lunes 20 jun 2022 | Actualizado a 14:30

‘Tata’ Rufino, el no/poeta (aymara)

Rufino Paxsi Limachi

/ 20 de junio de 2022 / 14:29

Rufino Paxsi Limachi, ‘Wari Willka’, es médico tradicional, librero, viajero y poeta. Tiene una biblioteca especializada en medicina natural

El cuarto de Rufino Paxsi Limachi está repleto de libros, tiene más de cuatro mil, cuidadosamente ordenados por temáticas. En su biblioteca hay mucho de medicina tradicional, de salud, de poesía, de rituales místicos y esotéricos; hay manuales naturistas y de apicultura pero también literatura boliviana y latinoamericana. Ha comprado libros toda su vida, incluso cuando no tenía ni para comer. En el otro lado del cuarto, sobre la avenida Panorámica de la ciudad de El Alto, hay una cocina a gas, piedras imanes de Tiwanaku, plantas medicinales y un viejo afiche de Fidel y Chávez que dejó el último inquilino. “Tata” Rufino es un no/poeta (aymara).

Don Rufino nace en el ayllu comunitario de Waraya Grande, en Tiwanaku (provincia Ingavi) el 10 de julio de 1938. Está a punto de cumplir 84 años y no aparenta su edad. Hace alarde de una memoria prodigiosa y su salud, sostenida en base a los principios naturistas, es simplemente de hierro. Sus padres se llaman don Francisco “Kilku” Paxsi Poma y doña Luisa “Mama T’alla” Limachi Quiroz; sus abuelas, doña Paula Méndez y doña Manuela Ticona; y sus abuelos, don Gregorio Paxsi Mamani y Benedicto Limachi Tusco. Asegura don Rufino que ambos vivieron hasta los 120 años. “Fueron los grandes yatiris/qulliris/aymaras de Tiwanaku, ellos nos transmitieron los conocimientos de la medicina natural cósmica”.

“Tata” Rufino tiene doce hermanos y cinco hijos, uno de ellos, Félix Paxsi González, ha tomado el relevo. En su carnet de identidad, dice “jaqichata” (casado). En los años 60 fue profesor en Kasa Achuta (Desaguadero) y en Pucara (Tambillo, provincia Los Andes); y maestro alfabetizador durante cinco años (1970-75). Su nombre, de acuerdo a su fecha de nacimiento y a una ceremonia ancestral con los abuelos de la comunidad, es ahora “Wari Willka” (santuario antiguo).

(Habitamos en Waraya / habitamos en Tiwanaku / tenemos por Padre al Inti / y por Madre a la Tierra. / Contemplamos tus pucaras / admiramos tus lupijaqis / así somos los aymaras / quechuas aymaras valientes / y por toda nuestra patria / nuestra querida Qullana / gritaremos ahora muy fuerte / por Bolivia un jallalla).

Estamos en Tiwanaku, año 1973, finales de agosto, plena dictadura sangrienta de Hugo Banzer Suárez. Don Rufino posa orgulloso para las cámaras con el resto de hermanos reunidos en el Primer Congreso Nacional sobre Medicina Natural y Cultura Aymara. Tres años antes, en 1970, ha publicado su primer diccionario trilingüe, castellano-aymara-quechua con la colaboración compiladora inicial de Severo Quisbert Ramos y Elizabeth Arcenia Quiroga. Unos años después va a escribir el libro Historia de la medicina natural aymara y kichwa del Qullasuyu-Bolivia y el Índice de plantas y hierbas para la falta de salud.

Desde aquellos años, “Tata” Rufino —nacido para curar— camina el país y el continente (ha llegado hasta México y Otawa, Canadá) divulgando los preceptos qullana/aymara en diez capítulos. Éstos son. Uno: respirar siempre aire puro; dos: comer exclusivamente productos naturales; tres: ser sobrios constantemente; cuatro: beber únicamente agua natural; cinco: tener suma limpieza en todo; seis: dominar las pasiones; siete: no estar jamás en ociosidad; ocho: descansar y dormir solo lo necesario; nueve: vestir sencillamente y con holgura; y diez: cultivar todas las virtudes, procurando siempre estar alegres.

Don Rufino ha llegado donde ha llegado porque respeta y cumple a rajatabla con estos diez mandamientos. “El aire puro es el primer alimento y el primer medicamento del hombre-mujer en dualidad. No nos damos cuenta de la importancia que tiene el aire puro como fuente de energía vital y necesidad psicológica”, me cuenta “Tata” mientras acullicamos coca machucada en su pequeño cuarto.

El mandamiento número diez (cultivar todas las virtudes) lo ha llevado a escribir poesía, recetarios de cocina, diccionarios y manuales de medicina tradicional. “Somos como la quinua, no debemos de avergonzarnos de nuestros alimentos, en el extranjero la estiman mucho y hasta hace poco decían que eso era comida de indios. La alimentación es nuestra única medicina y la medicina, nuestra única alimentación”. Es un gran defensor de las frutas, de los cereales y de las verduras; de las comidas con muy poca sal y de la quinua y la cañahua. Incluso ha escrito la receta del ponche caliente de quinua: ramas de canela, azúcar amarillo, clavos de olor, vainilla molida, extracto de quinua y singani. “La medicina nativa y natural necesita voluntad y sobre todo, fe. Si uno tiene fe, se cura; al que no tiene fe no le hace efecto”.

