Animal Político

Unasur, en la encrucijada

Dos de los cuatro secretarios generales que tuvo Unasur fueron de nacionalidad colombiana.

La Razón (Edición Impresa) / Hugo Siles Núñez del prado es politólogo

07:00 / 22 de agosto de 2018

El reciente anuncio del presidente colombiano, Iván Duque, que oficializa la salida de Colombia de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), retoma la necesidad de analizar el futuro de este organismo de integración regional. En la última década, Unasur se convirtió en la instancia alternativa de diálogo político y concertación sudamericana. Durante este tiempo, América Latina tuvo un periodo de recuperación de sus economías, se produjo el ascenso de gobiernos progresistas de orientación popular e izquierda. En una región que sigue la edificación de la construcción de integración económica, la dimensión política significa el factor diferencial que dio fundamento a este nuevo mecanismo, que nació con expectación unánime por su acompañamiento a procesos políticos renovadores en la región. Sin embargo, el evidente giro de orientación política ideológica en los gobiernos de Argentina, Brasil y Chile, en los últimos años, así como la proliferación de tensiones internas en varios países, evidencia un desgaste del consenso que impulsó el dinamismo político de Unasur durante su etapa constitutiva. En enero de 2017, el expresidente colombiano Ernesto Samper dejó la Secretaría General de la Unasur y desde entonces el cargo está vacante porque los 12 países que conforman el organismo no se han puesto de acuerdo para elegir a un reemplazo. Esta parálisis institucional apenas disimulada con encuentros políticos eventuales, presencia formal de seguimiento electoral o mínimas acciones sectoriales, se agravó cuando Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú le notificaron a Bolivia, que ocupa la presidencia pro témpore, que dejarían de participar en las instancias del bloque hasta que se garantice el funcionamiento adecuado de la organización.

En este contexto, lo anunciado por el Canciller colombiano, y en cumplimiento de la promesa de campaña electoral del presidente Iván Duque, quien expresó que “Unasur no es más que una caja de resonancia de la dictadura venezolana”, Colombia oficializa su retiro del organismo. El giro de 180 grados en la política exterior colombiana con respecto a Unasur resulta contradictorio y adverso a las propias bases de formación histórica de la política exterior de ese país, en orientación a la integración sudamericana. Este anuncio de “decisión política irreversible” que desvinculará formalmente a Colombia de Unasur, luego de cumplir con los pasos procedimentales en la denuncia del Tratado constitutivo, entre otras formalidades de Derecho Internacional está en directa contrarruta, frente al apoyo y respaldo que recibió Colombia, de los 12 países miembros de Unasur para que dos de los cuatro secretarios generales de este organismo hayan sido de nacionalidad colombiana. Me refiero a la excanciller María Emma Mejía y el expresidente Ernesto Samper. Además que desde Unasur, como cualquier otra instancia intergubernamental, no se podría intervenir en el conflicto institucional de un gobierno legítimo acosado por elites desestabilizadoras, enfrentamiento que obedece a peculiaridades del sistema político venezolano. A diferencia del aislamiento de Venezuela generado en la Organización de Estados Americanos, Unasur podría solo cumplir un rol de acompañamiento de un diálogo político que preserve la institucionalidad y la paz social, amenazadas por las acciones interesadas extra Venezuela, en una desinstitucionalización violenta.Lo cierto es que la coyuntura crítica de Unasur gravita hoy por hoy en el límite de la discontinuidad de un regionalismo en tensión. Como instancia intergubernamental, depende del devenir de los cambios políticos en los gobiernos, sujeto al choque de intereses contrapuestos.

Finalmente, el desafío de Bolivia que ocupa la presidencia pro témpore hasta 2019 consiste en reiterar la invitación a los países de Suramérica y en especial al Gobierno de Colombia a iniciar un profundo proceso de reflexión enfocado en lo que nos une, más allá de nuestras diferencias, construyendo una Agenda Estratégica Suramericana que incluya los varios temas en los que existen necesidades e intereses conjuntos. Por ello, es imperativa la gestión diplomática de alto nivel, que permita la conservación de Unasur, para activar la continuidad de los 12 consejos sectoriales, la designación del secretario general y el diálogo político sudamericano.

Para tal efecto, resulta clave la interlocución y liderazgo del presidente Evo Morales, quien ya expresó que “es un derecho tener diferencias de carácter ideológico político; sin embargo, es nuestra obligación respetando nuestras diferencias estar unidos”. Manos a la obra, entonces.

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