jueves 2 dic 2021 | Actualizado a 05:14

Goleadores eran los de… ahora

Jorge Barraza, periodista argentino

/ 3 de octubre de 2021 / 19:06

El fútbol está asistiendo a un extraordinario auge de los grandes goleadores en todo el mundo: Haaland, Lewandowski, Cristiano, Messi, Lukaku, Suárez, Falcao, Mbappé, Benzema… Ibrahimovic y Agüero alejados un tiempo por lesión… Incluso Neymar, a quien habitualmente no se considera goleador pero ya toca los 400 goles (van 399) y seguro hará cien o doscientos más, le dan los años y la calidad. Cavani (422)… No hay partido que no se anoten. Toda la vida hubo delanteros letales: Puskas, Di Stéfano, Pelé, Eusebio, Spencer, Gerd Müller, Cruyff, Romario, Zico, Kempes, Hugo Sánchez… Pero sólo algunos fueron contemporáneos entre sí. Ahora estamos viendo trece o catorce artilleros que comparten época y todos lucen encendidos.

“Hubo otros: el Gordo Ronaldo, Zamorano, Salas, Vieri, Adriano, Raúl y puedo continuar”, nos dice Karib Gómez, un seguidor en Twitter. “Batistuta, Kluivert, Del Piero, Crespo, Trezeguet, Henry, Van Nistelroy…”, agrega Miguel Tolmos en la misma red social.

Buen aporte. Pero la mayoría de los que nombran dichos lectores están a cientos de goles de los actuales. Ejemplo 1: Adriano se retiró con 197 goles, Haaland, que recién está empezando, suma ya 175 impactos. Ejemplo 2: Ronaldo Nazario, a quien todos creen un bombardero letal, ocupa el puesto 36 en la tabla histórica con 429 tantos.

Cristiano Ronaldo anotó 790, Messi 752, Ibrahimović 564, Lewandowski 544, Suárez 508… Los otros fueron buenos, pero con cifras muy inferiores. Y los enunciados al inicio continúan en actividad, pueden aumentar sus números. De hecho lo hacen casi todas las semanas.

Amigos del gol hubo toda la vida, sin embargo el fenómeno actual no pasó en otra época del fútbol. Lo que no deja de ser notable porque hoy los dispositivos defensivos son muy superiores a los de antaño. En los tiempos de Puskas, Di Stéfano, Pelé, Eusebio, atacaban cuatro y defendían tres, había enormes espacios, y abundante tiempo para resolver y ejecutar. Si se eludía a un rival, el siguiente estaba a cuatro o cinco metros, ahora está encima. Tampoco existía la presión. Hoy es todo al revés. Pocos atacantes, muchos defensas, la presión impide maniobrar con libertad, hay menos huecos por donde pasar. Y hasta el equipo más ofensivo pone sus once hombres a defender en el área en cada córner o tiro libre en contra. Antes, ni remotamente bajaban los delanteros a marcar, se quedaban arriba esperando. Alfredo Di Stéfano cuenta en su autobiografía Gracias, Vieja que, por sus características y afán de cooperación, en sus comienzos en River solía bajar hasta el mediocampo, pero los mayores del equipo lo sacaban corriendo: “¿Qué hacés acá…? ¡Andá arriba…!”. Ahora, atacante que no baja a colaborar en la recuperación no juega.

Asimismo, hasta los años ’80 los equipos eran dirigidos por un técnico y un preparador físico, sólo dos profesionales. En nuestros días los cuerpos técnicos cuentan con hasta 25 preparadores y ayudantes, se analiza detalladamente al rival, hay un mar de información y se sabe hasta cómo remató los últimos veinte penales un ejecutor, dato que se pone al alcance del arquero para facilitar su posibilidad de atajar el tiro. El grado de oposición es infinitamente mayor, y aún así los matadores del área alcanzan cifras asombrosas de goles.

Antiguamente, cuando un artillero llegaba a 30 ó 35 goles en el campeonato era una cifra de escándalo, hoy ese número sigue siendo atractivo, pero no conmueve en absoluto. Messi hizo 91 goles en una temporada. No existe una explicación racional de por qué estos fenómenos marcan tanto.

“La pelota es más liviana”, se argumenta. Error. La pelota pesa y mide lo mismo que toda la vida, incluida la presión atmosférica, el reglamento nunca cambió: entre 410 y 450 gramos al momento de comenzar el juego. Y entre 68 y 70 centímetros de circunferencia. Sí es verdad que, si antes llovía, al ser de cuero y absorber el agua, se ponía más pesada. Pero en campo seco pesaba igual que ahora. Y medía lo mismo. Sin embargo, lo más extraordinario del tiempo actual son los arqueros. Todos, todos son de alto nivel, muchos excepcionales. Porteros desconocidos que uno ve en la Champions y que hacen proezas. Antes se le hacían goles inocentes a los arqueros. Es el puesto que más evolucionó y hacen verdaderos milagros en el arco. Un buen ejemplo es Diego Alves, golero del Flamengo, un hombre de 36 años, ya de vuelta del fútbol europeo, que hace tapadas de asombro como lo hemoscomprobado en las semifinales de Libertadores ante Barcelona. Pero se puede nombrar a Neuer, Oblak, Handanovic, Ospina, Emiliano Martínez, Lloris, Sommer, Alisson, Donnarumma, Ter Stegen, Keylor Navas, Claudio Bravo y decenas más. Pese a ellos, los romperredes la meten igual. Y en altísimo número.

En ese contexto que debiera serles adverso, cada uno se destaca por algo en particular. Cristiano Ronaldo es el oportunismo, no participa del juego, pero está al acecho y se sitúa al borde de los 800 goles con casi 37 años. Y en la Premier League; o sea, no hay nivel más arriba. Messi es un milagro: el único de los supergoleadores de la historia que no es delantero, volante de armado. Lewandowski muestra una regularidad de asombro en una liga durísima, juega siempre y, aunque ya tiene 34 largos años, pinta para alcanzar las 700 conversiones, sobre todo si en los próximos años pasa a un fútbol menos exigente que el alemán. Lo de Suárez es fabuloso porque mostró su olfato con la red en Holanda, Inglaterra y España, siendo cañonero en todas. Un demonio difícil de marcar para los zagueros.