(El sol es / una naranja / en el huerto de luz / de la mañana).

LA GRÁFICA

El ‘Tata’ Rufino en su Tiwanaku natal en 1970

Escritos de Poesía

Algunas hierbas con las que trabaja

‘Tata’ Rufino con sus compañeros

Estamos en 1976, Prado de la ciudad de La Paz. Unos cuantos amigos se han instalado en el paseo para vender sus obras. Es la primera Feria del Libro. Junto a don Mariano Baptista Gumucio, don Antonio Paredes Candia, don Peter Lewy y un par de locos más, está la figura del “Tata” y sus libros de medicina natural-cósmica-universal. Muchos años después, en 1991, don Rufino también estará presente en la primera Feria del Libro en El Alto.

Don Rufino ha redescubierto más de 800 plantas silvestres y cultivables, machos y hembras, cálidos y frescos medicinales de las serranías del altiplano, valles, trópico y llanos. Ha perdido la cuenta del número de congresos nacionales e internacionales, conferencias y seminarios en los que ha participado desde 1970 a la fecha. “No hay enfermedades, hay enfermos”, me dice mirándome a los ojos. “Nuestro error está en no conocer, no valorar, no estudiar a fondo, no buscar las combinaciones que pueden dar nuestras plantas medicinales. La medicina occidental es cara y a veces inaccesible, mientras que la medicina tradicional que data de nuestros ancestros es eficaz, con costo mínimo y está al alcance de todos. No estamos en contra de los doctores egresados de la universidad, sino contra quienes comercializan con la medicina por mero afán de lucro”. En 1985 funda como pionero la Sociedad Boliviana de Medicina Tradicional Integrada Kallawaya.

(El liqui-liqi es verdadero médico / con su cabeza oblonga / y sus ojitos rojos como wayruru. / Semeja sus alitas, espantajo de ánimas / y sus piececitos, látigo de almas. / Es verdadero médico, su cabeza aplastada / sus ojos, color wayruru).

—“Tata” Rufino, ¿se ha metido alguna vez en política?

— Políticos somos todos, política haces tú, política hago yo. Los politiqueros pasa-pasa son otra cosa, por culpa de todos ellos sufrimos y no tenemos justicia todavía. Hay que defender nuestra cultura y tradiciones para lograr el equilibrio permanente entre hombre, mujer y naturaleza del universo divino, hay que reconstruir una vida en comunidad.

Don Rufino, jilata/amauta, historiador, lingüista y sabio viejo, habla con lenguaje sencillo y claridad de pensamiento y escribe poesía en aymara y en castellano desde la noche de los tiempos. Lo hace en diminutos cuadernos artesanales hechos por él mismo con una caligrafía minuciosa y hermosa. Jura que no es poeta, “tan solo un andariego empedernido, tan solo por la calle de la vida deambulo”. Y añade: “No sé que soy, las cumbres me cuentan sus congojas y los zorros, sus habladurías; los conejos, sus temores; y las flores, sus amores. Cuanto me dicen, guardo celoso y en el blanco del papel lo deposito”.

El no-poeta tiene en el corazón blanco del papel un amigo fiel; a él le cuenta sus sufrimientos, sus secretos, sus recuerdos revueltos y los claroscuros de su intensa vida. Ha publicado varios poemarios como Aymar yarawiku (1983) y Poesía de la cultura aymara y del Qullasuyu andino (1985). El no-poeta ha cantado a la tierra y a la patria morena, a la voz libertaria de los Andes, a la vicuñita, a los soldados aymaras, al azul del altiplano, a las casas/pueblos vacíos, a las caminatas por el cielo, a los monolitos y las kantutas, a las madres y los bloqueos de camino, a los “niños manuelitos” y a la flor del cardosanto. Incluso se ha atrevido con poemas eróticos (“¿Sin eso acaso podríamos vivir?”).

(Eres morena, oscura, eres de tierra / eres de piedra eterna, honda, callada / y con el manso fervor de tu mirada / desnudas todo lo que tu alma encierra. / Tienes esa paciencia de la guerra / y esa fidelidad de estar doblada / sobre el surco, tenaz y enamorada / a un ansia magnífica te aferra. / Yo te descubro así y en hondos modos / iluminada en la esperanza cierta / de que tras esta noche esquiva, incierta / te basará la aurora las pupilas. / Y aquella rispidez que hiriera a todos / será el amor profundo que destilas, “Patria morena”).

“Tata” Rufino también cree en la musicoterapia. Canta cuando menos te lo esperas. Lo hace por alegría, para sanar y también por motivos rituales. Ha recibido en diciembre pasado un reconocimiento como médico tradicional por parte de la presidencia del Senado (Andrónico Rodríguez Ledezma) por su labor y compromiso contra el coronavirus en la segunda y tercera ola de la pandemia.

