martes 18 may 2021 | Actualizado a 10:51

CH’ALLA DEL CD 60 A

/ 14 de abril de 2021 / 13:02

Nos hemos inventado esta ch’alla de mi último disco 60A porque es triste vivir sin dar conciertos, sin el afán de las tocadas; es triste estar sin el contacto con la gente

CH’ENKO TOTAL

Nos hemos inventado esta ch’alla de mi último disco 60A porque es triste vivir sin dar conciertos, sin el afán de las tocadas; es triste estar sin el contacto con la gente, sin el murmullo de la butaca; es triste estar sin música en los dedos, sin letras dando vueltas la cabeza; es triste sacar todo un disco con 13 canciones y sentir que no vuelan, que creaste canciones sin alas. Nos inventamos esta ch’alla gracias a los jóvenes gestores culturales de 8B Departamento Cultural de Cochabamba. El 8B se debe a la generosidad del cantautor y guitarrista Mauricio Canedo y de su esposa, la artista audiovisual Gabriela Olivera, quienes decidieron abrir las puertas de su casa a los artistas, entonces el living y comedor hacen de pequeño teatro algunas veces, otras de set de fotos y sesiones de video, en el fondo de la casa hay pequeñas aulas; es departamento porque al inicio, hace tres años, todo transcurría en un departamento, sin embargo la pareja se animó a cambiar el departamento por una casita, está lindo, extenso, el 8B.

Decidí tocar con el mismo trío del anterior streaming, el de inicios de octubre del año pasado. El  Papirri y su trío Cochala suena sólido, Luis Mercado en la batería y percusión es un músico cabal, un artista que ve la batería como un instrumento de percusión y eso se agradece. Hugo de Lafuente es un excelente bajista, ambos estudiaron en la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA), una institución pionera del Gran Buenos Aires que forma a músicos populares. Sinceramente, en Bolivia no creo que haya músicos solo de música “culta”, todos hacemos música popular, sin embargo los Conservatorios no lo consideran y nos alejan de los centros de formación, en mi generación teníamos que estudiar teoría de la música cuatro años para recién hacer sonar algo, aunque sea una lata de aceite. La EMPA llena este vacío, los chicos agarraron sus maletas y se fueron para allá, su formación no es solo musical sino también de tecnología del sonido, están bien actualizados, ensayar con ellos es un gran alivio, tocar un enorme sostén pues ya los años pesan. Más aún porque —a la vejez viruela— me dieron ganas de tener una guitarra eléctrica, todo el mes de marzo estuve con esa idea adolescente, tomé contacto con un excelente guitarrista eléctrico, Juan Ernesto Saavedra, fue mi guía sobre las alternativas, precios, modelos, una búsqueda tensa que concluyó con la compra de una guitarra que estabaen remate, de media gama, una estilo Stratocaster medio chutita, pero bien nomás está.

En el primer ensayo, hace una semana, me emocionó tocar Un k’usillo en Nottingham con esa guitarra eléctrica, se me salieron unas lágrimas al cantar y pensar en mi hermano que está como la canción, el sonido de mi Tocai (así es la marca) salió pleno en esta canción, mis dedos buscaban sosiego y a la vez emoción, eso era lo mejor, hacer menor esfuerzo articular con resultados sonoros extendidos a diversos timbres debido a una palanquita que te lleva a cinco diferentes. Lo jodido es acostumbrarse a las cuerdas de metal, che, las cuerdas son rudas, las yemas se fríen en un sartén metálico, hay que acostumbrarse, sin llorar.

También me emocionó mucho ver mi cuadernito de canciones donde pongo las letras, estaba desabandonado, polvoriento, tenía anotaciones del concierto anterior, decía 10 de octubre de 2020, se notaba temor para cantar algunas canciones, los golpistas todavía estaban en el gobierno, los motoqueros fascistas podían lastimarnos. Hoy cantamos lo que el alma pida, por eso este concierto es una celebración, un agradecimiento a los poderes superiores que nos permiten aún cantar, una celebración a la vida, un disfrute democrático, el placer de cantar nuevas canciones en libertad y aún con salud. 

