miércoles 23 jun 2021 | Actualizado a 08:14

Con Luis Salinas

Manuel Monroy Chazarreta "El Papirri" junto a Luis Salinas.

/ 12 de abril de 2020 / 07:30

Un entrañable encuentro en Buenos Aires con el célebre guitarrista argentino.

Vuelvo a escribir como una pulsación vital, sintiendo en las tripas la emoción del reencuentro. Alguien shempre leerá p’s estas huevadit’s, me digo como cholita, soplando el cerquillo. El asunto es que llegamos a Mar del Plata, el Espacio Cultural Bronzini me había invitado a dar una charla- concierto sobre Bolivia, eran todos cumpas progresistas de diversas tendencias, peronistas, humanistas, socialistas, anarquistas; gente linda, soñadora, la que me esperaba en una salita modesta. Decidí combinar la charla con canciones. Por ejemplo, en el primer bloque de las culturas originarias hablé del Ekeko y claro, canté la canción Alasita. Un éxito la charla. Al final, en representación del centro cultural, el arquitecto Bartolucci, viejo soñador de la Patria Grande, me dio un diploma y dos entradas para ver a Adriana Varela la noche siguiente en el Teatriz. Yo, feliz.

El Teatriz tenía en vez de butacas mesitas comilonas con candelabros en platea. Nuestras entradas eran para alta nomas, con butacas y sin comilona. Por fin entró Adriana Varela con un notable pianista. Felina total, personalidad descollante, con voz de trueno, nos brindó un conciertazo inolvidable cantando tangos veteranos remozados, concluyendo con La Gata Varela que le dedicara el gran Cacho Castaña.

Salimos emocionados, la noche estaba fresca, lloviznaba, pero la conmoción iba detrás de una cervecita. Justo nos topamos con Bartolucci, un pajlita barbudo imposible de olvidar, nos abrazamos. “Dejame invitarte una birra”, dice en porteño haciendo un cigarro de tabacos olorosos. Me acordé que los cumpas del Bronzini le decían Bartolo, escogió un local cercano de nombre Dickens con sillas callejeras, la llovizna daba para sentarse debajo del toldo, adentro del boliche una banda de blues tocaba en vivo con todo. “Aquí vengo siempre, me encanta el jazz”, dijo Bartolo. Se acercó el dueño con pinta de Dickens, le dio un beso afectuoso, Bartolo me presentó como un músico boliviano comprometido.

Mi compañera entró al trote al baño, mientras Bartolo trataba de explicarme algo que no se podía: el 40 por ciento de los argentinos había votado por Macri. “No se puede creer, este tipo nos mató de hambre, nos endeudó por 100 años con los gringos y los imbéciles lo votan, acá en Marpla ganaron estos gorilas”, decía con voz grave absorbiendo un tabaco balsámico. “Ni modo cuasimodo, amigo Bartolo”, le dije planteando un salud de cristales y recordando la voz de la Varela susurrando en su ronquera vital: “que le habrán hecho mis manos, que le  habrán hecho, para dejarme en el pecho, tanto dolooor….” Entonces vuelve mi esposa consternada. “No vas a creer, ¿sabes quién está ahí adentro? ¿quién crees?”, increpan sus ojitos ansiosos de niña. “¿Quién?”, preguntamos a coro. “¡Luis Salinas está ahí!”, dice tomando con agitación un buen sorbo de birra. “No puede ser —le digo—, te confundiste”. “¿Querés que pregunte?”, dice Bartolo llamándolo al dueño que viene y confirma: “Sí, Luis está adentro, el que está tocando es su hijo y vino a apoyarlo”.