Su último sueño —amén de la publicación de sus poemarios y libros inéditos sobre enfermedades y plantas— es la construcción del Centro de Medicina Natural en la comunidad Sirkapata/Waraya. Ya tiene el nombre: “Qantatayta”. Si como sus abuelos vive hasta los 120 años, probablemente don Rufino cumpla su anhelo. Es palabra de piedra, es palabra de qulla/aymara; jallalla, jawilla!

FOTOS: RICARDO BAJO H.

Un solo cuerpo, distintas pulsiones

‘Pulso’ es la obra de teatro que presenta el taller Ser y Estar de la actriz y educadora Patricia García

/ 20 de junio de 2022 / 11:58

Caerse, romperse y levantarse. Soltarse, quebrarse, después amarrarse. Se repite hasta sanar o hasta dejar de sangrar, mientras ese cálido arroyo recorre dentro, a veces como jugo de naranja tibio y otras como cristales de hielo, pero siempre acompañado de ese estruendo latente que te recuerda estar aquí y que debes seguir, ese sonido intermitente llamado Pulso.

Ésta es la propuesta teatral del taller Ser y Estar 2022, dirigida por la actriz Patricia García y puesta en escena por más de 30 actores y actrices que compartieron su energía para la creación de esta obra colectiva que se estrenará el 26 de junio a las 19.30 en el Teatro Nuna (21 de Calacoto).

“Pulso nace de la vibración que nos une, como grupo. Al momento de decidir sobre lo que vamos a hablar, a veces no es necesario que lo saquemos en palabras, es una energía que se visualiza en todas las propuestas, en el mundo creativo del taller. De pronto nos abordan los mismos fantasmas y comenzamos (a crear)”, confiesa García.

La palabra pulso, según el diccionario, es una serie de pulsaciones perceptibles en algunas partes del cuerpo, como el tórax o la muñeca, debidos al movimiento alternativo de contracción y dilatación de las arterias y el corazón.

Normalmente, el corazón es símbolo del amor, sin embargo, en Pulso no se abordará solamente esa mirada, sino también se hablará de las arterias que lo envuelven y que nos conectan con otros seres o con uno mismo y cómo éstas se rompen para mostrarnos un nuevo camino o muchas veces, para abandonar el recorrido.

“Sacamos ese corazón, lo arrancamos y ya no es tan romántico como esa figura preciosa y bonita que nos remite al amor, sino éste que nos remite a estar vivos, y esto puede atravesar pulsiones muy diferentes, incluida la pulsión que nos acerca a la muerte, esa pulsión que comienza a apagarse”, explica la actriz.


El taller Ser y Estar trabaja de forma virtual y presencial. De estos salen a la luz las obras

Formas de latir

Para la creación de esta obra dejamos a un lado el color de la piel, y abordamos netamente las raíces, el color de la sangre como común denominador de un ser que piensa distinto y que tiene algo que decir, algo que mostrar. De esta manera se obtuvo un sin fin de material para formar un solo torrente sanguíneo.

“En la obra (…) hay un verse hasta la raíz, la bolivianidad también está presente, el ser boliviano, desde un sentido del humor, un humor negro, (salen a flote) las cosas que nos unen a nivel grupo y también se potencian las que nos diferencian”, sustenta la directora boliviana/española. “Pulso atraviesa las vísceras de uno, es como poner las tripas sobre la mesa, poder encontrarnos con nosotros de una manera más cruda”.

Para Irán Zeitún, cruceña que reside en La Paz, estudiante y actriz, “pulso es el todo que nos mueve, desde el palpitar de nuestro corazón que nos mantiene vivos. Es el paso del tiempo en las manijas del reloj y el constante movimiento del universo que nunca para”.

Para Paolo Iotti, paceño que reside en Berlín, miembro online del taller, “es como un ímpetu, como un llamado a entregar algo, aunque no sabes bien qué es. Te deja en cierto sentido descubierto, como vulnerable. Ahí es donde se hace Pulso”.

Como resultado de todas las igualdades y diferencias se crea una atmósfera roja, donde hilos vienen y van sujetando cuerpos, algunos caminando con objetivos y otros que solo están varados, respirando en automático, como un camión de cerveza con el conductor ebrio en los Yungas, que quizá se estrelle o por suerte, quizá no, o cuerpos que deambulan perdidos como una alemana en un barrio paceño.

Pulso y la dramaturgia

En versiones anteriores del Ser y Estar se solía trabajar con textos de Diego Aramburo, Camila Urioste, Claudia Eid, Jorge Alaniz, Laura Derpic, Denisse Arancibia, entre otros; sin embargo, hoy es la primera vez que no se trabaja con el texto de algún dramaturgo y que las palabras nacen de los mismos participantes.

La directora, manifiesta que “en esta oportunidad, a la hora de enfrentar la palabra, se tuvo que acudir a la dramaturga Katty Bustillos para que asesore a llevar la palabra de una manera dramatúrgica”.