Haaland es una tromba humana, una fuerza de la naturaleza que convierte de las maneras más diversas: atacando, contragolpeando, de cabeza, reboteando, de zurda, de derecha, de media distancia. Benzemás es un artista, un exquisito que tanto puede concretar él como servírselo a un compañero. Lukaku, un oso con botines y camiseta, un gigante con un apetito voraz por hacer red. Mbappé es velocidad y potencia puras. Tenemos que celebrarlo, los goleadores de 300 y 400 goles quedaron muy atrás, ahora estamos viendo a los de 500, 600 y 700. Y siguen. Enhorabuena.

Opinión

Repechaje: el cielo o el infierno

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 28 de noviembre de 2021 / 21:09

Italia y Portugal se arrancarán los ojos por un lugar en Catar 2022. O quizás Turquía o Macedonia del Norte se los arranquen a ambos, quién sabe. El repechaje europeo será caminar sobre brasas ardientes: hay doce selecciones para sólo tres boletos. Y además de los nombrados están Rusia, Escocia, Polonia con Lewandowski, Austria, Ucrania, Gales… Y dos subcampeones mundiales como Suecia y República Checa… En dos partidos únicos y en campo neutral se decidirá la suerte de doce selecciones con historia. Pronosticar es imposible. En marzo de este año Macedonia tumbó a Alemania en Duisburgo: 1-2. A partir de ahí está claro que todo puede suceder. 

En el mismo acto donde se sorteó la repesca europea fue a bolillero la de Sudamérica y pasó lo peor: el quinto de acá medirá al quinto de Asia, a un solo juego también en terreno independiente. No sabemos aún quién ocupará ese lugar en nuestra Eliminatoria. Pero no la tendrá fácil: el rival podría ser Australia, durísimo. Los Socceroos ya eliminaron una vez a Uruguay, cuidado…

El repechaje es el cielo o el infierno. Que lo digan los treinta millones de peruanos que se fundieron en un solo abrazo al vencer a Nueva Zelanda y alcanzar el nunca tan soñado pase al Mundial de Rusia. O que expresen los uruguayos qué sintieron aquel 16 de noviembre de 2005 cuando el arquero australiano Mark Schwarzer le paró el último penal a Marcelo Zalayeta. En el acto, Montevideo se convirtió en un cementerio. “El muerto está lejos, pero esto es un velorio”, graficó Jaime Roos, brillante cantautor, creador de ‘Cuando juega Uruguay’, donde describe el sentimiento que impregna a su pueblo cada vez que sale al ruedo la Celeste.

La nunca contada historia de los repechajes es bellísima. Está bañada de alegrías y amarguras límite. Fueron diez veces las que selecciones sudamericanas lucharon por esa última plaza, la del estribo. Sesenta años atrás exactos -noviembre de 1961- Paraguay inauguró esas disputas en busca de un cupo mundialista. Le tocó México, que entonces era una expresión muy menor. Además, Paraguay venía de hacer un digno Mundial ’58 en Suecia. “Se pierde una clasificación regalada”, escribió el doctor Miguel Ángel Bestard, diplomático y brillante historiador futbolístico guaraní. México ganó 1-0 en el norte e igualaron 0-0 en Asunción. “Muy poco o casi nada se sabía acá del fútbol mexicano. Con una soberbia muy paraguaya se esperaba el momento para dar una soberana paliza al país de Cantinflas”, dice Bestard en su magnífico libro ‘Paraguay: cien años de fútbol’. A México le habían hecho jugar una cantidad de partidos previos en Concacaf, en tanto la Albirroja estaba descansada. Y agrega: “En los días previos el calor era infernal, los mexicanos estaban desesperados y la afición local, en su salsa, gozaría con una espectacular goleada. Pero ese domingo amaneció con un fuerte viento sur, frío y lluvioso. La pista estaba mojada, la eterna tragedia endémica e incurable de nuestro fútbol. El público paraguayo le teme al agua más que el gato… Ni una pelota peligrosa llegó al arco del veterano arquero Carbajal. La gente se retiró triste y desilusionada”.

Paraguay hubiese sido el sexto sudamericano en Chile 1962, un Mundial con 16 equipos. Para Alemania 1974 se dio el segundo capítulo, seguro el más novelesco de los diez: Chile versus la Unión Soviética. Un golpe militar encabezado por Augusto Pinochet había depuesto al presidente chileno Salvador Allende, de extracción marxista-leninista, el 11 de septiembre de 1973. Quince días después, la Selección Chilena debía enfrentar a la URSS en Moscú. Sorteando diversos inconvenientes, la Roja llegó al país más grande del mundo y, con un planteo ultradefensivo, logró un heroico empate en cero. Dos meses más tarde correspondía la revancha en Santiago, pero el Gobierno comunista soviético (tan respetuoso de la democracia…) ordenó que su equipo nacional no acudiera, en protesta por el derrocamiento de Allende y porque el Estadio Nacional era un centro de detención y torturas. No quería jugar allí, aunque se quedara sin Mundial. Llegado el día y la hora del segundo encuentro, se especulaba con que la URSS se aparecería de improviso. Por eso Chile entró al campo con vestimenta de juego para cumplir con el reglamento, el juez dio el pitazo, los jugadores avanzaron sin nadie adelante y Chamaco Valdés hizo un gol simbólico. “El partido contra los fantasmas”, se denominó. La URSS perdió los puntos y Chile fue al Mundial sin necesidad de jugar esa revancha.

