domingo 26 jun 2022 | Actualizado a 12:41

Mi Carolina

/ 22 de mayo de 2022 / 10:48

CH’ENKO TOTAL

Es imposible resumir en estrofas la calidad de tu vida y de tu persona, describir tu espíritu recóndito en cuatro notas y crear una canción para ti, mi Carolina. Para qué… Si eres mi amor, mi luz, mi mujer, un ser humano que prestigia al género. ¿Cómo puede entrar tanta dignidad en tu zapatito 35? ¿Cómo es posible tanta fortaleza de alma en un calzoncito de miniatura? Tal vez me acerque a describir el poder de tu noble mirada, la seguridad suave de tu vocablo, la dulzura sexi de tu paso. Pero entonces, ¿cómo semejante mirada, palabra y dulzura se pueden abreviar en la estrofa de una canción? ¿Cómo explicar el prodigio de tu iluminación hecha carne en tus deditos de niño jugador de bolitas? ¿Cómo es posible, mi Carolina, que exista tanta grandeza en un metro 56? ¿Cómo eres posible, mi amor?

Eres un milagro, milagro de tu tierra rojiza, de tus sauces en cascada, de los ríos insurrectos del sur, de su luna rojita. Solo nombrarte me hace temblar. Eres rebelión, lucidez plena, una torre incólume con lindas tetitas erguida en medio de tanta tempestad. Si quieres escribo sobre tus labios de pulpa dulce, tu boquita de abajo que me revolvió la rutina, tu coqueta S… tu quijadita de durazno valluno partido. Si quieres platico sobre tu cintura de guitarra fina, la mejor que tocaron estas manos angustiadas. ¿Cómo es posible, Carolina, que esas generosas nalgas se desplacen firmes desafiando toda la gravedad planetaria? ¿Cómo es posible tanta preciosidad concentrada?

Milagro comprobado hecho piel sopleteada de lunares, magia tupiceña que expandió su inteligencia hasta París y Lovaina con entereza. Aquel riñón que donaste a tu hermana para salvarle la vida es un testimonio de valentía, de amor puro, que solo algunos privilegiados del género pueden ofrendarnos, voto ritual que me deja pasmado de orgullo. Esparces tanta paz, mi Carolina. Pero: ¡Way del que desafíe tus normas de vida! ¡Way del alevoso, del fascista que se enfrente a tus ideas de igualdad! ¡Way del abusador que se entrometa con tu porte de tigresa encendida!

Por eso, mi Carolina, niña triste que mira la lluvia como descubriendo la substancia de la vida, no me digas que te vas. Deslumbrado, mediocre, incompleto vivo admirando tu paso por el mundo y agradezco a los buenos espíritus el privilegio de respirar cerca de tu aire. Carolina, no te vas. Carolina mi mitad, Carolina mi alimento. Ahora resucitas y mi corazón palpita de nuevo. Tal vez nos une tanto la soledad que galopa en nuestras almas, tal vez la tristeza por tantos dolores humanos. Pero, sobre todo, creo que estamos fusionados porque nos gustamos, porque te beso y mi piel se encabrita, porque valoramos nuestros cuerpos viejos acoplados como hierro forjado. No nos unen las monedas, ni las familias, ni los rebaños/ no nos unen los papeles, los hijos que no llegaron/ no nos une el miedo a la muerte galopando/ solo nos une el amor y el placer de tenernos caminando lado a lado/ Sí nos une mi beso en tus ojos cansados /Sí nos une nuestros abrasoles de invierno y de verano/ sí nos une este presente difícil, aquel pasado pasado/ hoy solo deseo/ vivir a tu ladoooo. ¿Ves? ¡Ya llegó un bolerón!

Sirenita del Toroyo, amada mía, costado de mis costados, con tus rulos aplanados y tu boquita chictuchic, es hora de que sepas con todas las letras, las vivas y las muertas, las comas y los puntos, que te amo. Y amo tus frases célebres, como aquella que decía: el mejor invento del ser humano es la cama. Es hora de que sepa, señora mía, que su voz es algodón de chamamés, que su pasito de pato potudo ha logrado apoderarse de mis ilusiones, no se olvide que usted creó aquella célebre frase que decía: “no te bañes, vas a perder el tiempo…”

Los consejos serenos que das a la humanidad para calmarles el alma quedarán impresos en el corazón de las gentes que ayudas, como tatuaje de vida en lucha. Con estos antecedentes de observar la vida mediante tus lentes, debo decirte sencillamente, amor de mi vida, que eres imprescindible… pues cuando apareces vuelves esta triste rutina de aves de rapiña en una tarde gozosa y violeta.