Hoy martes grabamos el concierto que se emitirá el sábado 10 y domingo 11 de abril, apóyennos llamando a la productora Amalia Canedo a los celus del artecito. Interesante ver al Papirri con su guitarra eléctrica, interesante ver un streaming con cuatro cámaras, con buen sonido y luces, interesante escuchar las nuevas canciones del disco 60 A, mezcladitas con varios hits, interesante apoyar a los artistas nashonales. Estamos vivos. Respiramos. Todavía cantamos. Estamos algo solos. Algo gordos. Bastante achacosos. Entonces, mientras se pueda: ¡bien le cascaremos con un Ch’utis!

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

VOLVER AL ESCENARIO

Qué hermoso fue volver al escenario, reencontrarme con mis músicos paceños, las luces de colores dándote en la cara, los monitores orejones, los micrófonos puntiagudos, la distancia de la escena con el público (¿público?, sí… había unas 25 personas)

Por El Papirri

/ 9 de mayo de 2021 / 19:52

CH’ENKO TOTAL

Qué hermoso fue volver al escenario, reencontrarme con mis músicos paceños, las luces de colores dándote en la cara, los monitores orejones, los micrófonos puntiagudos, la distancia de la escena con el público (¿público?, sí… había unas 25 personas), una emoción nuevita luego de haber realizado cuatro streamings medio cojudos en soledad total. Sí pues, el último concierto en serio en La Paz fue en mayo de 2019, dos años habían pasado, che. Considerando que toqué en el Teatro Vinilo de Buenos Aires el 23 de febrero del año pasado, pues sí… es muuucho tiempo lejos de escena.

El concierto del viernes 23 de abril de 2021 en el Patio del Ministerio de Culturas, espacio denominado la Casa del Artista, fue gracias a que postulé al programa Encuentro con los Artistas que está promoviendo esta cartera de Estado. Otra vez tocar con la batería alegre de mi amigo Vico Guzmán, con el bajo sensato de Raúl Flores, con la sorpresa de saxos y flautas de Roby Morales, el charango posmoderno de Ariel Quispe y con la presencia de un gran artista, un cantante único, además de creador de bellas canciones: el notable David Portillo.

Francamente el streaming es demasiado desértico, más aún para mi música, que convoca la participación de la gente. No existe retroalimentación alguna, el streaming es un concierto sordo, una especie de ensayo con cibercuriosos. Yo amo la improvisación en escena, el mover los pisos del protocolo teatral, convocar al “error”, inquietar, alegrar y hacer pensar a la gente.

Llegué a La Paz, mi ciudad, un domingo helado. Es cierto, se notan los mil metros de subida desde Cochabamba y los 10 grados de bajada de “la clima”, pero mi La Paz me recibe siempre con inmensa ternura, arropándome en sus polleras gigantescas. El Illimani está cada día más hermoso (pese a algunos chinos que dice están merodeando por ahí), la luna paceña en estas noches fue magnífica, romántica. Lo más chistoso fueron los ensayos vía Zoom, debería crearse una plataforma para ensayo de músicos, el sonido llega muy retrasado. Me dejó pasmado que mis músicos no tenían el libro 40 años de canciones que presentamos un mes antes del golpe, tuve que enviarles vía delivery. Ahí nos veías ensayando con el Raúl a destiempo, con el Roby directamente decidí escuchar y corregir sus melodías porque si yo tocaba encima lo confundía más, el Arielito con su charango llegó el miércoles a casa y repasamos no solo las canciones sino también tragedias personales y públicas.

Luego del concierto que fue temprano, a las 19.00 horas, queríamos ir a festejar el encuentro pero nos dio miedo a todos y salimos corriendo rumbo a nuestras camas. Me gustó tocar canciones de mi nuevo CD 60A. Empecé el concierto con El Olvidado, canción dedicada a mi abuelo paterno y al mar boliviano. Me gustó que estén presentes aunque sea 25 personas permitidas por la pandemia. Me gustó escuchar mis canciones conociditas otra vez en la sensibilidad de mis músicos y en los barbijos de los presentes, me emocionó hasta las lágrimas tocar la canción Wiphala con tanta libertad en la garganta, recordando a los mártires que hicieron posible la recuperación de la democracia en Bolivia. Mi canción Ch’utis hizo levantar a la gente de sus asientitos, vi cómo movían las caderas, cómo se reían con sus ojitos con las nuevas metafísicas populares.

