viernes 25 jun 2021 | Actualizado a 03:44

Neymar priorizó lo económico sobre lo deportivo

Jorge Barraza, periodista argentino

/ 9 de mayo de 2021 / 17:42

“El Paris Saint-Germain se complace en anunciar la extensión del contrato de Neymar Jr. por tres temporadas más hasta el 30 de junio de 2025”, dice una breve noticia en la cuenta de Twitter oficial del club francés, en la que evidencia una inocultable satisfacción. “Padre e hijo ya tienen el contrato que querían. Han utilizado una vez más el nombre del Barça para ser más multimillonarios”, replica en la misma red Ángel Iturriaga, historiador y escritor de varios libros sobre el FC Barcelona. Lo mismo hicieron cuando el pase del Santos al club azulgrana: usaron de pantalla negociaciones con el Real Madrid (que en verdad tenía interés en Ney) para presionar al otro candidato. Siempre que hay un interesado, se busca o se inventa un coqueteo con otro para tener el mango de la sartén en el tironeo económico. Ya lo practicaban los fenicios muchos siglos antes de Cristo.

Por unas horas, el anuncio parará la eterna novela de sus posibles transferencias. Se trata del único futbolista de la historia que está en el mercado los 365 días del año. La Neymar Sports Marketing y su entorno son una industria sin descanso: lanzan bolas en todas las direcciones para tener siempre en vilo al club que lo tiene contratado. Y mantienen el run run, que acerca contratos. La misma política de Jorge Mendes para sus representados: que se hable, de los abdominales, de la colección de autos de lujo, del yate, de la mansión acondicionada como gimnasio, de los millones de seguidores en Instagram… Que se hable. Es lo que sostiene la cotización del producto, aunque ese producto no rinda en la cancha en relación a lo que cobra o lo que costó.

El Paris Saint Germain perdió una vez más la posibilidad de ser campeón de Europa, que en el caso del brasileño es el cuarto intento fallido, pues ya está finalizando su cuarta temporada allí. Recordemos que se fugó de Barcelona enarbolando dos objetivos: 1) que quería ser el número uno del mundo para lograr de una vez el Balón de Oro y 2) iba como el factor diferencial para que por fin el PSG conquistara la Orejona. Para eso pagaron 222 millones de euros por su pase, más altísimas comisiones y un contrato de fábula de 37 millones anuales.

Ney no ha logrado ninguna de las dos cosas. Más que eso, estos cuatro años en Paris le han quitado repercusión dado que la Ligue 1 es muy inferior en cartel a las de España, Inglaterra, Alemania e Italia. Lo ha alejado del Balón de Oro: pasó de ser el tercer mejor futbolista del mundo -indiscutiblemente- a no figurar ni entre los treinta nominados al premio de France Football (y jugando en Francia).

La nueva eliminación del equipo parisino de su obsesión -reinar en Europa- le pegó duro especialmente a él. Cantidades de voces se alzaron en su contra. France Football lo definió como «insoportable, egocéntrico y catastrófico», le adjudicó una nota 2 por su desempeño y se preguntó: «¿Era realmente necesario hacer seis toques de balón cada vez que le llegaba?”. Fabio Capello, que va siempre al hueso y no se muerde la lengua con nadie, comentó para Sky Sports y lo retrató: «Esperaba que pudiera hacer algo, ser más decisivo y decidido. No actuó como líder. Intentó demasiados regates inútiles en zonas equivocadas. Un líder lleva al equipo hacia un resultado. Hablaba demasiado». En Brasil, donde tiene la mayor cantidad de detractores, también fue blanco de fuertes críticas.

“No me importa más el Balón de Oro”, declaró Ney antes de enfrentar al Manchester City. Pero los responsables de la multinacional que gestiona su imagen y sus negocios no piensan igual. La estatuilla podría generarles enormes ingresos futuros. Además, quien es Balón de Oro lo es para siempre. A un ganador se lo presenta así: “Hristo Stoichkov, Balón de Oro 1994”, “Jean Pierre Papin, Balón de Oro 1991”. Es un título de nobleza futbolística para toda la vida. Aún le queda la Copa América para hacer la diferencia en un año que le ha sido especialmente adverso. El viernes ganó el Lille y dio un paso gigante hacia el título de liga en Francia. Si triunfa en las dos jornadas que restan le arrebatará el cetro al PSG, ganador de siete de los últimos ocho. O sea, el club franco-catarí se quedaría sin liga y sin Champions. Mala temporada para un plantel costosísimo.

“Si Neymar se hubiera quedado en Barcelona, estoy seguro de que habrían ganado dos o tres Champions más. Aquella delantera, con Messi y con Suárez, es el trío más imparable al que me he enfrentado nunca”, dijo Guardiola esta semana. “La de salir del Barcelona para ir al PSG es la peor decisión de toda la historia del fútbol”, considera Fernando Kallás, periodista brasileño afincado en Madrid. “Neymar al PSG: historia de una catástrofe colectiva”, analizó Toni Juanmartí, colega del diario Sport, de Barcelona. Tal cual: él perdió de seguir en la cúspide de la consideración mundial y de ganar títulos para ir a un medio con menos resonancia y donde ha tenido decenas de conflictos, en su propio vestuario, con los rivales, con la prensa y con árbitros. Su personalidad no encaja en la de los franceses. El PSG ha invertido, hasta el momento, 500 millones de euros en Neymar sin obtener lo que deseaba. Y el Barcelona, en manos de Bartomeu, dilapidó el dinero y gastó el triple de lo que recibió en compras improductivas y sin sentido, además de dejar de ser un equipo competitivo.