 Mi Carolina, has vuelto y es un milagro. Con esta incierta vida, me he reconciliado, solo deseo ahora y siempre, que respires, suaviiito y que ronronees, tigresa, a mi lado.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

Una ideíta

Por El Papirri

/ 19 de junio de 2022 / 23:12

CH’ENKO TOTAL

Hace tiempo que me persigue una ideíta, una intuición, y como soy un metiche, se las cuento. Sabemos muy poco sobre nosotros. No me refiero a los especialistas, a los historiadores, a los antropólogos y cientos de “ociólogos”; es posible que ellos sepan sobre nosotros, sobre Bolivia, tal vez discuten entre ellitos nomás, en simposios y publicaciones especializadas con traducciones al inglés. Pero… ¿y nosotros? ¿Y el que camina en minibús? ¿Y el público teleférico? ¿Y nuestros escolares? ¿Saben quién fue, por ejemplo, Juan Wallparrimachi, el poeta y guerrillero antiimperialista quechua? Tal vez sepan algún cliché, con retrato de dudosa procedencia, info congelada en los manuales de historia al estilo almanaque Bristol. Pero: ¿los niños bolivianos sienten en su corazón, en su sentipensante, a Juan Wallparrimachi Mayta?

Juan muere en combate alcanzado por un tiro de arcabuz nada menos que el 7 de agosto de 1814, guerreando contra el imperialismo español en la batalla de Las Carretas. Este joven hipersensible, intenso, poeta quechua, agarra las armas originarias y pelea en los ejércitos libertarios. ¿Libertarios de quién? Del imperialismo español pues… que nos tenía a todos los mestizos e indígenas jodidos, marginados, esclavizados, exiliados en nuestra propia tierra, al decir de la proclama paceña, subversiva, insurrecta del 16 de julio de 1809.

El poeta y guerrillero quechua murió a los 21 años de edad. Se sabe que nació el 24 de julio de 1793. ¿No sería hermoso tener una narrativa corta, pedagógica/difusora, pero con buen músculo y sostén histórico sobre este joven valiente quechua? Sería sublime invertir desde el estado en productos artísticos que hagan llegar a nuestras almas populares la vida de hombres y mujeres que forjaron la bolivianidad. Novelas, poemas, dramaturgia, películas, video redes, canciones que logren un tatuaje de bolivianidad en el alma del pueblo, una estrategia anual que construya en goteo vital el ajayu de la patria. No tenemos, intuyo, una narrativa compacta de la bolivianidad, considerándola como el concepto cualitativo, dinámico y continuo que condensa lo mejor de Bolivia, el sumun de Patria, las vanguardias y sus subversiones. Identidad tenemos… y mucha. Harto chicharrón hay. Alguna vez la identidad fue revolucionaria, el Gran Poder es “reconocido” recién como hecho cultural a partir de 1970. Sin embargo, las identidades, intuyo, se van con el tiempo vaciando en postales de imparcialidad si no se licúan en constancia hacia el sumun cualitativo que cuaje en la bolivianidad, sentimiento y pensamiento que genera una sana y dinámica autoestima popular, un orgullo verdadero y profundo de ser bolivianos, de pertenecer a la patria de Wallparrimachi.

Parece que durante todo el siglo XIX los intelectuales y artistas bolivianos que debían generar bolivianidad estaban con la cabeza en Europa, colo-nizados. Con algunas excepciones: la pirotécnica de la bolivianidad. Estas excepciones son las que deberíamos valorar y visibilizar, pues creo que todos ellos y ellas se jugaron la vida por una Bolivia con autodeterminación, siempre insurrecta, rebelde, humanista, progresista, igualitaria, que lucha contra racismos, terratenientes, imperios, vengan de donde vengan.

