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Guanajuato más alla de la muerte

En las venas del Festival Cervantino.

/ 18 de noviembre de 2012 / 04:00

La explanada del Panteón Municipal, en el centro de la ciudad, está repleta. Era de esperarse. Hay pocos lugares que en estos días no lo están. Me uno a la larga fila de gente que busca comprar un boleto antes de que la taquilla cierre. Nos quedan 30 minutos. Hay dos ventanillas de atención, lo que agiliza las transacciones. Al fin consigo entrar. Enseguida me topo de frente con una serie de cadáveres en un estado de conservación, digamos, aceptable. La ropa con la que algunos de ellos fueron enterrados se distingue con claridad.

Son 111 en total. Los cuerpos momificados de hombres, mujeres y niños parecen observarnos detrás de los repositorios de cristal que los albergan. No siempre fue así: “Eran exhibidos recargados sobre su propio peso, a lo largo del pasillo y sin ninguna protección. La gente caminaba por en medio de ellos.

Muchas personas, al creerlos falsos —de madera o cartón—, les arrancaban pedazos de piel o les ponían cigarros en la boca”, cuenta Alberto Montiel, guía hace siete años del Museo de las Momias de Guanajuato.

Hace calor aquí adentro. Los signos de la decadencia se pueden hasta palpar. Piel deshidratada cubre su sistema óseo. Están vacías por dentro, con el vientre sumido. El paso del tiempo ha terminado por desintegrar su fluidos y órganos internos. Ninguna de ellas es resultado de un proceso previo de embalsamamiento. Son obra de la naturaleza: de la sequedad extrema, de la frialdad, de la alcalinidad y el aislamiento de microorganismos en la región.

Son al mismo tiempo fruto de la pobreza: los cuerpos cuyos nichos no son adquiridos por los familiares en los cinco años posteriores al entierro son exhumados e incorporados a la colección del museo, en caso de estar óptimamente conservados.

Alberto las ve con naturalidad. Son parte de su “chamba”. Ya está familiarizado con el Francés, el cuerpo más viejo (146 años); con la China, de complexión delgada, baja estatura y exhibida en una especie de sarcófago egipcio. Conoce de sobra al Charro, un hacendado que ahora ostenta el título de la momia más alta (1 metro 82). También sabe que la mayoría tuvo una muerte natural, con excepción del hombre ahogado y la mujer obesa que fue enterrada viva pues sus familiares ignoraban sus ataques de catalepsia. Pero aun más impresionantes son las momias de niños y niñas, vestidas de santos o vírgenes, como manda la tradición religiosa en ciertas comunidades rurales. Fotografías en blanco y negro sobre la pared muestran además a padres que posan cargando los cuerpos sin vida de sus hijos.

La fama de estas momias, hay que decirlo, se debe a un enmascarado. Santo, el luchador más famoso del cine mexicano, vivió una de sus aventuras junto a su colega Blue Demon en medio de los muertos que, para el caso, se dedicaban a atacar a cuanto humano respirase por allí.

Yo había llegado a la Central de Autobuses de Guanajuato a las 16.45 de ese sábado con un cronograma de actividades apenas esbozado en una libreta.

El museo ocupaba el primer lugar en la lista. Sabía que cerraba a las 18.30. Para donde miraba, había filas: en la entrada a los baños de la terminal, en las oficinas de las diferentes líneas de autobús y —ya en la calle— en la parada de colectivos que van al centro.

Subí a uno de los micros. Las ventanas me permitieron ver parte de los rasgos de la ciudad: puentes, murallas de piedra y túneles. El bus se detuvo en una de esas vialidades subterráneas. Llegamos, supuse. Unas gradas estrechas me condujeron a la parte de arriba. Me encontré en el centro, a unos pasos del mercado Hidalgo. Las calles estaban invadidas por hombres y mujeres, chicos y grandes, locales y extranjeros. El payaso que brindaba un espectáculo callejero me hizo percibir lo particular de ese momento en la ciudad: el penúltimo día del Festival Internacional Cervantino —uno de los más importantes de su género en el mundo, que este año celebró su 40 aniversario—.

Frente al excine Reforma tomé el bus que me dejó en la calle más próxima al Museo de las Momias de Guanajuato, al cual accedí finalmente tras caminar por un sendero empinado y serpenteado. Desde ese punto, la urbe ofrece un panorama interesante. Las casas en los cerros se asemejan a un montón de piezas de Lego esparcidas al azar. Sin duda el entorno es distinto al de cualquier otra temporada del año: se respira cultura y desenfreno.

Los orígenes del Cervantino están todavía latentes: aquellas jornadas universitarias en la plazuela San Roque, donde allá por 1953 se representaba la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, dieron pie en 1972 a la creación de un evento cultural internacional. Con el paso de los años, el festival se ha erigido también como sinónimo del caos, la “meca de los jóvenes”, diría Ángel Vargas, periodista cultural de La Jornada.

El enmascarado de plata, que estuvo en Bolivia por 1964 causando revuelo entre sus seguidores —imagínense si hoy en día llegase Daniel Craig (James Bond), imagínense el impacto—, tendría actualmente mucho trabajo para luchar contra otros monstruos menos nobles que las momias en el gran país de Cantinflas: el alcohol, el consumo de drogas, el desmadre.

Avatares nocturnos

Me siento en el suelo al ver que las graderías están ocupadas. La noche es joven. Son las 21.00. Estoy en la plazuela San Roque, donde los entremeses cervantinos de mediados del siglo XX dan paso a una mezcla de trova e historia oral. Se trata de otro ítem de mi improvisado cronograma: la presentación de Cuentos del mundo y los Tiempos bacanos. La agrupación, un cronista y dos músicos, se lanza con un programa que incluye relatos de Julio Cortázar, Octavio Paz, Juan Rulfo y Carlos Fuentes. Aquellos más próximos al escenario escuchan con atención las historias; otros, como yo, se sirven de los parlantes, cuyo desempeño no es el mejor. Hay quienes, simplemente, transitan alrededor sin detenerse.

Las calles y pasillos empedrados de Guanajuato, pauta de su arquitectura colonial, rebalsan de transeúntes y vendedores ambulantes. Antes de llegar a la plazuela San Roque, y luego de visitar el museo, recorro varias de esas arterias. En el camino, un sujeto me ofrece un tour nocturno: recorrido a pie por los estrechos pasadizos de la ciudad, el acompañamiento musical de una estudiantina y un porrón —recipiente de aproximadamente 3/4 de litro que posee dos tubos prolongados: uno, fino, por el que sale el líquido y otro, grande, que sirve de agarradero— de tequila (tradicionalmente debería ser de vino). Son las típicas callejoneadas.

