martes 20 abr 2021 | Actualizado a 09:38

Abstinencia digital, ¿hay vida fuera de la ‘Matrix’?

/ 10 de febrero de 2021 / 14:36

Hay una tendencia a desconectarse de las redes producto de la polarización política y la pandemia, pero a la vez hay una creciente presión social de tener que estar constantemente conectados. ¿Es la solución una abstinencia digital moderada?

¿Conoces a alguna persona que en 2019 tras el golpe y la polarización se salió de las redes sociales por las campañas de odio y ataques personales? Seguro que sí. ¿Sabes de alguien que haya abandonado Facebook en estos últimos meses cuando las esquelas, las malas noticias y el pesimismo inundan todos los perfiles? Seguro que también. La abstinencia digital está de moda y sirve para desconectar. ¿Pero es una decisión fácil de tomar y especialmente de mantener? ¿Somos extremadamente adictos a las redes sociales y al internet y no lo sabemos? ¿Se puede vivir sin tecnología? ¿Quién no ha experimentado por el exceso de tecnificación y dependencia de internet ciertos grados de impaciencia, enojo, hiperestimulación, superficialidad y una excesiva tendencia a la multitarea?

Si llevas tiempo con la decisión entre ceja y ceja, las primeras preguntas serán: ¿seré capaz y lograré subsistir desconectado? La respuesta es simple: la vida en las redes seguirán sin ti. Al comienzo, podrás estar irritado, desesperado pero luego lograrás retomar el control de tu vida, gestionarás más y mejor tus tiempos y tus niveles de ansiedad descenderán drásticamente. Pero son muchos los llamados y pocos los elegidos: mantener en el tiempo, aunque sea a medio plazo, una decisión así no es fácil pues la tecnología adictiva y consumista lo invade todo. Y las tentaciones, también: de amigos y de familiares. La sensación de exclusión (de perderte algo todo el rato) es el mayor obstáculo. Para los casos más extremos de dependencia (especialmente de jóvenes que se han quedado sin relaciones personales face to face) incluso existen retiros para meditar, clínicas especializadas, programas de ayuda psicológica o incluso hoteles sin wi-fi.

Pero ¿dónde está la clave para logra la abstinencia digital? En el cambio de hábitos y en el equilibrio. Por eso, la piscología aconseja un plan para tener costumbres más saludables y estrategias para el uso de las redes. E incluso calcular tiempos de absoluta desconexión para recuperar la concepción clásica del ocio.

Los expertos proponen un equilibrio entre las interacciones digitales y presenciales, entre las virtuales y las físicas con especial cuidado a las medidas de bioseguridad para no caer en la cadena de contagios, más propensa en las reuniones de familia y amigos. Resumiendo: construir un uso de las redes crítico y selectivo.

Estar pendiente en exclusiva del celular provoca un uso homogéneo de la información que recibimos y conlleva la carencia de un pensamiento y percepción propia de lo que sucede a nuestro alrededor. Resultado (nefasto): nos transformamos en personas altamente vulnerables al sesgo, a la parcialidad, a la polarización, a las mentiras/fake news y a la publicidad engañosa.

Si en el mundo pre-COVID 19, muchos optaban por la desintoxicación digital durante sus vacaciones, la polarización política extrema y la larga pandemia han provocado una nueva oportunidad más allá de las “vacas”. Por cierto, ¿cuántas de tus amistades se desconectan totalmente durante el periodo vacacional? ¿Cuántas aprovechan para postear el lugar idílico de su descanso para alardear y dar “envidia”? ¿Cuántos no pueden evitar realmente que su mundo virtual paralelo sea el motor de sus vidas? ¿Estamos preparados para el nivel repentino de “sobreinformación” multimedia que consumimos a diario por el uso masivo de dispositivos electrónicos?

El cerebro necesita descansar de esta hiperconexión dañina y nociva. Y no se trata de abandonar la tecnología por completo (sus beneficios saltan a la vista) sino de lograr el desapego. Físicamente, dice la psicología, todo son ventajas: se descansa mejor (no es bueno tener el celular cerca de la cama), se gana horas de sueño e incluso nuestras articulaciones (¿cuántos dolores y molestias musculares son atribuibles al dichoso teléfono?) lo notan. ¿Y qué decir de nuestros pobres ojitos? La venta de gotas en nuestras farmacias para retinas dañadas ha aumentado durante la pandemia por la excesiva exposición a las pantallas grandes y chicas (computadoras, smartphones, tabletas…) merced al teletrabajo, la enseñanza digital y el ocio online.

Las consecuencias sobre la in/capacidad  de nuestra niñez y adolescencia para concentrarse en una sola tarea se verán a medio y largo plazo. La disminución de la tolerancia hacia la frustración, el deterioro del juicio propio y la pérdida de atención, dicen los estudios, serán un problema a futuro como los problemas de sordera (por nuestra exposición constante a ruidos y altos volúmenes de sonido en los famosos headphones).

Las pruebas que se han realizado en el mundo del trabajo sobre la abstinencia digital han dado siempre los mismos resultados: soluciona problemas de insomnio (no todo se arregla con pastillas para dormir) y mejora relaciones humanas en grupos de trabajo.