En estos días y para generar un poco de billete, puse un aviso de promoción en el Face: Directamente del productor al consumidor, sin intermediarios. Quedan 20 CD’s de la primera Edición del disco 60A, precio oficial 70 bs, oferta a 50 bs. El maravilloso libro 40 años de canciones, precio oficial 100 bs, oferta 80 bs. Aproveche la firma del autor y fotito más de yapa, nos encontremos por la avenida Arce. Interesados contactarse al watsap 732 21878. Y llovieron los watsaps. Gente entrañable vino desde El Alto, desde Laja hasta la avenida, ahí me veías correteando la Arce firmando discos y libros, haciendo el saludo de ch’utis con todo tipo de gentes y edades, familias enteras con wawitas como zampoña pedían sus fotos y dedicatorias a nombres difíciles, una señora se prendió de mi cuello sin ningún protocolo, algunos querían también los libros de Crónicas, di fin a los cuatro libros de Crónicas volumen 1 que tenía en un cajón, las cinco Crónicas volumen 2 que tenía en mi biblioteca también volaron, tendré que conseguir un par aunque sea del almacén de la editorial El Cuervo.

Todavía estaré unos días más en mi ciudad, el invierno nos hace partir de nuevo, tengo la certeza de que mi ajayu está aquí, amo La Paz, sobre todo por su gente tan solidaria, educada y entrañable. Ahora empieza a sonar mi timbre de nuevo. Llegará un joven paceño melómano, dice en su watsap que se compró mi disco Cuentacantos en formato vinilo en Bs 180 ¡No me quiero irrrr! Sin embargo, como dice el tango, mi cuerpo enfermo no resiste más. Gracias La Paz por tanto cariño. Gracias gente hermosa paceña. Gracias Ministerio de Culturas por la oportunidad de volver a un escenario. Bien le hemos cascado. ¡Pa qués decir!

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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HOJA DE RUTA

Gracias a su compadre, doña Rosita logró un trabajo con ítem, se aprisionó de él, es pieza activa del sindicato. Hoy trabaja en la burocracia cultural en tiempos de pandemia.

El Papirri

Por El Papirri

/ 25 de abril de 2021 / 18:33

CH’ENKO TOTAL

Gracias a su compadre, doña Rosita logró un trabajo con ítem, se aprisionó de él, es pieza activa del sindicato. Hoy trabaja en la burocracia cultural en tiempos de pandemia. Ingresó a trabajar como secretaria en la Alcaldía, 26 años atrás la derivaron a la Casa de la Cultura, fue secretaria en los teatros, luego en la división de salas de exposición. Hace 20 años le dieron comisión como encargada administrativa de un museo grande que queda cerca de una plaza. Siempre marca puntual su tarjeta, siempre toma su cafecito a las 11.00 y a las 17.00, con marraqueta más. El museo tiene 10 habitaciones a las que se les denomina salas permanentes, es decir que los cuadros y otras obras de arte no se mueven nunca, siempre son las mismas, otros siete cuartos se llaman salas temporales, en éstas exponen los artistas externos. En marzo de 2020 doña Rosa recibió la solicitud de un escultor de la ciudad de Viacha, el célebre maestro Zapata, quien solicitaba en su carta exponer en el museo 20 esculturas de su autoría hechas en piedra andina. Justo llegó la pandemia. Doña Rosita le hizo una carta de respuesta indicándole que debería mandar su carta por conducto regular a la casa central de Cultura, no directo al museo, le entregó la carta a su secretaria vía hoja de ruta interna para que le haga llegar la carta de respuesta al maestro Zapata. La secre tuvo la carta un par de meses en su escritorio, no sabía cómo hacerle llegar la respuesta al artista hasta Viacha. A los dos meses se dio cuenta de que el artista ponía un celular de contacto en la misiva, le pidió permiso a doña Rosita para hacer llamada desde su teléfono fijo al celular del maestro, pero no pudo llamar porque la Alcaldía decretó cuarentena rígida y cierre del museo.