En mi deambular previo doy también con la esquina de 28 de Septiembre y Mendizábal, donde está la Alhóndiga de Granaditas, un edificio tipo fortaleza que en tiempos del virreinato funcionó como almacén de granos y que fue tomado por el ejército insurgente durante la lucha independentista en México. En las afueras del ahora museo, una muchedumbre canta y baila al son cubano de una cubanísima Albita pelirroja que, con su particular voz, improvisa rimas con los nombres de algunas urbes mexicanas en un escenario al aire libre.

Son las 22.37. Desisto de ir a un sector denominado “Los Pastitos”, donde está previsto un espectáculo de luces en la calle. El lugar está muy retirado y no deseo apartarme del centro, en el que se concentra el flujo principal de visitantes del Cervantino. Además de las calles, el programa oficial del festival incluye una amplia red de teatros y otros foros que albergan funciones de artes escénicas, recitales, exposiciones y actividades académicas. Los invitados de honor de esta versión son Austria, Polonia, Suiza y —por México— el estado de Sinaloa.

Pero hay algo más. Es algo que desbordaba la agenda oficial, aquella que se funda en la noción de cultura como realización del espíritu humano, como algo estrechamente ligado al desarrollo de las letras, las artes y las ciencias. El Cervantino parece además funcionar como válvula de escape para los cientos de jóvenes y adolescentes que invaden Guanajuato durante las tres semanas.  

—¡El que no brinca es chilango (así se suele llamar a quienes vienen del DF)!—grita un chavo, un chico, que camina junto a un grupo.
—¡Chinga tu madre, nadie te hizo caso! —contesta otro que pasa.

Gente y más gente. Deben ser estudiantes de bachillerato o universitarios, pienso. Parecen no tener rumbo. Llevan en la cabeza pelucas de colores y orejas de conejo del tipo Playboy. El suelo está pegajoso y desprende un fuerte olor a cerveza, aquella que tiene a los minimercados abarrotados de clientes, con filas que se extienden por fuera de ellos, hasta casi llegar a la vereda de enfrente.

El tiempo transcurre veloz, ya es medianoche. La diversión parece concentrarse a lo largo de la avenida Juárez. Un grupo de jóvenes se dispone a montar una improvisada coreografía. Cantan a capela y tratan sin éxito de coordinar los pasos campiranos de No rompas más, éxito del grupo Caballo Dorado. El menú musical es variado. Se escucha el coro de Cielito lindo y, de pronto, la cumbia irrumpe con ayuda de un marimba desde la calle Mendizábal, perpendicular a la avenida.

En alguna parte, Los Fabulosos Cadillacs cantan Vasos vacíos y, cerca, una estudiantina se abre paso a fuerza de coplas sevillanas. Próxima a Juárez, la plaza San Fernando luce rodeada de restaurantes y bares con mesas al aire libre. Un show de mimos compite mano a mano con el trovador que entretiene a los comensales de La Oreja de Van Gogh, cuya oferta esa noche son las micheladas: cerveza, sal, jugo de limón y salsa picante, de litro.

La muchedumbre copa todos los espacios. Apenas puedo apreciar el famoso Callejón del Beso: mide 68 centímetros de ancho y sus balcones están casi pegados el uno al otro, a la distancia de un beso. Se cuenta que dos enamorados, doña Ana y don Carlos, a quienes sus familias les prohibían verse, se citaban a escondidas en los balcones descritos. Al sorprenderlos, el padre de ella la mató ahí mismo. Se dice que las parejas que se dan un beso en el tercer escalón del angosto paraje tendrán garantizados siete años de felicidad.

Los habitantes de la noche

Me abro paso entre la gente. Ya son las dos de la madrugada. Paso por bares, pubs y discotecas. Todos están atestados. A unos metros de la catedral de Guanajuato —aquella que en marzo recibió al papa Benedicto XVI— un grupo de jóvenes espera ingresar a un local del que salen notas de rock en español.

César es de Celaya, municipio del sureste del estado de Guanajuato. No terminó la preparatoria, me dice. Llegó al Cervantino junto con sus amigos de la estudiantina. En ese momento espera en la fila su turno para entrar al baño unisex de un bar ubicado en la terraza de una casa colonial. Ya ha bebido demasiadas cervezas. La actuación le apasiona. Disfruta meterse en un personaje e investigarlo previamente para hacerle justicia en el escenario.

—Iremos a drogarnos a un callejón que está por el Teatro Juárez. ¿Vienes?

—No, gracias —me disculpo.

Casi las 04.00. A esa hora, me habían comentado, el único local abierto es La Dama de las Camelias, un salón de baile frecuentado por periodistas y por artistas internacionales. No quiero averiguar la veracidad de ese dato. Camino por el centro y veo cómo un adolescente besa, por unos cuantos pesos, a toda mujer dispuesta a pagar. Llego a la calle Sopeña, al Teatro Juárez, la sede principal del Cervantino. Me siento en una banca en la plaza Cata, situada al frente. El sitio está tapizado por jóvenes que duermen recostados sobre sus mochilas. Otros, como yo, permanecen despiertos esperando que la luz del día arribe. No transcurre mucho tiempo hasta que, a eso de las 05.30, la Policía local desaloja el centro para que el personal del municipio limpie las calles marcadas por la fenomenal parranda.

Un panorama distinto

Respiro hondo. El aire se siente fresco. La ciudad se ve bien desde acá arriba. Estoy frente a la estatua de cantera rosa levantada en honor de Juan José Martínez, mejor conocido como el Pipila, un minero y héroe de la independencia mexicana que irrumpió en la Alhóndiga de Granaditas en medio de una lluvia de balas, con una antorcha encendida en la mano y una gran losa de piedra en la espalda. La figura está en un mirador a espaldas del Teatro Juárez, al cual se accede por un teleférico o escalando interminables callejones. Yo había escogido la segunda opción.

Son las 09.00 del domingo 21 de octubre. Había dormido unas horas sentado en una silla de la Central de Autobuses —a la que también volví para comprar mi boleto de regreso al Distrito Federal— y retornado al centro a las 08.00. Guanajuato luce diferente. Hay menos gente en la calle y los tonos terracota de sus edificaciones lucen todo su esplendor. Las botellas rotas, los vasos de plástico y otros desperdicios se han esfumado del empedrado.

El Divertimento Clown se apodera de la plazuela San Roque. Con el rostro pintado y una gran nariz roja, Izmir Gallardo toca un acordeón e interactúa con el público: se une a una pareja en un conjunto de música tropical y, más tarde, esquiva con un mandil amarillo a un espectador que hace de toro bravo.

El actor maneja la técnica teatral de los payasos. Lo hace en silencio y con movimientos lentos. La Compañía Clownclusiones, a cargo del show, promueve espectáculos de humor social como I’m mexiclown, sobre la migración de mexicanos a Estados Unidos, y Narclowntraficante, que habla de los niños huérfanos debido al tráfico de drogas.

