Columnistas

Terrores reales y de película

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Soruco

21:54 / 05 de octubre de 2019

Eso (It), así, con mayúscula, es una criatura cuya verdadera forma no puede ser comprendida por los seres humanos. El ser se alimenta de las personas que viven en Derry, un pueblito que creció sobre su nido. Y para que tengan mejor sabor. Eso los asusta, transformándose en lo que su víctima más teme, hasta la locura, algo que se equipararía con “salar la carne”.

Midsommar es un ritual que se realiza cada 90 años en el pueblo de Hårga al norte de Suecia, justo a la mitad del verano, cuando el Sol no se pone nunca. Los jóvenes de la comuna viajan por el mundo para llevar sangre nueva al pueblo, sangre que posiblemente sea derramada durante la ceremonia.

Arthur Fleck es un comediante fracasado que no logra salir del anonimato. Sus continuos intentos frustrados por alcanzar la fama, sumados a una sociedad que continuamente lo maltrata, lo orillan poco a poco a la locura y el crimen.

Los párrafos anteriores se refieren a tres películas estrenadas en el último mes: It, capítulo 2; Midsommar y Joker. Las tres, destacadas por la crítica, curiosamente pueden servir de paralelismo a lo que sucede en la realidad del país.

Estamos a dos semanas de las elecciones y cada uno de los candidatos parece haber adquirido la capacidad de It de convertirse en lo que más nos atemoriza: Evo Morales, en la sombra de la dictadura que busca a como dé lugar perpetuarse en el poder; Carlos Mesa, el “vendepatria” o pusilánime que renunció más de una vez a la presidencia; Chi Hyun Chung y Víctor Hugo Cárdenas, el fundamentalismo religioso.

Todos monstruos que auguran algo más terrorífico: un futuro incierto, de forma amorfa que va cambiando según el cristal (político) con que se lo mire: ausencia de Sol y Luna si no gana Evo; dictadura sempiterna si no ganan Mesa u Ortiz; degeneración de la familia, abortos obligatorios y paganismo si no ganan Chi o Cárdenas.

Como en Midsommer, el terror es precedido por un ritual que a muchos les resulta extraño, pese a ciertas similitudes: elecciones con las reglas poco claras, que parecen favorecer al Gobierno y con organizadores que ocultan sus planes.

Y el ciudadano dice sentirse como Arthur Fleck: atormentado por las circunstancias, agredido por elementos de la sociedad —choferes, gremiales, médicos, maestros, alcaldías, políticos—  siempre al borde del colapso. Y como el personaje terminando con una carcajada amarga e histérica.

Quizá por eso el terror y sus variedades tiene éxito con el boliviano: permite poder ver sus miedos de lejos.

* Periodista de La Razón.

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