Una vez a la semana el personal del museo se reúne vía zoom, ya nadies va al museo, antes de la pandemia iban siete personas al día, en temporada alta 20. En la reunión de equipo del museo de junio de 2020 vía zoom estuvieron presentes todos los funcionarios del museo: la curadora principal, un curador siempre de mal humor, una joven que estudia historia hace una década y que es personal de apoyo en conservación, también estuvo presente el responsable de documentación y montaje, el responsable de extensión cultural, el diseñador del museo, la guía, el guía, doña Rosita como encargada del lugar, el licen Adalberto que es el contador, la secretaria de doña Rosita, la recepcionista, el encargado de mantenimiento, un señor Quisbert que es personal de apoyo del museo, un señor Chávez de similar cargo, otro señor de similar cargo de apellido Choque y dos porteros. Doña Rosita hizo de secretaria de actas en la reunión zoom, anotó que asistieron los 17 funcionarios de esta repartición que da servicio a los artistas. Sin embargo, la señal de internet no estaba bien y se tuvo que suspender la reunión. La secretaria de doña Rosita le hizo un watsap en julio indicando que le preocupaba la carta de respuesta al maestro Zapata, “¡Ah! ya sé”, dijo la encargada, “mándele una foto de la carta a su celular”. La secre informó en la segunda reunión de equipo de agosto que se le había remitido la respuesta al maestro Zapata con una foto desde su celular, la carta indicaba que debe presentar la carta por conducto regular a la central para que nazca una hoja de ruta oficial; informó que el artista le había contestado al watsap, y que llevaría la carta a la central en cuanto pueda ir a La Paz, porque en Viacha los casos de contagio habían subido en septiembre de 2020.

En octubre de 2020 doña Rosita decidió ir una vez a la semana al museo y hacer reunión presencial de todo el equipo, todos con barbijo y regados de alcohol. Estuvieron presentes 15 de los 17 funcionarios, dos no pudieron llegar por bloqueo en El Alto. En la reunión de equipo presencial se acordó que se hagan turnos presenciales, tres funcionarios por día, y así marcar las tarjetas de todos. El diseñador hizo el cronograma. Se decidió que los dos curadores hagan inspección ocular de las obras de las salas permanentes, quienes comprobaron que estaban todas en su lugar, cuatro acuarelas de Borda, cinco óleos de María Esther Ballivián, seis coloniales anónimos y algunas esculturas pequeñas. En la próxima reunión de equipo de octubre 2020 vía zoom se les instruyó a los porteros que barran y saquen el polvo a las obras de las salas permanentes. En la reunión de noviembre de 2020, también vía zoom, se analizó la solicitud del artista Zapata que por fin llegó por hoja de ruta oficial y por canal regular desde la central, se respondió al encargado de artes plásticas que trabaja en la central indicándole que no sería posible realizar la exposición de manera presencial por la pandemia, señalando como alternativa que se haga un streaming de las obras de Zapata y que se lo difunda vía la página oficial de Facebook del museo. El encargado de artes plásticas remitió en noviembre de 2020 la hoja de ruta al Secretario General de Cultura, quien instruyó a su secretaria en la hoja de ruta mandar la alternativa al artista. En diciembre de 2020 los 17 funcionarios del museo se hicieron presentes de manera presencial en el acto de Navidad en la central, allí se les entregó con distanciamiento social la papeleta de pago con doble aguinaldo, doña Rosita no podía creer la suma que se hizo, algo así como Bs 27.000, además recibieron un canastón repleto de conservas, harina, whisky, vino, con tarjeta del Alcalde. Doña Rosita solicitó antes de Año Nuevo sus vacaciones, se habían acumulado tres meses de vacaciones, eso sí, cada primero del mes hacía cola puntual para el cobro de su sueldo. En abril de 2021, doña Rosita se reincorporó convocando a todo su personal a la primera reunión de equipo del año vía zoom, estuvieron presentes los 17 funcionarios del museo, la secretaria de doña Rosa informó la mala noticia que en marzo había fallecido el maestro Zapata, no de COVID-19, más bien de hambre y que no se pudo hacer por esta razón la exposición por streaming. Por decisión unánime se resolvió hacerle un homenaje vía Facebook Live.