El sol penetra con fuerza los poros de quienes, sentados en el cemento caliente, esperamos la actuación de BaNdula en la plaza San Fernando. Son más de las 12.00. Con ritmos caribeños y contagiosos, atuendos carnavalescos y canciones dedicadas al medio ambiente, la vida cotidiana y los derechos de la infancia, el grupo enciende al público en cada intervención.  “Hablan mal de él porque hace bien su trabajo”, exclama el argentino Carlos Rivarola, percusionista de la banda, tras pedir un aplauso para la “labor ecológica” del presidente boliviano Evo Morales. Lo hace como antesala a una canción que aborda la preservación de los recursos hídricos del planeta. Así cierra el cronograma que había previsto con escasa anticipación.

La mujer que viaja junto a mí devora una hamburguesa. Son casi las 15.00. Dejo atrás la urbe declarada Patrimonio de la Humanidad en 1988 y una de las citas culturales más relevantes de México y América Latina. La ceremonia de cierre empezará dentro de cinco horas al ritmo de violines y tamboras en homenaje a Sinaloa.

A la terminal seguirán llegando grupos numerosos de personas: entre ellas, amantes de la cultura y, por otro lado, aquellas que buscan demostrarle a la sociedad que están vivas y que con autenticidad representan a la llamada generación del desmadre.

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Junaro, un canto a la voz que nunca se marchará

Excompañeros del grupo de folklore latinoamericano Savia Nueva recuerdan al músico y al ser humano que conocieron

Jaime Junaro, cantautor y guitarrista

Por Iván Paredes

/ 14 de junio de 2021 / 09:23

El 3 de septiembre de 1976 se iniciaba una leyenda: los hermanos Jaime y César Junaro, junto a Carlos López (fallecido el 21 de diciembre de 2019) fundaban Savia Nueva, agrupación dedicada a la nueva canción latinoamericana que marcaría época en Bolivia y el mundo con temas como Mientras estás ausente, Los mineros volveremos o Paloma.

Jaime, cantautor y guitarrista, falleció el 7 de junio a los 72 años debido a un estado de salud muy delicado que arrastraba hace tiempo, agravado por complicaciones con el COVID-19.

El orureño de la voz privilegiada recorrió el mundo como un innovador de la nueva música folklórica de la región. Su música fue la banda sonora de esperanza en una época marcada por la dictadura y con la urgencia de la democracia. Con sus hermanos Emma y César produjo el disco ‘Tu semilla’, en que reunieron sus talentos. Y acompañando a Jaime siempre, como amuleto de la buena suerte, sus zapatos rojos.

La muerte no ha apagado su voz. Ésta persiste en un invaluable legado discográfico y, sobre todo, en la memoria de una generación que creció con ella.

Recuerdos de una persona maravillosa, gran aficionado de los trenes a escala

Hablar de Jaime, el compositor, el maestro, sería tan extenso que faltarían palabras para expresar lo importante que fue su aporte para la cultura de nuestro país.

Es aún más complicado hablar de Jaime como la persona maravillosa que fue: siempre un maestro, un amigo, un compañero y un confidente.

Siempre tenía un chiste o algo nuevo que contar, algo nuevo que cantar; la música y las letras le salían del alma, no necesitaba buscar un momento especial, de repente él cantaba sin nada más que pensarlo.  

Recuerdo con mucho cariño cuando preparábamos un concierto con Savia Nueva en la zona de San Pedro. Por alguna razón coincidimos en llegar a la sala de ensayo algo temprano y, también por casualidad, nos pusimos a conversar y le comenté que estaba buscando un tren a escala para mi hijo. Ahí descubrí que a él le encantaban los trenes a escala y que empezó desde muy joven a quererlos y coleccionarlos. Y comenzamos a soñar con la variedad de cosas que se podía hacer con tan atractivo pasatiempo. Me comentó que cuando estaba en Francia creció su gusto por los trenes y empezó a adquirir algunos modelos, que después trajo a Bolivia, para atesorarlos.

Pero luego de algún tiempo, y por situaciones que no pudo solucionar, estos trenes se perdieron, dejándolo con una gran aflicción.

Entonces hizo una promesa: cuando volviera a Francia adquiriría nuevamente estos trenes y luego mi hijo podría disfrutar de éstos. Eso lo tengo en mi mente y corazón, este gran gesto de empatía hacia mi hijo y mi persona.

Realmente admiro al gran compositor y músico, pero aún más a la persona, al amigo, al maestro. ¡Gracias Jaime Junaro por todo lo vivido!

(Freddy Candia – charanguista)

Foto: Carlos Fiengo

La potencia de una voz presente desde la infancia

Son alrededor de diez años que llevo haciendo música como parte de la agrupación Savia Nueva por invitación del maestro César Junaro.

En ese tiempo he tocado junto a grandes músicos como Verónica Guardia, Andy Burnett, Freddy Mendizábal, Estanly Marin, René Alinas, Benjo Chambi y muchos otros músicos más.

Pero conocer a Jaime fue, en su  momento, uno de los grandes sueños de mi vida.

Desde niño recuerdo que en casa sonaba música de Savia Nueva. Siempre. Por lo tanto, las letras y las melodías de sus canciones estaban ya en mi memoria.

Yo siempre me preguntaba cómo era esa persona con esa voz tan bella y me emocionaba con ‘La niña de Guatemala’, ‘Los caballitos del río’, ‘Paloma’ y tantas otras canciones del grupo, así que cuando lo conocí en persona —yo tendría 13 años— fue impresionante ver a ese ser humano enorme, sonriente, cariñoso y, sobre todo, sencillo.

Ya años después, cuando llegó el momento del primer concierto con Savia Nueva, los nervios me invadían en varios de los temas y no contuve las lágrimas de la emoción al estar en escenario junto a esos ídolos con los que siempre quise estar.

Era impresionante la energía que desbordaba Jaime y el cómo levantaba al público no tenía igual.

La potencia de su voz resonaba en cada rincón del teatro.

Querido Jaime, siempre te tendré en el corazón junto con tus canciones.

(Roberto Morales saxofonista, flautista, vientos andinos)

Foto: Carlos Fiengo

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Ubaldo Nallar: La pasión por la vida fue su escenario

Amigos y colegas se despiden del actor, gestor cultural, director y dramaturgo, fallecido el 7 de junio por coronavirus

ESPACIO.En 2005 Nallar fundó el Café Lorca en Santa Cruz, refugio de artistas, epicentro cultural y centro gastronómico

/ 14 de junio de 2021 / 09:17

En 2005 los sueños de una sola persona, pero capaz de guardar muchos perfiles —gestor cultural, artista, dramaturgo, actor y director, amigo, anfitrión, maestro, entre otros—  se reunían en un solo lugar de la ciudad cruceña: Café Lorca. Sin embargo, estos proyectos se fueron gestando durante  toda una vida marcada por el arte.

