifestación tangible de la reverencia y el respeto que las comunidades andinas tienen por sus mayores y la sabiduría ancestral.

El lanzamiento del libro y la inauguración de la muestra será en el Musef el 24 de julio.

Amuletos y rituales

El libro también destaca una colección de amuletos y talismanes, pequeños objetos hechos de metales preciosos o piedras semipreciosas que se llevan como protección personal. Estos amuletos, diseñados para atraer buena suerte y salvaguardar la salud y el bienestar, son una prueba de la creencia persistente en las energías y fuerzas espirituales que influyen en la vida diaria.

Durante la feria de Alasita, los objetos ritualísticos en miniatura juegan un papel fundamental. Las miniaturas de bienes materiales como casas, vehículos y dinero, utilizados para pedir prosperidad y éxito en el nuevo año, son representaciones tangibles de los deseos y aspiraciones de las personas. Estas miniaturas capturan la creatividad y la esperanza de las comunidades andinas, reflejando sus sueños y metas para el futuro.

Finalmente, las vasijas ceremoniales, decoradas con motivos simbólicos, destacan en la colección. Estas vasijas, utilizadas para ofrecer chicha y otras bebidas a los dioses y espíritus, son esenciales en las ceremonias andinas. Cada vasija no solo es un recipiente, sino también un medio de conexión con lo divino, subrayando la importancia de las ofrendas líquidas en las prácticas rituales.

Este proyecto ha sido posible gracias al apoyo de la embajada de Suiza en Bolivia, que ha contribuido significativamente en la impresión del libro. Esta colaboración internacional subraya la importancia de la preservación y difusión de las culturas ancestrales y fortalece los lazos culturales entre Bolivia y Suiza.

Texto: Meztly Pacassi

Fotos: Archivo MUSEF

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Bomba Viral combate los discursos de odio y la desinformación

Esta experiencia inmersiva y gamificada creada por la Fundación Muy Waso busca promover la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI)

Por Mitsuko Shimose

/ 21 de julio de 2024 / 06:05

Una puma, un borochi, una capibara y un cóndor forman parte de los Centinelas AMI (Alfabetización Mediática e Informacional) del juego de mesa Bomba Viral, cuya misión principal es evitar la explosión de una “bomba viral” de desinformación y discursos de odio. Los participantes de este juego cooperativo deben formar equipos para acompañar a los centinelas en un recorrido a través de cuatro dimensiones en las que desarrollan distintas habilidades comunicacionales, periodísticas y digitales, explica Michelle Nogales, fundadora CEO y parte de la dirección operativa de la Fundación Muy Waso.

Enfatiza además que este juego, diseñado para personas mayores de 16 años, tiene “el objetivo de fortalecer la forma en la que nos relacionamos y reaccionamos frente a los contenidos y las noticias que nos rodean”.  Sin embargo,  afirma que más allá de todo, la idea es pasar un buen rato, resolviendo misiones en colectivo, discutiendo e intercambiando ideas en un entorno lúdico.

“Desde hace casi dos años, desde Muy Waso, como medio de comunicación y como organización de la sociedad civil, trabajamos en nuevos formatos y nuevas formas de contar historias y noticias, nuevas formas de compartir conocimiento. Nuestra apuesta es por la diversión, por el disfrute y por la imaginación”, señala Nogales.

La búsqueda de conocimiento a través de lo lúdico y recreativo desembocó en la idea del juego Bomba Viral, que nació a partir de esa necesidad de llevar ciertos aprendizajes sobre habilidades informacionales, comunicacionales y digitales, que pueden ser bastante enredadas o teóricas, de una manera sencilla, práctica, atractiva y entretenida.

Ese propósito reunió a un equipo de trabajo comprometido con la creación de Bomba Viral, conformado por Mijail Miranda (diseño conceptual y gamificación), Laura Balderrama – Santa Gata (diseño e ilustración de personajes y escenarios), Salvador Pomar (diseño de packaging, asistente de ilustración y diseño gráfico), Jhoselin Granados (producción general), Michelle Nogales y Mijail Miranda (dirección creativa) y Michelle Nogales (dirección general).

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Nogales enfatiza que el juego pasó por un proceso de diseño, prototipado y testeo continuo, durante alrededor de nueve meses. En noviembre de 2023, el equipo que creó el juego visitó la ciudad de Tarija para poner a prueba los primeros prototipos de esta experiencia. En esa presentación participaron activistas feministas y LGBTIQ+, comunicadoras, periodistas y universitarias. “Este proceso iterativo fue constante y dio como resultado esta primera versión del juego, que es también la que pudimos presentar en el Global Media Forum en Bonn, Alemania”.

Gracias a esto, la fundación logró una sociedad con DW Akademie. Nogales subraya que esta colaboración se debe a que desde 2018 el trabajo de Muy Waso llegó a tener cierta visibilidad a nivel regional. La fundación fue ganadora de diversas convocatorias, fondos y becas, lo que les permitió crear una importante red de colaboraciones y contactos. En todas sus participaciones, la innovación periodística y comunicacional fue una de las exigencias que se impusieron como equipo.

“Creemos que la innovación periodística y comunicacional fue un factor clave, ya que la DW Akademie no solo impulsa el desarrollo de medios en decenas de países en prácticamente todas las regiones del mundo, sino que también contribuye con el desarrollo de ese tipo de innovaciones. Quizás la colaboración era inevitable. Estamos muy contentas con su apoyo y toda la libertad que nos brindan. Durante los próximos meses seguiremos trabajando en un proyecto multidimensional en el que también participa CEPRA”.

Así concluye la experiencia vivencial y lúdica de este juego de mesa educativo, cuyo resultado es un universo narrativo transmedia en el que se entrecruzan talleres presenciales y seguimientos virtuales; un juego en cuyo espacio se fortalecen los conocimientos y habilidades mediáticas, informacionales y digitales para hacerle frente a la desinformación y los discursos de odio.

Texto: Mitsuko Shimose

Fotos: Muy Waso

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