De esas confesiones, nació un sin fin de historias con derroche de dolor y de fuerzas distintas, de sangre y carne, de renovación y de autodegradación, de vivencias familiares y vecinales, de salteñas vacías en formas de corazón, de huesos picados, de la vida, la muerte y el entremedio.

Ser y Estar nació de un sueño, “desde la intuición” de “Pati” —como la llaman los alumnos— y desde la necesidad de “querer compartir conocimiento”, sueño que ya tiene más de 10 versiones en la que se inscribieron alrededor de 30 a 50 seres, es decir, centenares de energías que atravesaron el proceso. 

El taller ya tiene cinco años de vida y su creadora lleva enseñando más de 20. Personalmente, como actor y aprendiz, recorrí más de tres talleres del Ser y Estar, y cada experiencia fue enriquecedora, con cada compañero se aprende algo nuevo y la Patricia que enseña, también cambia, se renueva.

“Es el lugar donde me recargo de energía. La Pati actriz se desgasta mucho y la Pati (maestra) del Ser y Estar está constantemente en retroalimentación”, es la motivación que, según la mentora, le ayuda a seguir enseñando en el mundo de las tablas.

Miedo fue el resultado del primer Ser y Estar el 2017, y el mismo año llegó As you choose it (Como tú elijas); en 2018 nacen Salvavidas y Resistiré, Normal y Bloque el 2019. En plena pandemia, el 2020, se genera la primera obra virtual, Vulnerables y la segunda de la misma gestión, de manera semipresencial, con streaming desde el teatro, La Mentira. En 2021 vuelve de manera presencial con El Propósito y en diciembre del mismo año, Horizonte con una muestra de todo el recorrido del taller.

La última versión estará protagonizada por Daniela Aguayo, Ximena Alba, Juan Pablo García, Lua P. P. G. Guardia, Nicole Gonzales, Mateo Gonzales, Pricila Gorena, Céu, Marcelo Huarachi, Paolo Iotti, Lorena Iturralde, Karenine Jordán, Inés Langosch, Nathan Leaño, Martina Leaño, Candy Lizarraga, Andrés Maldonado, Devin Mercado, Valeria Miranda, Anna Montevilla, Fabricio Murillo, Francisco Ormachea, Jaime Ortiz, Camila Peralta, Andrei Pérez, Andrés Pérez, María Cristina Pol, Ariana Rodríguez, Óscar Romero, Mariana Santa Cruz, Cintya Vertiz, Irán Zeitún y Luis Zubieta.

Cada uno de estos cuerpos con nombre se volverán uno solo, y mostrarán, de alguna manera, que también se puede morir por dentro o que el dolor también es bueno, que el rojo sangrante tiene distintas tonos y pulsiones que ayudan a seguir latiendo.

* Este texto fue escrito por un integrante del Ser y Estar, con una playlist de fondo que contiene canciones como Marinero de Luces de Isabel Pantoja, Enjoy The Silence de Depeche Mode o Corazón Encadenado, de Camilo Sesto.

DISEÑO Y FOTOS: DANIELA GANDARILLAS

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Mujeres de Tocaña y Coroico al rescate de sus historias de vida

Dos antropólogas desarrollan una investigación en Tocaña para rescatar el rol de la mujer afroboliviana

/ 20 de junio de 2022 / 11:45

Con el objetivo de rescatar  el rol central de las mujeres afrobolivianas en la construcción cultural e histórica de la afrobolivianidad en los Yungas, las antropólogas Varinia Oros Rodríguez y María Soledad Fernández emprendieron la investigación “Mapas de Vida: Genealogías e historias de mujeres de Tocaña – Coroico”. Esta iniciativa pretende rescatar las vivencias de 50 mujeres de la comunidad de Tocaña, a través de  talleres (a realizarse en mayo y junio) sobre construcción de genealogías de vida.

El proyecto recuperará las experiencias de mujeres adolescentes, jóvenes, adultas y adultas mayores que viven en esta comunidad de Coroico. Los talleres se llevarán a cabo con enfoque feminista; utilizando mapas corporales para la realización de las genealogías como metodología de rescate del legado de las mujeres, dando cuenta de los saberes, los discursos colectivos y la constitución de los cuerpos. “Las historias femeninas son las que queremos ayudar a develar, por su importancia y trascendencia en las esferas familiares y comunitarias de la región”, explica Varinia Oros.

Al finalizar los talleres, las investigadoras diseñarán una exposición temporal a partir del material fotográfico y audiovisual elaborado durante los encuentros, con el propósito de enfatizar en la importancia y trascendencia de las historias de las mujeres en la construcción de la Identidad del pueblo. Esta muestra se expondrá, primero, en el Centro de Interpretación Afro Cultural Tocaña y, luego, en la Alcaldía de Coroico.  “La exposición visibilizará la vida e historia de las mujeres afrobolivianas en pro de una vida sin discriminación y violencia simbólica”, enfatiza Oros.

