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La tristeza Yuqui: Mujeres que sueñan con agua

PUEBLO. Facetas de la cotidianidad de los Yuqui

/ 7 de abril de 2021 / 12:55

Este pueblo indígena con 346 integrantes vive en la provincia Carrasco, en el trópico cochabambino. No cuenta con servicios básicos y vive estigmatizado

Cuando llora el cielo, los Yuqui lloran con él. Cuando cae el agua de la tormenta es que se ponen tristes. La pena y los recuerdos de los muertos, que todos tienen, que todos tenemos; nuestros muertos.

“Cuando llega trueno, relámpago, agua, mi abuela llora grave. Se acuerda de mi mamá. Cuando pierden la familia, a su marido, recuerdan. Cuando hay viento, se recuerdan de todo. Cuando no tenemos a nuestros familiares a nuestro lado, algunos cuando escuchan esos truenos, lloran y cantan tristes. No pasan rápido su pena.

Cuando fallecen nuestros familiares no comemos, no queremos tomar agua, esa costumbre también tenemos”, cuenta Carmen Isategua, 35 años, excacique en la comunidad de Bía Recuaté.

Ahora un bebé en su vientre no le deja energía para la labor de autoridad que ha ejercido por cinco años.

El pueblo indígena Yuqui del trópico de Cochabamba es uno de los más pequeños en población del país con 346 personas. Sus integrantes viven principalmente en la comunidad Bia Recuaté, ubicada en la provincia Carrasco del departamento valluno a unos 260 kilómetros de la capital. Otros migraron hasta el pueblo Chimoré, que queda a unas dos horas en carro.

Su reciente cambio de una vida nómada a vivir en casas y estar en contacto con el mundo exterior llevó a este pueblo a un limbo, social y cultural. Varias generaciones de mujeres lo cuentan entre lágrimas.

Este pueblo indígena siempre ha sido conocido —y temido— por ser guerrero. Y como “Abba” (en el idioma Yuqui, Biaye, que significa “persona externa a la comunidad)”, según cuenta la excacique, es mejor no acercarse cuando hay tormenta.

“Ese momento quieren encontrar a alguien para hacerle maldad. Quieren flechar en ese momento. Antes dicen, Abba mataba a sus parientes, y algunos lo recuerdan y quieren ese momento mismo encontrar a los collas para matarlos. La gente de afuera tiene miedo a nuestra flecha, esa costumbre tenemos nosotros cuando no escuchan. Esta flecha es silenciosa le dicen, en silencio le puede matar a la gente, sin escuchar ruido. Si se muere un Yuqui tienen que morir tres collas, más o menos así es”, cuenta Isategua. 

Rosa Isategua, en la carpa de su hermana. Foto: Sara Aliaga

Banco Fie y mariposas hermosas

Una reunión comunal ha convocado Abel Iaira Guaguasu, de 35 años. No tiene un cargo oficial en la comunidad, pero es una figura principal para el pueblo, haber sido criado por los misioneros de Misión Nuevos Tribus (MNT), con sede en EEUU, que tuvo los primeros contactos con los Yuqui en los años 60 y luego, junto al Estado boliviano, en 1989 los trasladaron en avioneta a este lugar en la selva, ahora llamado Bia Recuaté. Abel nos abrió las puertas para visitar la comunidad. Ellos son precavidos y no reciben extraños.

Nuestro primer día en la comunidad, a fines de febrero, Abel convoca a todos a una reunión comunal para elegir un nuevo cacique. Sus palabras son fuertes y chocantes. “El nuevo cacique no puede estar durmiendo en la calle frente al Banco Fie. Los Yuqui venden todo. Su cuerpo, su tierra, sus amigos, hasta su alma. Cuando hay plata, todo se quiere vender”.

Cuando salimos a Chimoré entendemos lo del Banco Fie, donde vienen a cobrar su bono de solidaridad una vez al mes. Si quieres encontrar los Yuqui en el pueblo, vas al Banco Fie: duermen ahí.

Busco a Carmen la excacique en la comunidad. El tiempo y los acuerdos siguen otra lógica aquí. “Tal vez esta Carmen, creo que tal vez la he visto”, dicen algunos vecinos. No hay señal de celular para llamarla. Caminamos casi una hora bajo el sol hasta su casa. Nunca he visto tantas variedades de mariposas de todos los colores en el mismo lugar. Bía Recuaté es una mezcla entre belleza y tristeza, entre lo intenso y dormido. Carmen no está en su casa, toca esperar a que aparezca.

‘Las dos semanas más duras de mi vida’

Hace dos años la doctora Gimena Torrico entró por primera vez a Bía Recuaté. Antes otros doctores escaparon por el río o salieron en el mismo transporte que les dejaba en la comunidad. No querían estar con los Yuqui. Gimena tenía que estar dos semanas y el resto del personal de salud había salido. Estaba sola. “Fueron las dos semanas más crueles de mi vida. Siempre he sido muy fuerte y me gustaron las aventuras, viajar me encanta. Esas dos semanas me quedé sola, en esta casa donde hay muchas ratas y estaba yo sola, sola, sola.

La gente por momentos me parecía salvaje. No había luz, ni velas traje, solo mi celular al que se le acababa la batería. A veces escuchaba una canción y la apagaba para no sentirme sola. Para mí, fue muy, muy duro. ‘No voy a llorar, no me voy a desesperar’, me decía; porque si eso pasaba, no había nadie que me diese una palabra de aliento”.

Con el tiempo se adaptó: “Después dije: ‘Tengo que cambiar todo. El sol tan bello. Estos pajaritos, qué lindo’. Cuando volví, al otro mes, me adapté. Pero las primeras semanas… nunca había sufrido tanto en mi vida. Es bonito recordar, porque superé todo eso y me siento muy valiente”.

Con tanto tiempo con los Yuqui, la tristeza también le llegó a Gimena: “Lo más difícil que me pasó en mi vida fue la muerte de mi esposo. Teníamos una familia muy linda. Les digo a mis hijas: ‘Que venga lo que quiera. He empezado a aceptar todo’”.