Empecé a temblar, Salinas estaba ahí. El dueño del boliche, siempre solidario, me lleva de la mano y me sienta en un banquito de la barra. “Allá está”, señala. Luis emocionado en una mesita al lado del escenario movía la cabeza, sus ch’askas volaban azules, daba un sorbo de vino y aplaudía a rabiar a Juan, su hijo virtuoso de 20 años. Salinas es, para mí, el mejor guitarrista de música popular del continente. Nacido en Monte Grande, provincia de Buenos Aires en 1958, el gran Tomatito afirma que es uno de los más grandes guitarristas del mundo. Autodidacta total, Luis ha tocado con Paco de Lucía, BB King, interpreta con virtuosismo la guitarra eléctrica, la clásica, la goudin midi, la acústica de metal. No se hace problemas de pasar del bolero al jazz, del blues a la chacarera, del plectro al dedo. Este genio estaba allí, a cinco metros. Entonces se para y toca un tema con el hijo y su banda, la noche hace magia, la luna se estremece, Salinas toca un blues poderoso en este boliche marplatense ante unas 40 personas turbadas y un boliviano colado. Cuando termina, lo ovacionamos. Yo —como siempre— tímido de mierda, no me animo a acercarme hasta que mi compañera me lleva a los empujones, lo agarra a los besos. “Somos de Boliviaaa, mi esposo te amaaa”. “¡Ah! Bolivia… yo toqué en La Paz”, dice. “Yo soy de La Paz, Luis, y teníamos que tocar La Telesita de mi abuelo Chazarreta, pero vivía en Ecuador”, le digo temblando. “Vos eres el boliviano santiagueño”, dice y me abraza midiendo su fuerza de osito regalón. Entonces, siento atrás a todo el boliche haciendo cola tras una foto. “Una fotito, maestro, por favor”, le digo, y sale esta instantánea temblorosa, gloriosa, inolvidable, mientras Bartolo brinda con su sonrisa tierna por detrás de la ventana tras aquellos arboles añejos de fondo.

DÉCIMA VEZ

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima

Por El Papirri

/ 14 de junio de 2021 / 09:02

CH’ENKO TOTAL

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima, porque cada vez que la explicaban musicólogos, compositores o poetas, la explicación parecía cantinflesca, me cansaba y me decía: “menos mal que no existe este jeroglífico en la canción boliviana”. Dicen los que saben que la décima nació en España en el siglo de oro y se extendió a nuestras tierras, desapareciendo en España y renaciendo de manera intercultural en Latinoamérica. Hay una gran tradición en la potente décima cubana, los payadores argentinos parece que levitan cuando de pronto empiezan a improvisar en décima, los cantores populares chilenos improvisan décimas con gran maestría y humor, tengo un amigo cantautor chileno que trabaja sobre ella y se hace ovacionar con la wiskizquierda chilena en un pub muy chic del barrio de Bella Vista con sus décimas improvisadas de manera brillante. El uruguayo Jorge Drexler trabaja sobre la décima con obsesión artística y con gran solvencia por ancestros propios, los payadores uruguayos que le cascan décimas, inclusive en uruguañol.

Gracias al módulo IV que dicté durante tres años seguidos para la Maestría en Composición y producción musical de la UPEA, hoy entiendo un poco más el tema. En enero concluimos el módulo IV sobre Composición de canciones en letra y música (así se llama el módulo) y me pregunté con toda la rigurosa autocrítica posible: ¿cómo era posible que yo les dé de tarea componer una décima si yo mismo no había compuesto una? Vadik me había pasado el mejor ejemplo: Volver a los 17 de Violeta. Era el modelo a imitar en cuestión de forma y estructura. Es decir, había que construir un poema con ocho sílabas que rime así: ABBA BCCD DC. ¿O sea, otra vez el asunto cantinflesco? No. Repita usted, amable lector, Volver a los 17 y verá cómo las terminaciones de la última silaba del verso coinciden en esa estructura de rima. ¿Qué tal, metal? ¿Grave, jarabe? ¡Of course, my horse!, no es cosa fácil construir una décima estricta. Intenté 20 días construir una. Y no lo logré. Pero sí logré mi última canción compuesta, que me gusta mucho y que intitulé Décima vez. No es una décima estricta, pero la libertad que se da al final es en función de la propia canción, es decir, de la melodía y de la rítmica sostenida en la homofonía en primera ley tonal. En realidad, en cadencia clásica de la escala menor melódica. Listo, soy académico. ABBA BCCD AA. Así salió mi décima. Es que la última AA tiene una fuerza de estribillo, con estos dos versos le hice llorar a mi esposa (¿de emoción? ¿de tristeza?), no lo sé, se conmovió pues y eso dice mucho de una canción.

Hace mucho que dejé de pensar en la próxima canción. Creo que hice todo lo que ya hice, que si me da la gana puedo seguir cantando y repitiendo las ahora casi contadas 243 canciones que compuse en letra y música en 42 años. Pero es siempre bonito el sabor que deja una nueva canción, es como si el alma, el subconsciente o lo que sea, renacieran de la manera más natural y desencajante, mágica, solo que esta vez impulsados, el alma, el subconsciente o lo que fuera, por un desafío académico. Ahí me vino la disyuntiva, no estaba cumpliendo completamente la regla que yo mismo daba. Y se los dije en la cara a los 23 alumnos: yo me pongo un 7 sobre 10. Me salí de la regla para crear, la melodía también manda con su rítmica implícita, la armonía con su cadencia conclusiva, la rítmica, un joropo suave al estilo Violeta, justifica esa ruptura. ¿Otra vez cantinfleando?, me reñiría mi amigo el padre Mateo. “No, padre, soy pues académico”, justificaría.