La exposición permitirá a los distintos públicos conocer la importancia de los saberes femeninos en la historia afroboliviana, posicionándose frente a la construcción de una cultura de igualdad entre mujeres y hombres, y cuestionando los patrones culturales patriarcales de las poblaciones afrobolivianas. “El proyecto también permitirá visibilizar la importancia de los saberes femeninos no urbanos y posicionar a la presencia histórica femenina afroboliviana en la lucha nacional por una cultura de igualdad entre hombres y mujeres”, explica Soledad Fernández.

Se beneficiarán alrededor de 300 familias (1500 personas que comprenden las redes de apoyo familiar (parejas, hermanos, hijas/os, etc.) y comunitario (vecinos, etc.) de las mujeres participantes. “La realización de este proyecto contribuirá a la cohesión social y brindará la oportunidad de interpelar las lógicas de construcción de la historia colocando en primer plano a las mujeres, sus cuerpos y espacios”, agrega Fernández.

Esta iniciativa de investigación cuenta con el respaldo del Fondo Suizo de Apoyo a la Cultura – fondo concursable 2022, y tiene como aliados a la Fundación Aguayo, el Centro de Interpretación Afro Cultural Tocaña y la Alcaldía de Coroico.

LA GRÁFICA

ENCUENTROS. Soledad Fernández y Varinia Oros junto a un grupo de jóvenes de Tocaña

Proceso. En estos encuentros, las mujeres exponen sus saberes en relación al desarrollo de su comunidad

FOTOS: VARINIA OROS Y SOLEDAD FERNÁNDEZ MURILLO

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‘Seré la donante’

En Bolivia unas 5.300 personas tienen enfermedad renal crónica etapa 5. Uno de ellos era Tito, quien recibió un riñón de su hija Abigaíl

/ 20 de junio de 2022 / 11:35

Son dos litros de agua diarios que bebe —nada fuera de lo común para una vida saludable—, cuida su cuerpo evitando levantar grandes pesos; la herida necesita algo de tiempo para cicatrizar. Se realizó un control médico a los seis meses de la operación donde confirmaron que “todo está muy bien”. Esos fueron los únicos cambios que tuvo que asumir luego de ingresar al quirófano, decisión que la resume como un acto de amor.

“Yo entré a la una de la tarde y salí más o menos a las cinco y media. Mi papá entró a las cinco y media y estuvo hasta pasada la medianoche”. Es Abigaíl, madre, hija, hermana, esposa, donante y mucho más. Hace siete meses fue operada, en una cirugía donde donó voluntariamente  —sin presión, sin dinero de por medio, ni extorsión— uno de sus riñones. El receptor; su padre, el señor Tito.

Era 2016 cuando Tito Flores, técnico en computadoras y quillacolleño, desembarcó en Tarija, listo para comenzar otra etapa en un terreno que compró para construir su nueva casa, pero los planes cambiaron. Una insuficiencia renal lo llevó de regreso a su querida Cochabamba. El diagnóstico fue confirmado: tenía insuficiencia renal en etapa 5.

Y así comenzaron las hemodiálisis. “Cuatro horas, tres veces a la semana en una cama sin moverte, eso también hace que tu cuerpo se canse. Ahí veía algunos compañeros que gritaban, lloraban, que no podían resistir las cuatro horas de diálisis”, con un cuerpo debilitado, menos 21 kilos, la vida laboral de Tito se esfumó.

Los médicos informaron que sus riñones no iban a mejorar, y en medio de los controles y visitas a los hospitales entró en escena la palabra donación. “Nos dan la idea de que de una vez nos inscribamos para estar en la lista de donaciones para que mi papá pueda recibir un trasplante de un donante cadavérico. Hemos tenido paciencia ya que durante dos años mi papá continuó con las diálisis. Y mientras esperábamos, era muy doloroso verlo”, comenta Abigaíl.

El orden de la lista de espera está fijado por varios criterios: la compatibilidad con el potencial donante, grupo sanguíneo, edad del paciente, entre otros, y a la cual actualmente 150 pacientes quieren ingresar, y para eso necesitan cumplir con los protocolos o en algunos casos actualizarlos. 

“No toda persona que muere puede ser donante. En realidad solo aquella persona que tiene muerte encefálica. Esa es una de las condiciones fijadas por ley, pues hay muertes diariamente, pero por diferentes causas. La particularidad en estos casos es que el personal de salud tiene que notificar al Ministerio de Salud cuando hay un donante cadavérico”, explica Soledad López, médica y encargada del área de Trasplante del Programa Nacional de Salud Renal. Además de cumplir esa condición, llega otra; que los familiares del fallecido, en medio del dolor, autoricen la donación. Acortar la diferencia entre el número de personas que necesitan un órgano y aquellas que sufren una muerte encefálica es una misión complicada.

“Sin donante no hay trasplante, entonces tenemos que trabajar por ambos lados para promover los trasplantes, pero ahora es importante la concientización de la población para la donación voluntaria”. Aquellos que desean ser donantes se pueden registrar en los Servicios Departamentales de Salud (Sedes) o en la página del Ministerio de Salud (Registro Renal).