Juan Wallparrimachi Mayta merece ser recordado, renovado, sentido, apropiado, recitado, amado por los niños y jóvenes bolivianos. Se dice que solo quedan 12 poemas en quechua de su autoría. Hay traducciones al español. Sin embargo, hay una ausencia bibliográfica y biográfica que invisibiliza a los Wallparrimachi, a nuestros hitos de la bolivianidad. Pensando en los productos artísticos en torno al hito, parece que hay una trama, una bella historia de amor en la vida de Juan, ideal para motivar cuentos, novelas, hacer guiones, teatro, componer canciones. El joven rebelde decía en un poema: Solo en ti pienso/ a ti te busco/ si estoy despierto. Parece que Juan estaba enamorado de Vicenta, una joven mestiza entregada a la fuerza en matrimonio a un viejo andaluz. Juan y Vicenta se amaron profundamente, Juan murió en la guerrilla, Vicenta murió por amor al guerrillero en total soledad: fue expulsada de su casa, de su territorio y enviada como monja a Arequipa hasta el fin de sus días. Le decía Juan a Vicenta: ¿Cómo pudiera hacer/para peinar con peine de oro/ tu negra y encantada cabellera/ y ver cómo ella ondula alrededor de tu cuello? En quechua: ¿Imaynallatan atiyman /yana sh’illu chujchaykita/ Qori ñajcha awan ñajchaspa/ kunkaypi pujllachiyta?

  ………………….

Acabo de echarme una siestita, soñé que una autoridad decía: nuestro consejo de la bolivianidad, consejo multidisciplinario, ha resuelto que el año 2023 sea declarado el Año de Juan Wallparrimachi Mayta. Soñé que se instruía a los ministerios involucrados recabar la mayor información posible y generar una sustentada narrativa sobre nuestro héroe nacido en Chayanta, para su difusión inmediata. Soñé que yo le hacía una canción a Juan para una serie que sostiene el Estado Plurinacional con el objetivo de enriquecer y difundir en todas las unidades educativas el ajayu patrio y la bolivianidad. Soñé con un niño alteño recitando los 12 poemas de Juan Wallparrimachi, joven guerrillero antiimperialista, comandante de las tropas de Manuel Ascencio Padilla, que agarraba a warak’azos a la antipatria. Soñé que ese consejo proponía que 2024 sea declarado el Año de Gualberto Villarroel, quien fuera asesinado por la antipatria, colgado de un farol por querer hacer realidad la abolición de la esclavitud indígena; soñé que se inauguraba un museo vivo en su honor, en su tierra, Punata. Soñé que 2025 fue declarado Año de Juana Azurduy, la guerrillera heroica. Soñé que la bolivianidad existía, latía diariamente en los corazones de nuestra gente. Solo es un sueño, una ideíta, por metiche nomás. Hey dicho.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Mi primer Silvio

Por El Papirri

/ 6 de junio de 2022 / 10:21

CH’ENKO TOTAL

Ahora que todo está oscuro y triste me agarro de una luz siempre viva: Silvio Rodríguez. Escucho su primer disco oficial, el hermoso Días y flores, es del año 1975, son 11 canciones, 44 minutos sagrados, disco grabado en la histórica EGREM con arreglos del pianista Frank Fernández. Es de esos discos en que cada canción es una joya, me remite al destierro mexicano tras el narcogolpe de García Meza. Sin embargo, el disco en versión casete lo conocí en 1979, era objeto prohibido, regalo de un hermano del alma, Iván Nogales; me había visto debutar como cantautor en el Paraninfo de la UMSA, Iván era un colegial, me abrazó y regaló aquel casete que transmutó mi vida musical. Hoy me interesa ponderar los inicios de este genial cantautor cubano.

