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La derrota de occidente

/ 26 de mayo de 2024 / 06:25

El antropólogo francés Emmanuel Todd, reflexiona sobre la guerra en Ucrania y sus implicaciones.

El Punto Sobre la i

Emmanuel Todd es un historiador, antropólogo, demógrafo, sociólogo y politólogo francés, reconocido por haber predicho el fin de la Unión Soviética. En su obra “La caída final: Ensayo sobre la descomposición de la esfera soviética” (1976), analizó la mortalidad infantil, las tasas de suicidio, la productividad económica y otros indicadores, lo que le llevó a concluir que la situación de la unión rusa pronto culminaría en el colapso.

Recientemente ha publicado La Défaite de l’Occident (Gallimard, 384 páginas, 2024), donde aplica la misma metodología para entender y comparar el estado de las cosas en Rusia, Ucrania y Occidente. Concluye que Rusia tendrá éxito en sus objetivos bélicos y que Occidente se dirige a la derrota, menos debido a la guerra que como resultado de su propia autodestrucción.

Todd sostiene que, en febrero de 2022, cuando Rusia se lanzó a la ofensiva en Ucrania, el país estaba preparado para el conflicto. Primero porque Rusia venía fortaleciendo su capacidad militar y económica, luego de las sanciones por la anexión de Crimea en 2014. Segundo, porque los datos demográficos muestran que contaba con los recursos humanos necesarios, dado que, para 2027, la cantidad de hombres elegibles para el servicio militar se reducirá.

Más aun, Todd toma nota de un indicador particularmente significativo, que es la mortalidad infantil. Rusia registraba un 19 por mil en 2000, lo que bajó 4,4 por mil en 2020. Esto incluso está por debajo de la tasa estadounidense, de 5,4.

En su reciente libro, el autor francés apunta diez sorpresas que ve dejando la guerra en Ucrania, hasta ahora.

“La primera fue el estallido de la propia guerra en Europa, una verdadera guerra entre dos Estados, un acontecimiento sin precedentes para un continente que se creía asentado en una paz perpetua”, sostiene.

La segunda, son los dos adversarios que reúne esta guerra: Estados Unidos y Rusia. Esto, pese a que, durante más de una década, Estados Unidos había designado a China como su principal enemigo.

El antropólogo afirma que la tercera sorpresa fue la intensa resistencia militar de ucraniana, algo que no esperaban los propios rusos. “Ucrania había sido equipada con misiles antitanques Javelin por parte de la OTAN y contaba, desde el comienzo de la guerra, con sistemas de observación y orientación estadounidenses, pero la feroz resistencia de un país en descomposición plantea un problema histórico. Lo que nadie podría haber previsto es que encontraría en la guerra una razón para vivir, una justificación para su propia existencia”.

La cuarta sorpresa fue la resiliencia económica de Rusia. En Occidente se dijo que las sanciones, en particular la exclusión de los bancos rusos del sistema de comercio interbancario Swift, pondrían al país de rodillas. Esto no ocurrió.

“Quinta sorpresa: el colapso de toda la voluntad europea. Europa era inicialmente la pareja franco-alemana que, desde la crisis de 2007-2008, había adquirido ciertamente la apariencia de un matrimonio patriarcal, con una Alemania como un marido dominante que ya no escucha lo que le dice su pareja. Pero incluso bajo la hegemonía alemana, se pensaba que Europa conservaba cierta autonomía. Sin embargo, a pesar de cierta desgana inicial al otro lado del Rin, incluida la vacilación del canciller Olaf Scholz, la Unión Europea abandonó muy rápidamente cualquier deseo de defender sus propios intereses; se ha aislado de su socio energético y (más generalmente) comercial ruso, sancionándose cada vez con más dureza. Alemania aceptó sin vacilar el sabotaje de los gasoductos Nord Stream, que aseguraban en parte su suministro energético… pero también vimos a la Francia de Emmanuel Macron vaporizarse en la escena internacional, mientras Polonia se convertía en el principal agente de Washington en la Unión Europea, reemplazando en este papel al Reino Unido, que había quedado fuera de la Unión gracias al Brexit. En el continente, en general, el eje París-Berlín ha sido sustituido por un eje Londres- Varsovia-Kiev gestionado desde Washington. Esta evanescencia de Europa como actor geopolítico autónomo resulta desconcertante si recordamos que, hace apenas veinte años, la oposición conjunta de Alemania y Francia a la guerra de Irak dio lugar a conferencias de prensa conjuntas del canciller Schröder, el presidente Chirac y el presidente Putin”.

“La sexta sorpresa de la guerra fue el surgimiento del Reino Unido como un misil antirruso y una mosca en el ungüento de la OTAN. Retransmitido por la prensa occidental, su Ministerio de Defensa (MoD) apareció inmediatamente como uno de los comentaristas más entusiastas del conflicto”.

Todd asevera que la séptima sorpresa es que Noruega y Dinamarca se develan como relevos militares muy importantes de los Estados Unidos, mientras que Finlandia y Suecia, al unirse a la OTAN, revelan un nuevo interés por la guerra.

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En criterio del pensador francés, la octava sorpresa y la más sorprendente “provino de Estados Unidos, la potencia militar dominante. Tras un lento aumento, la preocupación se expresó oficialmente en junio de 2023 en numerosos informes y artículos cuya fuente original era el Pentágono: la industria militar estadounidense es deficiente; la superpotencia mundial es incapaz de garantizar el suministro de proyectiles –o cualquier otra cosa– a su protegido ucraniano. Se trata de un fenómeno completamente extraordinario cuando sabemos que en vísperas de la guerra el producto interior bruto (PIB) combinado de Rusia y Bielorrusia representaba el 3,3% del PIB occidental (Estados Unidos, Canadá, Europa, Japón, Corea). Este 3,3% capaz de producir más armas que el mundo occidental plantea un doble problema: por un lado, para el ejército ucraniano que pierde la guerra, por falta de recursos materiales; luego a la ciencia reina de Occidente, la economía política, cuyo carácter –nos atrevemos a decir– falso se revela así al mundo. El concepto de producto interno bruto está obsoleto y ahora debemos reflexionar sobre la relación de la economía política neoliberal con la realidad”.