Si bien en países como el nuestro, estos problemas de adicción no son mayoritarios y la penetración digital no es aún masiva, en sociedades muy individualistas como la japonesa la adicción ha tocado ya al 60% de su población. En sus restaurantes, cines, teatros y cafeterías, existen contenedores para depositar los celulares. En Bolivia, en algunos cafés se puede leer carteles como éste: “No tenemos wi-fi, charlen entre ustedes”. No obstante, la inversión media en internet de la ciudadanía se acerca a las cuatro horas en Bolivia, de las cuales casi tres son a través de dispositivos móviles. Estas estadísticas durante la pandemia se han visto incrementadas, sin lugar a dudas. La abstinencia digital moderada puede ser una solución.

Foto: Freepik

Las cinco fuentes

La abstinencia digital moderada es beneficiosa. Vivir de espaldas a lo virtual es una temeridad, incluso laboral. Las chances que generas en este ámbito dependerán  de la gestión que hagas de tu presencia digital. La frontera entre la integración y la desconexión digital es muchas veces más fina de lo que pudiéramos pensar. Así se confunde medio con fin o cuando mezclamos nuestra vida real con el escenario virtual. Ensanchar el mundo tiene que ver con sacar partido a la red y a la vez salirse de los cuatro lados de las pantallas que se habitan. Las redes pueden ser fuente de información (conocimientos, tendencias y actualizaciones); fuente de formación (se han multiplicado en pandemia los cursos y charlas virtuales); fuente de proyección (cuando tu “yo virtual” está acorde a tu “yo analógico”); fuente de dispersión (los estímulos están por todo lado: ¿cuántas veces renegamos del tiempo perdido en el “Feis”?); y fuente de adicción. Y recuerda: proyectar tu ego no es lo más efectivo ni lo más sano para tus relaciones, tus interacciones o tu salud mental.

(*) Susana Pinto, psicóloga

Agricultores del Illimani frente al cambio climático

La fotoperiodista Wara Vargas recorrió las comunidades en las faldas del nevado para conocer el uso del agua, que está bajo la amenaza del deshielo

Por Wara Vargas

/ 18 de abril de 2021 / 18:49

Las aguas producidas por el deshielo del milenario nevado han nutrido la tierra de muchas generaciones de agricultores, que viven en las faldas del Illimani. Sin embargo, las que parecen lejanas noticias del calentamiento global, para ellos son una realidad que están viviendo desde hace varios años. El retroceso de sus glaciares es cada vez más acelerado.

Hay mucho ruido por la congestión de vehículos en el centro de La Paz. Hasta hace unos años era más fácil y rápido ir de un extremo a otro. Los minibuses de transporte público ahora están en todas las calles creando congestión vehicular. Cada uno de estos autos tiene apenas tres pasajeros y la contaminación ambiental por el monóxido de carbono es alarmante.

El recorrido en auto para poder salir de la ciudad y hacer el viaje a la comunidad de Challasirca, ubicada en las faldas del nevado, es solo un ejemplo sobre cómo esta urbe está lentamente incidiendo en que el Illimani un día deje de existir.

Según un estudio de la Alcaldía Municipal de La Paz, durante 2014, el aporte mayor a la Huella de Carbono de esta ciudad está generado por el sector del transporte, que representa casi el 50% de las emisiones. Para esta fecha seguramente esta cifra es mayor, por el aumento de automóviles en el transporte público.

Bajando junto a las aguas del río Choqueyapu, que en aymara significa “chacra de oro”, viajamos cuatro horas hasta llegar a la comunidad de Tahuapalca. Ésta se encuentra en la parte más baja de uno de los pequeños ríos que están alimentados por el agua del deshielo del nevado Illimani, que con sus 6.460 metros sobre el nivel del mar sería la mayor cota de la Cordillera Real de la cual forma parte.

Ahora toca subir en dirección a la cima del Ilimani, pasando por las comunidades de Tahuapalca, Lurgeta, Cachapalla, Cebollullo, Chañurani, hasta llegar a Challasirca. Todas estas pequeñas comunidades se alimentan del mismo caudal que baja del nevado y junto a Cohoni, la población más grande de esta región, por muchos años han ido creando senderos de agua para que llegue a sus tierras productivas. Las comunidades nombradas comparten un solo caudal que baja del Illimani, existen muchos más que están alimentando con agua otras poblaciones.

Remigio Quispe, dirigente de Challasirca, recuerda que cuando tenía 15 años el Illimani estaba más blanco y la nieve se podía ver muy cerca de las comunidades. Ahora, a sus 55 años, cuenta que el nevado está cada vez más lejos. “Este lugar era frío antes. Ahora ya es caliente, ya ha cambiado. El clima de Cebollullo ha subido aquí, a Challasirca. En noviembre y septiembre hace ya mucho calor”, afirma Remigio.

Esta comunidad antes solo producía papa, porque su clima solo le permitía esa siembra. Ahora pueden producir choclo, cebolla, durazno, lechugas y todo tipo de hortalizas que antes solo se producían en las poblaciones más bajas, como Tahuapalca, Lurgeta y Cebollullo.

Que este mismo caudal abastezca a todas estas poblaciones es un gran reto que ellos mismos han generado con el aumento de la producción y el mayor uso de terrenos para cultivo, que antes no lo eran.

Los árboles de duraznos en medio del cerro crean la ilusión de un valle de Cochabamba, pero seguimos en Challasirca, y ahí cosechando estos frutos está Eva Limachi, nacida en la comunidad. “Ahora hay agua porque es época de lluvia también, pero desde junio hasta casi noviembre hay poca agua y no se puede abastecer para todos los cultivos”, comenta.