Y no ha sido cualquier tiempo el que le ha tocado aquí. La crisis sociopolítica en Bolivia que empezó en 2019. Luego la pandemia. Derrumbes e inundaciones.

Gimena nació en Oruro, ahora vive en Cochabamba y pasa más o menos la mitad de su tiempo en Bía Recuaté con los Yuqui, a quienes los antropólogos aún consideran en estado de Contacto Inicial. Por ejemplo, está el concepto de los tiempos. No puedes decir a los Yuqui que tomen una pastilla a tal hora o tal día.

ROSTROS. Carmen Isategua junto a su sobrina Dina Guaguasuvera. Foto: Sara Aliaga

La amenaza pandémica

“Apenas nos enteramos del COVID-19, yo decía: ‘¡Este pueblo va a desaparecer!’. Porque nos han informado que con las enfermedades de base es fatal. Y aquí la mayoría tenía desnutrición, tuberculosis o anemia”. Pero no fue tan grave como la doctora temía. Hasta ahora se han registrado 23 casos positivos con este mal. 

“La tuberculosis ha matado su población cada año en gran número. Es la enfermedad de los pobres. Donde vive mucha gente no hay limpieza, la alimentación y la higiene también es muy mala. Todo eso hace que la enfermedad esté prevalente en todos sus habitantes. Es una enfermedad terrible, que en gran parte de Bolivia está erradicada, pero aquí es el pan de cada día, por el hecho del agua, que no es potable. También hay parasitosis, anemia, desnutrición y micosis”. En otras palabras, un cuadro muy complejo, un pueblo con graves problemas de salud.

Recuerdos de la vida nómada

En una hamaca de tejido encuentro a Rosa Isategua Guaguasu, de 72 años. Está junto a su hija Ana. En su familia todos sufren de tuberculosis y tosen mucho, todo el tiempo. Rosa tiene una mirada dulce y nostálgica. Recuerda el tiempo antes de Bía Recuaté. Su relato fluye entre español y Yuqui, Biaye, intentamos seguirlo. 

“He vivido al monte. Había tanta fruta para comer. Toda la gente sacaba fruta. No sufrimos para comer. La gente robaba plátano para comer. Dormimos afuera tranquilos, en hamacas nomás, no había camas. Había carne, mono, chanchos. Los hombres cazaban. Así era en el monte”.

Y a ella le llega también rápido la tristeza Yuqui y sus ojos se hunden: “Mi esposo nos ha dejado. Y mi hijo. Mi mamá, mi hermana… se fueron a la casa de Jesús. He sufrido mucho. Mi esclava también murió”.

Cuando los Yuqui vivían en la selva era común tener esclavos, como cuenta Rosa. Y los robos a los campesinos causaron conflictos, hasta muertos, tanto de yuquis como de colonos. El choque entre vivir libremente en la selva, como los Yuqui, y el concepto de propiedad privada, de los colonos, ha sido y es muy fuerte.

Rosa llegó a Bía Recuaté con su primer hijo y su esposo, dejando a los que aún viven en aislamiento voluntario. “Los bárbaros hay en el monte. Miel de abeja han sacado. ¡Estaban bien cerquita los bárbaros! Mi hijo los vio cuando se fue a bañarse en el río. Tenían una mochila para llevar plátano”. Rosa se emociona mucho hablando de sus hermanos Yuqui en el monte. Está tejiendo un bolso con un hilo hecho de fibra del árbol del ambaibo.

Con inocencia foránea pregunto quién la enseñó a tejer, esperando que hable de su familia. “Teresa, una gringa”, responde. Nos interrumpe el hijo de Rosa, que llega muy borracho y nos echa del lugar. No queremos problemas, sabemos del carácter Yuqui: nos vamos. Otro día nos encontramos con Rosa sonriente, cosechando el fruto coquino junto a otras mujeres. Será la comida del día. Aún mantienen sus costumbres de cosechadores y cazadores, su conexión con la selva que les rodea.

Niños de la comunidad jugando en un campo abierto de Bía Recuaté. Foto: Sara Aliaga

Morir de pobreza

Gimena, la doctora, también habla de “los bárbaros”. Les tiene miedo. Un informe de 2010 de la organización IWGIA (Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas) sostiene que existen Yuquis que viven en aislamiento voluntario, es decir sin contacto con el mundo exterior. En el planeta hay alrededor de 100 pueblos que viven en aislamiento voluntario, la gran mayoría en la Amazonía, sobre todo en Brasil, pero también en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.

Según un estudio de la antropóloga boliviana Ely Linares, se estima que existen unas 20 personas o entre tres y cuatro familias Yuqui que permanecen en situación de aislamiento voluntario.

La noche en esta comunidad intimida, asusta, impresiona. Una noche sueño que mis padres me iban a mandar a un orfanato, que no me podían cuidar. Era chiquitita y fue tan real, que me quedé casi con la duda. ¿Fue un sueño o un recuerdo lejano? Todo el día me quedé impregnada de un profundo dolor. “¿Había interiorizado la tristeza Yuqui?”. Estaba el sentimiento de ser abandonado, de no pertenecer.

La doctora a veces se siente frustrada porque las habitantes del pueblo no le hacen caso: “No les gusta que les llamen la atención. Pero a veces es necesario hablarles duro, sobre todo si se trata de su salud, porque se trata de su vida. No estamos hablando de otra cosa cualquiera, sino lo más importante que tiene el ser humano, que es su vida”.

Gimena cuenta cómo todo el pueblo se enojó con ella porque había muerto una señora, en la ambulancia, cuando estaba camino al hospital. Y las cosas se pusieron feas hasta que Abel llegó a defenderla. “Ese día estaba lista para irme. Me querían linchar y no era mi culpa”. El tiempo desde que llaman a una ambulancia hasta llegar a un hospital afuera es de unas cuatro horas. “Es terriblemente duro cuanto eso sucede”.

Ahora Gimena está preocupada por Carmen, que quiere tener su bebé en la casa. “Si pasa algo se puede desangrar camino al hospital y ella y su bebé pueden morir”.

