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El fondo de la guerra económica China - EEUU

Lo que está pasando simplemente es que China se prepara para ser la primera economía mundial

La Razón (Edición Impresa) / Omar Velasco Portillo es economista

07:00 / 25 de julio de 2018

El mercantilismo fue un conjunto de prácticas proteccionistas que llevaron adelante los Estados europeos hacia finales de la época medieval, porque tenían la falsa idea de que los superávits comerciales eran la única fuente de riqueza que se traducía en la acumulación de metales preciosos. Estas ideas agarran cierto sentido en el contexto de la reciente guerra comercial entre oriente y occidente.

El déficit comercial de Estados Unidos con China se ha ido ensanchando desde los años 80 y revertirlo se ha convertido en un asunto de Estado para el gobierno de Donald Trump. Pero para reequilibrar la balanza comercial, el país del norte tiene pocas opciones.

Estados Unidos debería aumentar todavía más su productividad y bajar los costos de producción. Pero China a diferencia de USA tiene salarios ínfimos. El salario mínimo mensual en China en 2017 fue de $us 225 (provincia de Chongqing), mientras que en Estados Unidos, $us 1.160 (7,25 $us/hora) y donde el capital humano chino cada vez está mejor instruido, principalmente en la industria y la robótica, que son los sectores por donde los desequilibrios han aumentado. Además son ampliamente conocidos los subsidios directos que reciben las empresas chinas, que no tienen las empresas norteamericanas. Pero el principal factor de competitividad chino es el tamaño de la escala productiva. Mientras que en Estados Unidos la clase media se encoge y favorece a los grupos etarios más altos, la clase media en China es mucho más joven y está creciendo, la misma actualmente llega a 850 millones (61% de la población). Es decir, que solo China tiene un mercado interno tres veces más que los ciudadanos americanos.

En un intento de rentabilizar a las empresas norteamericanas, se aprobó el reciente ajuste fiscal que baja impuestos a la ganancia de las empresas. Estas bondades fiscales no son gratis y le generarían un déficit fiscal que se estima de 5,5% del PIB hacia el año 2020. Trump también está inundando el mercado con petróleo de esquisto para abaratar el costo del petróleo, pero hasta el momento sin resultados.

El otro camino que tiene Estados Unidos es reducir el excesivo consumo norteamericano que se ha financiado con emisión monetaria. Las exportaciones de China al país del norte en bienes de consumo representaron $us 785 millones en 2017 (4% del PIB). Empero, esta vía también parece ser inviable porque el costo de reducir el gasto interno es tan alto en términos de crecimiento, empleo y bienestar que no compensaría los beneficios de ver las cuentas equilibradas.

Entonces, todo parece indicar que el proteccionismo es el único camino disponible. Sin embargo, esta medida es inefectiva para generar superávit comercial porque no está libre de contraofensivas. Los chinos, en reciprocidad, subieron los aranceles a 106 productos norteamericanos por un valor de $us 50.000 millones, de los cuales oficializaron aranceles por $us 34.000 millones.

Pero más allá de los intereses comerciales, hay intereses aún mayores. El déficit comercial bilateral chino-estadounidense, como ya vimos, no se va a corregir. Lo que a Estados Unidos verdaderamente le incomoda no es el desequilibrio comercial, sino el robo intelectual y tecnológico que sufren sus empresas, que son obligadas a transferir secretos empresariales (know how) a las empresas chinas a través de contratos de asociaciones que eran hasta hace pocos requisitos indispensables para incursionar en los mercados chinos. Las leyes sobre patentes en China son ampliamente favorables a las empresas de ese país. China se prepara para ser potencia mundial en fabricación de productos con alto valor tecnológico (made in China 2025) y para ello está dispuesta a todo y tiene con qué hacerlo.

China subió su voto en el FMI y logró que su moneda se incluya en la canasta de monedas del mencionado organismo y también se está apresurando para subir sus reservas de oro. Lo que está pasando simplemente es que China se prepara para ser la primera economía mundial y poner su sello personal con el yuan. Entonces estamos en la transición del fin del unilateralismo norteamericano a la consolidación del chino.

Finalmente, el mensaje de las bondades del libre comercio y la apertura de mercados se ha desgastado completamente. El libre comercio que abanderó el consenso de Washington ya no es más cierto. Volvimos a la era post Gran Depresión, cuando también se aplicaron iniciativas proteccionistas similares en Estados Unidos para proteger el empleo y la industria nacional, o tal vez mucho más atrás, a una versión transfigurada del mercantilismo, donde el apetito por acumular oro y tener superávits comerciales son el fin del sistema económico.

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