Cuando estalla la Revolución Cubana, Silvio tenía 12 años, era un niño migrante interno, su padre había decidido trasladar a la familia Rodríguez Domínguez del natal San Antonio hasta La Habana y cambiar de oficio, de campesino a carpintero-tapicero. “Es diferente ser un niño pobre de la ciudad que un niño pobre del campo”, dice Silvio, en una entrevista nutritiva con el periodista argentino Fena Maggiora. Cuenta en la misma entrevista que cuando la revolución nacía, la familia escuchaba en la clandestinidad Radio Rebelde y que jugaba con sus amigos a los soldaditos, los con casco eran los gringos, los con sombrero los nuestros. “Así conocí al Che en esos soldaditos, antes de conocerlo de verdad”, recuerda. A los 14 años, Silvio se va al monte a alfabetizar, era 1961, año de la educación popular, Fidel les pide a los adolescentes y jóvenes cubanos dar un año de su escuela y alfabetizar a todo cubano vivo. Ahí lo tenías a Silvio, niño/ adolescente montado en una mulita, con su boina calada, yendo a alfabetizar como parte de los 100.000 jóvenes integrantes de las Brigadas de Alfabetización Conrado Benítez, hacia las montañas del Escambray, era la primera vez que salía de casa. Y todo un año lectivo. Esta experiencia le marcaría el alma, alfabetizar en una choza a una familia campesina muy pobre comiendo arroz y manteca… y mangos. Al final del año, con la misión cumplida, es hermosa la toma de estos niños/jóvenes cubanos marchando orgullosos por La Habana. En vez de fusil, un lápiz gigante: Cuba era declarada territorio libre de analfabetismo en dos años de revolución.

En 1962, con 15 años, mientras hace la escuela, decide paralelamente trabajar como dibujante y caricaturista en el periódico Mella, tiene como maestro al gran dibujante Virgilio Martínez. En 1964 debe incorporarse al servicio militar obligatorio, tres años de cuartel, época dura, los gringos amenazaban con invadir Cuba a cada rato. Es en el cuartel que conoce la guitarra, compone sus primeras canciones, le da duro a la lectura, conoce a Vallejo, a Hemingway, a Conrad: lee, toca, dibuja, compone mientras hace su preparación en las armas. Este encontronazo con el instrumento gesta al gran compositor que este año cumple 76 años y tocará en México el próximo junio. “Aquellas primeras canciones se me habían aparecido para entretenerme en las interminables noches de campamento y para mi sorpresa distraían también a mis compañeros”, cuenta en el libro Canciones del mar. Me encantaría escuchar esas primeras canciones de Silvio ingresando al dígito dos, sobre todo el bolero Saudade y La cascada, ambas dedicadas al primer amor.

Terminando el cuartel, en 1967-68, Silvio sorprende: es conductor de un programa de Tv-Cuba de nombre Mientras tanto, conduce y canta aquellas primeras canciones. La gran cantante Omara Portuondo es entrevistada por Silvio en ese programa y conoce La era está pariendo un corazón, que graba de inmediato en un disco. El Che había caído en Bolivia, nacía Fusil contra fusil. Pero lo sacan del programa de Tv… al respecto se maneja una leyenda que dice que fue porque expresó al aire y en vivo que le gustaban Los Beatles. Lo cierto es que fue un combo de cosas que pasaron. Silvio no quería obedecer guiones, no deseaba cortarse el pelo ni ponerse smoking para conducir, era un rebelde de verdad, los burócratas comunistas no sabían qué hacer con él. Entonces decide volver a la aventura, en septiembre de 1969 resuelve enrolarse en el motopesquero Playa Girón, tenía 22 años, era uno de los 100 jóvenes cubanos que tenían la misión de traer pescado a la isla y cambiar la costumbre alimenticia cubana, pues no se comía pescado. Fue en alta mar, en 125 días de navegación, en su camarote de pescador, que inventó 62 canciones, un promedio de ¡dos canciones por día! Gracias a su amigo Francisco León, lleva una grabadora a casete y tres cintas de 90 minutos, allí las grababa. Es una gran sorpresa para mí que la hermosa canción Ojalá haya sido compuesta en aquel barco pesquero, en el texto Canciones del mar se puede ver que fue compuesta el 23 de diciembre de 1969, es la número 43 de las 62. Debo partirme en dos, Resumen de noticias, El rey de las flores, Al final de este viaje son también compuestas en aquel barco. La bella Playa Girón, compuesta en alta mar el 30 de octubre de 1969, es la única que ingresa en el disco Días y flores, disco que sería grabado en 1974 entre los afanes formativos del Grupo de Experimentación Sonora que coordinaba el genial compositor cubano Leo Brouwer. Días y flores fue censurado por el franquismo en España y en Chile por el pinochetismo, sin embargo, se dio formas de salir, las canciones Santiago de Chile, Playa Girón y la propia Días y flores fueron censuradas y suplantadas por otras canciones. Cosas de los sellos discográficos. Hasta aquí mi primer Silvio. 