“Novena sorpresa, la soledad ideológica de Occidente y su desconocimiento de su propio aislamiento. Acostumbrados a decretar los valores que el mundo debe suscribir, los occidentales esperaban, sincera y estúpidamente, que todo el planeta compartiría su indignación contra Rusia. Estaban desilusionados. Una vez superado el primer shock de la guerra, vimos en casi todas partes la aparición de un apoyo cada vez menos discreto a Rusia. Era de esperar que China, designada por los estadounidenses como el próximo adversario de su lista, no apoyara a la OTAN. Sin embargo, cabe señalar que, a ambos lados del Atlántico, los comentaristas, cegados por su narcisismo ideológico, han logrado durante más de un año considerar seriamente que China tal vez no apoye Rusia. La negativa de la India a involucrarse fue aún más decepcionante, sin duda, en última instancia, porque la India es la democracia más grande del mundo, y esto es un poco un desastre para el campo de las ‘democracias liberales’».

“La décima y última sorpresa está a punto de materializarse. Es la derrota de Occidente. Nos sorprenderá tal afirmación cuando la guerra no haya terminado. Pero esta derrota es una certeza porque Occidente se destruye a sí mismo en lugar de ser atacado por Rusia”.

Todd concluye esta parte de su libro indicando que “estamos en la era de la globalización completa, en ambos sentidos de la palabra: máxima y completa. Intentemos tener una visión geopolítica: Rusia, en realidad, no es el principal problema. Demasiado vasto para una población en disminución, sería incapaz de tomar el control del planeta y no tiene ningún deseo de hacerlo; es un poder normal cuya evolución no es misteriosa. Ninguna crisis rusa desestabiliza el equilibrio global. Se trata, en efecto, de una crisis terminal occidental y, más concretamente, estadounidense, que pone en peligro el equilibrio del planeta. Sus oleadas más periféricas chocaron contra un topo de resistencia rusa, contra un Estado- nación clásico y conservador”.

 (*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

La consolidación de las derechas extremas en Europa

Las recientes elecciones parlamentarias significaron un remezón político en Europa. El mundo está cambiando y las viejas certidumbres se van alejando.

Por Pablo Deheza

/ 16 de junio de 2024 / 06:57

El Punto sobre la i

El fin de semana pasado se realizaron las elecciones parlamentarias europeas, donde los partidos de la denominada extrema derecha obtuvieron importantes resultados a su favor. La presencia de estas fuerzas políticas y la tendencia que las sustenta no es nueva, ya vienen gravitando y creciendo desde la primera década del presente siglo. Lo que se ha registrado es su consolidación como actores de primer orden y que disputan con potencia el sentido común dominante.

Tal fue el remezón ocasionado por el avance de estas derechas, que inmediatamente renunció el primer ministro de Bélgica, Alexander de Croo, y el presidente francés, Emmanuel Macron, disolvió el congreso de su país para llamar a elecciones adelantadas en el Legislativo.

También hubo reveses para los partidos centristas en Alemania. El canciller Olaf Scholz vio cómo su Partido Socialdemócrata se vio obligado a ocupar el tercer lugar detrás de Alternativa para Alemania (AfD). En total, los partidos de derecha en Alemania obtuvieron más del 45% de los votos, dejando también las cosas bastante agitadas por esos cielos.

En el panorama más grande, los partidos de extrema derecha consolidaron y ampliaron su influencia en el Parlamento Europeo, aunque no tanto como temían inicialmente los centristas en el poder. Obtuvieron un tercio de los escaños en total, aunque los partidos centristas mantuvieron la mayoría.

Estas derechas no están organizadas en un frente sólido y así, no cohesionadas, su poder se diluye. Muchos de sus representantes, incluidos miembros de AfD)y el partido Fidesz del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, no están hasta ahora afiliados a ninguna de las agrupaciones políticas más amplias en el Parlamento Europeo.

Con todo, si bien el centrismo político todavía se mantiene y resiste en Europa, la pregunta más importante en la coyuntura es si el Partido Popular Europeo (PPE), de centroderecha, el grupo más grande, eventualmente estará dispuesto a abrirse a las derechas más extremas en busca de apoyo político o eventualmente como socios de coalición. Esto es algo que los partidos centristas han rechazado anteriormente, aunque esta dinámica ya es visible en lugares como los Países Bajos. Hacer esto necesariamente implicará conciliar agendas.

DERECHAS

Así las cosas, ¿de qué se tratan estas derechas extremas? Lo primero a tener en cuenta es que estas fuerzas vienen evolucionando desde lo que fueron décadas atrás. “Los partidos de extrema derecha se han vuelto más moderados a lo largo de los años, mientras que los votantes se han radicalizado más.

En sus temas centrales, como la inmigración y la política antisistema, los partidos de extrema derecha son tan radicales como siempre y, según investigaciones, los votantes no confían menos en sus políticos y parlamentos que hace tres décadas, ni están menos satisfechos con el funcionamiento de la democracia y sus actitudes hacia la inmigración se han mantenido relativamente sin cambios. Lo que ha cambiado no son sus ideologías, sino que los partidos y los votantes se han visto empujados a abrazarse unos a otros”, explica Matthijs Rooduijn, politólogo y académico de la universidad de Amsterdam.

Prosigue señalando que “el efecto bola de nieve es una metáfora útil para comprender el creciente éxito de la extrema derecha. Es el resultado de una multitud de acontecimientos políticos, sociales, económicos y culturales que juntos han creado su impulso”.

“La globalización contribuyó al ‘realineamiento’ (nuevos posicionamientos entre votantes y partidos). Aquellos que se beneficiaron de las fronteras abiertas de Europa –los ‘ganadores de la globalización’ altamente educados– contrastaron marcadamente con aquellos que se sintieron amenazados económica y culturalmente por estos cambios. La inmigración se convirtió en un tema clave en las campañas electorales y los debates públicos, atrayendo más atención hacia los partidos de extrema derecha”.

En el fondo, hay una querella económica bastante similar a la que interpreta Donald Trump en Estados Unidos. El planteamiento de estas derechas gira en torno a que, mientras las grandes compañías se han beneficiado y se siguen beneficiando de la globalización, esto se ha producido a costa del debilitamiento de las condiciones económicas y de trabajo en los países de la eurozona.

De esto se desprenden dos elementos fundamentales. Primero, que estas derechas son nacionalistas y apelan a las masas empobrecidas para prosperar políticamente. Segundo, estos nacionalismos son críticos con la forma en que Bruselas está conduciendo las políticas de la Unión Europea. Debido a esto, estas fuerzas son también denominadas euroescépticas.

Más aun, las voces que hablan desde estos grupos, ven la guerra en Ucrania con una mirada distinta a la de los medios dominantes. Critican, por ejemplo, que luego del sabotaje en el gasoducto Nord Stream, el combustible ruso haya dejado de fluir a Europa, afectando negativamente la producción industrial, principalmente en países como Alemania.