Para Argentina 1978 le tocó la repesca a Bolivia. Y otra vez un rival fuerte y de gran tradición: Hungría. Estaban dos grandes delanteros húngaros: Nyilasi y Fazekas. No hubo ambivalencias: los magiares golearon en Budapest 6 a 0 y se impusieron 3-2 en La Paz. En el Mundial ’82, casi la misma Hungría le ganaría 10 a 1 a El Salvador, resultado récord. Después de estar tan cerca, fue una decepción para la Verde, que había cumplido una buena Eliminatoria en nuestro continente.

Hubo que esperar doce años para ver otra repesca. Un solitario gol del Palomo Usuriaga en Barranquilla le dio a Colombia el cupo para Italia ’90. Llevaba 28 años sin participar de una Copa el país de García Márquez, ya consagrado con el Nobel. Su adversario fue Israel. Ambos habían asistido una sola vez a la cita máxima. En Tel Aviv igualaron 0-0; el equipo de Maturana hizo valer aquel triunfo por la mínima. Siempre quedó bajo un manto de dudas la misteriosa decisión de Francisco Maturana de no llevar al Mundial a Usuriaga, el hombre que con su gol le había dado el pasaje. Sonó a ingratitud. Pacho sólo dijo que, en el momento de viajar a Italia, “Usuriaga no cabía”.

Luego, como la FIFA empezó a dar siempre cuatro cupos y medio a Sudamérica, debía dirimirse el otro medio con un enfrentamiento intercontinental. Y se hicieron norma los repechajes.

En 1993, el célebre 5 a 0 de Colombia sobre Argentina en Buenos Aires dejó en el abismo a la Albiceleste de Coco Basile, que tuvo que partirse el lomo frente a Australia, un futbol duro, complicado, de corte británico. El miedo cerval de Julio Grondona de quedarse sin Mundial hizo que llamaran de vuelta a Diego Maradona, quien no había anunciado formalmente su adiós, pero estaba retirado momentáneamente del fútbol por su conocida adicción. Con lo justo, 1-1 allá, 1-0 acá, Argentina fue a Estados Unidos ’94, del que era sin dudas el mejor equipo con diferencia, y del que debió volverse, hundido por la sanción al propio Maradona.

Luego llegaron otros dos choques ante los australianos en 2002 y 2006. Ambos de Uruguay. Los Charrúas protagonizaron cuatro veces esta instancia salvavidas, las cuatro consecutivas. En 2002 impuso su superioridad histórica sobre los oceánicos. Había caído 1-0 en Melbourne, pero se desquitó 3-0 en el Centenario. Cuatro años después fue 1-0 para la Celeste de local y 1-0 y penales para los amarillos allá. El periódico The Australian, de Sidney, calificó la victoria sobre Uruguay como el mayor logro de la historia deportiva del país. Una nación de rica tradición deportiva, con tenistas y rugbiers legendarios y cientos de medallistas dorados en los distintos Juegos Olímpicos.

Uruguay se tomaría desquite en los siguientes ocho años con Costa Rica y Jordania. Y Perú se daría el gustazo ante Nueva Zelanda en 2017, pero esas son todavía páginas frescas. En las épocas doradas del fútbol sudamericano, hasta el quinto de acá era mucho para la modestia de Asia, Oceanía o Concacaf. Ahora cambiaron las barajas.

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Eliminatoria: hay río revuelto…

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 21 de noviembre de 2021 / 21:32

Saltó el transformador en la Eliminatoria. Tan fulminante fue el cortocircuito que electrocutó al Maestro Tabárez, quien parecía vulcanizado en su puesto. El noble patriarca del pizarrón se encaminaba a los dieciséis años en su segunda etapa con Uruguay. Pero cuatro derrotas consecutivas, un punto sobre 15 y un gol marcado contra 11 recibidos no hay cuerpo que lo aguante. Ni él, que ya es un prócer del fútbol oriental.

La carrera es un clavo ardiente. Hay seis novios para una plaza y media. Pocos bailarán. Brasil y Argentina están adentro; Ecuador también. Con 23 puntos y +10 de diferencia de gol (le lleva 15 a Perú, 17 a Uruguay, 11 a Colombia y Chile) ya puede ir a la sastrería a elegir el uniforme de viaje. Tiene puntos y tiene jugadores. Muchos. Es el país de Sudamérica de mayor evolución futbolística, sostenida en el tiempo. En 1989, con Dusan Draskovic, comenzó a dejar el traje de Pulgarcito, de los que recibían de a seis. Son 32 años de crecimiento a nivel de clubes y selecciones. Mejoraron el biotipo, la técnica, la profesionalidad, la infraestructura deportiva, la exigencia. Y lo más importante: la mentalidad. Se atreven, son bravos. Antes se los respetaba por la altura de Quito, ahora se los respeta porque te ganan. “Moriré sin ver a Ecuador en un Mundial”, decían los hinchas grandes. Está cerca de su cuarta Copa del Mundo. Y hubiera sido la quinta si no regalaba la Eliminatoria anterior. La regaló por discordias varias. Ecuador está en el mostrador pidiendo un boleto, aunque tiene un fixture feo (Brasil, Perú, Paraguay, Argentina). “Con el cero en nuestro arco clasificaremos”, analizó Gustavo Alfaro. Cierto, con dos empates asegura.

Las cuatro fechas finales serán un paseo en el tren fantasma: de terror. Cada partido, cada minuto, cada jugada se vivirán con una tensión irrespirable. Será un festival de “¡Uuuuuuuhhhh…! ¡Oooooooohhh…! ¡Aaaaaahhhh…! Todo pelotazo que pase cerca del arco detendrá los corazones. Colombia, Perú, Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay, seis pretendientes al cuarto y quinto lugares. Y siete cruces entre ellos. Ejemplo: Colombia-Perú, Paraguay- Uruguay, Bolivia-Chile… Choques que pueden perjudicar o favorecer a terceros. Es todo tan parejo en ese segmento de la tabla que no nos atrevemos al vaticinio. Un gol, un penal, una expulsión, un lesionado, cualquier detalle importará.