Cuando hay un donante cadavérico es importante la confidencialidad, tanto del receptor como del donante, porque la divulgación de sus datos puede traer “consecuencias negativas”, por un lado con los familiares de los donantes ya que puede interferir en su “proceso de duelo y generar falsas ilusiones acerca de que su familiar fallecido está vivo en otra u otras personas y generar vínculos que puedan estar basados en la negación de la muerte”. Por otro lado, en relación con las personas trasplantadas puede afectar y perjudicar el proceso de adaptación a su órgano o tejido trasplantado y “generar sensaciones de culpa o de deuda hacia la familia del donante”, como recomienda la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

“En Bolivia tenemos aproximadamente 5.300 pacientes con enfermedad renal crónica etapa 5 que se encuentran en una terapia de sustitución renal por hemodiálisis, de los cuales 3.300 son pacientes del Sistema Universal de Salud (SUS). Esto se está realizando en hospitales públicos y privados de convenio”. El programa ofrece a los enfermos renales que no se encuentren afiliados a una institución de seguridad social de corto plazo o que no cuente con ningún otro tipo de seguro de salud, la posibilidad de acceder a un trasplante gratuito.

Lazos. La familia Flores Urbano. Sentado a la derecha está Tito y arriba a la derecha posa Abigaíl

La donación también puede realizarse con un donante vivo, cumpliendo los requisitos: tener hasta un cuarto grado de consanguinidad con el receptor o cónyuge, buen estado de salud, compatibilidad, entre otros.

“Agarré a mi esposo y a mi hija y les dije: ‘Nos vamos de vacaciones a Tarija’ y allá les doy muy animada la noticia que seré yo la donante. Desde el principio tenía fe en que todo iba a salir bien y que sería positivo. Hablé con la visitadora social, la psicóloga, psiquiatras y después empezamos todo el protocolo que ha durado casi ocho meses. Gracias a Dios, paso a paso que dábamos todo era positivo, todo encajó”, recuerda Abigaíl.

Tito, al enterarse de la decisión de su hija, la rechazó. En ningún momento se le cruzó por la cabeza que algunos de sus hijos sean donantes y menos de él. “No quería porque es bastante joven, tiene una hija y un esposo”. Hasta que la información llegó; que no tendría consecuencias. Una ida y vuelta de amor, donde había más protagonistas: una familia que acompañó la decisión y despejó los miedos y dudas.

 La historia diaria está llena de entregas de padres o madres hacia sus hijos, pero también hay ejemplos de grandes generosidades de los hijos hacia sus padres. La de Abigaíl es una de ellas.

El 28 de noviembre de 2021, Tito y Abigaíl ingresaron a quirófano. 

FOTOS: TITO FLORES Y MINISTERIO DE SALUD

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Paraíso cultural: de la teoría a los hechos, del dinero a la producción

El crítico de teatro boliviano Camilo Gil Ostria, invitado a Berlín al festival Theatertreffen continúa su análisis sobre la escena alemana

Puesta. Presentación en Berlín de la obra de teatro ‘Die Jungfrau von Orleans’, en torno a Juana de Arco

Por Camilo Gil Ostria

/ 20 de junio de 2022 / 11:27

Berlín es un paraíso cultural, decíamos, por su institucionalidad teatral. Pero aquí maticemos la posición inicialmente idealista: lo es, en parte, en el sentido no dantesco del paraíso, sino conservador y tradicional. Ahí donde Dios lo rige todo y no hay contaminación, ni afuera y todo se estanca en la mismidad. Aquí ese Dios es lo políticamente correcto: el feminismo, la discapacidad, el medio ambiente, son los temas que aquí proliferan y el arte que sobre ellos se hace no sobrepasa el lugar común, al menos en la generalidad de los casos o los casos más apoyados. El dinero, entonces, mueve solo eso que le conviene, eso que lo libera de su pesada carga moral y lo hace sentirse “humano”.

Hemos visto, en total, solo cuatro obras producidas en el mundo germano-hablante: tres del festival en cuestión y una externa. Además hemos visto teatro solamente producido y apoyado por el Estado, nada de la escena independiente. Un juicio sesgado de alguna manera, sí. Pero recuérdese que el Theatertreffen, el festival al que asistimos, tiene como tarea elegir las 10 “más remarcables obras” del territorio germano-hablante. Siete críticos, que van a ver teatro por todo un año y por toda la región, se encargan de hacer posible este baile.