También se entristece recordando cuando murió un niño con severa desnutrición y anemia. Había tratado de convencer a los padres de llevarle al hospital afuera, pero no querían y el pequeño murió. “He llorado mucho. Amaba a aquel niño muchísimo. Cuando decidí estudiar esta carrera no pensé en ganar millones, sino en que voy a ayudar a la gente, porque la gente se muere por pobre y porque no conoce. Si no tiene plata, se muere, porque no hay cómo pagar lo que cuesta sanarse. Para mí, trabajar con ellos es una bendición muy grande. He aprendido miles de cosas con ellos. Quiero que estén bien, pues. Les tomo como mi familia”, dice la doctora y relata cómo les extraña cuando está afuera, y siempre les llama para felicitarles para su cumpleaños. “Ellos no saben que tienen cumpleaños pues yo soy la única que sé de estas cosas”.

RECURSOS. El río Chimoré no solo provee su suministro de agua para consumo, sino también es su lugar de aseo y de pesca. Foto: Sara Aliaga

‘Grave desean nuestro territorio’

Un día se convocó a un trabajo comunal para limpiar el camino. Carmen tenía cita médica el mismo día por su embarazo. “Estoy preocupada. Pero es que no puedo faltar a esta cosa en la comunidad, no puedo,” explica. “Voy a pedir otra cita”.

Para la excacique es importante el plan de manejo que tienen para la protección del territorio. “Ahí los colonos nos respetan. Si no hay plan de manejo pueden entrar al golpe a nuestro territorio, grave lo desean nuestro territorio, por eso armamos el plan de manejo para que no circulen dentro, no siembren coca, digamos.” Carmen también piensa en los Yuqui en aislamiento voluntario que están viviendo dentro de estas tierras indígenas. “Hay gente, nuestros parientes mismos, gente que no conocemos, pero ellos viven dentro de nuestro territorio”.

Aparte de que el territorio provee los recursos naturales para la sobrevivencia de este pueblo, su cuidado es una forma de proteger los bosques. Según un reporte publicado por la oficina regional de la FAO para América Latina y el Caribe, los pueblos indígenas de América Latina son los mejores guardianes de los bosques de la región con tasas de deforestación hasta un 50 % más baja en sus territorios que en otros lugares.

La excacique es una mujer fuerte, se luce su espíritu Yuqui, de guerrera. No duda en pelear contra narcotraficantes u otros interesados en sus tierras. “Como autoridades ya estamos amenazados por ellos. Decían que nos van a matar, así nos amenazaban. Grave me he enfrentado con gente de afuera para que no ingresen más cosas ilícitas, grave ha sido cuando era dirigente. Por eso a veces cuando no quieren escuchar, con flechas vamos a bloquear, así es nuestra costumbre”.

Llorar como un canto

Naty Belén Guaguasu Guasu, de 15 años, está estudiando en cuarto año de secundaria en el colegio en Bía Recuaté junto a otros 79 niños y niñas. La comunidad también tiene un internado financiado por los recursos del aprovechamiento de la madera del plan de manejo de su territorio. En el internado viven unos 30 niños. Algunos son huérfanos que han perdido a sus padres en la epidemia de tuberculosis. Y también niños cuyos padres salen a trabajar afuera, que prefieren dejarlos ahí para que estén en la comunidad.

“Me siento orgullosa de ser Yuqui, ¿por qué debería tener vergüenza si aquí estoy viviendo? No hablo tanto Yuqui porque mi mamá no me enseñaba. Solo lo que he aprendido con mi abuela, quien ya se ha fallecido”, expone.

Y a la adolescente también le llega la nostalgia y el recuerdo de la muerte: “Mis dos primas fallecieron al mismo tiempo, el año pasado en un accidente en moto en la pandemia. De mi tamaño eran, Jaquelin y Nancy”, y baja la voz cuando las nombra. Los Yuqui no deben pronunciar los nombres de los muertos. “Cuando una persona fallece, toditos vienen, tienen otra forma de llorar. No puedo hacer eso. Hablan en el idioma y lloran como un canto. Mi abuelo Lorenzo llora así. Y cuando las ranas lloran, va a llover dicen”.

Mientras hablo con Naty Belén, llora el cielo, a la quinceañera le preocupa la falta de electricidad en su comunidad: “No hay luz, solo vela o linterna. También tienen que limpiar la antena, porque no hay señal”, muestra algo que parece un árbol, pero que resulta ser una antena para internet.

El miedo de perder el idioma

Dina Ie Guaguasubera, de 27 años, es la cocinera para los niños del internado. Le pregunto sobre canciones. Todas las mujeres cantan, en Biaye, temas cristianos. Incluso éstos hablan de la tristeza: “Que estés feliz y nunca triste, porque Jesús vive, no estés triste”, traducen. Aún se siente fuerte el legado que han dejado los misioneros de Misión Nuevos Tribus (MNT), que dejaron la comunidad en 2005 cuando el Gobierno boliviano retiró su permiso para trabajar con los Yuqui.

“Era mejor mi comunidad antes. Ahora la veo muy triste. El idioma es lo que más me preocupa. Cuando era niña, mi papá y mamá me enseñaban a hablar el idioma. Y ahora hay dificultades, hasta mis hijos no saben hablar mi idioma, sí entienden, pero no hablan. Es muy importante que aprendan a hablar, porque nosotros somos poquitos y tal vez se pierda. El idioma ya nadie va a hablar. Tal vez yo me muero y mis hijos no van a saber. Si no saben, se puede perder mi idioma. Si eso pasa, es como si fuera que no vamos a existir”.

Según el Atlas de Unesco de las lenguas del mundo en peligro, el idioma Yuqui se encuentra en grave peligro de extinción. Según la antropóloga Ely Linares, de los 346 habitantes del territorio Yuqui, el 75% de la población habla la lengua biaye.

La mujer Yuqui cuenta cómo su pueblo sufre discriminación cuando va al pueblo de Chimoré. “Hablan mal de nosotros, dicen los Yuqui son cochinos, los Yuqui son flojos. Así habla la gente de afuera. Dicen cuando uno está sentado ahí comiendo: ‘¿Por qué comen en la calle, por qué no van a su casa o por qué no comen en una mesa?’. Así nos miran. Pero la gente trabaja afuera. Y comen pues, no tienen una casa; trabajan, se buscan la vida”.