Neymar tiene todavía una edad buena para el fútbol, aunque ya está rumbo a los 30 años. Desde los 17 se viene asegurando que será el número uno del mundo. Sigue siendo un jugador encantador, completamente distinto por gambeta, fantasía, ingenio y atrevimiento. Pero empieza a sentir algunos factores condicionantes: 1) Cuando entra en el trigésimo año de vida, el deportista ya no evoluciona físicamente, con una vida ordenada puede mantenerse, pero la parábola empieza un lento descenso. Y se nota: Ney no tiene la misma velocidad de hace cinco o seis temporadas. Antes pasaba y no lo agarraban más, ahora lo alcanzan. 2) Juega más alejado del arco rival, por eso es que está cerrando este curso 2020-2021 con apenas 15 goles, su segunda cifra más baja en trece años de carrera. 3) No ha crecido futbolísticamente, algo que sí es muy propio de los grandes cracks, se tornan más sabios para entender y pergeñar el juego. Ney no agregó matices. Su repertorio sigue siendo muy bonito, pero el mismo. Y desde que debutó en 2009, nunca había dado menos asistencias que ahora: apenas 7, habiendo tenido temporadas de 27, 25, 22, 16. 4) Las lesiones, que lo han perseguido bastante en su carrera, no lo perdonarán cuando se viene más grande. En los últimos tres torneos de liga ha jugado apenas 17, 15 y 15 partidos. Poquísimo.

Hasta los 33 años y medio permanecerá en el club de la torre Eiffel. Tiene mucho tiempo de revertir cosas. Pero aún no ha triunfado allí. Sucede cuando se prioriza lo económico sobre lo deportivo. Y él fue por dinero.

Partidazos allá, Neymar y Messi acá

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 20 de junio de 2021 / 19:30

Por primera vez la Copa América y la Eurocopa se disputan cabeza a cabeza. Es difícil seguir todo, hay muchos días de tres partidos allá y dos acá. Pese a la sobreabundancia de oferta, el combo es fascinante igual. Y quedan cantidades de conclusiones, sensaciones, momentos inolvidables.

* LA NUEVA ITALIA. Es la gran noticia futbolística mundial: el notable momento de la Selección Azzurra, su transformación. A cuatro años de su fuerte desencanto -quedar eliminada del Mundial de Rusia por una Suecia oficinesca, discretísima – la tarea del técnico Roberto Mancini ya alcanza el calificativo de “obra”. Italia parece haber archivado para siempre el catenaccio, incluso el espíritu defensivo que estaba impregnado en su gente, y refloreció en una versión magnífica, de buen fútbol, de toque, con varios exponentes de calidad como Barella, Insigne, Locatelli, Berardi, Spinazzola… El país entero está feliz, pero sobre todo orgulloso de este nuevo rostro, como lo muestran los titulares de La Gazzetta dello Sport, Tuttosport, el Corriere…

* DEL PAPÁ MANCINI. El padre de esta bella criatura: “Nos dan placer los cumplidos que estamos recibiendo. No nos crean presión, nos dan alegría. Ganamos cuatro Mundiales con nuestro juego habitual, la fase defensiva es fundamental, pero tratamos también de cambiar de mentalidad y de atacar mucho más”.

* NÚMEROS DEMOLEDORES. No solamente juega bien la patria del Calcio, también aplasta. Disputó diez partidos por la Eliminatoria de la Euro y ganó los diez, con 37 goles a favor y 4 en contra. “Pero no jugó contra nadie”, se dijo. Comenzó la clasificación para el Mundial de Catar y se impuso en sus tres compromisos (los tres por 2 a 0); arrancó la Eurocopa y goleó  a Turquía 3-0 a Suiza y cerró derrotando 1-0 a Gales. Una topadora. Defiende bien, domina los partidos, trata la bola con delicadeza, propone, ataca con eficiencia.

* EL GOL MODERNO. Manuel Locatelli, volante derecho, señaló ante Suiza un gol que define al fútbol actual: diez metros antes del círculo central recibió desde la izquierda una bola alta y, sin dejarla caer, de aire, hizo un pase precioso de treinta metros a la derecha al puntero Berardi, este controló, encaró, desbordó, centró y, en el corazón del área, apareció Locatelli para romperle la red al arquero Sommer. Armó la jugada en un sector defensivo y corrió 60 metros para ir a buscar el gol. Una postal del futbolista todoterreno, mixto, que marca y juega, lleno de dinámica y entrega. Y con alta técnica…

* AY, MILAN… La impactante Euro que está jugando Locatelli va a traer cola en el AC Milan, seguro. El muchacho, 23 años, se inició en las inferiores rossoneras, pero después de tres temporadas no confiaron en él (prefirieron llevar a un veterano como Lucas Biglia) y lo dieron a préstamo dos años al Sassuolo, que ahora hizo uso de la opción y lo fichó definitivo por 13,5 millones de euros. Hoy vale cinco veces más y lo pretende Juventus.

* AY, JUVENTUS… Lo mismo ha pasado con Oscar Romero, el crack que encontró Scaloni en Argentina, un zaguero de superclase. Juventus compró su pase a Belgrano de Córdoba, lo cedió por dos años al Atalanta con opción y el club bergamasco ha tomado la misma por apenas 15 M€. Lo quiere el Manchester United y se habla de, mínimo, 45 millones.