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Esto contrasta con la posición de los denominados centristas, a quienes critican por apoyar las narrativas y decisiones que llegan desde Washington, más que a priorizar sus respectivas economías.

Éstos constituyen el gran otro político para las derechas nacionalistas y a los que se refieren como “otanistas”, entre otras cosas.

Cabe aquí recordar que el mensaje central de Trump, de hacer otra vez grande a Estados Unidos, estaba también acompañada de la posición de alejar a su país de guerras al otro lado del mundo. Claramente el expresidente no estaba interesado en una política de expandir la OTAN en Europa del Este, una iniciativa que retomó Joe Biden. Lo que tienen en común el trumpismo con las derechas europeas en cuestión es su apelación a repotenciar las economías locales, más que a ir en una cruzada mundial a favor de una determinada forma de entender la democracia. Es por esto que diversos analistas también se refieren a estas corrientes como iliberales.

No es casual entonces que a los liderazgos más belicistas y orientados a seguir los dictados de Washington les haya ido mal en estas últimas elecciones. Macron ilustra cabalmente el punto.

Entonces, si bien hay mucho de extremo y también de neonazismo en estas derechas, hay además otras cosas y otros elementos que las hacen atractivas para el electorado.

CAMBIOS

Volviendo con el politólogo Rooduijn, él observa que “en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los partidos de extrema derecha todavía estaban fuertemente asociados con el fascismo y el nazismo. Para volverse aceptables, estos partidos tenían que ganar legitimidad democrática. Lo hicieron adoptando el populismo como parte clave de su discurso. El populismo afirma que la voluntad del pueblo debe guiar las decisiones democráticas y que las elites corrompen este proceso. Centrarse en el populismo en lugar del fascismo proporcionó a los partidos de extrema derecha una reputación democrática y les ayudó a ganar legitimidad”.

“Los partidos de extrema derecha también intentaron modernizar su imagen rompiendo vínculos con elementos más extremos. Por ejemplo, en 2011, Marine Le Pen se embarcó en una estrategia de desdemonización para desintoxicar la reputación extremista de su partido. Expulsó a políticos extremistas, denunció el fascismo y el antisemitismo e incluso expulsó del partido a su padre, más extremista. En 2018, el partido Frente Nacional pasó a llamarse Rassemblement National. El objetivo era atraer a más votantes enfatizando que el partido se había convertido en una versión más moderada de sí mismo”.

Pero, ¿realmente se volvieron más moderados estos partidos de derecha? La respuesta no es unívoca. El periodista italiano, Federico Fubini precisa que “algunos de estos partidos apenas han disfrazado agendas racistas, mientras que otros han logrado establecerse una reputación conservadora respetable. Meloni ha sido más favorable a Occidente en su política exterior y aparentemente pragmática en sus asuntos internos del día a día. Su estrategia de moderación ha tenido tanto éxito que Le Pen, en Francia, ahora la está emulando abiertamente. El AfD, por el contrario, ha redoblado su apuesta por el extremismo”.

Si bien es cierto que el declive económico de Europa es el gran contexto para entender la emergencia de estos nacionalismos de derecha, no necesariamente lo explican del todo. La participación europea en el Producto Interno Bruto mundial en 1980 era del 28,6%, incluso por encima de Estados unidos (25,4%). En 2024 la cifra es del 17,3%.

Para peor, hoy hay concflictos bélicos, lo que acelera los cambios y modifica sustancialmente el escenario. “Con la guerra en Ucrania, la agitación en Oriente Medio y la perspectiva del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, se están debilitando los pilares de la estabilidad europea. Al sentir un cambio radical, los votantes están recurriendo a partidos que tradicionalmente no se identifican con el sistema. El temor a que el orden posterior a 1989 se esté desmoronando ha llevado a los votantes a preguntarse ‘¿estamos realmente en el lado correcto de la historia, como nos dijeron? ¿Nos mintieron?’”, reflexiona Fubini.

Añade que “los cambios geopolíticos recientes han erosionado la legitimidad percibida del sistema. El ataque de Rusia a Ucrania dejó en claro que Europa es sólo parcialmente soberana”.

Puestas las cosas en esas coordenadas, se puede entender que estas derechas nacionalistas buscan, de algún modo, volver a imaginar el rol de sus países en un mundo cambiante y crecientemente multipolar; en una suerte de tránsito entre los fantasmas del pasado y las incertidumbres del futuro. Por su lado, el centrismo europeo deriva en la apuesta conservadora por mantenerse en un status quo cada vez más diluido y ajeno. En la defensa del viejo orden de cosas, los liderazgos más tradicionales acaban defendiendo la hegemonía estadounidense, lo que remata justamente a favor de la querella de los nacionalismos de derecha, que hoy pululan y toman asiento en la mesa central del salón europeo.

 (*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

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Usando a Ucrania por 80 años

El autor sostiene que Estados Unidos ha colaborado con extremistas ucranianos desde la Segunda Guerra Mundial para socavar a Rusia, incrementando la inestabilidad en la región.

El conflicto en Ucrania generó una reconfiguración en el comercio mundial.

/ 16 de junio de 2024 / 06:40

Dibujo Libre

Estados Unidos ha llevado a cabo operaciones con extremistas de Ucrania para socavar a Rusia durante casi ocho décadas. Nos ha llevado a las puertas de la aniquilación nuclear. Durante casi 80 años, Estados Unidos ha visto a Ucrania como el escenario de su guerra, alguna vez encubierta y cada vez más abierta, con Rusia.

Después de años de advertencias y de conversaciones desde 2008 sobre la posibilidad de que Ucrania se uniera a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Rusia contraatacó hace dos años. Sin que ninguna de las partes dé marcha atrás, Ucrania se está convirtiendo cada vez más en un punto de inflamación que podría conducir a una guerra nuclear.

Occidente cree que Rusia está mintiendo, pero su doctrina establece que si Rusia siente que su existencia está amenazada podría recurrir a las armas nucleares. En lugar de tomar en serio estas advertencias, la OTAN está abriendo imprudentemente corredores para una guerra terrestre contra Rusia en Ucrania; Francia dice que está formando una coalición de naciones para entrar en la guerra, a pesar de que Rusia dice que Francia o cualquier otra fuerza de la OTAN sería presa fácil.

El otro día, en París, Joe Biden dijo que Rusia quiere conquistar toda Europa pero que ni siquiera puede tomar Kharkiv. Es este tipo de disparates incendiarios, combinados con permitir que Ucrania dispare armas de la OTAN contra territorio ruso, es lo que nos está poniendo en peligro a todos.