En Chimoré se tiene esta percepción de los Yuqui. Un señor cuenta que en el pueblo se ha querido sacar a todos los Yuqui hace un par de años, o cómo ellos tenían relaciones sexuales en las calles, que robaban la comida del plato de la gente en el mercado; que dormían en la calle, que no respetaban las reglas de convivencia de la sociedad en el pueblo.

¿Cómo sería para los citadinos el tener que vivir como nómadas en la selva? Es difícil imaginar un cambio así en la vida. ¿Es por eso por lo que los Yuqui sienten esa tristeza? No pertenecen aquí, ni allá.

Alcohol y niñas-madre

Otro tema complejo con los pueblos en contacto inicial, como los Yuqui, es el de las adicciones, ya sea de azúcar, de medicinas, de alcohol o de drogas.

Dina cuenta que ella y su esposo tenían problemas con el alcohol desde hace menos que un año: “Cuando era chica, era bien fiestera y me gustaba tomar. Él borracho llegaba, me pegaba, feo me pegaba. ¡Yo también le pegaba con palo y todo! Pero hemos dicho: ‘Mucho estamos tomando, hay que cambiar nuestras vidas’. Nos hemos reconciliado con el Señor, tratamos de cambiar nuestras vidas. Ya no voy a las fiestas, mi marido ya no toma, y estamos tranquilos con nuestros hijos. Como medio año ya no tomamos”. 

Tienen cinco hijos; su primer hijito lo tuvo con 14 años. Algo normal en los Yuqui: las niñas-madre. Y no es raro que el padre sea de la misma familia. “Las niñas no están al cuidado de nadie, están en la calle y cualquier cosa puede pasar. Parece que en mujeres adultas lo mismo ha pasado. Algo normal. Una costumbre con ellos. Y parte de su cultura hasta que se podría decir que nos choca a nosotros. Pero es así —se preocupa la doctora—. Los hombres están con una mujer o una niña. Es triste. Hay una señora que tiene seis deditos. Otros tienen deficiencias intelectuales por estas situaciones. Sus padres son hermanos o primos. Y así hay varios casos”.

Los primeros bachilleres

Claudia Bazoalto Almaraz, de 30 años, es profesora en la primaria en Bía Recuaté. Recuerda su llegada hace más de tres años: “Verlos era algo triste. Siempre salían, no se quedaban aquí. Siempre los veía allá en el pueblo (Chimoré). Estaban queriendo olvidarse de su cultura. Los maestros hemos trabajado bastante en concientizar, en que su comunidad no debe ser olvidada, más bien debe ser valorizada, su cultura y su lengua”.

Todas las tardes la profesora va al río a bañarse y lavar ropa. Un paisaje bello, atardeceres espectaculares. Pero también lo hace por falta de servicios básicos: “Aquí faltan luz eléctrica, agua potable. Ellos todavía carecen de esto. Tienen derecho a tener energía eléctrica, de vivir cómodos. Por falta de servicios básicos emigran al pueblo; y como ven que hay luz, hay agua, entonces prefieren estar allá”.

El año pasado salieron los dos primeros bachilleres de Bía Recuaté, y fue un evento del cual toda la comunidad se sintió orgullosa. Y al verlos en el pueblo Chimoré, dicen: “Mira, ahí están nuestros bachilleres”. Es un gran logro para los Yuqui. Pero la profesora está preocupada porque hay un problema con la asistencia de las chicas a la escuela. “Las mujercitas en la etapa de adolescencia están desertando de la escuela. Piensan que ya tienen que formar familia y no es tan importante el estudio. Con sus 13 o 14 años, algunas ya están embarazadas. Eso preocupa. Tienen una mentalidad un poco perdida. Preocupa que a una edad temprana muchas han dejado de estudiar”. Claudia habla apenada de tres hermanas huérfanas que venden el cuerpo de una de ellas a los hombres en Chimoré.

La doctora también está preocupada. “Es como si las leyes no entraran acá. Parece Sodoma y Gomorra: mentira, engaño, robo, flojera, hay incesto. Hay todo esto. Hasta homicidio hay. Sí, es pesado”, dice.

 Pero no todo es incierto o desesperanzador: Irma Guasu Guaguasu, de 25 años, fue elegida como concejala Yuqui en el municipio de Puerto Villarroel.

Representando a su pueblo Yuqui, con orgullo y con un poco de nervios también, se pone su típica vestimenta tejida. Ella lucha para mejorar las condiciones de vida de su pueblo, quiere que su comunidad Bía Recuaté salga adelante. “Somos poquitos, pero ahí vamos, adelante”. La líder está gestionando para que llegue luz y agua a su comunidad.  

“Deberíamos ser orgullosos, de ser los únicos a nivel nacional. Somos los únicos Yuqui que existen. ¡No hay más! Para que pueda vivir la gente, el 100% en la comunidad, nosotros debemos tener luz y agua. Muchas veces, por eso salimos nosotros, porque no hay agua. Nos enfermamos. Digamos por tema del agua y de la luz. Ya no queremos vivir en oscuridad, como hace años, con velita hacemos nuestras tareas. Deseo que algún día llegue la luz. Eso es mi sueño, agrandar la comunidad”.

VIDA. La falta  de electricidad impide que haya educación virtual, las clases presenciales son la única opción. Foto: Sara Aliaga

Revivir en pandemia

Retornamos con Dina —la cocinera del internado—, y sus recuerdos: “Mi papá era cazador. Cazaba el mono arriba, con flecha. Tenía también escopeta. Nos traía fruta del monte, miel y carne. Buena gente era mi papá. Pero se ha muerto. Se ahogó en el río hace poco. Más bonito era todo cuando era niña, mi comunidad. Ahora los veo tristes, porque la mayoría salen. Abandonan su casa, su comunidad”.

A causa de la pandemia, muchos Yuqui regresaron a su territorio para protegerse. “Contenta paraba yo, bonito era mirarlos a ellos. Lleno en el río, todos a pescar. Comían bien. Harto pescaba mi gente, harta gente bañándose. Me sentí feliz porque toda mi gente ha venido en tiempo de pandemia”, rememora.