El mismo problema se repite en las poblaciones bajas y es algo que afecta a todos y, por lo mismo, se debe trabajar en coordinación: tienen que regar los cultivos organizándose por horas y días. Una práctica que para Néstor Callapa es ya normal porque se la está realizando desde hace varios años.

LA GRÁFICA

La acelga es un producto que ahora se puede cultivar a causa del cambio climático. Foto: Wara Vargas

Los cebollines también se cultivan . Foto: Wara Vargas

HABITANTES. Remigio Quispe, dirigente de Challasirca, posa en su terreno. Foto: Wara Vargas

La plantación de acelgas. Foto: Wara Vargas

El caudal que riega los cultivos de las comunidades. Foto: Wara Vargas

VERTIENTE. Los habitantes de diferentes comunidades aprovechan el agua de un solo caudal. Ellos han visto cómo los glaciales han retrocedido con el paso de los años.Foto: Wara Vargas

Él piensa que hay que crear una gran represa para que el agua se almacene para las épocas bajas.

“El agua se está perdiendo, se va y pocos en mi comunidad han hecho pozos para almacenarla, igual se necesita que los pozos sean más grandes. Necesitamos que el Gobierno nos ayude con algún proyecto”, reclama Néstor.

¿Cómo resolver el problema del deshielo? es una pregunta que muchos comunarios se hacen. Rosa Blanco está preocupada por el futuro de sus hijos, cuando ya no haya agua. “La gente comenta que lo que se viene es un castigo de Dios, algo estamos haciendo mal”.

El IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, por sus siglas en inglés) explica que el aumento de la temperatura atmosférica ha generado una aceleración del retroceso de los glaciares del Illimani. En los últimos 46 años, el Illimani ha perdido aproximadamente el 21,3% de su superficie a una velocidad promedio de 47 centímetros al año, según datos de 2007.

*Esta investigación fue realizada en el marco del Fondo de Apoyo Periodístico Crisis Climática 2021, que impulsan la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático (PBFCC), Comunidad en Acción y la Fundación para el Periodismo.

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La selección del ‘Rey’

El Museo Nacional de Arte expone 41 obras representativas del arte boliviano del siglo XX. El ‘curador’ no es cualquiera, es el trabajador más veterano del repositorio, Reynaldo Gutiérrez Bedregal

HOMENAJE. Reynaldo Gutiérrez Bedregal es el trabajador más antiguo del Museo Nacional de Arte y es el comisario de esta exposición.

Por Ricardo Bajo H.

/ 18 de abril de 2021 / 18:32

Al trabajador más veterano del Museo Nacional de Arte le llaman simplemente “Rey”. Nadie como él conoce los tesoros ocultos del “Emeneá”, las piedras talladas, las salas y patios de lo que fuera el Palacio de Francisco Tadeo Díez de Medina, abogado del Tribunal de la Real Audiencia de Charcas y el hombre que firmó la sentencia ejecutoria contra Julián Apaza, Gregoria Apaza y Bartolina Sisa en 1781. Reynaldo Gutiérrez Bedregal (La Paz, 1960) lleva 29 años subiendo y bajando las estrechas escaleras del MNA, buceando en su depósito, contemplando en silencio desde las obras coloniales pintadas por anónimos artistas indígenas (unas 360) hasta lo mejor del arte boliviano de los últimos siglos. Tras tres décadas de trabajo incansable, el “Rey” se ha dado el lujo de montar su propia colección, de fungir de “curador” (el único laburo que le faltaba por hacer) y de presentar su lista de favoritos —a gusto y placer propio— del arte boliviano del siglo XX. Es la Selección del Reyformada por 41 obras de 29 hombres y 11 mujeres artistas nacionales.

Reynaldo Gutiérrez entró a laburar en el Museo Nacional de Arte en 1992. Nueve años antes, su madre, Rosario Bedregal, que trabajaba de bibliotecaria en el Banco del Libro, dependiente del Instituto Boliviano de Cultura (IBC), había fallecido. “Rey” tenía cinco hermanos, estudiaba Electrónica e iba a heredar el ítem de su mamá para sustentar a la familia pues su padre, Darío Gutiérrez, militar de la Fuerza Aérea, ya no estaba tampoco. En esos primeros años, aprovechó para estudiar Bibliotecología, técnico medio, y viajar por toda Bolivia visitando las 187 sucursales que tenía el añorado Banco del Libro. En el año de los Juegos Olímpicos de Barcelona, fichó para el Museo Nacional de Arte, que dependía entonces del IBC.

Gutiérrez Bedregal tenía a cargo unos 300 libros, especializados en arte en su mayoría, pero también unos “exóticos” ejemplares de jardinería y miscelánea, entre otros. Los catalogó, los ordenó y no se quedó de brazos cruzados. Hizo de portero, de control de personal, de pintor, de plomero, de lo que hiciera falta. Y aprendió poco a poco, a base de prueba y error, los secretos del montaje de exposiciones. Los dominios del “Rey” llegaban hasta el último rincón del depósito del “Emeneá” donde más de 3.000 piezas artísticas nacionales (incluida una colección de arte latinoamericana con el paraguayo Osvaldo Salerno y  los brasileños Di Cavalcanti y Lygia Clark, entre ellos) yacían olvidadas. La  biblioteca cuenta ahora con más de 1.000 volúmenes y está siendo puesta en línea para compartir conocimiento con el Archivo Nacional de Sucre.