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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DESDE LA LLAJTA

Por El Papirri

/ 17 de abril de 2022 / 17:04

CH’ENKO TOTAL

Aquí el Papirri reportando desde la Llajta. Fueron 10 días muy emocionantes los que pasaron. La tremenda dificultad de no tener recursos para tocar con mi banda paceña la tuve que revertir en fortaleza creando un cuarteto muy interesante en Cochabamba, el Papirri’s Llajta Quartet, con músicos cochalas que recién dejaron el dígito dos. Mauricio Cardona, en la batería, es un músico seguro, se graduó en el Conservatorio Manuel de Falla de Buenos Aires en la especialidad de jazz, se puede reposar sin estrés en su base percusiva. El contrabajista y bajista Inti Medina, también graduado en el Manuel de Falla, es todo un descubrimiento: estudioso, preciso; es un contrabajista profesional que toca además el bajo, estudió bien las partituras y se desenvolvió con soltura. La guitarra eléctrica de Ramón Rocha es muy interesante, se adapta inclusive a un huayño zapateado como Bien le cascaremos. Con estudios superiores en la Escuela de Música Contemporánea (EMC) de Buenos Aires, Ramón despliega su sapiencia y versatilidad en escena. Los ensayos con estos pibes fueron pocos, pero concretos. El libro 40 años de canciones es de gran ayuda en estas emergencias, tener ahí 40 canciones con sus partituras hace que logremos el milagro de dar un concierto con tres ensayos, y sin haber tocado nunca juntos.

En el medio de los ensayos se me convoca a La Paz, pues había sido uno de los ganadores del Premio Eduardo Abaroa en la categoría cantautor. Volé al acto que se realizó en el Centro Sinfónico de La Paz, con la presencia de la Ministra de Culturas y autoridades locales. Presentarme como candidato al Premio fue muy natural, mi amigo el cantautor Segalez me animó el invierno del año pasado a llenar todos los requisitos en la web del Ministerio y adjuntar la canción, la partitura y la letra de una cuequita que compuse para el mar boliviano y que estaba inédita. El acto fue delimitado, bien organizado, pues éramos más de un centenar de artistas ganadores. Me entregó el diploma y el trofeo una joven dirigente aymara del movimiento campesino, “yo lo escuchaba a usted desde niña, qué bueno que haya ganado, muy merecido”, me dijo en su abrazo emocionado. Este fondo concursable es ya una necesidad para el artista nacional, ojalá que continúe pues alivia las autoinversiones artísticas. Uno de los invitados al concierto me dijo: “Papirri, subiste la vara del Abaroa, voy a concursar”. La décima versión en categoría cantautores será todo un despliegue de “consagrados” que tendrán que hacer el ejercicio de bajar el ego.

Retorné a la Llajta el mismo día del concierto, agitado, nervioso, a probar un sonido difícil en el Mesón del Cantor, café concert de mi amigo Yuri Ortuño. Los pibes ya estaban allí, siempre listos.

Una buena noticia al llegar a la Llajta atragantado fue que ya no había entradas, ni para sillas, ni para mesas, esto también nos dio un gran impulso. En cuanto a los invitados, nos habíamos visto un lunes de mañana con Yalo Cuéllar en su casa cochabambina, hermano cantautor chaqueño con quien al final tocamos dos gatos: El Barrilito, con música de mi abuelo Andrés Chazarreta y letra mía, y el estreno de un gatito de Yalo muy simpático, Yesca con suerte, que con lindo sentido del humor relata las angustias de la cuarentena. La cantante cochabambina Fabiana Fiorilo llegó un poco tarde a la prueba de sonido por cuestiones de su trabajo, cuando entró al escenario sin letra me dio un julepe, pero no… había aprendido la letra de Ego de memoria, ejecutando una hermosa versión. En cuanto al anfitrión, Yuri Ortuño, cantamos mi cueca Ingratitud con una fuerza y afinación increíbles, me encantaría grabar esta versión. Lugar especial para Chelo Arias, el estreno de Décima vez fue fastuoso, estrenamos la canción con el cuarteto y sonó muy bien, sorprendente. Hasta dinámica hicimos, cosa no usual en la música popular.