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Carta de mi papá

Una carta de don Germán Monroy Block a su hijo el cantautor

Por El Papirri

/ 31 de marzo de 2021 / 12:46

CH’ENKO TOTAL

Querido hijo:

La última vez que estuvimos juntos tenías 26 años, yo estaba en el Hospital Obrero, enfermo, me contaste que te habían designado director del Taller de Música de la UMSA con examen de competencia estricto, me puse muy feliz por aquel logro. Siempre estoy contigo, aunque me sientas distante. Estoy pendiente de lo que haces y de lo que no haces, no es fácil la comunicación, pero me doy formas de saber de ti y —aunque no lo creas— de intervenir de alguna manera cuando veo que estás en riesgo. El año pasado me preocupaste de verdad. Tú, hijito, estabas destinado a los grandes escenarios de Segovia, al arte de la guitarra, pero te inmiscuyes demasiado en las cuestiones políticas. Sabes que nunca estuve de acuerdo con que cantaras, yo quería para ti los escenarios donde conocí a tu mamá, los grandes teatros, que interpretes la guitarra con orquestas sinfónicas. Pero bueno, yo también tengo la culpa de haberte inculcado los ideales sociales, esa preocupación por una Bolivia más justa. Es cierto, no fui un padre muy cercano, cuando eras niñito ya había irrumpido el fascismo de Barrientos en Bolivia, 20 años de dictaduras me tuvieron un tanto lejos de ustedes. Y no sabes cuánto lo siento. Y me arrepiento. Pero eran mis ideales, hijito, aquellos que nacieron en mi corazón cuando, saliendo bachiller, fui a pelear a la Guerra del Chaco. Allí, entre balas, muertes y sangre pude ver que los que combatíamos éramos los pobres, porque yo era hijo de un obrero de ferrocarril y de una hermosa ama de casa… No fue fácil agarrarse a tiros con los pilas, pero eso templó nuestro carácter, nació la visión de derrotar a un gobierno y a un estado manejado por  la rosca minero feudal, ellos no fueron a combatir por la Patria. Por eso organizamos un partido revolucionario, por eso fui ministro de Gualberto Villarroel (te mando adjunta la foto cuando fundamos la FSTMB), por eso luchamos para que no haya esclavitud indígena, para que se organicen los mineros, los obreros y defiendan sus derechos. Por eso salí urgido al exilio escapando de la horca y allí tuve la bendición de conocer a tu madre. Por eso yo no quería que tú te involucraras en los afanes políticos, quería para ti una vida más apacible, de arte, academia y teatros, pero la realidad boliviana hizo que cantaras, y que cantaras cosas peligrosas.

El año pasado te vi en el 60 Festival Internacional de Cosquín, dije: “¡ahí está!”, su abuelo lo llevó a ese escenario, porque tu abuelo, mi suegro, fue un gran luchador, pero desde las fronteras musicales, la revolución de tu abuelo Andrés Chazarreta fue intrínseca, él reivindicó al arte popular, luchaba para que sus músicos, sus bailarines, muchos de ellos quechua parlantes, artistas populares de verdad, sean aceptados como artistas en una Argentina oligárquica que les negaba los teatros. Cuando conocí a tu mamá en 1947, tu abuelo ya era un ídolo popular, pero antes le costó 15 años insistir y persistir en sus ideales musicales. Este 21 de marzo se cumplieron 100 años de que Don Andrés triunfara en Buenos Aires, en el teatro Politeama. Ese triunfo fue el triunfo del pueblo, del arte popular. Entonces, cuando cantaste en Cosquín yo creí que ibas a cantar sus canciones, y le metiste tu canción Wiphala… me hiciste preocupar de verdad, tenías que retornar a Bolivia, el fascismo había tomado el poder otra vez y te tenían en la mira, me dolía tanto cómo te insultaban y amenazaban, creo que no deberías haber cantado esa canción, hijo, deberías haber interpretado a tu abuelo y disfrutar más de aquella estadía. En fin, es cierto, juntos salimos al exilio en 1980, ahí pude ver que también eras un guerrero, saliste a trabajar con tu guitarrita nada menos que en México DF, era mi tercer exilio, estaba cansado llegando a los setenta abriles, no sabes cuánto me costó dejarte en el DF pero no pude con esa ciudad, en Lima por lo menos estaba el Chueco Céspedes y nos acompañábamos. Me sentí muy orgulloso cuando en mi cumpleaños de 1981 me mandaste cien dolarcitos como regalo.