Debo decirles que de los 23 alumnos solo tres pudieron con la décima estricta con buenos trabajos… aunque un poco carentes de poesía. Me di cuenta ahí de que la mayoría de mis alumnos eran músicos, no les interesaba mucho el texto, no les salía esa cosa mágica del alma en la palabra, pero sí en la música. Solo que el chiste del ejercicio deseaba cumplir con el capítulo de la importancia del texto en la canción. Para concluir, les presento el texto.

DÉCIMA VEZ

Quererte es un trago fuerte Que hiere y calma la pena Quererte es cal, es arena Es vida y pulso de muerte Razón sopadita en suerte Es sol derretido en nube Es un barranco que sube Es luz que se apaga y prende Quererte siempre quererte Es una verdad que miente

Amarte es siempre perderte Te aferras y yo me alejo Te apagas y yo me enciendo Floreces en pleno invierno… Me agobia esta mala suerte Es ilusión es conjuro Es pampa infinita y muro Es mar que se seca al frente, Quererte siempre quererte es una verdad que miente…

Que te me vas, que ya volví Que encallas pronto cuando me fui Tu risa clara es mi dolor Quiero atraparte, quieres partir. Quererte siempre quererte Es una verdad que miente…

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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MI PRIMERA GUITARRA

He recuperado mi primera guitarrita, la tenía mi sobrina en resguardo. Me acordé de ella cuando subí la anterior semana a la estación central del teleférico rojo

Por El Papirri

/ 23 de mayo de 2021 / 20:15

CH’ENKO TOTAL

He recuperado mi primera guitarrita, la tenía mi sobrina en resguardo. Me acordé de ella cuando subí la anterior semana a la estación central del teleférico rojo, o sea a la antigua estación de trenes, me emocionó pararme en el lugar donde nos despedían parientes y amigos, era por  noviembre, nos íbamos por tres meses a la casa del abuelo, al chaco argentino, el recorrido total: cuatro días y cinco noches de chucuchucu. La subida a El Alto era alucinante, mi madre afanosa había comprado con meses de anticipación los boletos en el vagón cafecito argentino, en un camarote dúplex con camitas de cuartel, mi madre y yo en un camarote, mis hermanos en el otro, en el medio una puerta corrediza. Éramos felices. Yo entraba corriendo al camarote con mi guitarrita en la espalda, tenía siete añitos, me habían regalado el instrumento dos meses antes, el 18 de septiembre de 1967 para ser exactos, me subía a la cucha de arriba y empezaba a estudiar las primeras melodías.

Ahora que la veo de nuevo, adentro de su cuerpo tiene el sello de marca, dice: “Luciano Mancilla R, Fabricante de instrumentos de cuerda, recibe toda clase de trabajos concernientes al ramo, puntualidad, esmero. Av. Buenos Aires 1493, esquina 3 de mayo, La Paz, Bolivia”. Un día de estos iré por ahí a husmear, quién te dice que aún están ahí los herederos porque el maestro Mancilla ya ha debido fallecer, aunque nunca se sabe, por ahí tenía 20 años cuando hizo la guitarrita y ahora tiene 80. Con esta guitarrita aprendí los primeros acordes, recuerdo tocar con gran esmero la Zamba de Vargas de mi abuelo Andrés, Adelita de Tárrega. Lo lindo es que mi mamá no se hacía problema de que tocara variopintas melodías, pero eso sí, la media hora de técnica era obligatoria con los ejercicios de arpegios de Sagreras y las escalas de Tárrega. En su tapa o cara externa tiene las marcas del tiempo, arrugas casi humanas la pueblan, recuerdo haber escrito con un lapicito “Las voces del chañar”, aún se lee algo… era el nombre de un dúo que armamos con mi amigo santiagueño Cunino Vega, quien tocaba muy bien el bombo legüero, hacíamos dos voces muy bonitas. Ya ese mismo febrero del 68 debutamos en el patio del abuelo con tres canciones, fuimos ovacionados por parientes y vecinos pero olvidados rápidamente porque la fiesta continuaba, mi madre tocaba en su guitarra Antigua Casa Núñez los preludios de Villalobos, todavía el cáncer no le había paralizado el brazo izquierdo, luego invitaba a su hermana menor, la tía Negra, para que toque el piano y a la hermana del medio, la tía Cote, para que baile la Zamba, mientras el esposo de la tía Cote, el querido tío Dardo, le daba al legüero; yo miraba desde una esquina con mi guitarra y trataba de memorizar los acordes, los ritmos y corriendo me iba al patio del fondo, al patio de la parra, a tratar de imitar lo que tocaba mi madre.

