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¿Un engaño maravilloso?

Los desafíos de nuestra ciudad y municipio son proporcionales a sus potencialidades

La Razón (Edición Impresa) / Luis Eduardo Siles

00:00 / 17 de diciembre de 2014

El Gobierno Municipal de La Paz, que aún encabeza el señor Revilla, decidió concluir su gestión erogando recursos en la postulación de La Paz como “ciudad maravillosa”, objetivo al que el Sr. Alcalde dice haberle consagrado “más de dos años de trabajo”. Con bombos y platillos, fuegos artificiales y cebras movilizadas se celebró la designación hecha por un individuo que anunciaba, en solitario y en una grabación en una playa de Dubai, Emiratos Árabes Unidos, la elección de La Paz junto con otras seis “ciudades maravillosas”, la mayor parte de segunda si no de tercera categoría.

El mencionado ciudadano suizo-canadiense, quien se describe a sí mismo como “aviador-cineasta y aventurero”, habla en nombre de una fundación cuya sede varía según la página web que se consulte, y que ha sido denunciado en varios países por prácticas vecinas a la extorsión, amén de haber sido desautorizada por la Unesco y de no contar con ningún respaldo institucional internacional creíble. Por más que se busque, no hay las bases del “concurso”, ni siquiera los resultados de una dudosísima votación, en la que cualquiera podía votar ilimitadamente.

Nací en La Paz, aquí vivo y cada día me maravillo con la energía y creatividad de su gente, y disfruto de la fuerza sin igual de sus montañas, su inenarrable originalidad. La Paz es maravillosa empezando por su mismo nombre, por su personalidad colectiva, su historia, diversidad y clima. Imposible hoy no quedar impresionado con el teleférico, cuya sostenibilidad financiera en el mediano plazo queda por demostrarse, pero que, indudablemente, le ha agregado un toque de magia a nuestra abigarrado ajetreo citadino.

Sin embargo, los desafíos de nuestra ciudad y municipio son proporcionales a sus potencialidades. Aplastada en ciertas zonas por el boom inmobiliario que presiona la calidad de vida y la de los servicios básicos, limitada por su escasa posibilidad de crecer si no es verticalmente, con un muy preocupante aumento en los niveles de inseguridad ciudadana, una irresuelta problemática de transporte, pocas áreas verdes, demasiado ruido y basura y siempre amenazada por su geología y por la convulsión política, La Paz requiere más que nunca de políticas públicas de largo plazo para enfrentar los problemas de su desarrollo.

Por todo ello, uno espera de sus autoridades locales un ejemplo en términos de liderazgo y un estándar de seriedad y consistencia superior al promedio. Durante años Juan del Granado estableció en la administración municipal una institucionalidad creativa y fecunda en la tradición de grandes alcaldes como Ronald Maclean y Mario Mercado, institucionalidad que, en parte por ingratitud, mala estrategia electoral y un posible fraude, los recientes comicios no reflejaron. Pero eso no puede ser motivo para que la actual conducción edil sustituya la implementación de políticas serias por puestas en escena con la precariedad e inconsistencia como la que se describe, y que al margen de basarse en la temeridad interesada del personaje ya citado,  se centran en despertar chauvinismos y frívolos bochinches autocomplacientes que solo postergan el encarar los verdaderos problemas del municipio y de la ciudad.

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