Hijo, debes cuidarte más, ya tienes 60, trata de no meterte en política, los fascistas son terribles, no miden su odio, para colmo increíblemente La Paz les dio su apoyo. Cultiva tu arte, no bebas tanto, no fumes, el virus parece que seguirá, yo hago lo posible por protegerte, pero a veces tú remas para el otro lado. Ya has sufrido demasiado defendiendo los mismos ideales que yo tenía, pero tú eres un artista, no eres político, el político era tu hermano Germán, pero ese es un tema muy doloroso que algún día lo compartiremos en una futura carta. Bueno, traten de vacunarse pronto. Cuida de tu esposa, a quien quiero y admiro profundamente, aunque no tuve el gusto de conocerla en persona. Aliméntate mejor, toma tus medicamentos, no pienses tanto en la gente, en el público, piensa en los tuyos. Ya ves mi letra, hijito, estoy cada vez más viejito, pero no dudes que estoy contigo, que estoy presente en tus momentos felices y en los más difíciles. Nunca te lo dije: te amo, hijito. Disculpa que me haya ido cuando eras tan joven. Disculpa tantos ideales que te transmití sin querer. Disculpa a este tu padre que, si estuvo lejano, fue por la revolución. Disculpa no haber ido a las reuniones de los padres de familia de tu colegio, no llevarte a jugar al fútbol. Discúlpame, hijito. Y por favor, no repitas historias que no te pertenecen, sigue el camino de tu madre, el arte siempre te va a dar alegrías y emociones sanas. Abrígate, hace frío en La Paz.

Te besa, desde el cielo, tu papá, Germán

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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AYMARA BASIC

El Papirri

Por El Papirri

/ 17 de marzo de 2021 / 12:28

Ch’enko total

He concluido el curso de Aymara básico al cual voluntariamente me sometí indagando mi infancia junto a la cholita sorateña Hilaria Chami, mi madre adoptiva. Estaba buscando otra cosa en el internet y apareció como magia un aviso de cursos.bo ofreciendo el taller que lo coordina el Instituto Técnico de Formación Superior Intercultural Khana Marka de Oruro, Bolivia. Yo solo sabía de la lengua milenaria ciertas palabras del aymara urbano, motor de algunas de mis canciones. Todo febrero me veías de lunes a viernes durante tres horas diarias en un nudo de nervios escolar, esperando el inicio del curso vía Zoom que 24 alumnos cursamos bajo la tutela del profesor Ubaldo Morales, a quien le agradezco la paciencia. Transcribo un diálogo que me lo sé ya de memoria, es muy básico pero me hace sentir más cerca de la Pacha.

—Aski aruma, jilata.

—Aski Aruma, yatichiri.

—Kamisaki, jilata.

— Waliki, yatichiri.

—Kunasa sutimaxa, jilata?

—Nayaxa sutija Manuel. Sutimasti, yatichiri…

—Sutiñaxa Ubaldo, jilata. Kawki markatatasa, Manuel.

—La Paz markatatwa, yatichiri Ubaldo, jumasti kawki markatatasa…

—Nayaxa Oruro markatatwa…

—Jisa, jisa…

—Kunsa lurta, jilata Manuel…

—Nayaxa irnaqtwa, yatichiri.

—Kawkina irnaqta…

— Nayaxa yateqaña utana irnaqtwa. Jumasti?