Con cada exposición de arte, Reynaldo fue aprendiendo algo. Un poco de museología por acá, otro de iluminación por allá. Para entonces ya formaba parte esencial de “Las Hormiguitas”, el colectivo de trabajadores del MNA capaz de hacer maravillas con casi nada. Un poco de albañilería por acá, otro de instalación de metales, madera y paredes por allá. El sobrenombre de “Las Hormiguitas” fue idea de María La Placa cuando se montaba la retrospectiva dedicada a su obra en 1996: “No sabes cómo y qué bien trabajan estos chicos, parecen hormiguitas”, le dijo a su marido mientras se ultimaban los detalles antes de la inauguración. Han pasado muchos años y la Selección del Rey tiene dos pequeños letreros que rinden homenaje a los trabajadores anónimos del Museo. “Son mejores que MacGyver”, dice Reynaldo con una sonrisa mientras posa para la foto junto a cuatro de ellos.

MUSEO. ‘Rey’ Gutiérrez en la biblioteca del MNA. Foto: Ricardo Bajo

Pero el más grande presente que atesora el “Rey” es la amistad de los artistas bolivianos, los vivos y los que ya no están entre nosotros. “Por falta de presupuesto, hasta el 2003 no había una partida formal y todo dependía de las embajadas extranjeras, no se contaba con curadores ni investigadores de las 3.000 obras, entonces yo comencé a charlar con los artistas, a preguntar y luego a leer sobre sus cuadros. Lo más lindo y reconfortante fue entablar una amistad sincera. Incluso muchos de ellos han sido padrinos para nuestros torneos de fútbol: Roberto Valcárcel nos donó los ‘shorts’; don Alfredo La Placa, las poleras; y doña Beatriz Mendieta fue nuestra madrina de medias”, cuenta Reynaldo que con los años se ha vuelto una auténtica enciclopedia andante y autodidacta sobre arte. Su método es “simple”: observa técnicas, colores y trazos, charla con las curadoras, lee libros y posee una envidiable capacidad de escuchar.

La idea de entregar —como homenaje simbólico— al trabajador más antiguo la responsabilidad de montar una muestra de arte boliviano del siglo XX fue de la curadora del MNA, Narda Fabiola Alvarado. La exposición —abierta hasta el mes de mayo— ocupa dos flamantes espacios: la sala Arturo Borda y la sala Taypi Qhatu, que forman parte de la Villa de París, actualmente en restauración con cooperación española. “De mi base de datos hice primero una preselección de 100 obras, entre arte figurativo y abstracto. La convocatoria no es la que yo hubiese querido pues tuve que dejar de lado a maestros como Borda, Guzmán de Rojas, Alandia Pantoja o Rimsa que estarán pronto en una gran muestra dedicada al indigenismo. Otras por espacio tampoco entraron, como piezas de arte cinético en movimiento. Y el director del museo, Iván Castellón, me recomendó que no repitiera más de una obra por autor. Solo hice una excepción con el maestro Alfredo La Placa”, dice Reynaldo.

El “curador” también optó por cuadros poco conocidos de autores famosos. Es la oportunidad perfecta para dar una nueva oportunidad a obras olvidadas, “para agradecer a todos los autores por igual; todos locos, todos lúcidos, cada uno y una con sus alegrías y sus tristezas”, añade Gutiérrez Bedregal.

Así en el inicio de la muestra se puede observar un espectacular óleo/tríptico sobre tela de don Lorgio Vaca, una explosión de color y coraje.  Es Manifestación popular de 1963. “Pareciera que el maestro, que es muy tímido en el cara a cara, hubiese pintado este cuadro antes de ayer, con esas mujeres marchando y luchando”, explica Reynaldo parado frente a la obra de más de tres metros de ancho. Otra pieza poco vista/conocida es Homenaje a Picasso (1973) de Ricardo Pérez Alcalá. “Lo más difícil fue sacar a la luz algunas obras muy queridas y dejar otras. Por ejemplo, a Fernando Montes no me lo puedo quitar de la cabeza. Siempre venía una vez al año al museo, nos metíamos al depósito y él personalmente retocaba sus obras; añadía algún blanco que había perdido vigor, por eso elegir solo una de las suyas ha sido difícil para mí”, dice mientras nos detenemos delante de La puerta del silencio (1992) con sus montañas queridas. “Es ‘la muela’, para nosotros los trabajadores del museo”, añade “Rey”.

Las Hormiguitas: Oswaldo Osco, Abel Santamaría, Jacinto Nina, Richard Portugal y Reynaldo. Foto: Ricardo Bajo

Reynaldo Gutiérrez también rinde tributo y vuelve a juntar en una “expo” a su pareja predilecta: de doña Inés Córdova se puede disfrutar un collage en metal y madera llamado Andes (1989) y de don Gil Imaná, Encarcelado, un óleo de 1960; un hombre arrodillado en su celda con los brazos en los barrotes. “Estoy ahora de comisión en la que fue la casa de Inés y Gil en Sopocachi y estoy gozando con la serie erótica que tenía Imaná; son increíbles dibujos, fascinantes, que él no dejaba que se vieran y se expusieran mucho”, cuenta “Rey” mientras habla de la bondad y el amor de la pareja. Junto a ellos en la “expo”, un cuadro del hermano Jorge (Imaná), Madre soltera de 1957. Y al lado, dos gigantes de nuestro arte: Walter Solón Romero con La mina (1976), sobre madera y Miguel Alandia Pantoja con Mineros II de 1955, óleo sobre cartón prensado.