El peligro empezó a aumentar hace muchos años, pero ahora está alcanzando su punto culminante.

La relación de Estados Unidos con Ucrania y sus extremistas para socavar a Rusia comenzó después de la Segunda Guerra Mundial. Durante la guerra, unidades de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN-B) participaron en el Holocausto, matando al menos a 100.000 judíos y polacos.

Mykola Lebed, un alto asesor de Stepan Bandera, líder del fascista OUN-B, fue reclutado por la CIA después de la guerra, según un estudio de 2010 de los Archivos Nacionales de Estados Unidos.

Lebed fue el “ministro de Relaciones Exteriores” de un gobierno banderista en el exilio, pero luego rompió con Bandera por actuar como dictador. El Cuerpo de Contrainteligencia del Ejército de Estados Unidos calificó a Bandera de “extremadamente peligroso”, pero dijo que era “considerado el héroe espiritual y nacional de todos los ucranianos…”.

En lugar de Bandera, la CIA estaba interesada en Lebed, a pesar de sus antecedentes fascistas. Lo instalaron en una oficina en la ciudad de Nueva York desde donde dirigió operaciones de sabotaje y propaganda en nombre de la agencia dentro de Ucrania contra la Unión Soviética.

El estudio del gobierno de Estados Unidos dice: “Las operaciones de la CIA con estos ucranianos comenzaron en 1948 bajo el criptónimo CARTEL, que pronto cambió a AERODYNAMIC”.

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Lebed se mudó a Nueva York y adquirió el estatus de residente permanente y luego la ciudadanía estadounidense. Esto lo mantuvo a salvo del asesinato, le permitió hablar con grupos de emigrados ucranianos y regresar a Estados Unidos después de viajes operativos a Europa.

Una vez en Estados Unidos, Lebed fue el principal contacto de la CIA para AERODYNAMIC. Los encargados de la CIA señalaron su “carácter astuto”, sus “relaciones con la Gestapo y el entrenamiento de la Gestapo”, además del hecho de que era “un operador muy despiadado”.

La CIA trabajó con Lebed en operaciones de sabotaje y propaganda nacionalista pro ucraniana dentro de Ucrania hasta la independencia de Ucrania en 1991.

“La relación de Mykola Lebed con la CIA duró toda la Guerra Fría”, dice el estudio. «Si bien la mayoría de las operaciones de la CIA que involucraron a perpetradores de tiempos de guerra fracasaron, las operaciones de Lebed aumentaron la inestabilidad fundamental de la Unión Soviética».

De este modo, Estados Unidos mantuvo vivas encubiertamente las ideas fascistas ucranianas dentro de Ucrania hasta que al menos se lograra la independencia de Ucrania.

Mykola Lebed, jefe de Bandera en tiempos de guerra en Ucrania, murió en 1998.

Está enterrado en Nueva Jersey y sus documentos se encuentran en el Instituto de Investigación Ucraniano de la Universidad de Harvard, según el estudio de los Archivos Nacionales de Estados Unidos.

Sin embargo, la organización sucesora de la OUN-B en Estados Unidos no murió con él. Según IBT, pasó a llamarse Comité del Congreso Ucraniano de América (UCCA).

“A mediados de la década de 1980, el gobierno de Ronald Reagan estaba plagado de miembros de la UCCA. Reagan dio personalmente la bienvenida a Yaroslav Stetsko, el líder banderista que supervisó la masacre de 7.000 judíos en Lviv, en la Casa Blanca en 1983”, informó IBT. “Tras la desaparición del régimen de Viktor Yanukovich (en 2014), la UCCA ayudó a organizar manifestaciones en ciudades de todo Estados Unidos en apoyo de las protestas del EuroMaidan”, informó.

Se trata de un vínculo directo entre el golpe de Maidan de 2014, respaldado por Estados Unidos, contra un gobierno ucraniano elegido democráticamente y el fascismo ucraniano de la era de la Segunda Guerra Mundial.

Desde 2014, Estados Unidos presionó para que se atacara a los rusoparlantes del este de Ucrania que habían rechazado el golpe, y la OTAN comenzó a entrenar y equipar a tropas ucranianas. Combinado con los rumores desde 2008 de que Ucrania se uniría a la OTAN, Rusia reaccionó después de años de advertencias.

Más de dos años después de la intervención de Rusia, con Ucrania claramente perdiendo la guerra, los líderes occidentales harán casi cualquier cosa para salvar su pellejo político, ya que han apostado demasiado por ganar en Ucrania. No los escuches. Necesitan un Occidente que niegue los peligros que enfrentamos.

Como dijo el presidente John F. Kennedy en su discurso de 1963 en la American University: “Sobre todo, al tiempo que defendemos nuestros propios intereses vitales, las potencias nucleares deben evitar esas confrontaciones que llevan al adversario a elegir entre una retirada humillante o una guerra nuclear. Adoptar ese tipo de rumbo en la era nuclear sólo sería prueba de la quiebra de nuestra política, o de un deseo colectivo de muerte para el mundo”.

El mundo puede despertar cuando sea demasiado tarde, cuando los misiles nucleares ya hayan comenzado a volar.

(*)Joe Lauria es periodista estadounidense

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Paraguay y Bolivia, entre desafíos y oportunidades

Una reflexión sobre la necesidad de mirar al futuro para construir mejores días en beneficio de ambos países.

Los presidentes Luis Arce y Santiago Peña

/ 16 de junio de 2024 / 06:33

Dibujo Libre

En el complejo entramado de la geopolítica sudamericana, la relación entre Bolivia y Paraguay emerge como un nodo estratégico con potencialidades significativas, pero también con desafíos cruciales que requieren atención inmediata. Ambos países comparten una larga historia de interacción y cooperación, marcada tanto por alianzas como por disputas que han influido en su desarrollo económico y político.

Desde la asunción del presidente Santiago Peña en Paraguay, el panorama político interno se ha estabilizado, respaldado por una mayoría legislativa sólida y un apoyo popular estable. Este primer año ha estado marcado por políticas económicas orientadas hacia la exportación y la atracción de inversión extranjera, con énfasis en la modernización y la apertura al mercado global. Sin embargo, persisten profundas desigualdades sociales y retos estructurales que limitan el desarrollo inclusivo tan deseado. Es crucial para el actual gobierno que estas políticas aborden las necesidades de las poblaciones más vulnerables para asegurar un respaldo popular sostenible para su gobierno

Uno de los pilares de esta nueva dirección es la proyección internacional de Paraguay, buscando consolidar lazos estratégicos con potencias económicas y políticas clave. Los esfuerzos diplomáticos hacia Estados Unidos, Europa y Asia, así como las relaciones cercanas con países como Taiwán e Israel, destacan como movimientos audaces para fortalecer la posición del vecino país en el escenario global. Estas alianzas no solo la mejorarán en términos de comercio e inversión, sino que también incrementan su influencia diplomática en el ámbito internacional.