—Nayaxa aymara yatichirithwa, yatiqaña utana irnaqthwa. Qhawqa maranitasa…

—Nayaxa suxta tunka maranitwa. Jumasti, qhawka maranitasa, yatichitri…

—Nayaxa pisqa tunka maranitwa, Manuel…

— Ahh, jiwasa jach’a tatawa…

—Jumaxa kuna phaxsisa yurta…

—Nayaxa sataqallta phaxsi yurtwa. Jumasti?

—Nayaxa marat’aqa phaxsi yurtwa.

—Waliki, waliki. Nayaxa tunka kimsakallkuni uru sataqallta paxi waranwa llatunka pataka suxta tunka mara turtwa, yatichciri.

—Uhhh, bien alaraco… jisa. Jilata, kuna samisa akaxa…

—Ukaxa ch’iyara wa q’illu samiwa, jiwasawa tigre campeón, pues.

—Ay, tatay. Janiwa, janiwtikithi, Oruro Royal campeón wa. Ya, ya qharuru kama, jilata.

—Yuspayarpama, yatichiri Ubaldo.

El aymara es un idioma muy difícil, me pareció más difícil que el idioma japonés que estudié durante cinco meses en 1990 en el Ryo Gakusei Kaikan de la Universidad de Kyushu, Fukuoka, Japan. Este diálogo debí aprenderlo en 1ro básico, pero no, en la época y en la ciudad, lo aymara era de indios, era marginal. La educación eurocéntrica y pseudo yankee que nos dieron nos negó la posibilidad de hablar fluidamente esta lengua que debió ser nuestra lengua materna pues La Paz fue, es y será siempre territorio aymara. Es verdad, fui uno de los más chacritas, la mayoría de mis compañeros tenían apellidos de origen aymara, aprendían más rápido, interesante era cuando contestaban la pregunta sobre ocupación, respondían servidor público en español. Con mucho esfuerzo logré tener una nota de 86 sobre 100, solventada aún más por la canción que canté la última clase con mi guitarrita y de la que ¡por fin! ahora entiendo la letra. El gran día ha llegado:  Uka jach’a uru, jutaskiwa/ Amuyasipxañani jutaskiwa/ Taqpachani llakinakasti/ uka jacha uru jutaskiwa/ tatanaka mamanaka amuyasipxañani jutaskiwa/ wawanaka waynanaka/ uka jacha uru jutaskiwa. ¡¡Jallalla Kollasuyu Marka!!

(*) El Papirr: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Don Pedro

/ 3 de marzo de 2021 / 11:38

Ch’enko total

El recuerdo más añejo que tengo de Don Pedrooo… tengo siete añitos, camino de la mano de mi mamá la calle Rosendo Gutiérrez de La Paz, llegamos a la esquina de la avenida 6 de Agosto, entonces súbitamente empiezo a volarrrrr: dos manotas seguras, fuertes me hacen dar vueltas y vueltas. Asustado miro el rostro de Don Pedro y sus bigotes de galán mexicano, miro sus músculos poderosos y vuelo, vuelo como nunca me había pasado. Mi papá no me hacía volar. Don Pedro me hacía volar mientras mi madre iba escogiendo las revistas. “¿Me da por favor Vanidades para la Cristinita, para los chicos El Gráfico, para mí Siete Días, por favor, Don Pedro?” Entonces aterrizaba, lo veía absorto desde mi pequeñez. Era un gigante, un gladiador mestizo que sonreía, siempre sonreía, acariciaba mi pelo y me regalaba un Mu mu. El abuelo Andrés había hecho llegar platita de sus derechos de autor y felices nos dábamos el lujo de comprar revistas y un par de chocolates Nestlé, unos rojitos que tenían un papel estañado que a veces servía para la camiseta de mis arqueros de tapagol. Entonces mi mamá le paga a don Pedro, como despedida me regala su más franca sonrisa y me sube a su muslo de mármol, me ata los zapatitos. “chau, Manuelito”, me da un beso sonoro en la cabeza… Lo veo despedirse. Mi héroe se queda en la esquina, en la revistería para atender al público, solo deseo volver pronto a dar vueltas y vueltas en la calesita poderosa, a volar en los brazos de Don Pedro.