Habrá un factor nuevo: Brasil y Argentina están con la mente en Catar. ¿Jugarán relajados…? ¿pondrán algunos suplentes…? Messi no vendría para los últimos cuatro juegos. Ya cumplió, debe enfocarse en el PSG, en la Champions. Quizás Neymar tampoco. Otra novedad: ¿quién sustituirá a Tabárez en Uruguay…? ¿Logrará un rápido rendimiento de sus jugadores…? La Celeste se aferra a su celebérrima garra, quién sabe si le alcanza. Va séptimo y quedó muy regazado en goles: -7. Chile anunció que será local ante Argentina en el desierto de Calama, cuya altitud le permitiría adaptarse al siguiente choque con Bolivia en La Paz.

Perú tiene un Gólgota por delante: Colombia (V), Ecuador (L), Uruguay (V), Paraguay (L). Pero es el que mejor juega. Sus jugadores recitan de memoria el libreto de Gareca, poseen el histórico buen pie de los peruanos y llegan al gol. Han juntado arriba cuatro rapiditos que saben con la bola y hacen red: Cueva, Lapadula, Carrillo y Sergio Peña. Y tienen un técnico que puede dirigir una filarmónica: calmo, seguro, con alto manejo de grupo y un estilo de juego que calza justo al futbolista incaico. Le rinden todos. Con dos cajitas de fósforos armó una orquesta típica. Ya los llevó a un Mundial, es capaz de dar doblete. Acuñó una frase felicísima el Flaco: “Estamos con confianza, no confiados”.

Hay (muchos) que reclaman para Reinaldo Rueda el mismo destino que el de Tabárez: que pase por tesorería a cobrar su indemnización. Sería demencial. Es demasiado tarde. Y en Colombia el problema es de jugadores, no de técnico. ¿Puede haber algún estratega que saque más jugo de este material…? Puede. Quizás unas gotitas más, no dos vasos llenos. Insistimos, Colombia tiene cuatro jugadores de alto rendimiento: Cuadrado, Barrios, Díaz y Ospina. El resto es del mismo nivel que el de otras cuarenta o cincuenta selecciones. Tampoco hay un supercrack. Hasta Egipto tiene uno: Mohamed Salah. Polonia se encomienda a Lewandowski, Noruega a Haaland, Canadá a Alfonso Davies. Falta uno de esos. O faltan más Cuadrados, Barrios y Díaz. O un 10 que ilumine el camino. Frente a Paraguay terminaron jugando Arango y Valoyes, dos debutantes cuya estatura futbolística la determinará el tiempo. La insatisfacción nace, en buena medida, de una premisa falsa: que hay un plantel de estrellas. Hay, sí, un grupo apto para pelear un lugar, y es lo que está haciendo: está cuarto. ¿Es muy defensivo Rueda…? Reinaldo llegó con la premisa de ordenar la casa, cortar la sangría en el arco propio y hacerse fuertes atrás. Con Queiroz venía de recibir 11 goles en 4 partidos (2,75 por juego), con RRR lleva 5 en 9 (0,56). Colombia venía de ser goleado en Barranquilla 3-0 por Uruguay y 6-1 por Ecuador en Quito. O elige mal los técnicos o falta talento.

Las críticas al jefe del banquillo son idénticas en casi todos los que luchan por la clasificación: Paraguay y Uruguay despidieron a Berizzo y Tabárez; en Bolivia no cesaron a Farías hace cinco fechas porque quizás no había para pagarle el finiquito; Lasarte estaba virtualmente fuera en Chile, se salvó porque no había a quién llamar y en eso ganó tres partidos al hilo; ahora sigue. ¿Qué queda para Italia y Portugal, que con actores de prestigio, en el banco y en el campo, descendieron a un repechaje que será como el desembarco en Normandía…?

Afortunadamente, tres triunfos en las últimas cuatro salidas al campo oxigenaron la chance de Bolivia y aumentaron la emoción en la competencia, está apenas a dos puntos del quinto, el sueño sigue vivo. Le quedan dos compromisos en La Paz que podrían significar seis puntos, pero está obligado a sumar afuera y el lugar más propicio es Venezuela. El futbolista boliviano tiene dos asignaturas pendientes prioritarias: lograr de visitante un rendimiento como en casa y aprender a marcar atrás, sin ventajas, al centímetro. No puede recibir el rival y tener tres o cuatro metros para controlar el balón y encarar; en ese escenario gana el delantero (el que tiene la pelota decide porque el defensor no sabe lo que está pensando el otro, por dónde arrancará). Parece elemental, pero salvo Justiniano, una fiera en el medio, y José Sagredo, excelente marcador, otros dan facilidades. Hay que encimar hasta tocar al adversario. Lo de Jairo Quinteros es diferente, él también pinta para un futuro importante, pero como último hombre no afronta tan seguido el mano a mano. Y Enoumba debe jugar siempre, es ultrapositivo. Lo mejor de Bolivia es su potencia ofensiva. Tiene gol fácil.

Exceptuando a Brasil y Argentina, es una Eliminatoria de bajo nivel general y con poquísimos goles. Con el Covid perdieron el olfato los goleadores. No es Colombia sólo. Uruguay acumula un gol en cinco partidos; Paraguay no marcó en ocho de sus catorce presentaciones (funesto). Es la Eliminatoria con menos gritos de la historia: apenas 2,43 por juego. Toda una radiografía del fútbol continental de nuestros días.

La última noticia no es alentadora: FIFA acaba de anunciar que la repesca mundialista será por sorteo y a un solo juego en campo neutral entre los últimos aspirantes de Sudamérica, Oceanía, Asia y Concacaf. Antes, el peso de Grondona en Zúrich lo arreglaba sin sorteo, con el de Oceanía, a doble partido y el segundo partido como local. Ahora dependerá de la bolillita. Y no estamos para fantasear.