Hoy Domingo de Resurrección estoy reviviendo de tanta emoción junta. Debo saber que soy un jubilado que aún me estremezco en escena, que el escenario no solo alimenta el espíritu sino también la olla nuestra de todos los días. Es verdad, mi salud está quebrada, pero no hay de otra, debemos seguir tocando, inventándonos discos y eventos, llamando a la gente para que vaya a apoyarnos, como nos apoyó el público paceño en el Teatro Nuna, como nos apoyó el público de la Llajta en el Mesón. Ahora nos espera Oruro, un joven rockero decidió llevarnos a su boliche Latitud con el concierto Como manda el corazón junto a David Portillo, será el 28 de abril. Hay personas que nos reclaman desde Sucre: ¿cuándo van a venir? Ojalá dependiera de nosotros, nosotros queremos ir, pero no hay teatros, no hay auspiciadores, no hay cómo financiar pasajes y hoteles hasta Sucre. Me acaba de decir una gestora de Sucre que el alquiler del Teatro Mariscal es carísimo y que la gente no paga una entrada con precio digno. ¿Será? ¿Cómo será? ¿Algún día volveremos a tocar en Potosí? ¿Y en Santa Cruz, volveremos a tocar? Lo veo difícil. A no ser que hagamos reguetón. Y le cantemos a pollos Rosita.

Mientras, saboreo un delicioso helado de canela mirando extraviado este valle estático, tratando de descifrar mi destino en las nubes grises, rogando al Corazón de Jesús resucitado que me proteja de dos vicisitudes en el ocaso de la vida: el dolor y la decadencia.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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El Papirri y sus amigos de la llajta

Por El Papirri

/ 4 de abril de 2022 / 16:10

CH’ENKO TOTAL

Este próximo 8 de abril vuelvo a tocar en vivo y en directo en Cochabamba. Son tres años sin tener este contacto con el público de la Llajta y con los amigos músicos que participan en el evento, amigos del alma que enriquecen mi escenario. El lugar es ideal, el Mesón del Cantor, de Yuri Ortuño, un café concert con excelente escenario, luces y sonido. La última vez que toqué en ese escenario fue en septiembre de 2018, celebraba mi cumpleaños 58. Estoy brotando de otro concierto mágico, el que dimos con el cantante y cantautor David Portillo en el Teatro Nuna de La Paz el 17 y 18 de marzo, fue un concierto intenso bajo el título caliente de Como manda el corazón, la presencia de la gente fue muy importante en este evento que nos llenó de energía. El escenario me llama.

El asunto es que este viernes el evento es absolutamente diferente, nuevos músicos, otro repertorio, nuevos invitados. Qué difícil montar todo de nuevo… otra vez ensayos, cuadrar horas, salas, y todavía se me ocurre —a la vejez, viruela— tocar con guitarra eléctrica, lo que complica todo aún más. Sin embargo, se vuelve un desafío refrescante tocar con Ramoncito Rocha en guitarras, Mauricio Cardona en batería y el Inti Medina en bajo y contrabajo. Los jóvenes tienen 30 años, son compañeros del mismo curso del Instituto Laredo de Cochabamba y los tres se fueron a estudiar música a Buenos Aires, tres jóvenes talentosos muy profesionales. En cuanto a los solistas invitados, acabamos de ensayar con la cantante Fabiana Fiorilo, muy segura, expresiva, estudiosa, haremos una nueva versión de Ego, extraña canción que salió una noche de soledades en Quito y que tiene dos versiones potentes con Efecto Mandarina, en vivo, en el Teatro Municipal en julio de 2017 y con Diana Azero y la Orquesta Sinfónica Nacional en octubre de 2018, arreglo de Javier Parrado, ahora se viene la tercerita con esta versión cochala. Con Chelo Arias cantaremos juntos La histórica, que creo que debería ser grabada, es de alto vuelo y sensibilidad esta versión. Chelito Arias es un hermano del alma con una voz segura, dulce y afinada, además de ser un cantautor muy interesante. Estrenaremos una nueva canción, es una décima, se llama Décima vez, y esto también es refrescante. Yalo Cuéllar me dará su apoyo entrañable cantando juntos la Chacarera paceña que compuso y donde aparezco en la letra. Aproveché para pedirle que toquemos El Barrilito, un gato de 1958 de mi abuelo Andrés Chazarreta al que le puse letra en la pandemia y grabé en el último CD 60A. En cuanto al anfitrión, Yuri Ortuño, le cascaremos la cueca Ingratitud, que le queda muy bien a su voz expresiva.