A los nueve años me recuerdo de arquero, toda la semana practicábamos en el callejón los pelotazos que se venían en serio los sábados en la tarde, trancábamos la Rosendo Gutiérrez con nuestras chompas de arcos. “¡No hay paso!”, indicábamos felices, jugábamos  tres horas un fútbol bastante violento. Allí aparecía otro Don Pedro, un aguerrido defensor con muslos de acero, yo suplicaba en oraciones personales ser de su equipo; a veces me tocaba, a veces no, dependía de los que escogían ganando la última pisada. Me decían Gatti, sobre todo por mi actitud suicida. Desde el arco lo veía a Don Pedro lanzar remates certeros que me doblaban las manos, pero como era defensor mis delanteros sufrían mucho más con aquel poderoso marcador de punta izquierda. En esa época los muchachos contaban historias épicas de Don Pedro, decían que era cachascanista, el tercer Don Pedro era Cruz Diablo, contaban que  había dejado de luchar por su familia, yo soñaba con Cruz Diablo haciéndolo papilla a Blue Demon, defendiéndome de la momia… con esto más, Don Pedro era mi principal héroe de la infancia, mejor que Batman, porque además lo tenía en vivo y en directo en la esquina de la revistería.

Luego nos prohibieron trancar la calle los del Tránsito, entonces descubrimos una canchita en la avenida Arce, donde hoy es la plaza Bolivia. Le llamamos la Bronco, una cancha de a ocho, de tierra, con arquitos de madera, allí veías la peregrinación de todos los changos. Yo había cumplido 11 años, era puntero derecho, por suerte no me marcaba Don Pedro sino el Pardal, pero lo mejor era jugar en su equipo. Fueron miles de meses que jugamos con Don Pedro en la Bronco, que era nada menos la cancha del Hospital Broncopulmonar. Nuestros camerinos eran la cocina del hospital, a veces pecábamos y le dábamos un manotazo al arroz que bullía furibundo, el árbitro —que además nos alquilaba la canchita— era el Mallku, el jefe de los enfermeros, siempre de blanco impecable. Tardes heroicas en la Bronco. Jugábamos hasta que la noche nos empujaba a las casas. No olvido un sábado de aquellos: llegó un cuate de  barrio ajeno directamente a anular mis gambetas con violencia; era mayor, me daba patadas por todo lado hasta que me calenté y le di un buen empujón que lo tiró de culo. Se levantó para sacarme la mierda y entonces apareció Don Pedro, se puso en el medio, Cruz Diablo lo puteó al extraño, le dijo que aquí venimos a jugar, no a pegar. Lo sacó de la cancha y de un grito le ordenó al Mallku sacar la roja. Todo volvió a su curso porque lo teníamos a Don Pedro, el Padre del barrio, la moral de nuestra comunidad.

Era el primero en llegar a la cancha y precalentar, era el único que compartía su papaya Salvietti cuando ganaba. Dicen que su puesto cumplió 60 años, o sea que Don Pedro llegó al barrio cuando yo nacía. La revistería sigue en la esquina. Hoy está cerrada, solita, nuestro Tata Mayor, nuestro Jach’a Pedro, nuestro papá comunitario ha partido de este mundo a los 82 años. Se fue el pilar, el último que daba sentido al barrio. Don Pedro Arratia descansa ahora, nos mira desde alguna nube con sus bigotes de galán mexicano y sonríe, siempre sonríe.

Su esposa Doña Exalta, sus hijos de verdad Eli, Cruz y Wilma; sus nietos Pedro, Claudia, Gabriela, Paola, Rodrigo, Isabel, Maggy; sus bisnietos Carlos, Alejandra, Valentina, Samantha y Sofia; sus hijos adoptivos del barrio Gafo, Carlos, Germán, Chiri, Jacinto, Sevas, Paco, Andrés, Rodrigo, Felico y yo, el Manuelito, lo lloramos y oramos para que su presencia pueble siempre nuestros corazones y que sus valores de solidaridad y respeto guíen nuestro camino. 

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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