Mi guitarrita me acompañó hasta el fallecimiento de mi madre, tenía 13 años, entonces agarré la Antigua Casa Núñez, como tratando de en contrarla a ella, pero no pude con el dolor y dejé de tocar por la rabia de no tener madre, de haber perdido a mi maestra. Sin embargo, rápido caí en cuenta de que a nadie le importó. Fue con mi primera enamorada que volví a la guitarra, yo tenía 16, ella 14, me di cuenta de que cuando tocaba se generaba una especie de magia, me ponía a colores, salía del montón, volviéndola loca de amor a la Lolo, que inmediatamente me llevó a presentar a sus papás, quienes quedaron impresionados con mi repertorio clásico/popular. Ahí me di cuenta de que la guitarra me iba a acompañar toda la vida, pues me abría las puertas y los corazones de los otros. Mi padre feliz me presentaba a sus amigos, el Chueco Céspedes me pedía con su whisky en la mano La López Pereira, el Pato Cárdenas solicitaba entusiasmado que lo acompañara en el tango Sur. En el barrio, en la plaza Abaroa, los chicos de mi grupo, el Aps, hacían aparecer unas lámparas como luces de escena para que toque Sui Generis, que cantábamos a los gritos hasta que los papás nos iban a recoger a carajazos.

Recuerdo un sábado con los chicos del Aps (se llamaba así porque si te preguntaban ¿cómo se llama tu grupo?, tú decías: “Aps”… cartuchitos, no?), fuimos al aeropuerto, tremendo viaje para la época, éramos unos 10, yo con la guitarrita colgada a la espalda, fuimos a despedir a uno de los changos más queridos del grupo que se iba a vivir a Santa Cruz. En coro y llanto general le cantamos en la sala de preembarque Canción para mi muerte, no sé por qué decidimos retornar caminando y cantando, yo con la guitarrita iba adelante. A la altura del cuartel Tarapacá salió un tanque a apuntarnos, nos metieron a patadas dentro del cuartel. Estábamos marchando en fila india y cantando: “Mirá para arriba, mirá para abajo”… pero los milicos paranoicos escucharon: “andate al carajo”. Resultado: nos raparon a los diez, nos dieron una buena tunda y me hicieron cantar Viva mi Patria Bolivia, pálido y murucullu.

Una verdadera emoción haber recuperado mi primera guitarra, su estuche nomás es un colerón, es de plástico celeste. La tengo que hacer restaurar con mi querido amigo, el lutier alteño Leonardo Yavincha, ojalá en mi próximo concierto presencial en el Teatro Municipal pueda tocar con esta mi linda guitarrita.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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VOLVER AL ESCENARIO

Qué hermoso fue volver al escenario, reencontrarme con mis músicos paceños, las luces de colores dándote en la cara, los monitores orejones, los micrófonos puntiagudos, la distancia de la escena con el público (¿público?, sí… había unas 25 personas)

Por El Papirri

/ 9 de mayo de 2021 / 19:52

CH’ENKO TOTAL

Qué hermoso fue volver al escenario, reencontrarme con mis músicos paceños, las luces de colores dándote en la cara, los monitores orejones, los micrófonos puntiagudos, la distancia de la escena con el público (¿público?, sí… había unas 25 personas), una emoción nuevita luego de haber realizado cuatro streamings medio cojudos en soledad total. Sí pues, el último concierto en serio en La Paz fue en mayo de 2019, dos años habían pasado, che. Considerando que toqué en el Teatro Vinilo de Buenos Aires el 23 de febrero del año pasado, pues sí… es muuucho tiempo lejos de escena.

El concierto del viernes 23 de abril de 2021 en el Patio del Ministerio de Culturas, espacio denominado la Casa del Artista, fue gracias a que postulé al programa Encuentro con los Artistas que está promoviendo esta cartera de Estado. Otra vez tocar con la batería alegre de mi amigo Vico Guzmán, con el bajo sensato de Raúl Flores, con la sorpresa de saxos y flautas de Roby Morales, el charango posmoderno de Ariel Quispe y con la presencia de un gran artista, un cantante único, además de creador de bellas canciones: el notable David Portillo.