* HERMOSA EURO. Al margen de Italia (a la que vemos para llegar muy alto), se vieron partidos espectaculares como el del sábado Alemania 4 – Portugal 2, Dinamarca 1 – Bélgica 2 (con dos goles fabulosos de Thorgan Hazard y De Bruyne), Holanda 3 – Ucrania 2. Más allá de los marcadores, fútbol dinámico, atractivo, con público en los estadios (en Budapest con 56.000 asistentes y en otras, como Copenhague, con 25.000). Y, como siempre, la puesta en escena en Europa es impecable.

* BRILLANTE EL VAR. Siempre lo tuvimos claro: el VAR es lo más grande que le pasó al fútbol mundial. Está siendo utilizado con criterio y moderación. ¡Y con acierto…! Ha corregido y aplicado justicia en todas sus intervenciones, demorando cada vez menos. ¡Incluso en Sudamérica…! La tendencia es que no haya un show del VAR, que arbitre el árbitro, pero que se lo ayude cuando pueda fallar. Para eso se creó esta maravillosa herramienta. Tampoco se están sancionando esas manos mínimas, casuales e inevitables donde no hay dolo y no se merecen el castigo de un penal. En un par de años, hasta quienes se horrorizaban por la llegada del VAR serán sus fervientes defensores.

* ¿Y NUESTRA COPA…? De momento, vemos un nivel inferior de espectáculo en la Copa América. Está claro que, hoy, marchamos con una vuelta menos que Europa. Tampoco ha defraudado. Pero no ayudan los goles (apenas 2 por juego en promedio), se juega sin nada de público, Venezuela presenta un equipo emergente sin sus 16 mejores jugadores (excepto Wilker Faríñez, que sí está). Y los escenarios… Los estadios son magníficos, los que dejó el Mundial 2014 en Río de Janeiro, Brasilia, Goiania y Cuiabá, los campos de juego son lamentables. A los diez minutos de cada partido hay cientos de panes de pasto levantados, los jugadores no hacen buen pie y es difícil brillar así.

* EL ACIERTO: JUGAR. Pese a todas las protestas, nos parece bien que se dispute la Copa América. El fútbol es una actividad como cualquier otra y todas continúan, merece seguir desarrollándose como las demás. Nadie muere porque se celebre tal o cual torneo y, sin público, no representa peligro alguno. Los protocolos de bioseguridad son estrictos. Quizás fue desprolijo el cambio de sedes, la incertidumbre previa, pero ahora que se está cristalizando vemos que no había motivos reales para cancelar el torneo.

* DOS GENIOS. Brasil está un escalón por encima del resto, aunque es cierto que enfrentó a una Venezuela B (tirando a C). Y a un Perú debilucho. Pero le sobran jugadores para armar un once ganador y posee a Tite, tremendo conductor. Sin sobrarle mucho, Argentina viene inmediatamente después. En lo que están parejos es en Neymar y Messi. Ney quiere ser campeón de la Copa que se le negó por lesión en 2009, ha compuesto dos partidos maravillosos, plenos de fantasía y lujos. Leo mantiene su regularidad genial. Está en un punto de sabiduría cumbre. Hace todo brillante, es protagonista. Rara vez aparece situado en ataque, inicia todas las jugadas desde atrás con una clarividencia majestuosa. A los 34…

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Una Copa limpia, eso necesitamos

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 13 de junio de 2021 / 20:11

“¿Qué fútbol veremos…?” Siempre que comienza un gran torneo se pregunta al entrenador y al periodista, como si fueran oráculos, un anticipo del juego que desplegarán los equipos, a quién vemos para campeón, etcétera. La respuesta más honesta es ¿quién puede saberlo…? Una gruesa porción de su encanto este deporte se la debe a su imprevisibilidad. Inesperado, ilógico, loco, cambiante, impredecible… Así es, afortunadamente. Ya en 1924 dio su primera muestra cuando Uruguay, al que en Europa creían tierra de indios, arrasó en los Juegos Olímpicos de París. Se ignoraba todo de los Celestes. ¿Sabrían jugar…? Y no sólo fue campeón, los aplastó ganándoles a todos los sus rivales, a algunos con goleadas resonantes.: Yugoslavia (7-0), Estados Unidos (3-0), Francia (5-1), Holanda (2-1) y Suiza (3-0). Fue el primer golpe de popularidad del fútbol mundial, gracias a semejante batacazo.

Turquía debutó el viernes en la Eurocopa con el antecedente de una supervictoria sobre Holanda por 4 a 2 en la Eliminatoria del Mundial y un 2-0 a Noruega (con Haaland) a domicilio. Se la tenía en muy buen concepto; pero cayó 3 a 0 ante Italia sin siquiera rematar al arco, en una producción pobrísima y timorata. Italia entrenó con ellos. Tres a cero que pudo ser más amplio. A lo más que nos atrevemos es aventurar.

La entrañable Copa América instaló otra vez su carpa, de nuevo en Brasil, como la última vez, y ayer ofreció su primera función. Sí puede decirse que, cualquier coronado que no sea Brasil, será sorpresa, en ciertos casos, rozaría la hazaña. Tal es el grado de favoritismo del local, que en los últimos cinco años con Tite apenas ha perdido un partido: 1-2 ante Bélgica en el Mundial de Rusia. En Sudamérica es amo de vidas y haciendas. Va invicto; de 18 juegos de Eliminatoria ganó 16 y empató 2. Y en su casa es aún más intratable. Es la conjunción de un formidable entrenador y un plantel calificado en número y calidad. También se beneficia de la modestia de algunos y de la desorganización o los errores de otros (Argentina, líder obstinado y perenne de esta lista).