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Tercer Tiempo

Se busca el gol, hay recompensa

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 14 de noviembre de 2021 / 21:18

El clima en torno a la Selección Paraguaya, compañero de banco de Bolivia (los dos tienen 12 puntos), es irrespirable. Ha ganado un punto de los últimos doce y su público, cuando se consumaba la derrota con Chile el jueves (0-1 en el Defensores del Chaco), arremetió con un canto que lo dice todo: “Ohhhh… que se vayan todos… que no quede ni uno solo…» Despidieron como DT a Eduardo Berizzo y llegó el ex Boca Guillermo Barros Schelotto. Pero también debutó perdiendo, y de local. Quedó octava la Albirroja y tiene la pavorosa cantidad de 9 goles a favor en 13 partidos. En 7 de sus 13 partidos no convirtió, una estadística condenatoria. Si clasifica sería un milagro de la vida. “Hay buenos jugadores, pero falta carácter. Lo dejan venir al contrario y le llegan mucho. Lo nuestro siempre se caracterizó por dar combate y cortar más arriba”, nos dijo Rogelio Delgado, capitán paraguayo en México ’86.

Después de haber estado en cuatro Mundiales consecutivos (1998-2002-2006-2010) el hincha guaraní se acostumbró a los triunfos y las alegrías, pero se terminó una generación combativa, de personalidad (Chilavert, Gamarra, Celso Ayala, Chiqui Arce, Santa Cruz, Tacuara Cardozo, Roberto Acuña, Justo Villar, José Cardozo) y entró en una noche interminable. No ha ido a las últimas dos Copas del Mundo y se puede ir apostando que tampoco viajará a Catar. Debería ganar los cinco encuentros que restan. Todo dicho. No es el único famélico de gol, veamos.

* ¿Y el grito sagrado…? Disputadas 13 jornadas, en la Eliminatoria anterior se habían marcado 187 goles; ahora, a la misma altura, se llevan 160, una disminución inquietante. La última fue la fecha más flaca en mucho tiempo: 7 tantos. Este es el premundial con peor promedio de gol desde que comenzó a jugarse todos contra todos en 1998: 2,50 por encuentro.

* ¿Será récord…? Si hoy terminara la Eliminatoria, Colombia clasificaría al repechaje mundialista con menos goles marcados que recibidos, 16 a 17, algo verdaderamente extraño. Y con 16 puntos sobre 39, o sea con un rácano 41% de eficacia. Uffff…

* ¿Y el juego…? Si lo del gol es preocupante, el juego no le pierde pisada. Vimos los cinco partidos de la fecha, ninguno fue interesante. Fútbol chato, desabrido, de escaso nivel, acorde a los últimos tiempos en Sudamérica. Echamos una mirada hacia atrás y, salvo el Argentina 3 – Uruguay 0 -brillante espectáculo- no recordamos otro que nos haya hecho saltar del asiento. Incluso Argentina parece haberse olvidado rápido de cómo era. Después de aquella sinfonía, hizo dos presentaciones muy pobres ante Perú y el mismo Uruguay.

* Ejército de lesionados. Estas fechas están signadas por las lesiones. Los jugadores actuales son atletas superentrenados, pero inundan la enfermería por la sobrecarga de compromisos y por la intensidad del juego. Nadie puede aflojar un solo minuto de los 95 ó 97 que duran los encuentros, caso contrario es señalado. Delantero que no colabora marcando, le cuesta el puesto. Si un jugador cualquiera pierde el balón con su equipo yendo hacia adelante, es muy factible que lo pague con un gol en contra. En el alto nivel no se perdona. Uruguay llegó a esta doble jornada de noviembre con ocho averiados: Cavani, Darwin Núñez, Maxi Gómez, Coates, De Arrascaeta, Viña, De la Cruz y Sebastián Cáceres. Muchos. Colombia, seis (Yerry Mina, Cuesta, Óscar Murillo, Matheus Uribe, Falcao y Stefan Medina). Perú se anotó con cinco, Bolivia cinco… Chile sufrió la ausencia de dos grandes figuras de su mediocampo: Aránguiz y Pulgar, titularísimos.

* Infantino “coopera”. Los periodistas catalanes armaron un once completo con los indisponibles del FC Barcelona: el arquero Neto, Dest, Eric García, Piqué y Sergi Roberto; Nico, Pedri, Ansu Fati; Dembelé, Agüero y Braihwaite. Pasa en clubes y en selecciones. Es un problema global. Para “solucionar” el congestionamiento de fútbol, el presidente de la FIFA quiere agregar un Mundial cada dos años, con su correspondiente eliminatoria. Y un Mundial ampliado, de 48 equipos, con más enfrentamientos. Pedri, la joven figura de España, jugó 73 partidos en una temporada entre club y selección. Un chico de 18 años. Infantino le quiere agregar diez más. ¡Para que descanse…! ¿Para quién juega Infantino…?

* Legión de amarillas. La misma intensidad física del juego y la exigencia por presionar lleva a una cantidad inmensa de amonestados, que juegan al borde de la cornisa. Colombia se presentó ante Brasil con ¡13 amonestados…! Argentina tiene diez, Uruguay también diez, todos así.

* Máquina. Brasil clasificó formalmente al Mundial de Catar de manera invicta y Tite alcanzó una marca impresionante: desde el primero de septiembre de 2016 (Ecuador 0 – Brasil 3) dirigió en 29 cotejos a la Verdeamarilla por Eliminatorias, con 26 victorias y 3 empates. Lo notable es que no termina de gustar en Brasil a gran parte del periodismo y a muchos hinchas. Lo ven eficiente, pero lo huelen conservador.

* La fecha soñada. Si Aladino se le aparecía a Ecuador y le ofrecía tres deseos antes de la última fecha de la Eliminatoria, hubiera respondido: 1) ganarle a Venezuela, 2) que pierdan Colombia y Uruguay, mis perseguidores, 3) que Brasil y Argentina, cuando deba enfrentarlos, vengan a Quito ya clasificados. “Concedido”, parece haber respondido el genio. Y cumplió a cabalidad. Ecuador no le pidió jugar bien. Eso dependía de sí mismo. No lo hizo.