Desde joven, Ubaldo Nallar (1978-2021) relució su afición por el teatro. Como actor integró los elencos: Casateatro (19961999) y La Gruta de Macondo (19982000). Estuvo del otro lado del escenario, como director, junto a Panicum-Teatro, fundado por él en 1998. Desde tragedias griegas, hasta el teatro de lo absurdo, Nallar gestó representaciones del teatro universal en el país. En 2013 fundó la compañía Otero Moreno Teatro, nombre que dedicó a los escritores bolivianos y supo homenajear en vida. Fue figura central del Fitaz (Festival Internacional de Teatro de La Paz) durante muchos años, desde 2002 hasta 2016, dirigiendo importantes representaciones. Trabajó con la compañía Santa Cruz Shakespeare Company.

Café Lorca resumió una parte de su vida y de su intención que sobrepasaba lo personal e íntimo: dar cabida a otros artistas, a otras artes y regalar cultura. El espacio, que dirigió por más de una década, se convirtió en un café, un restaurante, una sala de conciertos, un teatro, también una carpa de circo, un espacio familiar y muchas veces una galería de arte. Se convirtió en uno de sus tantos legados.

El imposible mutis por el foro de Ubaldo Nallar

Mis muertos nunca se van, o si lo hacen tardan mucho. Siguen viviendo a mi lado como fantasmas, aparecen sin avisar a cualquier hora del día, unas veces me hacen reír (¿Recuerdas amigo aquella vez que robé un jamón asado de la boda de otro amigo y hui con él debajo del brazo a las 7 de la mañana de un domingo embutido en un traje blanco?) y otras llorar (Me regalaste toda tu vajilla con pequeñas fallas y me es imposible comer, hacerme un té o tomar una cerveza sin acordarme de vos). Y todos sabemos, incluso tú, amigo, que tu fantasma es “rompebolas”, perfeccionista, sarcástico, amable… el peor fantasma para tratar de librarse de él. Tu fantasma es más grande que tu cuerpo, tu leyenda del “vampiro inmortal” era cierta, pero no de la forma que todos esperaban.

Si me pudieras hablar me dirías que por qué un obituario tan largo, y yo te diría que mi enfermedad es la verborrea y que se contagia por vía textual. Y nos reiríamos a mandíbula batiente. Pero esta pena, la de ahora, la que no está reposada, la cruda, me mata de llanto y de risa al mismo tiempo. No me deja saber cuánto tiempo seguiré por las calles, por los objetos, por lo escenarios, tropezando con tu fantasma terco, imprescindible, incansable.

Quisiste hacer un “mutis por el foro”, irte de forma discreta, sin llamar la atención, pero no te salió bien esta vez, querido amigo, todos pudimos ver cómo te ocultabas por última vez tras el telón de fondo y solamente pudimos deshacernos en aplausos. (Marcos Vecin, actor)

La compañía que seguirá sus pasos

“Ha y almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como una ventana llena de sol”, escribió Federico García Lorca. Esta frase de este poeta y dramaturgo a quien tanto admiraba Ubaldo, lo describe a la perfección. Era luz pura, que encantaba y atraía a cada ser que pasaba cerca suyo, muchos que solo iban de paso y otros para quedarse a su lado, pero siempre que compartieras con él sentirías la calidez y alegría de un náufrago que vislumbra un faro y llega a su hogar. Así fue conmigo. En 2015 vine a Bolivia con el elenco en el que formaba parte en Uruguay. Recuerdo que entre copas en la fiesta del festival conversamos sobre realizar intercambios internacionales y trabajar juntos.

Meses después volví a Santa Cruz. Ubaldo se convirtió en mi socio, director, hermano, amigo, familia, padrino de boda, en parte de mí. Me dio un hogar y sueño común como es Otero Moreno y Santa Cruz Shakespeare Company y la familia que se conformó con los artistas de las compañías. Pero la pasión y dedicación de Ubaldo por el teatro existen desde mucho antes de que lo conociera: su importante carrera teatral, el amor por su familia, la oficina de su casa y su biblioteca, su jardín de ensueño que parecía jardín de hadas sacado de “Sueño de una noche de verano” y tanto más por decir.

Ubaldo está vivo en su teatro, en sus obras, en sus textos, en  sus espectadores. Y sobre todo en nosotros, su elenco y su amada compañía, que sabrá mantener su legado. (Diego Cowks, teatrista)

Ubaldo: amigo y conector de almas

Entre las tantas conversaciones que tuvimos juntos, lo que más me impresionaba de Ubaldo era su constante motor por vivir la vida hacia adelante, de no mirar hacia atrás, de ser emprendedor, con su negocio, su teatro, su dramaturgia, con sus amistades, su familia y sus relaciones. Y sonreía.

Era implacablemente honesto. Quizás por eso se convirtió en el confidente de muchos. Era generoso porque te compartía sus historias, sus problemas, sus miedos y también te escuchaba. En un instante, te hacía parte de él, de su mundo. Te hacía creer en la amistad. Y sonreía.

Si era al degustar un delicioso plato que se había ideado, al tomar una ginebra con tónica, o una cerveza, al desmontar una obra de teatro, al terminar un ensayo, o simplemente sentado en su patio mientras escuchábamos el viento azotar las hojas de los árboles, nuestras charlas constantemente terminaban en temas íntimos: sueños, logros, preocupaciones. ¿Qué más se puede pedir de un amigo? Y entonces, como buen amigo que era, él trataba de orquestar tu vida, para bien, claro. Y sonreía.

Lo conocí hace poco más de seis años. En la primera charla que tuvimos me dijo: “Fer, quiero plantar una hilera de árboles desde mi casa hasta mi local de trabajo, de esta forma habrá sombra en mi camino, y en el de muchos”. Y sonreía.

Que nos ilumine desde donde esté. Nos toca hacer la sombra a nosotros, como aquellos árboles. (Fernando Arze, actor y director)

Soñar una noche de verano

Ubaldo, vos y yo sabemos que, tanto en narrativa como en dramaturgia, alguien puede morir en una línea y reaparecer en la siguiente página. Voy a contar una historia que se siente como un sueño, aquella de telones que es tu vida, y escribo “es” porque a los seres humanos como vos nunca se les corta el diálogo; son lo que conocemos como protagonistas. Escribiré primero que pasas horas de tus días cuidando plantas y árboles, que sabes nombres, cualidades y las exigencias de cada especie: eres un artesano fino de la vida. Así también nutres tu hermosísima biblioteca, una de lector ávido y clásico. De la misma forma operas en la comida y la bebida, motivación para despertar.