El sueño de Dina es que sus hijos sean profesionales: “Quiero que ayuden a la comunidad. Sueño que un día va a haber una buena carretera, que va a haber plaza aquí y tienda. Que va a mejorar la comunidad. Tienen que imaginarlo, les digo a mis hijos. Me imagino, mamá. Va a haber plaza, mamá, cuando seas abuelita”.

*Este reportaje fue realizado gracias al fondo de emergencia COVID-19 para periodistas de National Geographic

Estados Unidos se pasea ante Irán y endereza su rumbo en el básquetbol olímpico

Las dos primeras selecciones de cada una de las tres llaves avanzan a cuartos, El equipo estadounidense cerrará la fase de grupos ante la República Checa

Jayson Tatum de EEUU va a la canasta en el partido de baloncesto contra Irán

Por AFP

/ 28 de julio de 2021 / 10:48

TOKIO 2020

La selección de básquetbol de Estados Unidos enderezó su rumbo en los Juegos de Tokio-2020 al ganar con autoridad a Irán (120-66), este miércoles en el Saitama Arena, con una gran actuación del base Damian Lillard, autor de 21 puntos, con siete triples.

En el grupo A, el equipo de las estrellas de la NBA había caído en su estreno ante Francia (83-76). Este miércoles no tuvo rival y desde el principio marcó distancias con el grupo persa.

Dispuesto a recuperar voluntades en un día sencillo, el seleccionador estadounidense Gregg Popovich repartió minutos entre todos sus jugadores. 

El plan del mítico técnico de los San Antonio Spurs pasaba por dar un paso adelante en defensa y ahogar a los jugadores iraníes. En ataque, el talento anotador estadounidense hizo el resto.

En Irán dio la cara su referente, el antiguo NBA Hamed Haddadi, autor de 15 puntos y 6 rebotes.

El equipo estadounidense cerrará la fase de grupos ante la República Checa, que este miércoles se enfrenta a Francia.  

Las dos primeras selecciones de cada una de las tres llaves avanzan a cuartos, más las dos mejores terceras.

(28/07/2021)

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LASTESIS: Un feminismo desde lo colectivo y la performance

'El violador eres tú', pieza performática creada por el colectivo feminista chileno, hizo carne en mujeres de todo el globo

LASTESIS. Dafne Valdés, Sibila Sotomayor, Lea Cáceres y Paula Cometa son las integrantes

Por Claudia Fernández

/ 26 de julio de 2021 / 19:18

Yla culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eras tú”, dice el verso más cantado en España, México, Turquía, Argentina, Chile y Bolivia de la performance creada por LASTESIS, un colectivo feminista fundado por cuatro jóvenes y reconocido por la revista Time como una de las 100 personalidades más influyentes de 2020, aunque la nominación resulta ser un detalle más en medio de una compleja lucha contra el patriarcado. Dafne Valdés, Paula Cometa, Sibila Sotomayor y Lea Cáceres, nacidas en Valparaíso (Chile) y a favor del enfoque interseccional, apuestan por un diálogo entre las tesis feministas y las manifestaciones artísticas como reivindicación de las mujeres y la comunidad LGTBIQ+. Y ahora quieren Quemar el Miedo.

—¿Cómo ven el movimiento feminista en Latinoamérica en un contexto de crisis sanitaria muy distinto a 2019 cuando, por ejemplo, las plazas eran espacios de lucha, de protesta?

—Está activo, aunque con la pandemia las prioridades van cambiando. La violencia doméstica ha sido un tema muy importante durante este tiempo; el confinamiento finalmente hace evidenciar aún más las formas de violencia contra las mujeres, infancia y personas de las disidencias. Así que hay luchas importantes y que en cuanto se pueda recuperar las calles van a florecer temas como el aborto, mientras tanto América Latina tiene que estar observando y constantemente  poniendo en su lugar a los agentes que finalmente resultan ser quienes proporcionan la violencia; visibilizando las prioridades que no son ni de derecha ni de izquierda, y construyendo las relaciones entre colectivas feministas, transfeministas latinoamericanas con organizaciones africanas, afrodescendientes, europeas y asiáticas que son importantes. Así que tenemos que estar despiertes, atentes y listes para reactivarnos.

—Ustedes incentivan a la acción en la lucha feminista. ¿Cómo hacerlo?

—Nosotras creemos mucho en el “hágalo usted misme” desde las herramientas que tenga, que pueden no ser muchas: no tienen que ser académicas, no tienen por qué tener un grado en arte, teatro o en lo que sea, sino que en verdad teniendo un cuerpo, son muchas las cosas que podemos hacer. Por ejemplo, nuestros vínculos con lo musical son absolutamente autodidactas, no nos dedicamos a la música, sin embargo desde que empezamos a trabajar en 2018 nos daba la sensación de que era muy necesario que tuviera un ritmo. Hay muchas cosas que se pueden hacer solo con el ímpetu y sin temor de nada. También creemos que ese activismo está en el cotidiano: en el cómo nos relacionamos con nuestra familia, cómo entendemos la construcción familiar, cómo comprendemos otros posibles vínculos de distinta filiación que no pasa por lo sanguíneo ni lo sexo afectivo; como también en lo laboral, este  activismo en el cotidiano como cuando voy caminando por la calle. Creemos que hay que estar todo el tiempo operando, lo que es un ejercicio bastante agotador, pero en ese sentido la lucha feminista es constante. Y en el contexto latinoamericano el diálogo entre el arte y el activismo, o sea, el artivismo, es algo muy potente y que a veces en los países del Norte no está instalado de la manera en que está aquí, de la manera en la que está en Chile, Argentina, Bolivia o Perú. Además, en nuestra lucha nos ha hecho sentido el diálogo con las personas de la disidencia del sistema sexo-género, con quienes compartimos tantas opresiones y creemos que tenemos muchos puntos en común en nuestra lucha y que juntes somos más fuertes.

La letra y la coreografía de Un violador en tu camino parecen sencillas, pero por detrás hubo un trabajo de investigación basado en el libro Calibán y la bruja de Silvia Federici. ¿En el camino que eligieron, por qué el cuerpo se convierte en uno de los protagonistas de la lucha feminista?