* La avenida… Francisco Marinho fue uno de los laterales más espectaculares que este cronista haya visto. Jugó el Mundial ’74. Era una topadora que se iba al ataque siempre y hacía goles, pero a veces descuidaba su punta. Y lo aprovechaban los contrarios. Por eso la prensa decía que la banda izquierda de Botafogo era la Avenida Marinho Chagas. Por ahí pasaban todos. En Bolivia sucedió algo similar ante Perú, Bejarano inauguró una autopista por la cual llegaron los tres goles peruanos. Fueron calcados. Era un campo libre de cincuenta metros de largo por quince de ancho. Pasaba el imperio incaico completo. Así se jugaba hace sesenta años. Poco serio, impide analizar el resto del partido porque a los 38 minutos ya perdía Bolivia 3 a 0.

* Una buena. La aparición del ecuatoriano Piero Hincapié. Un líder notable, defensa para diez o doce años de selección. Jefe de manada y además lleno de clase, con una precocidad completamente infrecuente. Ojalá su cabeza esté en consonancia con sus condiciones. Estaremos frente a un crack espectacular. Está haciendo la carrera perfecta. Independiente Del Valle, Talleres en Argentina, Bayer Leverkusen. Escalón por escalón. Seguro subirá más.

* Aparición II. Cristian Romero, sensacional zaguero cordobés del Tottenham. Tiene todo: juego aéreo, un anticipo extraordinario (cualidad de los grandes defensores), clase para salir jugando, intuición de marca, fortaleza física y mental. También está haciendo la campaña ideal: Belgrano de Córdoba, Atalanta, Tottenham.

* Intereses. La búsqueda de una plaza mundialista ingresa para las asociaciones más en el terreno de la angustia que de la ilusión por jugar el Mundial. La alegría de una clasificación deviene inmediatamente en números y negocios. Intervenir en el máximo evento futbolístico garantiza un mínimo de 10 millones de dólares, sin contar las variables por clasificar estipuladas con los patrocinadores y los contratos adicionales que genera una participación. Pero, sobre todo, la tranquilidad política para los dirigentes. Significa una virtual reelección en el cargo. O sea, seguir usufructuando los privilegios que ello conlleva.

* Pechos fríos. Estaba por comenzar el partido Uruguay-Argentina. Un conocido relator uruguayo de Radio Nacional de Uruguay deslizó en el micrófono: “Con dos pechos fríos como Dybala y Di María no podemos perder, son dos heladeras”. Instantes después, a los 6 minutos y 40 segundos, pase de Dybala, gol de Di María. Ganó Argentina 1 a 0. Ese señor luego dice “¡Respeten el trabajo del periodismo…!”.

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Cristiano desafía la lógica del almanaque

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 7 de noviembre de 2021 / 18:36

A sus 34 años, Pelé firmó por el Cosmos, buscando un supercontrato en una liga de mínima exigencia. Ya había dicho adiós en el Santos, volvió al ruedo porque ciertas malas inversiones lo impulsaron a aceptar esa propuesta norteamericana llena de millones. No era la Major League de ahora, sino algo parecido a un torneo senior, de veteranos ilustres, con Beckenbauer, Eusebio, Chinaglia, George Best… Una jubilación de privilegio. A la misma edad, Johan Cruyff jugaba en Segunda con el Levante de España. También con 34, Zinedine Zidane colgó botines y medallas. Y todo aquel astro en esa franja etárea que siguió jugando ya estaba de vuelta, dando las hurras. En cambio, a 89 días de cumplir 37 años, Cristiano Ronaldo sigue marcando goles a montones. Define o empata partidos cuando el reloj ya está con la lengua afuera. Y cuidado: no en ligas menores, los hace en Inglaterra y en la Liga de Campeones de Europa. O en la Eurocopa. Todo al máximo nivel. No hay nada más arriba que eso. Y luce impecable físicamente. Está desafiando al almanaque, a la lógica humana del deporte.

Lo usual sería que Cristiano, hoy, despuntara el vicio de ponerse los cortos en un club de Portugal como el Boavista, el Belenenses, el Braga, y que celebrara un gol algún fin de semana que otro. Pero no, los anota casi partido tras partido en la durísima Premier League y también en Champions. En julio fue goleador de la Eurocopa. Muchas veces se ayuda con penales, es verdad, pero últimamente se le están viendo golazos espectaculares como el del martes al Atalanta: pescó un rebote de aire y, como venía, sin dejarla caer, mandó la bola allá abajo, entre poste y césped. Fue el empate a dos del Manchester United, que estaba perdido. Golazo, pero golazo de crack…

No obstante, no resiste comparación con el fabuloso gol que señaló ante el mismo Atalanta en Manchester dos semanas atrás. Luke Shaw mandó un centro desde la izquierda, el portugués se puso alas y resortes, saltó como un atleta olímpico, le sacó una cabeza justa al zaguero argentino Palomino y metió un cabezazo celestial abajo, pegado al palo del arquero Musso (también argentino). Fue el 3-2. Como prodigio técnico y plástico, nos atrevemos a ponerlo en el mismo plano que el gol de Pelé a Italia en la final de 1970, considerado con justicia uno de los mejores goles de cabeza de la historia. O el mejor. En este, Cristiano se impulsó tan alto como O Rei y, cuando estuvo en su punto extremo, martilló el balón hacia abajo. Le dio mucho cuello para imprimirle potencia. Y la direccionó: miró exactamente ahí donde la puso. Pero lo que barniza de estética la acción es el encuentro de la cabeza con la pelota en el momento exacto. Tuvo la belleza de la perfección. Estamos hablando de un cabeceador excepcional, y este tal vez sea uno de sus impactos más felices con la testa.