Una pregunta mejor formulada sería ¿qué fútbol esperamos…? Anhelamos un buen espectáculo, desde luego, superador del que nos viene ofreciendo en los últimos años el continente. El domingo anterior vimos Estados Unidos 3 – México 2 por la final de la Liga de Naciones de la Concacaf. ¡Qué maravilla…! Volcánico, atrapante, de un ida y vuelta que cortaba el aliento, con una intensidad digna de una batalla a campo abierto, a bayoneta, con goles preciosos (el de cabeza de McKennie para el empate a dos fue excepcional, del tipo Pelé a Italia en 1970). A los 59 segundos de juego ya ganaba México 1-0 con un latigazo de Tecatito Corona y en el minuto 124 Andrés Guardado tuvo el empate de penal pero se lo atajó de manera notable el arquero Ethan Horvath. No se le puede pedir al fútbol más que eso. Los 37.648 espectadores del estadio de Denver nunca hicieron tanto ejercicio: saltaron cien veces de sus asientos. Pero, luego de disfrutarlo, casi nos avergonzó el clásico del norte. Lo primero que pensamos fue: ¿cómo avanzaron tanto…? Y ¿cómo nos quedamos nosotros…? Porque no vemos ese nivel en nuestras ligas ni en las copas, tampoco entre nuestras selecciones. Antes, hasta hace treinta años, el de la Concacaf era considerado un fútbol menor, una Primera C en el plano internacional.

Después de dos décadas sin títulos mundiales nos fuimos acostumbrando a que Europa está un escalón por encima nuestro. Y entre clubes, dos o tres. Pero ese 3-2 de los norteños fue un cachetazo en el rostro que nos dio la realidad. ¿Nos igualaron…? ¿Nos pasaron…? ¿También ellos…?

En la apertura de la Eurocopa, el Italia 3 – Turquía 0 resultó entretenido, sin grandes emociones, aunque fue un choque de limpieza ejemplar y con 12.916 personas en las tribunas (Italia fue el epicentro de la pandemia el año pasado, hoy ya puede recibir espectadores sin barbijo, acá no, a puertas cerradas). Sobrio arbitraje, no hubo ninguna acción en que se aplicara el VAR, aunque se revisan todas las jugadas dudosas en la cabina. Italia reclamó dos veces mano en el área turca, una posiblemente fuera discutible, pero todo con mesura, sin histerias. Se percibió que la UEFA quiere arbitrajes acertados, pero principalmente discretos, que pasen inadvertidos. Y que el VAR no sea una comedia de enredos ni desate polémicas. No a la criolla.

Volviendo a Sudamérica no pretendemos que los 28 enfrentamientos de la Copa que ayer se inauguró sean como el mencionado 3-2 de EE.UU.; si se alcanza la excelencia del Colombia 2 – Argentina 2 del martes último estamos cumplidos. Eso estuvo cercano al ideal, fue alta competencia de verdad, con ritmo de vértigo por momentos y el agregado indispensable de que ambos lucieron virtudes y capacidades, había equivalencias. Fue, quizás, el mejor duelo de los treinta que lleva la Eliminatoria.

Pero, además de las posibles bondades del juego, necesitamos una competencia organizada, prolija, sin mamarrachos, que haga honor a la bella historia de nuestra competencia madre, pionera en el mundo. Y, sobre todo, limpia, ejemplar, para volver a creer. Ya que la Conmebol nos encaja una Copa América a la vuelta de cada esquina (cuatro en seis años, y seis porque se postergó uno, estaba programada en 2020) que nos dé un producto noble. Queremos una copa donde se imponga el juego, no la polémica ni los fallos extraños, no con árbitros ciegos y con el VAR del señor Wilson Seneme, siempre tan conveniente para algún sector. Que gane la justicia, que las manos sean manos y las rojas, rojas. No puede ser que Uruguay tenga dos puntos menos en la clasificatoria mundialista porque cuatro señores con ocho o diez cámaras y toda la tecnología frente a sus ojos no se dieron cuenta que marcó un gol absolutamente legal. Ya no se tolera más incapacidad ni arbitrajes opacos. Diría el Tano Pasman: “No te pido treinta y ocho toques como el Barcelona, dos aunque sea, dos solitos”. Acá, igual. No pedimos la Copa de todos los tiempos, una decente nomás.  

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Brasil, un barco que se aleja

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 6 de junio de 2021 / 19:48

Ni la Copa América, ni el Mundial, ni la Libertadores o la Champions, ninguna competencia futbolística alcanza el grado de tensión de la Eliminatoria, el único torneo que no determina un campeón (Bielsa ganó una clasificatoria con 43 puntos, casi una grosería, pero no hubo laureles ni medallas). No otorga títulos, aunque pone en vilo al continente, lo tensa como una cuerda al límite. Es un cofre que se abre y reparte conformidad o decepción, no tiene grises. Y siempre nerviosismo. El Mundial ya es más una fiesta, la Eliminatoria es drama, el miedo de quedarse afuera. Quien no va al Mundial se siente el último de la clase. Luego, allá, aunque se pierda, queda la satisfacción de haber estado. Nada deprime o tranquiliza más que esta carrera agotadora y complicada. Porque la Eliminatoria no regocija, apenas satisface.