¿Qué más escribo? Que en todo buscas la belleza absoluta. En la luz con la que iluminas el escenario y a la gente que coleccionas para trabajar tus sueños de verano. Tus relaciones también las pones bajo la luz más encantadora, observas a cada persona, recuerdas sus particularidades y así todas nos sentimos especiales bajo tu mirada, que nunca es complaciente ni zalamera. Eres firme y honesto como pocos, pero sabes que serlo no significa ser grosero. Eres el imán más elegante que atrae y aloja solitarios y extraviados.

Es imposible el trabajo de esta escritora cuando el protagonista hizo tanto, entonces te conviertes también en la historia, el clímax, el contexto, que se ubicará en el centro de una ciudad calurosa, en la esquina frente a la Catedral, donde pasa la fiesta, la discusión intelectual, el arte. Donde se refugian y se presentan los artistas, porque el escenario es pequeño pero gigante como el corazón del perfecto anfitrión: vos.  (Paola Senseve, poeta)

Fotos: Julio González y Archivo La Razón

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TRECE COSAS que no sabías del club The Strongest (y nunca te habías atrevido a preguntar)

El monumental libro del historiador/arquitecto Iván Aguilar Murguía ‘Rugido centenario: Historia de The Strongest Football Club’ tiene fotografías inéditas y datos desconocidos de la historia del club.

Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar

/ 14 de junio de 2021 / 09:13

Uno: los dos primeros legionarios.Los dos primeros futbolistas en jugar en el extranjero fueron stronguistas. El primero fue Eduardo Chato Reyes Ortiz, que compitió en Chile e Inglaterra (en Tradesman F.C. y en Trinity Rangers F.C.). Don Eduardo tuvo el privilegio de ser el autor del primer gol anotado en el estadio Hernando Siles, en enero de 1930. El segundo “player” en demostrar su fútbol allende nuestras fronteras fue miembro del cuerpo diplomático boliviano. Su nombre, Humberto Montes; su destino, Bogotá; su equipo, el Gun Club/Sport Colombia. Montes jugaba de “centre forward” —delantero centro— y lo fue todo en The Strongest: hincha, goleador, presidente (en cinco ocasiones) y director técnico. Fue bajo la presidencia de don Humberto que el club —en mayo de 1922— pasó de llamarse The Strongest Football Club (F.C.) a simplemente The Strongest. El arquitecto Aguilar sostiene en su libro póstumo que esa medida fue antiestatutaria, pues la decisión se tomó en una reunión ordinaria y no en una asamblea general de socios. A esta condición de Tigre de exportación hay que sumar al tercer y cuarto boliviano que jugaron para clubes extranjeros: los también stronguistas Vicente Arraya (Atlanta de Buenos Aires) y Alberto Achá (club mexicano San Sebastián del Oro).

Dos: el primer grito de guerra en aymara fue en la Capital.El mítico “Huarikasaya, kalatakaya” fue idea de un periodista. Su nombre, Francisco Villarejos; su chapa, Pancho. Don Francisco era el presidente de la Asociación de Periodistas de La Paz y un insigne aymarista en una década, los años 30, donde el indigenismo hacía furor en las clases intelectuales del país con pintores como Cecilio Guzmán de Rojas y David Crespo Gastelú, entre otros. La primera ciudad que escuchó el grito no fue La Paz sino Sucre. Fue un 25 de mayo de 1931 con motivo de la visita stronguista a la Capital por sus fiestas, donde se disputó un cuadrangular para asentar la hermandad con el club gualdinegro sucrense, el mítico Junín. En esa década y la posterior, 30 y 40, los jugadores al mando de su capitán Gerardo El IndioPeláez —nacido en Chayapampa y “centre half” del equipo y la selección— acostumbraban a hablar en aymara en la cancha.

Tres: el arquero de la valla invicta era pianista. Don José Bascón ha pasado a la historia del fútbol boliviano por ser el primer/último “goalkeeper” en ganar un campeonato sin encajar un solo gol. Fue en 1930, un año inolvidable. Bascón acostumbraba a tocar el piano en el Hotel Torino junto a su orquesta. Lo hacía hasta que la hora —las dos de la tarde— indicaba la marcha hacia Miraflores. Con las manos delicadas de pianista, don José atajaba toda pelota que llegaba por sus alrededores.

Cuatro: la primera hinchada organizada de Bolivia.Su nombre, la Murga Stronguista. El motivo, alentar a los jugadores en los primeros clásicos contra el club Bolívar. Cuando se iba a jugar el “match” número 10 entre ambos rivales (marzo de 1931, el primero fue en 1927 y acabó cero a cero), los hinchas gualdinegros se agruparon para disfrazarse de oro y negro con una “S” gigante alrededor de una murga con instrumentos de verdad y otros de cartón. La Murga no solo animaba sino que arrancaba sonrisas y simpatías en su caminata por el centro de la ciudad hacia el Gran Stadium La Paz.

Cinco: el stadium gualdinegro de Tembladerani. En 1945 el gobierno donó dos extensos terrenos en Tembladerani para los dos clubes más importantes de la urbe. En Bolivia, por aquel entonces solo el decano, Oruro Royal, contaba con cancha propia. Uno de los barones del estaño, Víctor Manuel Aramayo, hincha stronguista y a la sazón presidente honorario del club, donó 100.000 bolivianos y el estadio gualdinegro en “territorio comanche” se hizo realidad. Tres años después, un turbión que bajó desde Pasankeri y El Alto borró del mapa el stadium atigrado de Tembladerani. La Alcaldía, a modo de compensación, ofreció al club otros terrenos en Alto Obrajes que al final fueron canjeados por otros en Achumani. El sueño de la cancha propia iba a hacerse realidad 40 años después, en 1986 en la zona Sur de la ciudad.

Seis: miles de cartas al Chaco. Durante la Guerra del Chaco, el Tigre organizó innumerab l e s actividades de apoyo a los soldados stronguistas de las cañadas y los fortines. Una de ellas fue la “Correspondencia del Soldado”. Bajo la dirección del dirigente Manuel Benito Sagárnaga —uno de los primeros directores del Conservatorio Nacional de Música—, el club mandó miles de misivas desde La Paz, no solo a las posiciones de combate sino a la propia capital paraguaya donde había prisioneros gualdinegros, como los capturados al inicio de la guerra en Fortín Boquerón. Todas las cartas llevaban el sello del club The Strongest. La “Correspondencia del Soldado” nació en febrero de 1933, cinco meses antes de la fundación de Radio Illimani, otro nexo de unión entre las ciudades/pueblos y el lejano campo de batalla. A los familiares que no contaban con papel, esquelas del club, certificados y solicitudes al Estado Mayor, el club se los proporcionaba de manera gratuita.