En el contexto regional, la relación con Bolivia adquiere una relevancia particular. El libre tránsito en la hidrovía Paraguay-Paraná, junto con temas sensibles como el comercio energético y la seguridad fronteriza, plantean desafíos significativos. Esta vía fluvial es una arteria vital para el comercio de la región con salida al Atlántico, facilitando la exportación de productos y recursos esenciales.

Sobre el tema energético, la reciente alianza entre Javier Milei y Santiago Peña representa un riesgo para Bolivia, ya que busca reconfigurar el mapa gasífero sudamericano, desplazándola como líder en la integración energética. Paraguay avanza en la construcción de un gasoducto que conectará Argentina, Brasil y Paraguay, alimentado por las reservas de Vaca Muerta, lo que amenaza directamente los intereses de Bolivia cuya producción de gas ha disminuido.

Esta alianza no solo representa una amenaza económica, sino una estrategia que podría marginar a Bolivia del flujo principal de gas en Sudamérica, por lo que debe replantear urgentemente su estrategia energética y diplomática, fortalecer convergencias y explorar nuevas colaboraciones para mantener su relevancia en el sector.

La posibilidad de que el gas argentino llegue a Brasil a través del Chaco paraguayo deja a Bolivia en una posición vulnerable. Además, la agenda de integración energética boliviana-paraguaya está paralizada por cambios geopolíticos y la reducción de reservas de gas, lo que evidencia su fragilidad.

El Corredor Ferroviario Bioceánico de Integración, otro punto de interés compartido, se perfila como una oportunidad para potenciar la conectividad y el comercio, aunque su desarrollo enfrenta obstáculos políticos y financieros que requieren un compromiso firme de ambas naciones. Este proyecto podría transformar la infraestructura regional, facilitando el comercio entre el Atlántico y el Pacífico y fomentando el desarrollo económico a lo largo de su ruta.

En el frente económico, el déficit comercial y la dependencia energética exigen estrategias de cooperación y acuerdos bilaterales que promuevan un equilibrio más sostenible en la relación comercial. La creación de marcos legales y acuerdos comerciales claros y justos es crucial para asegurar una relación beneficiosa para ambos países.

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Por otra parte, no podemos obviar los retos. La agenda pública frecuentemente se ve ensombrecida por problemas de seguridad y crimen organizado en la zona fronteriza, así como por desacuerdos puntuales que afectan la estabilidad y la confianza mutua.

La situación del exministro de Defensa de Bolivia, Luis Fernando López, quien ha obtenido el estatus de refugiado en Paraguay y cuyo proceso de extradición está suspendido, plantea serias preguntas sobre la justicia y la protección internacional.

Por otro lado, el informe de la Fiscalía de Paraguay sobre Sebastián Marset, que indica ganancias de $us 433 millones provenientes del narcotráfico con droga de Bolivia, es un golpe a la lucha contra el narcotráfico, requiriendo una respuesta coordinada y decidida.

En este contexto, es esencial que Bolivia y Paraguay fortalezcan sus lazos diplomáticos y económicos, enfocándose en un diálogo constructivo que priorice la cooperación sobre los conflictos. La gestión responsable de los recursos compartidos y la búsqueda de soluciones inclusivas para los desafíos comunes definirán el futuro de esta relación estratégica en la región.

En conclusión, la relación bilateral entre Bolivia y Paraguay está en un punto crucial. Las decisiones tomadas en los próximos años no solo afectarán a ambos países, sino también resonarán en el equilibrio geopolítico de Sudamérica. Es hora de mirar hacia adelante con visión estratégica y determinación compartida para construir un futuro más próspero y seguro para nuestras naciones y la región en su conjunto.

(*)Óscar Capriles Quintanilla es comunicador social

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Desdolarización y multipolaridad

Llegan nuevos tiempos para la economía mundial que se expresan en el desafío a la hegemonía del dólar estadounidense como moneda de reserva.

Por Hugo Siles Núñez del Prado

/ 16 de junio de 2024 / 06:12

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Los cambios, la transición y la reconfiguración histórica del sistema internacional, se manifiestan, como una crisis estructural del capitalismo y una crisis del orden geopolítico internacional. Los cambios en las relaciones de poder en el sistema internacional, nos permiten ver un orden internacional post hegemónico. El entorno internacional unipolar llegó a su fin, constituyéndose en su lugar un mundo de configuración multipolar que permite una mayor gravitación e influjos de los países en vías de desarrollo.

Luego de que muchos creyeron que la globalización podría ser gobernada de manera unilateral y sin reglas -abandonada a las fuerzas del mercado-, la crisis económica, la crisis del cambio climático, la crisis energética, de seguridad alimentaria, y la crisis post pandemia del Covid-19, y la guerra en Europa del Este, aceleran la emergencia de un nuevo orden económico internacional. Es así que el grupo de economías emergentes conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) ampliado, más Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irán y Etiopia, captaron la atención del mundo cuando anunciaron la creación de un sistema económico alternativo que incluye una nueva moneda de reserva.

La atención se volcó sobre este anuncio porque se trata de los países más grandes del mundo, tanto en superficie como en población. Que en conjunto, representan al menos un 32% del PIB mundial. Además, del PIB del grupo estadocentrico BRICS, sus monedas nacionales, representan la mayor amenaza, hasta el momento, para el dominio del dólar estadounidense. Y es que efectivamente, estos países ya superaron a las naciones del G7 (Estados Unidos, Alemania, Japón, Francia, Inglaterra, Italia y Canadá) en PIB. Y por ello, el impulso de la desdolarización mundial ha alcanzado su punto máximo en la medida en que varios países, ya se han rebelado contra el dólar.