Conmebol propone y el Covid dispone. Recién después de siete meses de interrupción por el receso y la pandemia, volvió la clasificatoria. Las fechas de marzo quedaron en blanco y se recuperarán más adelante. Ahora se acometieron las jornadas 7ª. y 8ª. La novedad consistía en que dos selecciones presentarían nuevo entrenador: Reinaldo Rueda, que dirigía a Chile, volvió a Colombia, en tanto el uruguayo Martín Lasarte lo sustituyó en La Roja. A los dos les fue bien, aunque el gran vencedor de la quíntuple jornada de jueves y viernes fue Rueda. Cacheteó a los fantasmas. Reinaldo no vende, tiene cero prensa y a todo lo que dicen opone siempre su fórmula exitosa, la de la doble S: silencio y seriedad. Y la Selección Colombia le respondió justamente siendo un equipo serio, sólido, logrando un triunfo balsámico sobre todo. Lo puso de nuevo en el pelotón, con idénticas posibilidades que los demás. Recién van cinco fechas, falta una vida todavía.

Con esa formalidad inalterable, Rueda se nos antoja el Maestro Tabárez de Colombia, va a tener ochenta años y seguirá dirigiendo; con bastón y todo. Nacieron entrenadores, formadores, conductores de vestuario. Nunca una palabra de más, una promesa vana. Reinaldo puso sobre el césped un once que era superior a Perú en lo previo. Y lo fue después también. Tampoco es que se ganó el partido del siglo. La pelota vasca, donde corre mucha apuesta, tiene una regla de oro: se analiza delantero con delantero y zaguero con zaguero. Si una pareja es más y más, difícilmente pierda. Colombia era más y más en los once puestos del campo. Cuando la superioridad individual es tan marcada, se simplifica la tarea. Y resolvió con solvencia.

 * QUINCE SOBRE QUINCE. En apenas cinco salidas al campo (quedan 13 todavía), la proa de Brasil ya está más cerca del destino que del puerto de partida. En la Eliminatoria anterior, después de un magro y preocupante comienzo con Dunga, Tite tomó el timón y ganó nueve partidos consecutivos, marcando un récord para la competencia, que se disputa desde 1954. Ahora lleva cinco victorias, pero desde el inicio de la carrera. Puede continuar y superar su propia marca. En sus manos, Brasil parece invencible. Inempatable. Tanto que, de 17 juegos por Eliminatorias (entre la anterior y la actual), ganó quince y empató dos. Impresionante 92% de eficacia. En el medio conquistó la Copa América invicto. Y en el Mundial, después de tres triunfos y una igualdad, cayó una sola vez, en cuartos de final ante Bélgica. ¡Una sola derrota oficial en cinco años con Tite…! Las estadísticas no son poéticas, pero estos números encantan. ¿Cómo llamarle a esta maquinaria…?

Descontemos un cupo para Brasil, quedan tres y medio para los nueve competidores restantes. Sin ser la superpotencia de antes, sin deslumbrar con su juego, lejos del jogo bonito, Brasil igual es mucho para sus vecinos del continente. Siempre tiene quince o veinte buenos; si además lo conduce un óptimo entrenador como Tite…

* QUE EL ÁRBOL NO TAPE… El triunfo de Brasil es inobjetable. El sainete del final con el penal y su tardía repetición no pueden desenfocar lo esencial: ganó bien. Ante un duro rival, digno, batallador, pero el resultado es inobjetable. Ecuador no remató al arco. El penal de Neymar, bien o mal repetido, no cambiaba nada. Iba ganando Brasil Y el reloj marcaba 94 minutos.

* POCOS CAMBIOS. El triunfo colombiano es la única modificación de bulto en las posiciones, aunque no es menor. Colombia igualó la línea de Paraguay y Uruguay, los tres con 7 puntos. Mirando la tabla, se advierten otra vez tres segmentos, como en anteriores ocasiones: Brasil y Argentina arriba; Ecuador, Paraguay, Uruguay, Colombia y Chile en un segundo lote, y los tres de abajo: Bolivia, Venezuela y Perú.

* POCA ARGENTINA. La selección albiceleste dio una pálida función ante un Chile sin recambio y sin Vidal, que remató una vez al arco y acertó. El aura de la Generación Dorada, lo que queda de ella -Alexis Sánchez, Aránguiz, Isla, Gary Medel, Claudio Bravo- le restó dos puntos y la llenó de tribulaciones. Fue la presentación más floja de Argentina en lo que va del premundial. Tibiecita, con los mismos errores y vicios del pasado. Sin desequilibrio individual ni circuitos colectivos de juego para penetrar el cerco adversario y sin energía mental para imponer la camiseta y la localía. Híbrida, haciendo decenas de pases insulsos.

* FÓRMULA REPETIDA. Luego, lo de siempre, dársela a Messi y que él resuelva. Y Chile le hizo a Messi lo que le vienen haciendo desde hace dieciséis años: la jaulita. Rodearlo para impedirle progresar en el campo. No obstante, aún arrancando desde bien atrás, Leo fue el único que inquietó, generó juego y remató al arco: un tiro libre suyo dio en el travesaño, otro lo sacó del ángulo Bravo en una proeza voladora, otros tres zurdazos del 10 en jugada fueron también conjurados por el uno. Le faltó adivinarle el penal. A Messi se le fue la vida en esta selección que ha sido el Deportivo Casi: casi gana, casi empata, casi sale campeón… Y ahora ya no es el Messi en modo Superman que apilaba de a tres, de a cuatro a velocidad supersónica, el actual es un genio más terrenal. Igual hay que hacerle falta para detenerlo, igual exige más de una marca.