Siete: del Tonguito al Chupa. El club siempre ha contado con hinchas apasionados, desde sus inicios hasta la actualidad. Varios de ellos se destacaron como “hinchas número uno”. El primero fue Tonguito (década del 10 y del 20 del siglo pasado) seguido por José Negro Fernández (vestía en los años 40 chompa amarilla y negra a cuadros y alentaba con megáfono: falleció el 18 de mayo de 1970) y RocotoMárquez hasta llegar a Humberto ChinoRiveros y su sobrino, el inolvidable Raúl ChupaRiveros.

Ocho: las vicuñas del arriero David Guardia. Pasada la Guerra del Chaco, The Strongest arrancó con una tradición que iba a perdurar durante décadas: la entrada al “field” con una vicuña, considerada un símbolo de buen augurio. Durante más de 20 años, las vicuñas eran adornadas por la tienda “Bueno, bonito y barato” de don Gastón Velasco. Su más popular arriero fue don David Guardia, que tenía cuatro vicuñas siempre a disposición del gualdinegro.

Nueve: la chapa de Tigre fue inventada por un rival. ¿Por qué al club The Strongest le dicen Tigre? Por nuestros colores. Pero, ¿quién fue el primero en llamarlo así? Fue don Max de la Vega, el histórico fundador/presidente de la Asociación de Fútbol de La Paz, allá por 1914. De la Vega fue el máximo impulsor del primer clásico rival del gualdinegro: Nimbles Sport Association. Con motivo del aniversario XXXIII en 1941, don Max tomó la palabra en los festejos del 8 de abril de aquel año y dijo: “¡Yo les llamo Tigres! porque lleváis en la piel los colores máximos del club, que en las sombras densas han recibido el beso del sol para que con sus rayos luminosos puedan hacer de la penumbra el emblema gualdinegro. ¡Yo les llamo Tigres! porque en los campos de la lid, vuestra garra y tesón me recuerdan al tigre feroz. ¡Yo les llamo Tigres! porque cuando el score os es adverso, lucháis, cual tigre herido, para reconquistar el laurel”. Cuando Nimbles desapareció, don Max pasó a ser hincha y formar parte de la dirigencia stronguista. Murió en Cochabamba el 21 de julio de 1967.

Diez: el otro accidente. Viloco está en el corazón de todos los stronguistas pero en la década anterior a aquel accidente aéreo fatal, los años 50, el club también perdió a jugadores por un trágico accidente al regresar de Cochabamba en un automóvil Mercury. Ocurrió en enero de 1953 y fallecieron arrollados por un tren tres “players”: Ezequiel Calderón, Alberto El CholoRamírez y el paraguayo Eusebio Martínez. El arquero Raúl Reynoso, el kinesiólogo Alberto Molina, el chofer Gerardo Maida, un amigo del grupo Luis Ramírez y el pequeño de 10 años Eloy Stemberg salvaron la vida, pudiéndose escapar de las vías del ferrocarril donde el auto había quedado trancado. Los tres atigrados fueron velados en el estadio Hernando Siles y enterrados en el Cementerio General de La Paz.

Once: el primer Cóndor de los Andes. El club gualdinegro fue la primera institución deportiva en recibir el Cóndor de los Andes. Fue con motivo de los 50 años del club en 1958, en sus Bodas de Oro. El presidente de Bolivia, doctor Hernán Siles Suazo, fue el encargado de colocar la distinción. En aquel año, el Tigre también recibió el “Cordón de Oro”, el máximo galardón de la Federación Boliviana de Fútbol a cargo de su presidente, coronel Luis Saavedra Camacho.

Doce: el presidente vasco que abogó por Bolívar. Uno de los más grandes patriarcas atigrados fue el vasco José Luis de Aranguren y Núñez. Nacido en Bilbao el 5 de octubre de 1904, llegó a Bolivia en 1943 como experto en peritaje mercantil. De ideología franquista — fue militante de la Falange— se desempeñó como cónsul de España en nuestro país durante 20 años (1953-72). También colaboró por sus creencias católicas con el periódico El Diario y Radio Fides. El Vasco, como era conocido en La Paz, fue durante 30 años dirigente stronguista y presidió el club durante cuatro mandatos diferentes: 1947-50, 1952-56, 1958-59 en las Bodas de Oro y 1964-65. Precisamente aquel año, 1964, The Strongest salió campeón y descendió su rival, club Bolívar. En una entrevista publicada en el periódico Última Hora a finales de aquel año, Aranguren se opuso al descenso celeste a la B. “Sus argumentos rayaron dentro de una caballerosidad sin par, digna de todo stronguista, cosa no vista hasta los tiempos que corren. Con una propuesta imaginativa, Aranguren pidió que no haya descensos para que suba el campeón de la segunda división y al año, 1965, desciendan dos equipos”, dice don doceIván Aguilar en su libro. El Vascotambién fue el (decimotercer) presidente de la Federación Boliviana de Fútbol (1969). “La figura de José Luis de Aranguren refleja el amor puro y verdadero de un no paceño hacia el pueblo paceño. Se transformó el Vascoen uno de los stronguistas más memorables, cubierto hoy por el polvo del olvido”, añade don Iván Aguilar Murguía, también de ascendencia vasca. Tuvo dos hijos de su primer matrimonio de nombres José María y Alfredo; en su segundo matrimonio tuvo cuatro hijas de nombres Regina, Pilar, Begoña y Milagros; y cuatro hijos en su tercer matrimonio, de nombres José Luis, Ana María, Juan Carlos y Amparo. Don José Luis falleció en La Paz el 13 de abril de 1972.

Y trece: la primera mujer en formar parte de una dirigencia deportiva fue la stronguista Hortensia Taboada.Fue secretaria de actas en 1941 bajo la presidencia del periodista Gustavo Otero.

El libro Rugido centenario: Historia de The Strongest Football Clubde Iván Aguilar Murguía tiene un costo de 250 bolivianos (tapa dura) y 180 bolivianos (tapa normal). Se puede adquirir en la Biblioteca del Fútbol de Iván Aguilar, ubicada en la calle Indaburo y Junín 1089, a una cuadra de la plaza Murillo, o en el Edificio 4660, entre la calle cero y uno del barrio de Obrajes, sobre la avenida Ormachea.