El cuerpo es el primer territorio que habitamos, y en el caso de mujeres y personas de las disidencias hay un tema de cómo el cuerpo se transforma en un territorio de opresión; un territorio de violencia que nos atraviesan en múltiples ámbitos que no tienen que ver solamente con las personas gestantes o con capacidad de gestar. Nos parece importante esa reivindicación; cuerpo como territorio y esa reapropiación como una herramienta de lucha y de resistencia. Además, eso se vincula directamente con esta creencia que tenemos en el potencial transformador de la performance, cuyo sustento, ya sea artístico o cultural, es el cuerpo. A lo largo de la historia hemos visto cómo las luchas muchas veces parten desde ese territorio oprimido, parten de ese lugar y el tema de vincular la performance con los feminismos o transfeminismos tiene que ver con eso, con esa potencia política que conlleva la apropiación del cuerpo que no es cualquier cosa como pareciera, como algo evidente, pero en verdad creemos que no, que ahí hay una vuelta importante, una lucha de muchos años pero que sigue en la actualidad.

—Son varias las manifestaciones artísticas que realizaron pero Un violador en tu camino reflejó un salto generacional; hubo adultas mayores cantando y realizando la coreografía en diferentes países. ¿Este salto fue buscado?

—Cuando generamos la intervención y definimos la coreografía, intentamos que fuera muy sencilla pensando en que una gran mayoría de personas pudiera ejecutar estos movimientos, eso era muy importante para nosotras. Y que los movimientos y la letra generarán una alianza, no una dicotomía, no una separación, sino que dialogarán. Y lo que sucedió con LASTESIS senior, personas mayores de 40 años, de alguna manera corroboró esa premisa. Era impactante lo que aquello significó, y lo mismo con este efecto sanador de la performance, con ese momento en el cual una misma apunta hacia afuera, algo sucede en torno a su experiencia de violencia sexual y que también fue algo que descubrimos cuando hicimos la performance en la calle por primera vez; como que antes eso estaba en el terreno de las ideas y hay cosas que solo se concretan cuando se realizan a través de la acción, en ese sentido tiene mucho que ver con lo performativo, o sea, con el cuerpo.

—¿Y cuál es el vínculo que tiene con los sectores populares, con los indígenas?

—No hay un vínculo directamente, pero nuestras convocatorias apuntan a todos los sectores económicos pero evidentemente hay una necesidad mucho más fuerte de hablar de feminismos en sectores populares en donde también los Estados y sus aparatos educacionales han minimizado de alguna manera la posibilidad de mayor información, por ejemplo, respecto al género. Eso quizás es una de las deudas que tenemos las feministas que venimos de la academia.

ACCIÓN. El violador eres tú de LASTESIS se replicó en las calles de diferentes países. Foto: LASTESIS

—“Feminazi” es un insulto que utilizan para descalificar el movimiento feminista. ¿Qué opinan sobre el adjetivo?

—Hicimos un video como respuesta en base a un texto corto de Paul B. Preciado que se llama Quemar el miedo, que va definiendo también un poco la idea de por qué te llaman feminazi, qué podría significar, qué pasaría si realmente fuésemos feminazis y si ejecutáramos las mismas violencias que el opresor histórico a la manera de los nazis. Como dice Paul B. Preciado, nos queda mucho, pero mucho margen para que nos llamen feminazis.

—En esta entrevista no colocamos las respuestas individuales, sino la postura de LASTESIS. ¿Cuál es la importancia que le dan al trabajo colectivo?

—Lo colectivo dialoga con lo político, con esa idea de potencia desde la colectividad y sin abandonar nuestras luchas personales, nuestras vivencias, nuestras propias realidades, violencia, etcétera; sino cómo a partir de lo colectivo logramos luchar en contra de estas violencias y opresiones comunes que compartimos. En esta idea del nosotras y no de la experiencia de una. Entonces, desde un principio para nosotras tenía mucho sentido el conformarnos como un colectivo porque también alude a una estructura que no es jerarquizada, que no es vertical.

—Este año presentaron dos libros. ¿Sobre qué escribieron?

—Por un lado está la Antología, donde compilamos teoría feminista de varies autores y escribimos el prólogo pero hay también poemas, dramaturgia, arte textil, diseño, fotografía, mostramos cómo las manifestaciones artísticas dialogan con lo teórico. Con el libro pensamos en acercar a personas que no tienen relación con los feminismos, que fuera introductorio, y también fue pensado para las personas que están dentro de los feminismos donde pudieran encontrar otras cosas. Y por otro lado está Quemar el Miedo, escrito en primera persona plural y desde el nosotras, considerando que la experiencia de una es la experiencia de todes. Lo que sale de ese libro son cosas que nos han pasado, pero lo que nos parecía muy importante era no hablar de nuestra biografía, por eso no le ponemos nombre y apellido, sino que desde el nosotras mostrar el cómo, en ese ejercicio de que la experiencia de una es la experiencia de todas.

—¿Y cuál será su próximo trabajo?

—Estamos entrando en una discusión con las pistas que nos entregan los estudios de urbanismo feminista; ver la relación del espacio público y el género como esta idea de que el espacio público, el urbanismo, digamos las ciudades están pensadas para el “sujeto masculino o neutral”, esta discusión en torno a la organización, pero desde esta perspectiva de género.

Libros indispensables según LASTESIS

— Género y disputa – Judith Butler

— La guerra contra las mujeres – Rita Segato

— Manifiesto contra sexual- Paul B. Preciado (Última edición)

— Calibán y la bruja- Silvia Federici

— Mujeres artistas- Flavia Frigeri

— Teoría King Kong- Virginie Despen

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INVINCIBLE: La sangrienta esencia del ser humano

Un análisis de la primera temporada de la nueva serie de animación de Robert Kirkman para Amazon Prime

Toda la temporada desarrolla lentamente el choque que protagonizan padre e hijo al final

Por Adrián Paredes

/ 26 de julio de 2021 / 19:13

Las llamamos maravillas. Pueden ser edificaciones o monumentos, la cosa es que simbolicen nuestros logros como humanidad. Esa capacidad nuestra de crear hitos, construir imperios, moldear el mundo que nos rodea en representaciones de nuestra grandeza.