Con los dos tantos del pasado martes ante el mismo Atalanta, uno en el minuto 46 del primer tiempo y otro en el 91, alcanzó los 798 goles oficiales. Una locura. El hecho de que siempre aparezca anotando goles clave en los instantes finales certifica algunas de sus virtudes más destacables: su grado de concentración y su ambición. Nunca está dormido, jamás se lo ve derrotado ni desanimado. Esto, al margen de las cualidades técnicas como el remate quirúrgico, de aire o desde el suelo, con pelota quieta o en movimiento. Y el cabezazo, ya señalado. También está la colocación. Siempre aparece en el lugar preciso para convertir. “¿No lo marcan…?”, protesta alguien frente al televisor. Lo marcan, sí, y él se desmarca. Es inteligentísimo para encontrar la mejor posición en el área. Un paso adelante para arrastrar al marcador y dos atrás para liberarse de él y crearse espacio, el necesario para recibir y disparar al arco.

Con dos goles más, que los hará, esta semana, la siguiente o la otra, redondeará los 800, una cifra de fábula. Los estadígrafos del mundo dan como máximo artillero al austro-checo Josef Bican, quien señaló 805 entre 1931 y 1955. Se sabe poco de Bican, aunque FIFA y gente de las asociaciones de estadísticas corroboran ese número. Igual, Cristiano lo superará, no hay dudas. Tal vez en un mes o dos. Ser el máximo artillero de la historia no es precisamente insignificante. El gol es una verdad de cemento, lo más preciado de este juego.

Siempre estará la discusión acerca del aporte de Cristiano al juego, que suele ser mínimo. Toca poco el esférico y no participa del armado, él es simplemente un finalizador, como Lewandowski, pero si lo más valioso y complicado es hacer gol, estamos frente al artista mayor. Tuvimos la fortuna de ver en acción a Gerd Müller, monstruo sagrado del área, no lo comparamos con nadie. Fue único. No obstante, lo de Cristiano entra en el terreno de la leyenda. Y seguro irá por los 900, es insaciable, se cuida como quizás no lo hizo nadie en este deporte. Nunca le han pegado una patada, (él no anda con la pelota), hace crioterapia de recuperación tras los partidos para aliviar las articulaciones y los músculos, se somete a la cámara hiperbárica para reconstituir los tejidos, no tiene un gramo de más… Y no es sólo lo físico, su mente quiere más. Más goles, más premios, más reconocimientos. Es posible que siga otras dos temporadas aparte de esta en el primer nivel. O que se anime a llegar a los cuarenta jugando Champions. Su apetencia de gloria parece no tener límites.

No todo es idílico en su presente. Quizás se haya equivocado de Manchester. Lo quería el City, eligió el United. La diferencia de funcionamiento como equipos es abismal. El de Pep es una orquesta de cámara, el de Solskjaer parecen chicos de barrio golpeando tachos y cacerolas. Y esto puede damnificar la producción individual de Cristiano. O seguro lo hará. Pasó el sábado en el clásico manchesteriano: no pudo tocar la pelota. La tuvo siempre el City. Para empezar, es virtualmente imposible que ganen la Premier o la Champions; incluso alguna de las copas locales. Sentirá en sus carnes lo que vivió Messi los últimos cinco años en el Barcelona: carecer de un entorno fiable, competitivo para pelear títulos. Y este es un juego de once, no de uno. Toda individualidad, por brillante que sea, se opaca si no está rodeada de un conjunto, si falta armonía. Nadie sale campeón solo.

Nos han malacostumbrado. Entre Balones de Oro, récords, títulos ganados y centenares de goles, Messi y Cristiano Ronaldo han logrado que minimicemos los éxitos de otros fantásticos futbolistas y que se cambien los parámetros de excelencia. Antiguamente, que un delantero llegara a 350, 400 goles o ganara un Balón de Oro significaba conquistar el cielo del fútbol. Estos dos fenómenos actuales han vuelto pequeños aquellos logros. En adelante, cañonero que alcance 600 anotaciones, aún siendo una marca excepcional, quedará a la sombra de estos árboles de inmensa copa.

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Opinión

En Newcastle ya ensayan vueltas olímpicas

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 31 de octubre de 2021 / 22:33

La escena parecía surrealista e inédita: un señor encorbatado salió de las oficinas del Newcastle United e informó a la muchedumbre agolpada a las puertas del estadio St James’ Park que, finalmente, tras prolongadísimas negociaciones, estaba autorizada y firmada la venta del club al PIF, el ultramillonario Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita. Era oficial: el viejo Newcastle desde ese momento pasaba a ser un nuevo rico del fútbol, el más rico de todos. Un gentío de mil o dos mil hinchas con camisetas blanquinegras explotó en un grito como si se tratara de un gol al minuto 95 que le daba el título de liga. Luego fueron cánticos, saltos, abrazos y demostraciones de emoción, desfile en caravana por las calles de la ciudad.

Vueltas olímpicas por la firma de un papel… El Newcastle es el club más popular del norte de Inglaterra y con una extraordinaria tradición. Pero su último título de liga data de 1927. ¡Casi un siglo…! Y su última Copa Inglesa fue en 1955. Glorias viejas. Y pocas. Casi no quedan hinchas vivos que hayan celebrado una coronación siendo adolescentes y puedan recordar la alineación del equipo. Es todo demasiado añejo.

Hartos de mediocridad, de vegetar en la Premier League, de llorar descensos y reilusionarse con ascensos, los fans de las Urracas sueñan con, en un par de años, arrebatarles los títulos al Big Six, el exclusivo círculo de los Manchester, United y City, el Chelsea, el Liverpool, el Arsenal y el Tottenham. Incluso piensan pisarles la pata en Europa al Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich, Juventus y demás copetudos. El PIF, por sus siglas en inglés, es un fondo con activos de 320.000 millones de euros, o sea con más poder económico que todo el resto de la Premier League junto. Si tienen buen ojo, pueden fichar a todos los Haalands y Mbappés que vayan surgiendo y armar un plantel fuertísimo. De ahí la ilusión de los hinchas. Ven que pueden transformar el Big Six en Big Seven, que puede repetirse con ellos el suceso del Chelsea, del Manchester City, del Paris Saint Germain y de otros que, con el desembarco de grandes fortunas, dieron un salto de calidad y cambiaron su historia de frustraciones por éxitos resonantes.