Por un lado, China y Rusia firmaron un acuerdo comercial que se desmarca del dólar y se centra en el yuan RMB chino como la principal moneda para el comercio de distintos rubros. A partir de ello, cada vez más países, se embarcan en planes o implementan programas para alcanzar su desdolarización parcial o total. Por ejemplo, Bolivia contempla en la agenda bilateral con China, bajo la iniciativa de la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI, ratificado por la Ley 1170 en nuestro país, como estrategia de integración internacional en el ámbito de la tecnología, la conectividad, la motorización del comercio, el intercambio financiero, y el uso de monedas nacionales, para realizar transacciones comerciales trasfronterizas soberanas. Desde el 2023 ya se realizaron gestiones del Banco Central de Bolivia, con el Banco Popular de China, para fomentar el uso del yuan RMB en la economía boliviana, la apertura de cuentas entre Bancos de ambos países, y finalmente un swap de divisas que otorgue China próximamente, para efectuar operaciones de intercambio de monedas entre países. Lo que permitirá, que, en un futuro, todas las operaciones de intercambio comercial, créditos, inversiones, etc., entre Bolivia y China, se realizaran en yuan RMB y bolivianos.

En este contexto China, impulsa, cada vez más, al yuan RMB, como moneda para los negocios petroleros, como una alternativa al dólar en los mercados de materias primas y debilitando la hegemonía estadounidense. Al respecto, Estados Unidos se auto afectó, cuando impuso sanciones a Rusia, aislando a sus bancos de la Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales (SWIFT) y cortando efectivamente su acceso al sistema financiero internacional.

Con esa acción el gobierno de Estados Unidos envió el mensaje, de que el dólar y la economía estadounidense ya no son tan seguros para los intereses de los países en el mundo.

A partir de este suceso, existe un aumento del comercio internacional con otras monedas. Por ejemplo, India y Rusia ahora pueden comerciar en rupias a través de los bancos de Dubái.

Así que, mientras Estados Unidos esparce temor con más sanciones y pone en riesgo el dominio del dólar, China sigue estableciendo líneas de intercambio comerciales con muchos países e impulsando sus transacciones directas basadas en yuanes, sin necesidad de intermediación en dólares estadounidenses. China también promueve el uso de sus propios sistemas de pago alternativos, como el Interbancario Transfronterizo (CIPS), con el objetivo de proporcionar una alternativa viable al SWIFT para transacciones internacionales.

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Hoy, la realidad de la economía boliviana es que resiste los embates del contexto internacional, convirtiéndose en un ejemplo de estabilidad, que ha puesto la atención del mundo sobre su modelo económico, en un momento en el que Estados Unidos y Europa presentan inflaciones crecientes. Bolivia registró una inflación acumulada del 1,31%, la segunda más baja de la región y una de las más bajas del mundo. Esto permitió que se mantengan los precios de la canasta familiar y que se tenga una economía creciente que supero incluso las proyecciones más optimistas de organismos internacionales, como el Banco Mundial, la CEPAL y el Fondo Monetario Internacional. Por ello, ¿se constituye imprescindible la divisa estadounidense para las finanzas bolivianas y la economía diaria de la población? Por ejemplo, en el sistema financiero boliviano, la “bolivianización” alcanza el 89,9% en depósitos y al 99,3% en créditos. A ello se agrega que la población realiza la compra- venta de productos en moneda nacional. Por lo que el tema del dólar es y ha sido utilizado, para posicionar que existe crisis en Bolivia, pues en economías que no son dolarizadas como la boliviana, no puede existir, ni determinar, una crisis de dólares, en lo absoluto.

La población boliviana no requiere de dólares para vivir, porque literalmente en los mercados y en los comercios, todas las transacciones se realizan en moneda nacional. La sensación de falta de dólares fue instalada por intereses políticos. Y aun para entender la supuesta escasez de dólares, en cualquier país, se explica por el encarecimiento de la divisa estadounidense en el mundo debido a la subida de las tasas de interés, lo que genera una alerta en los Estados que tienen deudas porque tienen que pagar sus acreencias a un mayor costo. Lo que pone en evidencia que, en Bolivia, está en marcha una desestabilización a través del bloqueo de carreteras y otras medidas que ocasionan pérdidas millonarias al país, con muchos interesados interna y externamente, que buscan generar en la consciencia colectiva de la población boliviana la sensación de crisis.

Aun así, el Modelo Económico Social Comunitario Productivo, que lidera el Gobierno del presidente Luis Arce, sigue sorteando la crisis mundial y otorgando estabilidad económica a la población. Así lo reflejo recientemente el primer mandatario, en la histórica visita al presidente Vladimir Putin en Rusia y en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo. El Modelo boliviano demuestra que la divisa estadounidense no es crucial para las transacciones financieras, pudiendo por ello utilizar otras monedas para importar productos del mercado internacional. Por tal motivo, en un mundo multipolar, el sistema monetario internacional de equilibrio debería ser multidivisa.

Finalmente, con más países buscando alternativas al dólar, la moneda estadounidense está perdiendo su estatus de reserva a un ritmo más rápido. El dólar ahora representa alrededor del 58% de las reservas oficiales globales totales, frente al 73% que tenía en 2001 cuando era la reserva hegemónica indiscutible. Por ello la base indiscutible para la construcción de un mundo multipolar, está en la profundización del uso de nuestras propias monedas como medios de pago, para transacciones internacionales y que ya no se permita que un solo país se convierta en un banco central del mundo y que defina la política monetaria mundial. Es así, que el emergente mundo multipolar, se constituye en el escenario fundamental para la puesta en marcha de la desdolarización de las economías.

 (*)Hugo Siles Nuñez del Prado es embajador de Bolivia en China

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Sheinbaum y Morena se imponen en mëxico

La contundente victoria del oficialismo en México significa la continuidad de las transformaciones impulsadas por Andrés Manuel López Obrador. Un diálogo con el antropólogo y analista político Sergio Pascual.

Claudia Sheinbaum, la presidenta electa de México. Foto: AFP

/ 9 de junio de 2024 / 06:57

El Punto sobre la i

La contundente victoria electoral de Claudia Sheinbaum en México, el pasado domingo, refleja el respaldo popular a las reformas y mejoras económicas impulsadas durante el último sexenio presidido por Andrés Manuel López Obrador. Los resultados en la votación ratifican que el actual partido de gobierno goza de un amplio respaldo y marca un antes y un después respecto a las fuerzas políticas tradicionales.

Sheinbaum fue elegida como presidenta con el arrasador apoyo del 59,75% de los votos emitidos. Esto más que dobla la votación favorable a su inmediata seguidora, Xóchitl Gálvez, quien obtuvo un 27,45%. El tercero en carrera, Jorge Álvarez, alcanzó un 10,32%.

Detrás de esta votación hay una larga y riquísima historia. Descomunal, como el propio México. Sheinbaum fue la candidata presentada por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), fundado en octubre de 2011 al impulso de López Obrador.