La selección del Rey sirve también para apreciar la evolución artística de nuestro arte del siglo XX. Así se puede admirar el famoso Tambo de Enrique Arnal, los Glaciares verticales de María Luisa Pacheco (una reproducción de este cuadro luce horizontal en la Galería al Aire Libre de la Alcaldía paceña en Bajo Següencoma) y Coloquio de María Esther Ballivián. Al fondo de la sala Taypi Qhatu, luce majestuoso Urdimbre para la trama (1996) de Guiomar Mesa, un impresionante óleo sobre tela de dos metros por cuatro; con dos mujeres, cuerdas/hilos, rupturas/nexos, como protagonistas. “En la época que hacíamos dos muestras monográficas, siempre les pedíamos a los autores que al final nos cedieran una al museo, como donación, Guiomar nos dejó esta obra que se ha visto muy poco y es muy conocida a la vez; es la chance de apreciarla en todo su esplendor y significado potente”.

Pero si de una cosa está orgulloso el laburante más veterano del Museo Nacional de Arte es de haber recuperado, junto a sus “Hormiguitas”, algunos cuadros santo y seña del MNA. Son tres: Soledad (1979) de Raúl Lara, la citada La puerta del silencio de Montes y Las puertas/ventanas (1979) de Fernando Rodríguez Casas. Las tres se pueden gozar ahora en la muestra de Reynaldo. “Junto a Chipayas I y II de Gastón Ugalde, del cual tenemos en la exposición uno de sus cuadros llamado Cargador de sueños (1997), los cinco cuadros estaban en el Palacio Quemado y a través de cartas y pedidos logramos su regreso pues habían sido prestados. En la época de Mesa, el presidente pidió dos “Rimsa”, dos “Borda” y un “Gil Coimbra”. En la era de Evo nos solicitaron para los despachos tres “Rimsa” y dos “Borda”. Durante el gobierno de Jeanine no llegó ninguna petición. Entonces, nuestra batalla particular fue recuperar Fiesta altiplánica del maestro lituano/boliviano Juan Rimsa. Ese cuadro es un icono para el museo y sus trabajadores, demostramos que lo usamos para mil cosas, catálogos, souvenirs, libros. Las bases que tienen un cariño y un apego muy grande por los cuadros exigieron por carta su devolución y lo logramos”, cuenta orgulloso. La Fiesta altiplánica espera ahora su turno en el depósito.

Cada cuadro de la muestra tiene una explicación de este “curador” particular. Las madrinas (1970) de Norah Beltrán fueron escogidas porque al “Rey” le recuerdan al colombiano Botero y la escultura de Gonzalo Cardozo Alcalá sirve para rendir tributo póstumo al artista orureño fallecido en enero. Tras dos horas y media de charla, llega la pregunta fatal: “Imagínate que el museo está en llamas como aquella vez la “Vice” en 2003 y solo puedes entrar para salvar un cuadro, ¿cuál sería?”. Reynaldo no lo piensa un segundo: Descanso en la huida a Egipto (1720), más conocido como La Virgen lavandera de Melchor Pérez Holguín. “Este cuadro del barroco siempre me provocó una pregunta: ¿Por qué no puede ponerse a lavar una Virgen? Nuestro recorrido termina con otra interrogación: ¿Por qué no puede el bibliotecario montar una muestra de arte con todos sus locos, lúcidos y queridos artistas? Reynaldo, que no pudo estar presente en la inauguración de la muestra en marzo por una operación de hernia, no contesta. El “Rey” simplemente sube las escaleras hacia su atalaya/torre, donde antes estaba la oficina del director.

EXPOSICIÓN. Gutiérrez muestra algunas de las obras que se exhibiben en la muestra de arte boliviano del siglo XX. Foto: Ricardo Bajo

‘LA SELECCIÓN DEL REY’ MUESTRA OBRAS DE 40 ARTISTAS

• Miguel Alandia Pantoja

• David Angles

• Enrique Arnal

• María Esther Ballivián

• Norah Beltrán

• Gonzalo Cardozo

• Inés Córdova

• Moisés Chire Barrientos

• Alfredo Da Silva

• Gil Imaná

• Humberto Jaimes

• César Jordán

• Jorge Imaná

• Keiko González

• Alfredo La Placa

• Cecilia Lampo

• Gustavo Lara

• Raúl Lara

• Patricia Mariaca

• Beatriz Mendieta

• Guiomar Mesa

• Hortencia Montenegro

• Fernando Montes Peñaranda

• Beatriz Nogales

• María Luisa Pacheco

• Óscar Pantoja

• Herminio Pedraza

• Ricardo Pérez Alcalá

• David Pringle

• Gonzalo Ribero

• Fernando Rodríguez Casas

• Hugo Rojas

• Álvaro Ruilova

• Zenón Sansuste

• Francine Secretan

• Walter Solón Romero

• Ramón Tito

• Gastón Ugalde

• Lorgio Vaca

• Luis Zilvetti

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Delicias veganas desde Tik Tok

Paola Banegas Lordemann es una chef que conquista las redes sociales hablando de veganismo, la comunidad LGBTQI y feminismo

Por Miguel Vargas

/ 18 de abril de 2021 / 18:26

Un video que permanece 30 segundos en la pantalla del teléfono móvil le toma a Paola Banegas Lordemann cerca de dos horas de trabajo. Ella coloca la cámara, las luces, prepara el sonido y desde la intimidad de su casa o de la pastelería Lecker Brot —que está bajo su dirección— se conecta con los 35.3K seguidores que tiene en su cuenta de Tik Tok. “No son tantos en comparación con otras cuentas de éxito, pero tengo la dicha de tener seguidores de calidad que buscan en específico los contenidos que les proporciono”, explica la chef y tiktoker de 33 años.