LA GRÁFICA

El monumental libro delhistoriador/arquitecto Iván Aguilar. Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

AUTOR. El historiador y arquitecto Iván Aguilar Murguía es el autor del libro ‘Rugido centenario: Historia de The Strongest Football Club’. El texto tiene 570 páginas. Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

La vicuña, presente en la entrega del Cóndor de los Andes (1958). Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

José Bascón, el pianista arquero. Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

El equipo en 1913. Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

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DÉCIMA VEZ

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima

Por El Papirri

/ 14 de junio de 2021 / 09:02

CH’ENKO TOTAL

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima, porque cada vez que la explicaban musicólogos, compositores o poetas, la explicación parecía cantinflesca, me cansaba y me decía: “menos mal que no existe este jeroglífico en la canción boliviana”. Dicen los que saben que la décima nació en España en el siglo de oro y se extendió a nuestras tierras, desapareciendo en España y renaciendo de manera intercultural en Latinoamérica. Hay una gran tradición en la potente décima cubana, los payadores argentinos parece que levitan cuando de pronto empiezan a improvisar en décima, los cantores populares chilenos improvisan décimas con gran maestría y humor, tengo un amigo cantautor chileno que trabaja sobre ella y se hace ovacionar con la wiskizquierda chilena en un pub muy chic del barrio de Bella Vista con sus décimas improvisadas de manera brillante. El uruguayo Jorge Drexler trabaja sobre la décima con obsesión artística y con gran solvencia por ancestros propios, los payadores uruguayos que le cascan décimas, inclusive en uruguañol.

Gracias al módulo IV que dicté durante tres años seguidos para la Maestría en Composición y producción musical de la UPEA, hoy entiendo un poco más el tema. En enero concluimos el módulo IV sobre Composición de canciones en letra y música (así se llama el módulo) y me pregunté con toda la rigurosa autocrítica posible: ¿cómo era posible que yo les dé de tarea componer una décima si yo mismo no había compuesto una? Vadik me había pasado el mejor ejemplo: Volver a los 17 de Violeta. Era el modelo a imitar en cuestión de forma y estructura. Es decir, había que construir un poema con ocho sílabas que rime así: ABBA BCCD DC. ¿O sea, otra vez el asunto cantinflesco? No. Repita usted, amable lector, Volver a los 17 y verá cómo las terminaciones de la última silaba del verso coinciden en esa estructura de rima. ¿Qué tal, metal? ¿Grave, jarabe? ¡Of course, my horse!, no es cosa fácil construir una décima estricta. Intenté 20 días construir una. Y no lo logré. Pero sí logré mi última canción compuesta, que me gusta mucho y que intitulé Décima vez. No es una décima estricta, pero la libertad que se da al final es en función de la propia canción, es decir, de la melodía y de la rítmica sostenida en la homofonía en primera ley tonal. En realidad, en cadencia clásica de la escala menor melódica. Listo, soy académico. ABBA BCCD AA. Así salió mi décima. Es que la última AA tiene una fuerza de estribillo, con estos dos versos le hice llorar a mi esposa (¿de emoción? ¿de tristeza?), no lo sé, se conmovió pues y eso dice mucho de una canción.

Hace mucho que dejé de pensar en la próxima canción. Creo que hice todo lo que ya hice, que si me da la gana puedo seguir cantando y repitiendo las ahora casi contadas 243 canciones que compuse en letra y música en 42 años. Pero es siempre bonito el sabor que deja una nueva canción, es como si el alma, el subconsciente o lo que sea, renacieran de la manera más natural y desencajante, mágica, solo que esta vez impulsados, el alma, el subconsciente o lo que fuera, por un desafío académico. Ahí me vino la disyuntiva, no estaba cumpliendo completamente la regla que yo mismo daba. Y se los dije en la cara a los 23 alumnos: yo me pongo un 7 sobre 10. Me salí de la regla para crear, la melodía también manda con su rítmica implícita, la armonía con su cadencia conclusiva, la rítmica, un joropo suave al estilo Violeta, justifica esa ruptura. ¿Otra vez cantinfleando?, me reñiría mi amigo el padre Mateo. “No, padre, soy pues académico”, justificaría.

Debo decirles que de los 23 alumnos solo tres pudieron con la décima estricta con buenos trabajos… aunque un poco carentes de poesía. Me di cuenta ahí de que la mayoría de mis alumnos eran músicos, no les interesaba mucho el texto, no les salía esa cosa mágica del alma en la palabra, pero sí en la música. Solo que el chiste del ejercicio deseaba cumplir con el capítulo de la importancia del texto en la canción. Para concluir, les presento el texto.

DÉCIMA VEZ

Quererte es un trago fuerte Que hiere y calma la pena Quererte es cal, es arena Es vida y pulso de muerte Razón sopadita en suerte Es sol derretido en nube Es un barranco que sube Es luz que se apaga y prende Quererte siempre quererte Es una verdad que miente

Amarte es siempre perderte Te aferras y yo me alejo Te apagas y yo me enciendo Floreces en pleno invierno… Me agobia esta mala suerte Es ilusión es conjuro Es pampa infinita y muro Es mar que se seca al frente, Quererte siempre quererte es una verdad que miente…

Que te me vas, que ya volví Que encallas pronto cuando me fui Tu risa clara es mi dolor Quiero atraparte, quieres partir. Quererte siempre quererte Es una verdad que miente…

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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Marcos Santana: ‘La exposición que tendrá Bolivia será positiva y hermosa’

Un viaje a Bolivia hace más de 20 años animó al presidente de NBC Universal Telemundo Global Studios a filmar en el país

Marcos Santana, presidente de NBCUniversal Telemundo

Por Miguel Vargas

/ 14 de junio de 2021 / 08:57

Llega un equipo de filmación hasta el hotel Casa Grande de La Paz tras realizar tomas en los Yungas. Con una gran sonrisa les recibe Marcos Santana, presidente de NBCUniversal Telemundo Internacional, quien emocionado les pregunta por el viaje y aprovecha para compartir cómo, en una mañana libre, realizó el descenso por el llamado Camino de la Muerte en bicicleta. La pasión brota en cada palabra y gesto del empresario venezolano, que además es el showrunner de la tercera temporada de La reina del sur, serie protagonizada por la mexicana Kate del Castillo y en la que actúan los bolivianos Cristian Mercado, Pedro Grossman y Ariel Vargas, entre otros. En su fase en Bolivia se filmará en La Paz, El Alto, Sucre, Potosí y Uyuni.

—¿Cómo surgió la idea de filmar en varias locaciones de Bolivia?

—Es un sueño hecho realidad. Yo conocí Bolivia hace más de 20 años, estuve por Santa Cruz, me hicieron una invitación. Regresé hace unos 15 años a La Paz y a través de la familia Crespo Parkerson conocí este maravilloso país. De ese viaje recuerdo —aparte del sorojchi, que me pegó durísimo— que me lancé por la carretera de Yungas en bicicleta y empecé a entender estas ciudades como Potosí, Sucre, Uyuni… Y pensé que algún día iba a rodar acá y se dio esta maravilla.

—¿Cómo se une esto a La reina del sur?