Y en Invencible, la serie animada producida por Amazon Prime, todas esas construcciones son destruidas con asombrosa facilidad, en un show sangriento sobre el significado de ser humano.

Creada por Robert Kirkman para Image Comics y adaptada para la televisión por el mismo autor —la mente detrás de The Walking Dead—, Invencible sigue a Mark Grayson, un joven con superpoderes que está aprendiendo a ser un héroe, bajo la siempre presente sombra de su padre, Omniman — un Superman con bigote—, el alienígena más poderoso del mundo.

La primera temporada de esta serie, que contiene ocho episodios que duran entre 40 y 50 minutos cada uno, ha sido muy bien recibida entre los fanáticos del género de superhéroes, felices de contar con algo producido por Seth Rogen y Evan Goldberg, como el otro éxito de superhéroes de Amazon Prime, The Boys.

Pero mientras The Boys satiriza y critica a este género, Invencible explora los lados más crudos y humanos de los superpoderosos al seguir a un novato que decide bautizarse como Invencible para pelear contra el crimen.

Foto: Amazon Prime

Grayson es arrogante y no sabe lo que hace, pero sus intenciones son nobles. Interpretado por Steven Yeun (Minari), el viaje de Grayson es el de un joven que comete muchos errores, que en su línea de trabajo no solo conducen a ser constantemente zarandeado sin piedad, sino a que se pierdan varias vidas inocentes que pesan en sus hombros. Muchísimo.

Y, a la vez, desde el primer episodio vemos que su padre, Omniman, magistralmente interpretado por la voz de J.K. Simmons (Whiplash), no es el héroe que el mundo cree que es, sino un ser despiadado, todopoderoso, que asesina a sangre fría.

Mientras crecemos junto a Grayson, vamos comprendiendo las motivaciones de Omniman y, en el ínterin, vemos cómo las peleas entre héroes y villanos de este mundo destruyen todos esos símbolos del poderío de la raza humana, poco a poco estableciendo el mensaje de que para estos seres los logros de la humanidad no son más que daño colateral.

Nunca es más claro que en la mortandad de la batalla del cierre de temporada, cuando padre e hijo se enfrentan. Omniman quiere dominar a los humanos, pues para él solo somos mascotas, pero Grayson se opone y así reafirma su humanidad. Claro, recibe una soberana paliza en una batalla a la que solo sobrevive a fuerza de resistir hasta poder contagiar a Omniman un poquito de compasión, forzándolo  a dejar la tierra mientras derrama una lágrima por su hijo.

Y eso es un drama bien logrado en un género que muchos subestiman.

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El propósito o la promesa, o el intento de construir algo

La dramaturga Katy Bustillos escribe sobre El propósito, obra que presentará el Taller Ser y Estar

Por Katy Bustillos Vila / Dramaturga

/ 26 de julio de 2021 / 19:08

Al salir de la casa siempre le pregunto a mi madre si estoy peinada o despeinada. Me dice: “Es lo mismo, siempre pareces peinada en lo despeinado de tu cabello”.

De camino a los ensayos veo una casa no terminada. Paso cada día por la misma calle y la vislumbro. No sé si es una casa destruida o una casa a medio construir. Cierto día ando apresurada y, al pasar por la casa, veo unas sombras moviéndose en una de las habitaciones. Mientras corro al ensayo, me pregunto si habré imaginado eso o si habré visto bien.

En medio de la cuarentena rígida empecé una relación de pareja. Cuando me preguntaban si estábamos juntas, no sabía qué responder. Cuando nos volvimos a encontrar había tanto guardado, tanto no vivido en carne propia, que, con la primera brisa, la relación se desvaneció.

Cada vez que paso por la casa, de camino a los ensayos, me detengo y me pregunto: ¿Estará construyéndose recién o la estarán demoliendo? Y cuando paso al día siguiente, sigue igual. Pienso: lo que estaba por pasar no pasa.

Llego al ensayo y veo a los actores con un miedo terrible a habitar la nada: la creación, el teatro. Pienso en el edificio y digo: “En realidad tienen miedo de habitar la casa a medio construir/destruir”.

Un escrito sobre la pandemia

El texto nació a partir de la dramaturgia de la escena propuesta por los actores del Taller Ser y Estar. Ellos abordaban la construcción/reconstrucción a partir de la nada, exploraban momentos bisagra donde las situaciones construidas estaban a punto de estallar, y luego, sin embargo, se diluían. En el encuentro con el otro, experiencia tan vedada por la pandemia, se establecían construcciones de cuerpos y presencias. 

La pandemia no posibilita el continuar, nos deja estancados. No se vislumbra una posibilidad de reconstrucción, de salida, ya que poco a poco nos vamos dando cuenta de que no sabemos nada de este fenómeno. Este es el momento después de la cuarentena rígida, ya pasó lo peor “aparentemente”. Este es un momento donde nadie sabe nada.

Esta época nos deja la sensación de un interminable domingo, agotado en la nada, una construcción en stop, como un edificio o una casa vieja y olvidada. Lo que estaba por pasar no pasa. La promesa, el propósito se quedan como eso, simplemente como expectativas.

Ante esta situación aparece el miedo a la nada, el malestar de la época. Un miedo a no poder accionar con la nada. Un quedarse paralizados ante una situación que nos supera.

Como la tragedia griega, en estos tiempos de pandemia vivimos día a día en manos de un orden oculto que no conocemos, que nos aterra, que no entendemos, a punto de estallar, así repentinamente, sin previo aviso.

La casa que habitamos es una casa con rajaduras, a punto del colapso, una casa desconocida, una casa en crisis.

La promesa es un texto que aborda la resistencia ante esta crisis a partir de la reescritura de varios fragmentos de tragedias. Es un trabajo que parte de lo íntimo hacia lo público, parte de exponer la propia casa para exponer la casa en la que vivimos como humanidad. Explora la cotidianidad de los personajes trágicos que conviven en un edificio destruido/construido, adormecidos ante tanta crisis. La única salvación es el amor, sin embargo, éste se queda en promesa, en un tránsito que nunca llega. Se devela una cuestión fundamental: ¿Sabemos cómo habitar esta casa que se destruye?