Francamente el streaming es demasiado desértico, más aún para mi música, que convoca la participación de la gente. No existe retroalimentación alguna, el streaming es un concierto sordo, una especie de ensayo con cibercuriosos. Yo amo la improvisación en escena, el mover los pisos del protocolo teatral, convocar al “error”, inquietar, alegrar y hacer pensar a la gente.

Llegué a La Paz, mi ciudad, un domingo helado. Es cierto, se notan los mil metros de subida desde Cochabamba y los 10 grados de bajada de “la clima”, pero mi La Paz me recibe siempre con inmensa ternura, arropándome en sus polleras gigantescas. El Illimani está cada día más hermoso (pese a algunos chinos que dice están merodeando por ahí), la luna paceña en estas noches fue magnífica, romántica. Lo más chistoso fueron los ensayos vía Zoom, debería crearse una plataforma para ensayo de músicos, el sonido llega muy retrasado. Me dejó pasmado que mis músicos no tenían el libro 40 años de canciones que presentamos un mes antes del golpe, tuve que enviarles vía delivery. Ahí nos veías ensayando con el Raúl a destiempo, con el Roby directamente decidí escuchar y corregir sus melodías porque si yo tocaba encima lo confundía más, el Arielito con su charango llegó el miércoles a casa y repasamos no solo las canciones sino también tragedias personales y públicas.

Luego del concierto que fue temprano, a las 19.00 horas, queríamos ir a festejar el encuentro pero nos dio miedo a todos y salimos corriendo rumbo a nuestras camas. Me gustó tocar canciones de mi nuevo CD 60A. Empecé el concierto con El Olvidado, canción dedicada a mi abuelo paterno y al mar boliviano. Me gustó que estén presentes aunque sea 25 personas permitidas por la pandemia. Me gustó escuchar mis canciones conociditas otra vez en la sensibilidad de mis músicos y en los barbijos de los presentes, me emocionó hasta las lágrimas tocar la canción Wiphala con tanta libertad en la garganta, recordando a los mártires que hicieron posible la recuperación de la democracia en Bolivia. Mi canción Ch’utis hizo levantar a la gente de sus asientitos, vi cómo movían las caderas, cómo se reían con sus ojitos con las nuevas metafísicas populares.

En estos días y para generar un poco de billete, puse un aviso de promoción en el Face: Directamente del productor al consumidor, sin intermediarios. Quedan 20 CD’s de la primera Edición del disco 60A, precio oficial 70 bs, oferta a 50 bs. El maravilloso libro 40 años de canciones, precio oficial 100 bs, oferta 80 bs. Aproveche la firma del autor y fotito más de yapa, nos encontremos por la avenida Arce. Interesados contactarse al watsap 732 21878. Y llovieron los watsaps. Gente entrañable vino desde El Alto, desde Laja hasta la avenida, ahí me veías correteando la Arce firmando discos y libros, haciendo el saludo de ch’utis con todo tipo de gentes y edades, familias enteras con wawitas como zampoña pedían sus fotos y dedicatorias a nombres difíciles, una señora se prendió de mi cuello sin ningún protocolo, algunos querían también los libros de Crónicas, di fin a los cuatro libros de Crónicas volumen 1 que tenía en un cajón, las cinco Crónicas volumen 2 que tenía en mi biblioteca también volaron, tendré que conseguir un par aunque sea del almacén de la editorial El Cuervo.

Todavía estaré unos días más en mi ciudad, el invierno nos hace partir de nuevo, tengo la certeza de que mi ajayu está aquí, amo La Paz, sobre todo por su gente tan solidaria, educada y entrañable. Ahora empieza a sonar mi timbre de nuevo. Llegará un joven paceño melómano, dice en su watsap que se compró mi disco Cuentacantos en formato vinilo en Bs 180 ¡No me quiero irrrr! Sin embargo, como dice el tango, mi cuerpo enfermo no resiste más. Gracias La Paz por tanto cariño. Gracias gente hermosa paceña. Gracias Ministerio de Culturas por la oportunidad de volver a un escenario. Bien le hemos cascado. ¡Pa qués decir!

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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HOJA DE RUTA

Gracias a su compadre, doña Rosita logró un trabajo con ítem, se aprisionó de él, es pieza activa del sindicato. Hoy trabaja en la burocracia cultural en tiempos de pandemia.