Las primeras dos obras, como para muestra valen un botón, ejemplifican bien el caso. La primera obra vista Die Jungfrau von Orleans, dirigida por Ewelina Marciniak, es una re-escritura del clásico escrito en 1801 por Friedrich Schiller que llamaríamos, en un título mucho más conocido por nosotros los hispanohablantes, Juana de Arco. La intención es feminista, ¿en qué sentido?: deconstrucción de la obra, se dice. Las primeras imágenes son perturbadoras y potentes: Juana, con su padre, están conversando sobre ella, sobre la vida que ella va a seguir. El padre le dice que tiene que casarse; ella, por supuesto, se niega. Él insiste en que solo así se salvará; ¿de qué?, pregunta ella con astucia, él no sabe responder… Pero el espectador intuye el sentido: del vicio de la lujuria, de su propio cuerpo, del pecado: de ella misma, en fin. Lo hace porque detrás de ellos, mientras van conversando, se proyecta un video donde Juana está sentada casi desnuda, con las piernas abiertas hacia el público, agarra la mano de su padre y la lleva hacia su sexo. Las actuaciones, de sutil y aguda potencia, parecen ser comunes en los teatros alemanes.

Esa auto-objetivación de las actrices que pronto se repetirá con todas las personajes de la obra es, para uno de los tres dramaturgos de la obra (en el sentido alemán de dramaturgo), Sascha Hargesheimer, una forma de romper el mito de Juana de Arco. En el sentido, dice él, que la sexualidad sería negada a este personaje: no podría ser una salvadora de Francia, una santa, sin renunciar a su cuerpo. Mito que él también vería en la película La pasión de Juana de Arco (1928) de Carl Dreyer, película de la que la obra retoma varios planos y los proyecta sobre la escena. Para él ambas cosas no son contradictorias y por eso se ha buscado unirlas y anular la dicotomía en la que se habría metido a este personaje. Sin embargo, la propuesta no lo logra: más bien anula la pureza de Juana de Arco y lleva al personaje al otro extremo. Ahí donde la emancipación fracasa y el sujeto no puede gozar del todo, porque, necesitado de ser objeto del otro nunca logra su cometido. Un poco así es también la obra a nivel formal, donde tanto se muestra la suntuosidad perfecta de actuaciones y escenario (de colores pasteles y elegantes, con piscina incluida quién sabe por qué) que la obra no surte efecto sobre el espectador.


La obra ‘Eine Zusammenfassung von Allem, Was War’. Foto: Camilo Gil Ostria

Caso contrario en su tratamiento de lo políticamente correcto es el de Eine Zusammenfassung von Allem, Was War, obra que aunque dirigió Sebastian Nübling, alemán director del teatro Gorki, es protagonizada por cuatro jóvenes noveles sirios y palestinos. La dirección en esta obra comete cientos de errores, en resumen, no explota al máximo nada de lo que los actores proponen. Pero es tanto el cuerpo y el pensamiento que se ve que estos actores han puesto sobre su trabajo, es tanto el compromiso, que se abre en esta obra una fiesta de los sentidos. Su intención es desmitificar al sirio y su guerra y aquí ese propósito se logra, porque el individuo se pone en juego.

Foto: Camilo Gil Ostria

Desde el principio de la obra, donde los actores, sentados en el lugar del público, invitan al espectador a soñar con ellos: un espacio sin nombre, una playa de sol dulce. Desde ahí, digo, pasando por el momento en que ellos toman poco a poco la escena, en tanto innombrados: “My name is not-important”, dicen. Desde ahí y pasando por cómo van bailando sin lugar fijo, casi en un frenesí, lo conceptual cobra fuerza. Lo marginal, lo sin raíces, eso que escapa de la guerra, del origen, del lugar de pertenencia, como una potencia lúdica que contra todo puede todo. Algo de eso les tocará aprender a los alemanes, al teatro berlinés: tan correcto que jamás se atrevería a ver en la herida algo necesario… Fue la mejor obra producida en el mundo alemán que vi: no era una de las obras elegidas del Theatertreffen, ¿será que la crisis de la crítica es una crisis de no saber aproximarse a estéticas que escapen a lo políticamente correcto?

Foto: Camilo Gil Ostria

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Una ideíta

Por El Papirri

/ 19 de junio de 2022 / 23:12

CH’ENKO TOTAL

Hace tiempo que me persigue una ideíta, una intuición, y como soy un metiche, se las cuento. Sabemos muy poco sobre nosotros. No me refiero a los especialistas, a los historiadores, a los antropólogos y cientos de “ociólogos”; es posible que ellos sepan sobre nosotros, sobre Bolivia, tal vez discuten entre ellitos nomás, en simposios y publicaciones especializadas con traducciones al inglés. Pero… ¿y nosotros? ¿Y el que camina en minibús? ¿Y el público teleférico? ¿Y nuestros escolares? ¿Saben quién fue, por ejemplo, Juan Wallparrimachi, el poeta y guerrillero antiimperialista quechua? Tal vez sepan algún cliché, con retrato de dudosa procedencia, info congelada en los manuales de historia al estilo almanaque Bristol. Pero: ¿los niños bolivianos sienten en su corazón, en su sentipensante, a Juan Wallparrimachi Mayta?