El Chelsea era un club histórico de Londres que había logrado una liga (en 1955) hasta el arribo del magnate ruso Roman Abramovich el 1° de julio de 2003. A partir de allí tuvo un crecimiento excepcional y se transformó en un club planetario, obteniendo 20 títulos, entre ellos 5 ligas, 5 Copa Inglesa, 2 Europa League y 2 Champions, además de 14 subcampeonatos. Ha sido fenomenal para sus hinchas y para el fútbol inglés. Casi idéntica a la película del Manchester City, que a partir de la llegada del fondo emiratí se convirtió en un club líder en el mundo. Lucía dos ligas en sus vitrinas (1937 y 1968), ahora es un multicampeón que se sienta en la mesa del Madrid, del otro Manchester (que lo tuvo de hijo menor por décadas), del Bayern o del Barça. Otro tanto aconteció con el Paris Saint Germain, club que ostentaba apenas dos campeonatos locales y, desde la llegada del grupo catarí le agregó 7, más 12 copas nacionales, además de ser finalista de Europa. Los tres están situados ya en la cúspide, son referencia universal. ¿Es malo para el fútbol que haya más participantes fuertes y con acceso al éxito…?

«No podemos fichar como el Chelsea porque nuestro dueño no es un país ni un oligarca», señaló, a modo de queja -y de excusa- Jurgen Klopp, el excelente técnico alemán del Liverpool, al ser preguntado en septiembre pasado por los refuerzos del equipo londinense, que totalizaron 223 millones de euros. Aunque debe aclararse que el Chelsea estuvo durante dos mercados sin contrataciones por una suspensión de la FIFA.

Klopp se refería en el primer caso al Manchester City y al PSG, que son propiedad de fondos de inversión soberanos de Emiratos Árabes y Catar respectivamente. O sea, pertenecen a esos países. La crítica no parece sustentable: el Liverpool es un activo de John W. Henry, propietario también del Boston Globe y de Fenway Sports Group, una corporación estadounidense dueña de los Medias Rojas de Boston, un equipo de carreras de la Nascar y varias compañías de música y otra índole. O sea, Henry está unos escalones más abajo que Abramovich en la lista Forbes, pero no es un mendigo. Luego, vale subrayar que el Liverpool es un equipo construido a talonario. Salvo Alexander Arnold y Curtis Jones, el resto de la nómina es de chequera, no de cantera. Veinte integrantes de su plantel provinieron de otros clubes a precios altísimos. Sólo el arquero Alisson y el zaguero Van Dijk le costaron 73 y 85 millones de euros (pedidos por Klopp). Las dos docenas de elementos que fueron campeones de Europa y de Inglaterra se la compró la directiva al entrenador alemán. Así armó el equipo. Klopp, a quien le gusta jugar al modesto, se inscribe en esa antigua costumbre de que todo lo que no es europeo es dudoso. Acontece que el de mil millones rebuzna contra el de diez mil millones. Y si empezamos a escudriñar el origen de las fortunas tal vez debería parar el fútbol.

No cabe decir que sólo el PSG, el City o el Chelsea son equipos de billetera, todos los grandes de Europa lo son. A los habituados a coronar les molesta que aparezcan nuevos competidores con posibilidades de título, en cambio es saludable para el fútbol. El Real Madrid y sus medios afines acusaron al PSG de prepotencia económica por no soltarles a Mbappé. “Lo hacen porque tienen plata, qué vergüenza…” Pero ellos, los pobres, ofrecieron 220 millones de euros por el delantero.

En España se llenan la boca presumiendo de que el Madrid y el Barça son clubes democráticamente manejados por sus socios y no por potentados (que también lo son). La democracia del Madrid es un unicato en el que reina desde hace décadas Florentino Pérez. Y reinará hasta que la salud se lo permita. A propósito: ¿alguien sabe de algún otro directivo madridista…?  ¿Y el Barça…? ¿Cuál es el orgullo de deber dos mil millones de euros…? ¿Consultó Bartomeu con sus socios la compra de Coutinho, Dembelé o Griezmann en más de 600 millones de euros sumando contratos y comisiones…?

No hay ningún club de Inglaterra, Francia, Italia, que no pertenezca a millonarios. Mínimo ejemplo: Rocco Comisso, dueño de la Fiorentina, tiene activos por 6.500 millones de euros. Berlusconi acaba de comprar el Monza, que milita en Serie “B”. El Rennes, de Francia, pertenece a François Pinault, archimegaultrarico, poseedor de las marcas Gucci, Balenciaga, Iyes Saint Laurent, etc. El austríaco Dietrich Mateschitz, dueño de Red Bull, la bebida energizante y con un patrimonio de 25.000 millones de euros, posee cuatro clubes. Su joya máxima es el Leipzig alemán, al que creó desde cero, partiendo de la quinta categoría de la Bundesliga. Hoy, doce años después, es el tercero en importancia en la patria de Beckenbauer detrás del Bayern y el Dortmund y está disputando la Champions. También tiene otros en Austria y Estados Unidos. Y el que acaba de darle la última alegría es el cuarto: el Red Bull Bragantino, de Brasil, que animará la final de la Copa Sudamericana el próximo día 20 en Montevideo frente a Atlético Paranaense.

En el empobrecido fútbol sudamericano, donde trabajosamente se puede pagar los sueldos de los futbolistas, se mira con desconfianza el arribo de estos empresarios acaudalados -que no son mecenas-. ¿Será hora de que lleguen más Dietrich Mateschitz…?   

La parte oscura del nuevo patrón del Newcastle -el príncipe Mohamed bin Salmán Al Saud- es que está acusado de graves violaciones a los derechos humanos. Eso no se festejó.

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