En la cuentas @paolordemann de Tik Tok e IG @yapitavegana de Instagram los contenidos principalmente giran en torno a la vida vegana, con recetas, anécdotas y consejos, así como la defensa de los derechos de la comunidad LGBTQI y la lucha feminista. 

“Siempre me ha gustado relacionarme con el arte y la creación y creo que la gastronomía es una profesión bastante artística y noble, pues se crea una conexión especial entre la persona que cocina y el alimento que transforma, lo que se transmite en el resultado final. La gente come el cariño, la propia energía. Cocinar se hace con el alma”, explica.

Omnívora de crianza, intentó acercarse al veganismo a sus 15 años sin mucho éxito y volvió a intentar a los 21. Con mayor información sobre nutrición y con formación en cocina, el camino estaba allanado.

“A mis 28 años tenía una pareja vegana y ella me hizo concientizar más hacia el respeto por la vida de los animales. Empecé a informarme más y me di cuenta de que la explotación animal no iba con mis convicciones. Cada animal tiene sus características únicas. No me siento superior por ser humana ni superior a otros humanos por no comer animales. Respeto a los que comen carne, y quien quiere aprender otra vía, todo bien”.

Fue así que comenzó su vida de chef vegana en el restaurante Lupito, junto con Luisa “Lupita” España. Como Paola estudió cocina siendo omnívora, logró un paladar bastante educado que le permitió poder recrear platillos tradicionales bolivianos sin tener que usar carne.

“La primera receta vegana que creamos fue la de lomito de champiñones salteados, funcionó muy bien. Hicimos anticucho vegano, fricasé… vas jugando con los elementos que tienes a mano”, agrega.

Luego empezó a incursionar en las redes sociales: Facebook, Instagram… y llegó el Tik Tok, la red más vilipendiada, acusada de ser superficial. “En Tik Tok uno busca lo que encuentra, el contenido depende de lo que busques”, cuenta feliz mientras muestra una foto en que luce un cubrebocas con las palabras “come pasto”.

Y es que así como surgieron los fanáticos, también aparecieron los haters, aquellos que ingresan a las redes sociales para expresar su odio. Y a los veganos los suelen atacar bastante diciendo que no promueven una vida nutritiva, que solo comen pasto o que hacen recetas con “carnes” vegetarianas porque en realidad aman comer animales.

“Lo que muchos no entienden es que la gente no deja de comer carne porque no le haya gustado. A veces paso por la pollería y me antojo del aroma, pero más puede mi cerebro que mi placer. Esa es la razón por la que tratamos de imitar el sabor de la carne. Es lógico. Es como las personas diabéticas, que usan edulcorantes sintéticos”.

SABORES. Banegas trabaja en la pastelería Lecker Brot, en la Av. Argentina 2137 frente a la plaza San Martín. Y en calle 2 de Los Pinos 502. Foto: Alex Lens

Tras Lupito, Banegas pensó en abrir un restaurante latino vegano en Alemania, pero por infortunios familiares se quedó en La Paz y a cargo de la pastelería que dejó su mamá, su más grande inspiración, Lecker Brot. “Ahora tengo el reto de que la pastelería se adapte al veganismo. Vamos avanzando paso a paso”.

Mientras, está concentrada en hacer crecer sus páginas de Tik Tok e Instagram y convertirse en lo que considera que es una verdadera “influencer”: ofrecer alternativas que permitan un cambio positivo en las personas.

Activismo LGBTQI, veganismo y feminismo son sus pilares y por ellos también ha recibido ataques. “Una vez amenazaron con rayar las paredes de la pastelería por un contenido feminista. Así son las redes sociales, te expones a que la gente te ataque de forma personal”. Es hora de mostrar su nueva creación, el sándwich de chola vegano. Así que, solita, suelta los nervios y empieza a grabar.

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La historia del petróleo boliviano en pintura

Miguel Alandia Pantoja (1914-1975) y Walter Solón Romero (1923-1999), pintores potosinos, cuentan la historia del petróleo y de la nacionalización de YPFB a través de sus obras

Por María José Richter

/ 18 de abril de 2021 / 18:22

Sobre la calle Bueno y la avenida Camacho se encuentra uno de los inmuebles más antiguos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), construido en los años 50. El edificio, en su interior, guarda la historia del compuesto orgánico y su influencia en el desarrollo de la economía nacional y el imaginario colectivo. Los murales de dos exponentes del arte político, Walter Solón Romero y Miguel Alandia Pantoja, narran visualmente estos hechos.