* SIN RENOVACIÓN. «El equipo está mal», reconoció Ricardo Gareca. Coincidimos. Es el peor momento de la Selección Peruana desde la llegada del DT en marzo de 2015. ¿Què vemos desde afuera…? Un fútbol que no produce jugadores. El mejor ejemplo es Paolo Guerrero: rumbo a los 37 años, volviendo de una lesión seria, sigue liderando el ataque. No hay quien le toque la puerta. Y sin jugadores, ni Guardiola.

* LA GRAN BOLIVIA. Despertó, hizo su mejor partido en mucho tiempo y derrotó a Venezuela 3 a 1. La Vinotinto que no pudo contar con cuatro figuras: Salomón Rondón, Yefferson Soteldo, Yordan Osorio y Yangel Herrera (muy destacado en el Granada). No es excusa, Bolivia la arrasó. Y era para cinco goles mínimo. “Venezuela, hoy, retrocedió veinte años”, opinó el periodista argentino-venezolano Edgardo Broner.

* LA ACTITUD. Esta Bolivia sí representa a su fútbol, a su gente, a su camiseta. Que te ganen por mejores, no por esconder la piernita. Claro, también hubo puntos altos, la coordinación de todo el equipo, se defendió mejor, hubo individualidades brillantes, por caso Saavedra, Bejarano, Justiniano y, desde luego, Marcelo Martins. Más que por sus goles, el amor que le pone a la Selección. Y en horas bajas. Es hora de ir pensando en algo para él, un busto suyo, el nombre del vestuario…

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‘Tengo un problema en la tina’

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 30 de mayo de 2021 / 18:37

Pasaron seis años, unos están presos, otros ancianos y retirados, algunos más, muertos; y todos desacreditados socialmente. Han pagado el precio de su codicia: no son libres de mirar a la cara a la gente, están marcados. Ninguno de ellos, los capturados en la redada del FBI y la policía suiza aquel amanecer del 27 de mayo de 2015 (seis años hoy), logra explicarse cómo Walter B. (así lo llamaremos) logró evadir el gigantesco cerco policial en torno al lujoso hotel Baur au Lac, sobre el lago de Zúrich. El mal llamado FIFAgate -en verdad Conmebolgate- se llevó puestos a decenas de dirigentes futbolísticos acusados, juzgados y sentenciados por corrupción. Los cargos: soborno, fraude y lavado de dinero. El nido mafioso se construyó bien al sur de la América del Sur

Walter B. ocupó durante casi treinta años un puesto de enorme importancia en Conmebol, de ahí que sus compañeros de enriquecimiento, mientras eran metidos en camiones celulares con pantalones a medio abrochar y en pantuflas, se preguntaban si Walter B. también había caído. Porque no lo veían entre los esposados. Una vez en sus celdas, sus abogados les pasaron la lista de detenidos y tampoco figuraba Walter B. Sin embargo, él estaba alojado en el hotel, como ellos, habían compartido la cena y estado conversando hasta la noche. ¿Qué fue de él…? Nadie supo.

Hubo otro que zafó del barrido policial: Alejandro Burzaco, presidente de Torneos y Competencias. Según refirió el diario suizo Le Matin, Burzaco había bajado muy temprano al desayuno y estaba entre el café y las medialunas; cuando advirtió el gigantesco operativo, en lugar de alterarse y salir corriendo permaneció inmóvil en su mesa, pidió más café; flemáticamente dejó que el tiempo transcurriera y, cuando todo hubo terminado, se levantó y se fue. Tiempo después se entregó a la justicia en otra ciudad suiza. Y sigue confinado en Estados Unidos. Lo estará por un tiempo largo pese a avenirse a cooperar con la fiscalía.

En cambio, Walter B. no estuvo un solo día preso ni se entregó. La orden de captura internacional lo incluía también a él. Pero siguió viviendo normalmente. Un poco más agitado, eso sí. Envejeció diez años en cuatro. Desapareció de la vida pública y social, se recluyó en un campo. El FBI irrumpió en el Baur au Lac, de rigurosas cinco estrellas, antes de las seis de la mañana de aquel miércoles 27 de mayo. Absolutamente nadie vinculado a la FIFA abrigaba la mínima sospecha de una acción en contra de sus directivos ni el terremoto que desataría en el fútbol mundial. La Oficina Federal de Investigaciones de la justicia estadounidense eligió esa fecha porque se realizaría un congreso de la matriz del fútbol y nadie falta en esas pomposas ocasiones con gastos pagos, buenos viáticos y negocios por abrochar. Allí, la pelota es una excusa. Un oficial se presentó en recepción y entregó una lista, pidiendo las habitaciones de una veintena de dirigentes. El empleado intentó alegar en favor de la privacidad de sus huéspedes, pero enseguida comprendió que estaba frente algo muy grande, muy grave y colaboró sin chistar: anotó los números de los cuartos de cada uno.

Era muy temprano. El Congreso arrancaba a las 9, la mayoría dormía o estaba en proceso de levantarse y ducharse. Cuatro hombres estaban destinados a cada cuarto, tocaban timbre y, cuando salían los “dignatarios” del fútbol, les mostraban la orden de arresto.

-No, pero yo… No puede ser.

-Tiene tres minutos para vestirse y venir con nosotros.

