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Los poetas del agua

El autor cavila sobre el vínculo entre los autores benianos y su principal fuente de creatividad.

Los poetas del agua. Foto: Luis Salazar-archivo

Los poetas del agua. Foto: Luis Salazar-archivo

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho / Escritor

00:00 / 22 de noviembre de 2017

El medio ambiente determina de algún modo nuestra escritura. En la cordillera andina las montañas están presentes en el imaginario poético; así como las serranías floridas en los poetas de los valles; en el territorio de Beni, Amazonía boliviana por antonomasia, el elemento común es el agua.

En Beni ese carácter poético que nos distingue, que nos identifica, está marcado por las aguas, por la lluvia, por las zanjas, por los atajados, por las lagunas, por los arroyos, por los curiches, en fin por los ríos mismos y en especial por el Mamoré, el río madre, el río columna vertebral de nuestro ser amazónico, el río que somos todos los benianos. En el lenguaje que hablamos también somos un río que es tributario del castellano y de los idiomas nativos, nuestros pueblos indígenas aportaron sus palabras para crear una subcultura nacional que es propia de los benianos. En cada poeta beniano el carácter del agua se vuelve particularísimo, quizá porque hasta el nombre de nuestro departamento es el de un río, el río Beni, que en tacana quiere decir “viento”; somos agua y aire, tierra y cielo.

Entre los poetas más representativos están Fabián Vaca Chávez, Rafael Arteaga Terrazas, Félix Sattori Román, Hormando Ortiz Chávez, este último, sin duda alguna, uno de los grandes poetas del siglo pasado junto a Horacio Rivero Egüez; Luciano Durán Böger, novelista y poeta, fue militante comunista y su vida y su obra estuvieron marcadas por su compromiso social. René Chávez Muñoz, Arnaldo Mejía Justiniano, Asunta Limpias de Parada, Félix Pinto, Luis Assad Simon, su poesía es social y existencial.

Ambrosio García Rivera y Ruber Carvalho Urey son románticos, exaltan a la mujer y su compromiso poético es con el amor. Hernando García Vespa, Rubén Darío Parada, Antonio Carvalho Urey, Mary Monje Landívar, Pedro Shimose, José Villar Suárez, Nicómedes Suárez, Arnaldo Mejía Méndez, Germán Lecaro, Selva Velarde, Rosario Aquim, Roxana Selum, y Albanella Chávez, una de las más jóvenes.

La mayoría de estos hombres y mujeres de palabras tienen marcada a fuego o agua —para ser más precisos— una relación especial con ella, con los ríos, lagunas y cañadas y sus versos están escritos con el color de sus aguas. Tal vez la poesía sea la verdadera patria de las aguas que nos hermana en las palabras, porque los poetas tienen la vocación del agua, siempre fluyendo a los mares de palabras para no estancarse en el camino.

Ésta se convierte en un elemento de autoidentificación y cohesión de la identidad regional. El espacio geográfico, el paisaje, la vegetación, la fauna amazónica, los atardeceres y el agua en todas sus manifestaciones son pues elementos clave de la autoidentificación beniana y los poetas subliman esta característica hasta el paroxismo de la palabra. Un haiku de José Villar Suárez: “Hay un Mamoré/ que va por las estrellas/ de la Vía Láctea”.

La poesía que se escribe en Beni se convierte en una “premisa de interpretación de la realidad” y nos vuelve transformada en versos, en imágenes. Nadie que conozca nuestra región y lea un poema sobre el río podrá dudar de que se trate de un poeta nacido o criado en estas tierras. El poeta comparte su relación, su cosmovisión y la proyecta en los versos lúdicos, salvajes, sensuales, eróticos que escribe. Así lo entiende Fanthy Velarde, en este fragmento: “Es diciembre/ y el agua/ encontró cómo llegar/ hasta el borde mismo/ de las sábanas”. O a la joven poeta Albanella Chávez en el poema Historia: “un cuerpo está compuesto de puentes cruzados y derruidos; de mapas, planos, ideas; de ríos y acantilados; bajando por precipicios, entre el aire y el agua; aunque existan, quizá los caminos que conducen a ellos son ahora desandados/ mi nombre es un puente”.

En una relación erótica, el agua nos posee y nosotros poseemos el agua, el agua es nuestra amante. La deseamos ansiosamente para aliviar la sed, la necesitamos para refrescar nuestra humanidad, para lavar nuestros cuerpos de la transpiración: agua externa contra agua interna. Agua limpia contra agua sucia. Cuando amamos la sublimación es líquida, el beso, los cuerpos sudorosos, el arrebato sexual, somos ríos fluyendo hacia el mar que no es otra cosa que el otro. El agua del río Amazonas, el gran río del que los benianos somos tributarios. Es como si todo lo que escribiésemos lo hiciéramos con la tinta de los ríos que llevamos adentro.

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