Juan muere en combate alcanzado por un tiro de arcabuz nada menos que el 7 de agosto de 1814, guerreando contra el imperialismo español en la batalla de Las Carretas. Este joven hipersensible, intenso, poeta quechua, agarra las armas originarias y pelea en los ejércitos libertarios. ¿Libertarios de quién? Del imperialismo español pues… que nos tenía a todos los mestizos e indígenas jodidos, marginados, esclavizados, exiliados en nuestra propia tierra, al decir de la proclama paceña, subversiva, insurrecta del 16 de julio de 1809.

El poeta y guerrillero quechua murió a los 21 años de edad. Se sabe que nació el 24 de julio de 1793. ¿No sería hermoso tener una narrativa corta, pedagógica/difusora, pero con buen músculo y sostén histórico sobre este joven valiente quechua? Sería sublime invertir desde el estado en productos artísticos que hagan llegar a nuestras almas populares la vida de hombres y mujeres que forjaron la bolivianidad. Novelas, poemas, dramaturgia, películas, video redes, canciones que logren un tatuaje de bolivianidad en el alma del pueblo, una estrategia anual que construya en goteo vital el ajayu de la patria. No tenemos, intuyo, una narrativa compacta de la bolivianidad, considerándola como el concepto cualitativo, dinámico y continuo que condensa lo mejor de Bolivia, el sumun de Patria, las vanguardias y sus subversiones. Identidad tenemos… y mucha. Harto chicharrón hay. Alguna vez la identidad fue revolucionaria, el Gran Poder es “reconocido” recién como hecho cultural a partir de 1970. Sin embargo, las identidades, intuyo, se van con el tiempo vaciando en postales de imparcialidad si no se licúan en constancia hacia el sumun cualitativo que cuaje en la bolivianidad, sentimiento y pensamiento que genera una sana y dinámica autoestima popular, un orgullo verdadero y profundo de ser bolivianos, de pertenecer a la patria de Wallparrimachi.

Parece que durante todo el siglo XIX los intelectuales y artistas bolivianos que debían generar bolivianidad estaban con la cabeza en Europa, colo-nizados. Con algunas excepciones: la pirotécnica de la bolivianidad. Estas excepciones son las que deberíamos valorar y visibilizar, pues creo que todos ellos y ellas se jugaron la vida por una Bolivia con autodeterminación, siempre insurrecta, rebelde, humanista, progresista, igualitaria, que lucha contra racismos, terratenientes, imperios, vengan de donde vengan.

Juan Wallparrimachi Mayta merece ser recordado, renovado, sentido, apropiado, recitado, amado por los niños y jóvenes bolivianos. Se dice que solo quedan 12 poemas en quechua de su autoría. Hay traducciones al español. Sin embargo, hay una ausencia bibliográfica y biográfica que invisibiliza a los Wallparrimachi, a nuestros hitos de la bolivianidad. Pensando en los productos artísticos en torno al hito, parece que hay una trama, una bella historia de amor en la vida de Juan, ideal para motivar cuentos, novelas, hacer guiones, teatro, componer canciones. El joven rebelde decía en un poema: Solo en ti pienso/ a ti te busco/ si estoy despierto. Parece que Juan estaba enamorado de Vicenta, una joven mestiza entregada a la fuerza en matrimonio a un viejo andaluz. Juan y Vicenta se amaron profundamente, Juan murió en la guerrilla, Vicenta murió por amor al guerrillero en total soledad: fue expulsada de su casa, de su territorio y enviada como monja a Arequipa hasta el fin de sus días. Le decía Juan a Vicenta: ¿Cómo pudiera hacer/para peinar con peine de oro/ tu negra y encantada cabellera/ y ver cómo ella ondula alrededor de tu cuello? En quechua: ¿Imaynallatan atiyman /yana sh’illu chujchaykita/ Qori ñajcha awan ñajchaspa/ kunkaypi pujllachiyta?

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Acabo de echarme una siestita, soñé que una autoridad decía: nuestro consejo de la bolivianidad, consejo multidisciplinario, ha resuelto que el año 2023 sea declarado el Año de Juan Wallparrimachi Mayta. Soñé que se instruía a los ministerios involucrados recabar la mayor información posible y generar una sustentada narrativa sobre nuestro héroe nacido en Chayanta, para su difusión inmediata. Soñé que yo le hacía una canción a Juan para una serie que sostiene el Estado Plurinacional con el objetivo de enriquecer y difundir en todas las unidades educativas el ajayu patrio y la bolivianidad. Soñé con un niño alteño recitando los 12 poemas de Juan Wallparrimachi, joven guerrillero antiimperialista, comandante de las tropas de Manuel Ascencio Padilla, que agarraba a warak’azos a la antipatria. Soñé que ese consejo proponía que 2024 sea declarado el Año de Gualberto Villarroel, quien fuera asesinado por la antipatria, colgado de un farol por querer hacer realidad la abolición de la esclavitud indígena; soñé que se inauguraba un museo vivo en su honor, en su tierra, Punata. Soñé que 2025 fue declarado Año de Juana Azurduy, la guerrillera heroica. Soñé que la bolivianidad existía, latía diariamente en los corazones de nuestra gente. Solo es un sueño, una ideíta, por metiche nomás. Hey dicho.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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