—Cuando empezamos a desarrollar la tercera temporada —que es básicamente una historia de acción, de persecución y de amor, alejada completamente del narcotráfico, algo que ya hicimos en la segunda temporada—, dijimos: “vamos a viajar al sur”. La anterior temporada estuvimos en Moscú, La Toscana, Madrid, Málaga, Washington, Belice… Ahora vinimos al Sur. Nunca antes una serie de 60 episodios había hecho algo parecido: mostrar los grandes monumentos naturales de la región. En esta tercera parte, Teresa Mendoza irá país por país buscando pruebas contra la CIA, el FBI y la DEA, pruebas que comprometan al Gobierno norteamericano con el fin de negociar su indulto. Vamos a estar en Bolivia, en La Paz; en El Alto, donde arrendamos tres edificios de eventos, a los que mucha gente les dicen cholets; ahí habrá acción, como la pelea de  cholas. Estaremos en Sucre, Yungas y Uyuni: en el salar y en el Cementerio de Trenes.

—¿Cuál será el alcance de la serie como plataforma para mostrar al país?

—Bolivia va a estar al lado de escenarios en Buenos Aires, las misiones, Bariloche, Lima, Machu Picchu, Bogotá, Santa Marta, El Peñón y así sucesivamente. Vamos a mostrar lo que realmente somos: una potencia cultural y natural  para el mundo. Creemos que La reina del sur, que es vista por más de 180 millones de personas alrededor del mundo, va a ser el vehículo perfecto para mostrar cuán bella es esta región. Además, queremos reflejar a la población indígena. En esta temporada quise incorporar nuestros idiomas, con subtítulos, y nuestras raíces.

—¿Cómo fue el contacto con el equipo humano en el país?

—El proyecto se inició hace dos años. Buscamos productores en Bolivia y seguimos un proceso de selección hasta que llegamos a Pucara Producciones, con Paola Gosálvez, con quien venimos trabajando desde comienzos de abril. Primero llegó un grupo gigante de 60 personas para el scouting (búsqueda de locaciones), luego Paolo colaboró con el casting boliviano. Es una producción que involucra a unas 5.000 personas. En Bolivia hemos movilizado a unas 300 personas.

SERIE. ‘La reina del sur’, teleserie inspirada en su primera entrega en la novela homónima del español Arturo PérezReverte, se estrenó en 2011 y tiene ya dos temporadas. Foto: Rodwy Cazón

—Eso implica una inversión económica considerable…

—Desde el hotel está tomado por nosotros. Estamos hablando de millones de dólares con un factor multiplicador. Por cada persona que toca directamente la producción, afectamos a otras 10.  Además, la exposición que va a tener Bolivia es positiva y hermosa. Si el Estado tuviese que invertir para llegar a 200 millones de personas de forma eficiente, la inversión tendría que ser de millones y millones de dólares. Nosotros tendremos tomas cinematográficas de las locaciones, de los paisajes naturales y de su gente, todo muy bien cuidado. Hay además un proceso de edición, lo que estamos filmando en junio va a salir en año y medio.

—¿Cómo ha sido la filmación en pandemia? ¿Qué medidas se tomaron?

—La responsabilidad que hemos asumido con la empresa local es única. Establecimos pruebas diarias en locación y producción,  PCR y antígeno, a todas las personas. Es para proteger no solo al crewy al talento, sino a las comunidades.

Estas medidas significan una inversión gigantesca, es como una producción aparte. Si acaso una persona llegase a dar positivo, inmediatamente se investiga con quién ha estado más de media hora en las últimas 48 horas y las personas son aisladas y sometidas a pruebas diarias hasta que puedan regresar. Rodar en medio de la pandemia es una cruzada, una epopeya: en más de 30 años en la industria, nunca había pasado por nada parecido.

—En Telemundo siempre se ven diferentes nacionalidades latinas en un solo programa, pero no había sucedido lo mismo con paisajes de varios países.

—Somos una empresa hispana  en Estados Unidos y allí somos más de 60 millones de hispanos. En cualquier reunión en la oficina de Telemundo estamos con 15 nacionalidad diferentes, fácil. Somos la única empresa que produce con este arco iris de nacionalidades y lo venimos haciendo desde hace más de 15 años. Hemos sido pioneros en grabar en distintos países, pero esta es la primera producción que se trasladará por toda la región. Y no es nada fácil. No conseguimos un avión para llegar a Uyuni, entonces el scouting tuvo que hacer ocho horas de viaje para ver las locaciones. Por suerte ahora conseguimos los permisos y aviones para filmar allí.

—¿Cómo ha sido el trabajo del equipo boliviano?

—Maravilloso. Todos han puesto una pasión única, es un trabajo de 12 a 18 horas por día. Hemos encontrado que la gente aquí solo sabe decir sí. En las filmaciones en El Alto, alrededor de los edificios de eventos había cientos de personas. Cuando el director decía ‘acción’, no se movía ni una mosca. Eso no lo he visto nunca en Latinoamérica. La gente espera a que el actor se acerque a ellos. El boliviano es gente muy hermosa. Creo que dentro de las cosas que me llevo es la alegría que el mundo conozca un país que subestima. 

Cuando comencé las reuniones de producción y escribía en una pizarra electrónica los lugares en los que quería grabar, la gente googleaba: no sabía dónde es Yungas,  Uyuni. Ahí me di cuenta de que no todos conocen Bolivia.

—La promoción de la cultura boliviana no se limita al audiovisual. ¿Cómo conoció a Vero Pérez, que tuvo la oportunidad de cantar para Telemundo?

 —Estaba con mi amiga María Elisa Parkerson Crespo manejando en Miami, sonó una canción y le pregunté quién era. “Me mandó mi mamá”, me dijo. Al día siguiente me vuelvo a topar con la canción y me dice: “Vero Pérez”. Yo estaba en la producción de 100 días para enamorarse y decidí que esa era la canción. Le dije a mi equipo: “Lo único que sé es que Vero Pérez es boliviana” y la ubicaron por Instagram. Le pedimos un número y la llamamos. Cuando se fue formalizando la cosa, ella preguntó cómo llegamos a ella y le dijeron: “El presidente de la empresa te escuchó  y le encantaste”.

Fui descubriendo más de esta artista que canta en portugués, italiano y francés. Tenía un evento en enero de 2020, que se llama NATPE Miami, donde hay una presentación de 40 minutos. Un equipo de producción de más de 100 personas trabaja ocho meses para esos 40 minutos. Esta vez quería algo diferente. Para cuando ya esté todo el mudo, quería que vayamos a negro y que aparezca Vero Pérez cantando La vie en Rose. Ella voló de La Paz a Miami a cantar una canción. Cuando terminó de cantar, yo dije: “Ella es Vero Pérez, de La Paz, Bolivia, donde estaremos filmando posiblemente en un año parte de la tercera temporada de La reina del sur.

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