Novedades hay. Acabo de llegar a la Llajta y debo volver a La Paz. Me terminan de comunicar que soy uno de los ganadores del Premio Eduardo Abaroa en la categoría cantautor y que debo participar en el acto de premiación este miércoles. “Qué pasa, pues, dejá paso a la juventud”, me putea Don Enredoncio. La verdad, es la primera vez que participo en un concurso, me animó mi amigo el cantautor Segalez. Una tardecita del año pasado en un dos por tres remitimos nuestras canciones vía digital a la página web del concurso nacional. Ganamos los dos, él con mejor canción infantil. Es una buena noticia, el Premio Eduardo Abaroa en su novena versión es una institución, un fondo concursable que alienta a los artistas, es la primera vez que una canción me va a dar un dinerito que tengo que hacer estirar como saliva.

Otra novedad es que estamos con David Portillo en Oruro con el concierto Como manda el corazón, es el 28 de abril, en el Café Concert Latitud. En mayo estaremos en el Cine 6 de Agosto, los días 20 y 21 de mayo, cantándole a las mamás con Los Bolitas, el Papirris Kinder y músicos invitados. Estamos tratando de grabar imágenes de todos estos eventos, pues el videasta alteño Erick Pachacuti desea hacer un documental sobre los últimos conciertos del Papirri que esperamos sean varios, todavía. ¿Una novedad más, caserita? Claro. Parece que saldrá el DVD de El Papirri Sinfónico, grabado en vivo en octubre de 2018 con la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección del maestro Weimar Arancibia. Pero esto merece una crónica aparte. Si pues casera, hay que tocar, mientras nos dé el cuero y no aparezca otra vez el virus cabrón en su versión 4.0.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Vinilo

Por El Papirri

/ 14 de marzo de 2022 / 11:38

CH’ENKO TOTAL

Un amigo llamado Carlitos  llevó unos CD y DVD míos a la tienda de su amigo para dejarlos en consignación. Pasaron varios meses y un día que estaba sin billete decidí buscar al amigo de mi amigo que ojalá se vuelva mi amigo también. Llegué apenitas viendo la dirección de watsap que mandó Carlitos en texto enredado, se trataba de una casa esquinera en Miraflores donde funcionaba un café que olía a pan fresco. Ingresé al café, salió un joven, le pregunté si aquí había una tienda de discos. “Sí —dijo—, es de mi hermano, suba por allá, doble y siga subiendo, se encontrará con la tienda”. Llegué a la tienda, salió un joven cuarentón melenudo con su cangurito de Metálica, pinta de rockero miraflorino, es que en el Miraflores profundo hay un mundo de rockeros interesantes. “Papirriii”, dice y me abraza cariñoso. Ingresamos a un cosmos de discos de vinilo esparcidos con cierto orden. La escena me lleva al San Telmo porteño, hace dos años, ingresamos a una tienda que solo vendía discos de vinilo, los miré con nostalgia, los precios eran de ganga, sin contar el hermoso disco de Fito en versión LP recién salido del horno que costaba unos 20 dólares. Era hace dos años, no compré ninguno, en ese momento el vinilo era una antigüedad difícil de transportar.