Gálvez fue la representante de Fuerza y Corazón por México, una coalición electoral formada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Los orígenes de estas organizaciones políticas se remontan a 1929, 1939 y 1989, respectivamente. Nunca va a estar demás recordar el protagonismo y la impronta que dejaron estas fuerzas en la historia mexicana. Con luces, sí, pero a la postre también con enormes sombras. El PRI gobernó por 70 años seguidos, desde 1930 al 2000. En ese tiempo antagonizó con el PAN.

Álvarez se presentó por Movimiento Ciudadano (MC), un partido que se conformó en 1999.

La emergencia de Morena, de un modo u otro, redibujó el campo político mexicano. En 2018, López Obrador llegó a la presidencia con esta sigla y el apoyo del 63,42% de los votos. Claudia Sheinbaum es, a todas luces, un liderazgo propio del partido de gobierno y heredera de la acumulación lograda por el actual presidente.

Para una mayor comprensión del proceso político en el país azteca, por qué pasa lo que está pasando y no otra cosa, conversamos con Sergio Pascual. Él es analista político, acucioso observador, antropólogo, exdiputado en España, miembro del Consejo Ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) y conocedor de la realidad mexicana.

Claudia Sheinbaum celebra tras los resultados de las elecciones generales

¿Cómo llega México a estos últimos resultados electorales y la victoria contundente de Claudia Sheinbaum?

Creo que, en primer lugar, hay que entender que el pueblo mexicano tiene una raigambre republicana muy acentuada en América Latina, más acentuada que la de quizá cualquier otro en la región. Es el único pueblo que hizo una revolución exitosa, como fue la Revolución Mexicana de 1910. Hubo otras experiencias de intentos revolucionarios, pero que han sido frustrados por las élites dominantes, en Perú, en Ecuador, etcétera.

Este pueblo, insisto, venía de alguna manera acumulando unos deseos de cambio desde hace varias décadas. Pensemos que Luis Fernando Colosio estuvo a punto de ser presidente y fue asesinado, frustrándonos el deseo popular de la mayoría mexicana. Hubo un fraude electoral que dejó fuera de juego a Cuauhtémoc Cárdenas, otro de los personajes que se postulaba como un transformador en favor de los pobres. Finalmente, López Obrador emerge como el siguiente personaje que pudiera abanderar ese cambio, esa transformación de México. Además, cuando se habían acentuado los problemas de desigualdad extremos del país tras el periodo neoliberal. Con él pasa también algo parecido a lo que le ocurrió con Cuauhtémoc Cárdenas, donde le roban unas elecciones. Esto provoca es la iniciativa de recorrer el país y acumular esa fuerza social que pedía cambio en una expresión política nueva, que primero fue el PRD y rápidamente se convirtió en Morena, uniendo todas esas demandas populares, toda esa sociedad civil organizada que acumulaba décadas de reclamos, de insatisfacción con gobiernos claramente antipopulares e impopulares, las dos cosas.

Esa es la razón por la cual López de Obrador logra la victoria de 2018, que es una victoria muy amplia, que le permite iniciar unas importantes reformas y transformaciones en México. Aunque no todas las que hubiera querido, porque no logra el dos tercios de las cámaras del Senado y del Congreso. Pero, aun así, fue capaz de emprender un proceso que multiplica las becas escolares, la posibilidad de acceder a la educación universitaria de los mexicanos más pobres, aumenta las pensiones de vejez para la mayoría de los mexicanos, dignifica el trabajo suprimiendo la subcontratación, mantiene los precios de la electricidad cuando en el resto del mundo se estaban disparando. Es decir, una serie de mejoras para la vida de los mexicanos y las mexicanas que claramente han sido refrendadas con la elección del pasado domingo. Ese acumulado y, luego, ese buen hacer de López Obrador durante este sexenio, son los que explican no solamente que se haya revalidado el proceso de la cuarta transformación, sino que se haya ampliado la ventaja que tenía sobre sus opositores.

En 2018, cuando llega López Obrador al poder, el Producto Interno Bruto (PIB) del país era de $us 1,26 billones y en 2023 cierra con $us 1,78 billones. Es un incremento de más del 40%. ¿Qué tanto importan estos resultados en la economía?

López Obrador ha demostrado algo que se viene demostrando en otros países también y que el dogma neoliberal se empeña en refutar sin éxito. Y es que, cuando la clase trabajadora tiene acceso a recursos, incrementa su poder de compra. Algo tan sencillo y tan lógico, que aumenta la demanda interna y eso permite que florezca la economía mexicana. Así que básicamente lo que ha conseguido López Obrador es incorporar al mercado de compra y por lo tanto a la capacidad de demanda, a millones de mexicanos que estaban excluidos de esa posibilidad y que por lo tanto no podían inyectar recursos a la propia economía mexicana. Además, esto se acompaña de un momento en el que, por la geopolítica global, se mira con mejores ojos a América Latina, porque hay un conflicto importante entre Estados Unidos y China. Esto está facilitando lo que se conoce como el nearshoring, que es el retorno de algunas de las empresas norteamericanas que tenían sus cadenas de producción en China a lugares más cercanos al gigante norteamericano, como México y otros lugares de Centroamérica.

Esos dos factores, pero le pongo más peso al primero, han posibilitado este espectacular aumento del PIB. Además, se ha hecho sin aumentar el endeudamiento mexicano, con una lógica que se ha venido a llamar la austeridad republicana, que no se parece en absoluto a la austeridad de los neoliberales. La austeridad de los neoliberales venía de la mano de recortar en sanidad, en educación, en ayudas sociales. La austeridad de López Obrador consiste en recortar en privilegios de los que más tienen. Ese ahorro también ha permitido inyectar más recursos a la economía para emprender obras que hacías décadas que no se emprendían y que han servido para estimular la economía. Obras como el Tren Maya o las refinerías. Esta es el tercer pilar que explica esta bonanza económica.

Varios analistas refieren que el empoderamiento de Morena ha significado también un proceso de polarización. ¿Es así?

Creo que es una trampa esta idea de la polarización. ¿Quieren decir, quiénes hablan de polarización hoy, que no había polarización en México cuando los índices de desigualdad eran extremos? A lo mejor los medios de comunicación no querían señalar ese tipo de polarización, que es el que haya extrema pobreza en un rincón y extrema riqueza en el otro, extrema desigualdad en México. Hoy día en México hay más igualdad que antes y por lo tanto hay menos polarización real y efectiva. ¿Cuál es la polarización a la que ellos se refieren? Bueno, básicamente es a las voces en alza de los sectores que sienten que de alguna manera pudieran estar perdiendo privilegios.

