Así va la vida

Lado oscuro del ‘Gangnam Style’ persigue a vendedores

Imagen. Autoridades de Seúl quieren aparentar solamente lujo

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Seúl

01:02 / 23 de mayo de 2014

Dos años después del boom de Gangnam Style, los tradicionales vendedores ambulantes del distrito de Seúl al que está dedicada la canción sufren a diario el acoso y la violencia de matones enviados por las autoridades en su afán de “limpiar las calles”.

Tienen la orden de retirar todo lo que no aparente lujo. “Todavía me duelen los hombros y las piernas de la última paliza”, lamenta Choi, un hombre de 48 años que cocina y vende bollos artesanos en esta zona al suroeste de la capital.

Su austera y destartalada cocina con ruedas se ha convertido en un problema desde que la atención mundial se fijara en Gangnam tras el pegadizo videoclip de Psy, que aborda con sutil ironía la vida superficial de los jóvenes adinerados de este selecto distrito.

Alentada por el aumento del turismo, especialmente de extranjeros con alto poder adquisitivo, la alcaldesa Shin Yeon-hee decidió “convertir Gangnam en un espacio de lujo y distinción”, indicó a EFE un miembro de su equipo.

“Los vendedores ilegales son un problema, así que erradicarlos es imprescindible”, asegura Kim Kwang-soo, director de la Oficina de Turismo de Gangnam. Así, “les avisamos tres veces de que se vayan” y si no lo hacen, apunta, “nos vemos obligados a utilizar métodos físicos” para “limpiar las calles”.

Los “métodos físicos” consisten en contratar a una empresa que envía matones para intimidar a los vendedores, agredirles y destrozar sus carros, algo que queda patente en videos que circulan en internet.

Este modus operandi es legal en la democrática Corea del Sur, donde asociaciones han denunciado durante años el uso de estos métodos de persuasión violenta para expulsar de una calle, un edificio antiguo o un local a quienes se convierten en un estorbo.

Sin embargo, casi todos los ambulantes regresan a la mañana siguiente, como la señora Yun, de 78 años, que vende gorras y accesorios a los transeúntes en  una de las aceras de diez metros de ancho que se despliegan en la avenida de Gangnam-daero.

“Estoy vieja, vivo sola, mi familia no me ayuda y esto es lo único que puedo hacer para sobrevivir”, lamenta esta anciana mientras recuerda con lágrimas de impotencia recientes episodios en los que los gánsters la han amenazado, insultado, y han destrozado su puesto y sus mercancías.

Yun, que al igual que otros vendedores se identifica a EFE con su apellido por miedo a represalias, acumula 30 años trabajando en Gangnam, sin festivos, sin vacaciones, desde el mediodía hasta la madrugada en este negocio que le aporta lo justo para sobrevivir, pero es considerado ilegal. “El distrito de Gangnam ocupa el primer lugar en Seúl en prevención de actividades ilegales”, comenta.

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