“Sentate, Papirri, ¿quieres un cafecito?”, preguntó amable el joven rockero Fernando. “No te preocupes, hermanito, vine a ver si vendiste algún disquito mío”. “¿Tienes el recibo?”, increpó con sus ojos chinitos. “Uta, no, hermano, el Carlitos lo tiene”, respondí cansado. “A ver, a ver”, dice mirando a su compu. Mientras revisa, veo un LP de Benjo Cruz, sello Lyra, Benjo, parado en la tapa con su poncho negro y rojo y su guitarra, parece un ángel mulato, hermoso joven mártir nuestro de la liberación nashonal, olvidado por la historiografía. “¿Cuánto cuesta?, le pregunto viendo la contratapa del disco que en el lado A contiene unos enganchados y en el lado B, seis canciones . “¿Quieres escucharlo? Ayer lo terminé de limpiar, tenía hasta chorros de cerveza el pobre vinilo”, dice el Fer quejándose como casera. Abre la tapa de su tocadiscos como si fuera una cuna, agarra el vinilo con el pulgar y el índice sin rozar los surcos. Antes de ponerlo en el plato lo limpia suave, obsesivo, como buscando algo, con su franelita amarilla le da fe. Entonces la aguja bandida hace sonar la voz única de Benjo Cruz como un prodigio sonoro en esta tardecita miraflorina que se enfría. Me impacta el timbre de la voz de Benjo, la actitud del  joven cantor valiente, consecuente que Bolivia olvidó, algunos con intención, otros por desidia, ni una biografía. “Benjo tiene dos vinilos, el otro es muy difícil de conseguir, salió en edición limitada, como disco independiente”, dice el Fer con seguridad de coleccionista. “Eso está pasando con tu primer vinilo, Papirri, no se encuentra ya en el mercado. Hace un mes alguien quería venderlo en 500 bolivianos. ¡Uy, cará!, me asusto. “Che, hermano, contáctame pues con esa persona, es que no tengo mi primer vinilo, el Hasta Ahurita”. “Ah, ya pues”, dice volviendo a su compu. “Te cuento que hemos vendido un disco de 60A, tengo tres más que están allá”, señala un stand. Los alzo. “Me los vua llevar, hermanito, es que ya no tengo, pues”. “Ya, Papirri. Tengo  una sorpresa para ti”, dice el bueno del Fer. Busca en un cajón y saca el LP Recordando a Don Andrés Chazarreta, disco RCA Víctor, 1963, siete canciones en el lado A, siete en el lado B. Allí encuentro El Barrilito, el gato al que le puse letra hace unos meses y salió en 60A. ¡Uy, cara!

— Hermanito, cuánto cuesta el de mi abuelito, pues.

— A 60 bolivianos.

— Propongo: me debes de un 60A, te lo cambio por el de Chazarreta.

—Ya, Papirri. Un gusto pues para mí, aquí vienen muchos coleccionistas, el otro día lo saqué nomás a uno hecho al jailas que dijo que nunca más comprará un disco tuyo porque eres un masista. Lo saqué rodando, hermano, estos giles qué se creen.

 Entonces llega el cafecito, veo de reojo un vinilo de Atahuallpa que me  transporta en ráfaga a un ropero /depósito de mi departamento paceño, creo que tengo ese LP, está allí, cerca al plato para vinilo medio votado y un amplificador, creo. ¿Los parlantes?… están sirviendo de portafloreros. Propongo: “Che, hermanito, ¿te animas a venir a mi casa y ver mi plato? Lo tengo medio abandonado. “¡Qué pasa, pues, Papirri, claro que voy!”. Entonces, nos despedimos, me saca una fotito con los DVD que aún quedan en consignashón. “Voy a poner la foto en el face para que compren tus discos”, sonríe.

Salgo de la tienda  sin billete pero con un LP del abuelo a enfrentar una anochecida súbita y fría en el Miraflores del tango. Llegando a casa escarbo aquel ropero: en el fondo, patas arriba lo veo al plato; el amplificador sirve de cuña de algo. Los saco limpiando todo el polvo del olvido. Grave, che. Le mando fotos por watsap al Fernando. Quince días después llega el Fer a casa, revisa el plato y el amplificador, le saltan los ojos: “esto es una joya de equipo, lo voy a arreglar”.

Ayer apareció el Fer con los dos aparatos, sacamos las plantas de los parlantes, en el ínterin descubrí una caja con unos 40 vinilos míos de mí. Ningún link, carajo. El Fer hizo sonar aquella maravilla de combo. Fue como una resucitada. Un verdadero milagro sonoro. “Este LP de Wara es el Sojta, cuesta unos 100 dólares, Papirri, es también edición limitada, lo tienes nuevito, tienes que cuidar”, ordena con calma de coleccionista. Entonces aparece mi segundo disco, el LP Cuentacantos, está dedicado a mi ex, le limpiamos el polvillo, resucita y suena en grandes emociones la Imilla Burguesa. Resulta ser que ahora la mitad de mi sala está ocupada por el combo vinilo. La limpiada es lo más jodido, surco por surco. Me llega el arrepentimiento arcaico de San Telmo. El Fer cobró carito el arreglo, pero lo merece. Además me dejó el LP de Benjo Cruz a cambio de la consignashón. Hacemos pues buenos negocios, che. Pa qués decir.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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