Y es curioso, porque en México realmente no están perdiendo grandes privilegios, dado que no ha habido una reforma fiscal que les haya aumentado los impuestos a los más ricos. Buena parte de los sectores más potentados están ganando más plata que la que ganaban antes. Es una cuestión prácticamente del deseo de ser ellos los que gobiernan, de patrimonialización del Estado. Esas clases poderosas mexicanas no soportan que no sea uno de ellos el que gobierna.

¿Cómo queda la oposición después de una derrota tan profunda?

La oposición tiene varios problemas. El primero está en la propia unidad de partidos que históricamente, al menos, han teatralizado una diferencia como insuperable entre ellos. ¿Cómo es posible, se preguntaban muchos mexicanos, que los del PRI, que se estaban lanzando trastos a la cabeza con los del PAN y viceversa, ahora se junten? ¿Se juntan por qué? Porque en realidad se juntan sólo para intentar alcanzar el poder. No se juntan en favor de los mexicanos. Esa es la primera disonancia cognitiva que les llega a los mexicanos.

La segunda es que tienen una historia absolutamente lamentable de gestión en México. El PRI fue el artífice de los primeros pasos de la neoliberalización en el país. El PAN fue el que lo remató, dando lugar a momentos críticos en términos sociales. Tan críticos, que provocaron revueltas como la de los zapatistas, que casi quiebran el propio Estado mexicano, tal y como lo conocemos. Y han sido partidos extremadamente corruptos, pensemos que están huidos del país, por unas razones o por otras, con más argumentos jurídicos o menos, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto, que andan en España, a buen recaudo para que no caer al alcance de la justicia mexicana.

Esto es algo plenamente reconocido por los mexicanos, que no quieren volver a ese pasado del latrocinio, de gestión en favor de unos pocos. Si además los juntas, es como doblar las tapas. Los peores gobiernos de México se juntan y eso ha amplificado y multiplicado el efecto de rechazo de la gente. Porque piensa que los panistas odiaban a los priistas, y los priistas odiaban a los panistas, y tú le pides a los votantes del PAN que voten por algo donde está el PRI, y a los votantes del PRI que voten por algo donde está el PAN, y a los que ya no eran ni del PRI ni del PAN, pues imagínate, juntos son el doble de malos. Esto ha hundido claramente a la oposición mexicana.

La oposición no le han trasladado a los mexicanos nada más que no les gusta lo que está haciendo Morena, lo cual choca con el hecho de que la mayoría de la gente le gusta lo que está haciendo Morena. Con esto, tienen muchas dificultades para poder salir adelante. En tanto y en cuanto la derecha mexicana, representada por el PRI, por el PAN y por el PRD también, no se regeneren, no encuentren un nuevo horizonte que proponerles a los mexicanos, mientras no incorporen también lo que ha sucedido durante este sexenio y lo que va a suceder en el siguiente, va a ser muy difícil que puedan presentarle cara a Morena honradamente.

¿Cómo se ve el panorama hacia adelante para Claudia Sheinbaum?

Hay un pilar, que es el de la continuidad, que está encima de la mesa. Es la idea de primero los pobres, que enuncia López Obrador. Ahora esto requiere ser ampliado, porque este último sexenio ha servido para dar carta casi de ciudadanía a una buena parte de los mexicanos que estaban excluidos socialmente por la situación de extrema pobreza. Lo que habría que hacer es dar el siguiente salto adelante y mejorar las condiciones laborales muy duras en las que viven muchos de estos mexicanos y mexicanas. Es decir, ahora sí que tendrían que venir las grandes reformas, que sin duda requieren tocar códigos laborales y probablemente reformas fiscales, para que los mexicanos que más tienen aporten más a las arcas públicas y puedan éstas ayudar a redistribuir mejor la riqueza en el país. Esas serían digamos las dos grandes líneas, sobre las cuales ya ha apuntado algunas cosas Claudia Sheinbaum. Es posible que camine en esa en esa dirección, que nos deja de ser de continuidad y profundización de la cuarta transformación.

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Luego hay algunas otras cuestiones que son relativas a el propio modelo de Estado mexicano, en el que se externalizan muchas de las funciones básicas de un Estado, como por ejemplo el suministro eléctrico o el control de un sector de producción vital como es el petrolero. La posibilidad que tiene ahora Sheinbaum con la mayoría de dos tercios en el Congreso y prácticamente con los dos tercios del Senado, le faltan solamente dos senadores para tener la mayoría, que podría negociar con alguno de los partidos más dúctiles de la oposición como es el PRB o el propio MC. Con esas mayorías podría hacer reformas constitucionales que le permitieran ampliar el control estatal sobre el sector eléctrico, sobre Pemex, sanear Pemex.

Además, le permitirían reformar estructuras que se han quedado claramente anquilosadas y burocratizadas, como el sistema de justicia mexicano o el propio Instituto Nacional Electoral.

¿Cómo se interpreta esta elección en el contexto internacional más grande?

Estoy convencido de que América Latina de nuevo está lanzando un soplo de aire fresco al planeta, mientras que en el resto del mundo lo que tenemos son involuciones autoritarias. Las cosas apuntan a que pueda ganar Donald Trump en Estados Unidos, que es claramente un personaje autoritario. En Europa, el auge de la extrema derecha, lo vamos a ver este domingo, que hay elecciones europeas. Van a tener un avance rotundo. Qué decir del autoritarismo en Rusia o en China, con distintas modalidades, pero también, en definitiva, autoritarismo. Frente a todo eso nos encontramos con que los dos grandes gigantes latinoamericanos, Brasil y México, optan por gobiernos de izquierda y por profundizar en sus democracias y hacerlas más populares, si cabe; más amplias, si cabe. Así, creo que en ese contexto hay que leer la victoria de Sheinbaum en México como un soplo de aire fresco que va a animar a muchos en Latinoamérica y a escala global también, porque México no es un país menor, sino que es uno clave en el concierto internacional, por sus recursos, por su centralidad manufacturera, por su irradiación en lo político, etcétera. Así que me parece que es un hito absolutamente clave, junto con la victoria de Lula en Brasil.

No quiero dejar de mencionar al tercer país en dimensiones de América Latina, que es Colombia, que también tiene un gobierno progresista, el de Gustavo Petro. Justo cuando en el resto del planeta pareciera que todo el mundo va en dirección contraria, en dirección involucionista.

 (*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

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