-Pe… pero, es un error, yo soy el presidente de…

La detención no debía ser violenta, sí rápida y enérgica. A más de uno lo sacaron en pijama. Directivos de las 211 asociaciones futbolísticas del mundo comenzaban a bajar para el desayuno. En minutos, el lobby del hotel se transformó en un maremagnum. Ya estaban casi todos los acusados subidos a carros policiales, faltaban Burzaco, a quien desconocieron en el comedor, y Walter B., quien no respondía en su habitación. Los agentes del FBI tenían la 408 como pieza de Walter B., tocaron insistentemente a su puerta y nada. Bajaron a corroborar el número y estaba bien. Insistieron, nada. Exigieron al conserje que abriera con otra llave, lo hicieron y nada otra vez, el cuarto estaba completamente vacío. ¿Habría abandonado el hotel…? No, dijo el recepcionista, su cuenta estaba abierta. De pronto se percató de que había habido un cambio que no estaba cargado en la computadora: el pasajero reclamó el día anterior por un problema en su tina, perdía agua y, como tardarían en repararla, se lo solucionaron de otra manera:

-No se preocupe, lo cambiaremos de habitación.

Le asignaron la 821. Hacia ella volaron los oficiales del FBI.

A todo esto, Walter B., ya cambiado y listo para acudir al desayuno, escuchó un bochinche abajo, se asomó por la baranda de la escalera y percibió un frenético movimiento, cantidades de efectivos policiales, que se llevaban a sus pares y, en un segundo, calibró toda la situación, entendió que estaba en peligro: entró en su habitación, sacó el pasaporte, el dinero y volvió a salir. Cuando se dirigió a los ascensores vio que dos de ellos estaban subiendo. No tenía más tiempo, ¿qué hacer…? Frente al pasillo, junto a un enorme ventanal había un cortinado que llegaba hasta el suelo. Se escondió tras él, permaneció congelado y silencioso, tratando de contener la respiración mientras escuchaba cómo golpeaban a la puerta de la 821 y hablaban nerviosamente. Nunca entendió el inglés, menos el francés, pero no era necesario: venían por él. Luego llegó alguien más y oyó que abrían e ingresaban en su cuarto. Sudaba detrás de las grandes cortinas. Los agentes salieron diez minutos después sin encontrarlo, escuchó abrirse la puerta de un ascensor y cesaron los ruidos. No obstante, él estaba decidido a seguir escondido, esperar y aguantar el tiempo que fuera necesario.

A la hora le pareció que había calma en todo el hotel, se asomó y no vio a nadie en los pasillos, miró por la baranda y abajo el lobby estaba tranquilo. Dejó ropa, maletas, todo. Tomó por las escaleras y bajó; se recompuso, pispeó la recepción del hotel y vio poca gente. La razzia había terminado, los dirigentes estaban en el salón del desayuno o en grupos más allá, comentando el suceso más bochornoso de la FIFA en sus 117 años de historia. Walter B., se hizo de valor y caminó despaciosamente hasta la puerta de entrada, tratando de dar siempre la espalda a la recepción. Ganó la calle, hizo un par de cuadras y pidió un taxi: “Al aeropuerto”. Una vez allí, se informó del primer vuelo hacia España. Era en tres horas. Compró un boleto en efectivo, esperó en un baño para no hacerse ver y, cuando se anunció la partida, embarcó. Llegó a Madrid y consultó por un vuelo a su país. “Mañana”, le dijeron. Hizo toda la misma operación, pero no voló directo a su ciudad sino a otra; y volvió a su casa por carretera en un auto de alquiler.

Meses después llegaría la orden de captura a los juzgados de su país. En distintas partes del mundo, todos los involucrados fueron capturados, salvo él. La justicia de su país es menos rigurosa que la norteamericana. Y que otras. De los millones que hizo en el fútbol, Walter B. invirtió seiscientos mil dólares en jueces y fiscales y su extradición nunca llegó a efectivizarse. Ni se trató, murió cajoneada, algo que los magistrados hacen igual que esos delanteros que llevan la pelota hasta el banderín del córner y la pisan para dejar correr el tiempo cuando van ganando y faltan dos minutos. Terminó el partido y sacó el resultado adelante. Sus pares del comité ejecutivo hasta hoy no entienden cómo nunca fue arrestado ni “cooperó” con la justicia. Sus amigos lo rebautizaron como “El Gran Houdini”.

Cualquier director de cine filmaría su historia.

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El fútbol hablado

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 23 de mayo de 2021 / 20:53

Hay dos tipos de fútbol, el fútbol jugado y el fútbol hablado. Todos coincidiremos en que el primero es el más importante, sin embargo, por cada 90 minutos jugados hay 90.000 hablados. En algunos casos, 90 millones. Hay partidos que atraviesan décadas y se transforman en leyenda, por nostalgia o por polémica. Se hablará siempre de ellos (el Maracanazo lleva 70 años… y sigue). De modo que el segundo es tan apasionante como el primero. O más. Esta columna es parte del fútbol verbal, sólo que se imprimió la palabra. Las buenas historias de fútbol pueden dar dos goles de ventaja a las otras. Y no pierden.