“Estas obras representan la historia de YPFB, son un patrimonio cultural muy importante para todos los trabajadores petroleros de Bolivia, por ello nos sentimos orgullosos de ser custodios de estos murales. Para nosotros es muy importante su preservación, más aún cuando Pantoja y Solón son dos grandes exponentes del arte boliviano del siglo XX”, señala Wilson Zelaya, presidente de YPFB.

En la entrada se muestra el extenso mural de Solón La historia del petróleo boliviano (1958). “Esto nace como una remembranza, un encargo que se le da a Solón para rememorar la nacionalización del 52. No surge de una iniciativa únicamente personal, pero hay un matiz propio de su obra”, dice Óscar Maidana, jefe de Unidad de Imagen Corporativa y estudiante de un doctorado en Patrimonio.

El mural, en la época, ofició como un fuerte medio de expresión para llegar al pueblo. Solón supo aprovechar el espacio y los ambientes para narrar historias casi siempre referidas a su contexto o en diálogo con él. Esta obra se va montando con varias escenas, aparece entre ellas la Fundación de YPFB, donde un soldado con el torso desnudo y con la indumentaria militar de la Guerra del Chaco representa a los defensores de los recursos naturales. En marzo de 1937, el gobierno del presidente David Toro declaró caducas las concesiones de la transnacional y transfirió todos sus activos a YPFB.

LA GRÁFICA

HISTORIA. La Guerra del Chaco y el momento de la primera nacionalización de YPFB, son algunos de los principales motivos de las obras de los dos artistas bolivianos. Foto: Álvaro Valero

HISTORIA. La Guerra del Chaco y el momento de la primera nacionalización de YPFB, son algunos de los principales motivos de las obras de los dos artistas bolivianos. Foto: Álvaro Valero

HISTORIA. La Guerra del Chaco y el momento de la primera nacionalización de YPFB, son algunos de los principales motivos de las obras de los dos artistas bolivianos. Foto: Álvaro Valero

HISTORIA. La Guerra del Chaco y el momento de la primera nacionalización de YPFB, son algunos de los principales motivos de las obras de los dos artistas bolivianos. Foto: Álvaro Valero

HISTORIA. La Guerra del Chaco y el momento de la primera nacionalización de YPFB, son algunos de los principales motivos de las obras de los dos artistas bolivianos. Foto: Álvaro Valero

HISTORIA. La Guerra del Chaco y el momento de la primera nacionalización de YPFB, son algunos de los principales motivos de las obras de los dos artistas bolivianos. Foto: Álvaro Valero

Dos nacionalizaciones más marcaron la historia de Yacimientos: en 1969, durante el gobierno de Alfredo Ovando Candia, los hidrocarburos fueron entregados en concesión a través del Código del Petróleo a la compañía estadounidense Gulf Oil. En 2006, el presidente Evo Morales nacionalizó los hidrocarburos.

En medio de los escritorios y el ambiente laboral de los diferentes niveles del edificio se resguardan obras de Alandia Pantoja. “En los murales está siempre presente el indio en varias facetas. Esta forma de representación es una forma de revalorizar que su lucha ha generado todo esto. También están los ductos que significan una expansión: esto va a llegar a todos”, dice Maidana.

Una de sus pinturas, Producción, representa la industria: matiza una refinería, los perfiles de acero y las tuberías donde surge el petróleo. En Perforación, en cambio, destacan las luchas de los trabajadores petroleros y el control de los recursos.

Sobre piroxilina, mortero de cal, arena y aserrín se resumen casi 100 años de historia desde aquel momento previo a la Guerra en el que se divisaba ya la existencia de petróleo en la zona.

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Museo de Anatomía, el otro lado de lo tétrico

Reabierto desde 2018, el museo junta piezas cadavéricas que pueden parecer lúgubres, pero que también son la inspiración para estudiantes de primer año de Medicina

AÑOS. Un cadáver diseccionado hace más de 30 años se conserva gracias a técnicas implementadas por los fundadores del museo

Por Adrián Paredes

/ 14 de abril de 2021 / 13:32

En un lugar de la ciudad de La Paz hay un cuarto lleno de huesos, algunos con más de 30 años de antigüedad. Todos están clasificados según su nombre científico y su tamaño y hasta tienen un pequeño código QR para que sea más sencillo ubicarlos.

Así es la osteoteca del Museo de Anatomía del Área de Ciencias Morfológicas de la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Andrés. La idea de este cuarto es que los estudiantes de las distintas facultades relacionadas a la medicina puedan prestarse una pieza ósea —tal como se prestarían un libro en una biblioteca— para estudiar con libertad.

Esta es una de las iniciativas que tiene el Museo Morfológico desde 2018, cuando los doctores Marcelino Mendoza Coronel, actual jefe del Departamento Facultativo de Ciencias Morfológicas, y Freddy Edwin Tancara Vargas, responsable del Museo de Anatomía, asumieron gestión.

El repositorio está ubicado en la misma Facultad de Medicina, sobre la avenida Saavedra #2246, en el barrio de Miraflores. Para entrar hay que ir detrás del edificio principal, virar a la derecha y encontrarse de frente con la estatua de un Atlas cargando un mundo que en su interior lleva estructuras celulares, ADN e incluso el pequeño feto de un bebé.