La obra transita el tema de la resistencia, el vivir el día a día enfocándose demasiado en un hecho más lejano, impidiendo ver así el verdadero propósito del propio existir.

Ser y Estar es un espacio de formación actoral para poder habitar la nada y crear a partir de eso. Nada más apabullante y aterrador. 

Patricia García invita a los actores a poder habitar el escenario, tan lleno de posibilidades, tan lleno de nada, incluso en estos tiempos tan vacíos.

Este espacio de formación nos impera una necesidad fundamental: es el momento de volver a la nada, al arte que no fue hecho para ser arte, según las palabras de Eugenio Barba. Es el momento de regresar a un arte que se desvive por desaparecer: el teatro. Es momento de actuar, es decir, construir a partir de la nada.

Foto: Daniela Gandarillas

La obra

El Taller Ser y Estar dirigido por Patricia García, espacio formativo de Teatro Nuna (C. 21 de Calacoto), presentará la obra El propósito como cierre de su novena versión. Tras un proceso semipresencial de cinco meses, 21 actores atravesarán el texto La promesa de la multipremiada dramaturga Katy Bustillos, escrito para este taller desde un acercamiento al trabajo sin la palabra y continuando con su labor de fomento a la nueva dramaturgia boliviana.

La experiencia se llevará a cabo el domingo 1 de agosto a las 17.00 cumpliendo con un aforo muy reducido y respetando las normas de bioseguridad. En caso de completar aforo, se hará una segunda función a las 19.00.

Venta de entradas en taquilla del teatro el mismo día de la función. El costo: Bs 40.

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VERÓNICA Y NICO

Me gustó el programa dos de Ch’utis, que hacemos por Abya Yala Televisión y que se emite los sábados a las 21.00. Pude conocer a Verónica Córdova, mujer, cineasta, escritora, guionista, madre, esposa y una gran sobrina

/ 26 de julio de 2021 / 19:03

CH’ENKO TOTAL

Me gustó el programa dos de Ch’utis, que hacemos por Abya Yala Televisión y que se emite los sábados a las 21.00. Pude conocer a Verónica Córdova, mujer, cineasta, escritora, guionista, madre, esposa y una gran sobrina. Me impresionó Verónica, en su búsqueda hizo dos licenciaturas, una maestría y un doctorado en guion cinematográfico. Tuvo una experiencia vital en Cuba donde afiló el oficio en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños. La conocí en el set, nunca había conversado con ella, impactó el relato de su próxima película sobre los últimos 10 años de vida del maestro Gil Imaná. La película empieza cuando Gil esparce las cenizas de su esposa, la artista Inés Córdova, en el lago Titicaca. Cuenta Vero que en ese entonces hicieron un pacto con el maestro, filmar sus últimos años hasta que él se una con su esposa en la eternidad de las aguas del lago, hecho que aconteció en enero y que cierra un ciclo de 10 años de filmación que incluye, por supuesto, todo el registro en imágenes de la catalogación y ordenamiento de las obras de ambos, la donación a la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia —no solo de más de 6.000 piezas artísticas—, sino también de la casa ubicada en la hermosa esquina paceña de la avenida 20 de Octubre con Aspiazu, casa donde deberá funcionar el Museo Inés Córdova-Gil Imaná por legado de estos dos grandes artistas bolivianos. Verónica cumplió militantemente todo lo acordado con sus tíos, terminó de filmar. Hoy la película descansa en duelo hasta que se retome la edición final.

Me impresionó Verónica y su pluma de fuego, el año pasado en este mismo medio escribió en su columna hechos y pensamientos de gran riesgo en una sociedad comandada por fascistas, ella aceptó el reto de escribir sus pensamientos libertarios y lo hizo incluso con el odio rondando. Conversamos de su película Di buen día a papá, que representó a Bolivia en los Oscar para mejor película extranjera, hablamos de la hermosa Inés, su hijita de 15 años a quien le gusta las canciones del Papirri, compartió con todos nosotros su experiencia en Noruega donde hizo maestría y doctorado, viviendo cuatro años en la ciudad de Bergen. Vero podía quedarse a trabajar para siempre por esos pagos pero decidió volver a la Patria: “Quiero contar his

torias, este es mi lugar”, afirmó rotunda. Al final de la entrevista le dediqué la canción Del amor, su bailecito que la hizo jalear con gustito de picantes y coctelitos del valle.

En cuanto a Nicolás Suárez, ya escribí larguito sobre él. Nico es un gran músico, con una formación académica muy sólida, conversamos sobre sus proyectos, intercambiamos discos, hablamos de su ópera El Compadre. Lo más lindo del Nico es que no se hace problema de transcurrir en el campo de la música erudita y la música popular, escuchamos un blues que le compuso a su hijito, hablamos de su doctorado en Composición en la Universidad Católica de Washington. Acaba de sacar un disco de canciones para niños que quedó muy bonito, nos contó de su experiencia como arreglista y tecladista de la Agrupación Wara, una charla amena que concluyó con una sorpresa, tocamos ahí, en vivo, en el jardín del Nico, la canción Soy atigrado que fluyó fresca, con el cielo paceño de fondo. Hermoso recuerdo que nos llevamos para siempre. Verónica y Nico, dos grandes artistas bolivianos que pese a pandemias, golpes, virus, siguen produciendo arte e ideas.

El programa Ch’utis continúa, pese a grandes dificultades, en un canal que está reviviendo. Yo voy ahora mismo a La Paz a sentarme al lado del editor que necesita algunos consejos respecto a la edición de un programa cultural- musical. Usted puede ver el reprisse del programa tres hoy a las 22.00 con la presencia de Miskicho Valverde, actor, cineasta, fotógrafo de notable creatividad y la figura musical del gran Rolando Encinas, el creador de la orquesta Música de Maestros y —para mi humilde opinión— el mejor quenista de Bolivia. Bien nomás está el asunto. Pa qués decir.

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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