Ese interminable cofre de novelas futboleras -deliciosas todas- ya abrió su tapa para que entre River Plate 2 – Independiente Santa Fe 1. En el constante peregrinar en el que masticamos y digerimos partidos sosos, insulsos y desabridos, el fútbol suele entregarnos cada tanto un bocado exquisito como este. Tuvo todos los ingredientes, y perfectamente sazonados, para que saliera un plato fenomenal. Los veinte jugadores de River impedidos de actuar por Covid o lesiones -entre ellos sus cuatro arqueros profesionales-, el volante central Enzo Pérez ocupando el arco desde el inicio, la imposibilidad de hacer cambios por tener sólo once efectivos disponibles, algunos futbolistas cambiados de puesto por necesidad y urgencia. Y los comentarios previos… “River es el Real Madrid sudamericano, siempre lo favorecen…” “Es el nene mimado de la Conmebol, van a postergar el partido…” “Le van a permitir incluir dos arqueros más en la lista…” “Hay que patearle de todos lados a Enzo Pérez”, “Es una buena ocasión para que Santa Fe lo golee…?”, “River se va a meter con diez atrás…”

Toda la antesala fue alimentando el morbo y la expectativa hasta poner al continente entero frente al televisor. Nos frotábamos las manos para ver qué sucedía. No hubo indultos ni autorizaciones. Y River no lloró. Se presentó. “Si hay que jugar con nueve, jugamos con nueve” pareció ser la consigna de Gallardo, del club, de los jugadores. ¿Qué pasó…? Todo al revés de las previsiones. River salió a beber vientos, fue un aluvión incontenible, un león hambriento y antes del minuto seis ya estaba ganando 2 a 0. Se nos salían los ojos de las órbitas, ¿qué estaba pasando…? ¿cómo era posible…? Los jugadores de Santa Fe parecían preguntárselo también al mirarse entre ellos.

Fue la receta del Real Madrid durante años en la Copa de Europa. En el Bernabéu, los primeros diez minutos, apretar con todo y sacar tres o cuatro disparos potentes al arco, no importa si se iban afuera, el tema era crearle miedo escénico al visitante. Pelota suelta, bomba contra el arco para marcar presencia.

Lo hizo River. Y encima con un gol de época, el segundo. Sin exagerar un milímetro, uno de los más grandes goles que este cronista vio, un prodigio técnico fabuloso, el pique, el control, la media vuelta, el balazo de zurda, la precisión, el ángulo por donde entró, la velocidad de maniobra… Todo con un zaguero encimándolo pegado y un muy buen arquero en los tres palos. Excepcional. Julián Álvarez juntó a Kempes con Batistuta y le rompió el arco a Castellanos. Tal vez muchos piensen que hace cincuenta años se marcaban tantísimos goles así. No.

Después del 2 a 0, lo demás fue aguantar bien en el medio, anticipando todo y protegiendo al improvisado Enzo Pérez, tapando cualquier remate de media o corta distancia, rodeándolo en los centros, que interviniera lo menos posible. Fueron once soldados entregados a una misión, disimulando el cansancio, las precariedades. La cumplieron extraordinariamente. Lo de Enzo Pérez entra en la antología no por una actuación descollante o salvar goles, apenas si intervino, pero se atrevió a calzarse los guantes y ponerse bajo el travesaño. ¿Y si lo goleaban…? ¿Si se le escapaba la pelota y le hacían tres o cuatro goles tontos…? Encima estaba con una distensión muscular que lo obligó a salir del campo en el clásico ante Boca. Arriesgó y se metió aún más en el corazón de los hinchas.

Sobre el césped se vio, sobre todo, la gallardía de Gallardo. Lo suyo es una comprobación más de que cualquier proyecto futbolístico ambicioso, hoy, comienza con un gran entrenador. River hizo una alta contribución a la Libertadores, a su mitología. Y al fútbol sudamericano. “Estas cosas inverosímiles en Europa no se ven”, nos dice Juan Vasle, cantante de la Ópera de Ljubliana, en Eslovenia, y periodista deportivo. “Se lo decía a un compañero del diario Ekipa: este sentimiento, esta pasión que se pone en Sudamérica, en Europa no existe. Acá hay plata, hay buenos partidos, pero este amor por una camiseta no. Y me lo reconoció. Me quedé levantado hasta las cuatro y media de la mañana por el partido, pero sentí un orgullo tremendo”. Juan es argentino y vive desde hace 31 años en la exrepública yugoslava.

¿Qué le sucedió al Santa Fe…? La táctica de Gallardo, de salir masivamente al ataque, y especialmente los dos goles de madrugada, lo desconcertaron. Fue dos veces a la lona, se puso en pie y siguió el combate, pero atontado, aturdido. Entró en un desconcierto mental que lo paralizó. No tuvo un líder que supiera tranquilizar al resto de la tropa ni la inteligencia para contrarrestar la presión adversaria. Y no había público. Con 65.000 apretando pudo ser peor. Le hubiese pasado a muchos. Cuando River le ganó 8 a 0 a Wilstermann dijeron que era un partido arreglado. Cuando le hizo catorce a Binacional (8 en el Monumental y 6 en Perú) ya se habló menos. Cuando apabulló con juego al Palmeiras campeón en San Pablo el año pasado casi hasta ridiculizarlo, dio otra muestra. Es un grupo fuerte de la cabeza y muchos rivales pueden sufrirlo. Que diga Boca cómo lo ha sufrido todos estos años.

Ahora Santa Fe deberá convivir con ello, como River debió hacerlo, hasta hoy, con aquella mancha cruel que fue la final copera de 1966 ante Peñarol. Ganaba 2 a 0 y perdió 4 a 2. Entonces, el país entero emitió un veredicto: “¡Gallineó…!!!”. Volvió de Chile y debía enfrentar a Banfield por el torneo local. Al asomar por el túnel, un ingenioso hincha del Taladro les arrojó una gallina blanca con una banda roja cruzada en el pecho. Pinino Mas le dio una patada y la levantó por el aire. Pasaron cincuenta y cinco años, hasta hoy llegó el estigma, que la era Gallardo está borrando.

Parece una historia sacada de los libros de la Libertadores. Pasó este miércoles 19 de mayo.

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