El Atlas es parte del cambio de atmósfera que Mendoza y Tancara trajeron con su gestión. Cansados de que se asocie a la unidad de morfología con lo tétrico, no solo trabajaron para rearmar el museo, también llenaron sus techos y pasillos de arte. Su primer acto fue poner esta escultura que representa a las cuatro cátedras de la unidad de morfológicas: Anatomía, Histología, Embriología y Biología. 

“Esto era lúgubre. Pero, a través de la escultura y las pinturas, el lugar ha cambiado un poco junto a todos los ambientes, siempre tratando de inspirar a los estudiantes”, expone Tancara a ESCAPE, durante un recorrido por el recinto.

En el segundo nivel está el museo, entrando por una puerta rodeada del mural que reproduce Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, la pintura de Rembrandt. También está una representación pictórica de la escultura La piedad del italiano Miguel Ángel; y un mural más con La creación de Adán, también de Miguel Ángel. “Antes era todo muy apagado, pero hemos intentado que esta sea una casa del estudiante donde todos los que vengan se sientan bien y puedan apreciar estas obras de arte”, cuenta Mendoza.

Tras la puerta, una amplia sala alberga la colección, pero en 2018, cuando Mendoza y Tancara asumieron su gestión, el lugar no era más que un depósito en el que los huesos acumulaban polvo.

La gráfica

Foto: Álvaro Valero

Foto: Álvaro Valero

Foto: Álvaro Valero

Foto: Álvaro Valero

AYUDA. El museo no sería hoy una realidad sin la ayuda de los estudiantes que pasaron por la unidad de Morfología y llegaron a quererla. Foto: Álvaro Valero

Foto: Álvaro Valero

Foto: Álvaro Valero

Foto: Álvaro Valero

Foto: Álvaro Valero

‘Inspiración en la fascinación’

Dentro de la sala esperan maquetas y modelos que ilustran el funcionamiento y la estructura de diversas partes de la anatomía humana, pero también embriones, huesos y cadáveres, conservados para que los alumnos de primer año de medicina puedan aprender cómo funciona todo.

Al entrar, tres animales diseccionados con las vísceras expuestas están al inicio de una pequeña área dedicada a las bestias. El tiempo no ha quitado flexibilidad a los órganos de sus piezas cadavéricas, pero su textura se ve algo seca: algunas partes se pintaron con fines didácticos. Detrás de ellos, esqueletos de perros, gatos, pumas reposan junto a frascos con palomas flotando en formol.

No muy lejos de ahí yace el cadáver de una persona no identificada; murió hace más de 30 años, más o menos cuando el museo fue creado por los doctores Édgar Arené y Vito Rivas, jefes de trabajos prácticos de Morfología en esa época, quienes diseccionaron esta pieza cadavérica e implementaron las técnicas de conservación que lo mantienen intacto hasta hoy.

“La gente tiene el morbo de ver lo prohibido y, en este caso, ver un cadáver sin piel, cortado en dos partes para mostrar su estructura, despierta inquietud, pero también la motivación de realmente pensar en cómo está estructurado nuestro cuerpo”, explica Tancara.

El museo representa la primera etapa de formación de los estudiantes de Medicina. Antes de entrar en prácticas de segundo año, tienen que profundizar sus conocimientos de Morfología, de tal modo que conozcan a detalle cómo funciona el interior de su futuro campo de trabajo. “Lo hacemos en cadáveres para entender bien cómo funcionan algunas estructuras, tenemos que romper, cortar y abrir. Eso no podemos hacerlo en alguien vivo, solo en un cadáver”, aclara Mendoza.

Justamente fueron estudiantes quienes ayudaron a ambos doctores a convertir ese depósito intransitable de esqueletos deteriorándose a la luz del sol en un museo dividido en áreas con importantes piezas de aprendizaje, como huesos con fracturas mal consolidadas, cráneos acromegálicos y otros sacados de ch’ullpas con trepanaciones que alteraban su forma.

“Puede ser tétrico para quien no se dedica a la medicina, pero los estudiantes de primer año encuentran inspiración en la fascinación que les causa ver estas piezas”, asevera Tancara.

Los tesoros del museo

El museo también junta otro tipo de tesoros. Entre ellos, desde Francia, un modelo antiguo de cera, de esos que artistas de ese material realizaban junto a anatomistas en 1800 y que hoy valen más de $us 20.000. Alrededor de esta importante pieza histórica están modelos creados por los estudiantes. Pulmones, corazones, corneas en maquetas realizadas en porcelana fría, plastoformo y metal, a manera de trabajos finales, mostrando el funcionamiento de las estructuras.

Para Mendoza y Tancara éstos son los tesoros, muestras del amor de los estudiantes por el museo. Por lo mismo lamentan no tener suficientes fondos para hacer de éste un museo más profesional.

A futuro desean tener solarios, más murales, cambiar la fachada e incorporar vitrinas, luces y un sistema de alarma, para así poder añadir algunas piezas valiosísimas y muy raras, como invaluables microscopios antiguos, que por ahora guardan en algún lugar secreto.

No solo los fondos no alcanzan, su gestión termina el 10 de mayo y los galenos todavía no han decidido si repostularse para otros tres años o dejar de posponer proyecciones personales y académicas.

Solo les queda seguir intentando que el Ministerio de Salud y el de Educación — o cualquiera, en realidad— otorguen fondos para dejar el museo aún mejor de lo que ya se logró, especialmente ahora que, después de cerrar por la pandemia, el 5 de abril abrió sus puertas una vez más.

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