El Papirri

Por El Papirri

/ 25 de abril de 2021 / 18:33

CH’ENKO TOTAL

Gracias a su compadre, doña Rosita logró un trabajo con ítem, se aprisionó de él, es pieza activa del sindicato. Hoy trabaja en la burocracia cultural en tiempos de pandemia. Ingresó a trabajar como secretaria en la Alcaldía, 26 años atrás la derivaron a la Casa de la Cultura, fue secretaria en los teatros, luego en la división de salas de exposición. Hace 20 años le dieron comisión como encargada administrativa de un museo grande que queda cerca de una plaza. Siempre marca puntual su tarjeta, siempre toma su cafecito a las 11.00 y a las 17.00, con marraqueta más. El museo tiene 10 habitaciones a las que se les denomina salas permanentes, es decir que los cuadros y otras obras de arte no se mueven nunca, siempre son las mismas, otros siete cuartos se llaman salas temporales, en éstas exponen los artistas externos. En marzo de 2020 doña Rosa recibió la solicitud de un escultor de la ciudad de Viacha, el célebre maestro Zapata, quien solicitaba en su carta exponer en el museo 20 esculturas de su autoría hechas en piedra andina. Justo llegó la pandemia. Doña Rosita le hizo una carta de respuesta indicándole que debería mandar su carta por conducto regular a la casa central de Cultura, no directo al museo, le entregó la carta a su secretaria vía hoja de ruta interna para que le haga llegar la carta de respuesta al maestro Zapata. La secre tuvo la carta un par de meses en su escritorio, no sabía cómo hacerle llegar la respuesta al artista hasta Viacha. A los dos meses se dio cuenta de que el artista ponía un celular de contacto en la misiva, le pidió permiso a doña Rosita para hacer llamada desde su teléfono fijo al celular del maestro, pero no pudo llamar porque la Alcaldía decretó cuarentena rígida y cierre del museo.

Una vez a la semana el personal del museo se reúne vía zoom, ya nadies va al museo, antes de la pandemia iban siete personas al día, en temporada alta 20. En la reunión de equipo del museo de junio de 2020 vía zoom estuvieron presentes todos los funcionarios del museo: la curadora principal, un curador siempre de mal humor, una joven que estudia historia hace una década y que es personal de apoyo en conservación, también estuvo presente el responsable de documentación y montaje, el responsable de extensión cultural, el diseñador del museo, la guía, el guía, doña Rosita como encargada del lugar, el licen Adalberto que es el contador, la secretaria de doña Rosita, la recepcionista, el encargado de mantenimiento, un señor Quisbert que es personal de apoyo del museo, un señor Chávez de similar cargo, otro señor de similar cargo de apellido Choque y dos porteros. Doña Rosita hizo de secretaria de actas en la reunión zoom, anotó que asistieron los 17 funcionarios de esta repartición que da servicio a los artistas. Sin embargo, la señal de internet no estaba bien y se tuvo que suspender la reunión. La secretaria de doña Rosita le hizo un watsap en julio indicando que le preocupaba la carta de respuesta al maestro Zapata, “¡Ah! ya sé”, dijo la encargada, “mándele una foto de la carta a su celular”. La secre informó en la segunda reunión de equipo de agosto que se le había remitido la respuesta al maestro Zapata con una foto desde su celular, la carta indicaba que debe presentar la carta por conducto regular a la central para que nazca una hoja de ruta oficial; informó que el artista le había contestado al watsap, y que llevaría la carta a la central en cuanto pueda ir a La Paz, porque en Viacha los casos de contagio habían subido en septiembre de 2020.

En octubre de 2020 doña Rosita decidió ir una vez a la semana al museo y hacer reunión presencial de todo el equipo, todos con barbijo y regados de alcohol. Estuvieron presentes 15 de los 17 funcionarios, dos no pudieron llegar por bloqueo en El Alto. En la reunión de equipo presencial se acordó que se hagan turnos presenciales, tres funcionarios por día, y así marcar las tarjetas de todos. El diseñador hizo el cronograma. Se decidió que los dos curadores hagan inspección ocular de las obras de las salas permanentes, quienes comprobaron que estaban todas en su lugar, cuatro acuarelas de Borda, cinco óleos de María Esther Ballivián, seis coloniales anónimos y algunas esculturas pequeñas. En la próxima reunión de equipo de octubre 2020 vía zoom se les instruyó a los porteros que barran y saquen el polvo a las obras de las salas permanentes. En la reunión de noviembre de 2020, también vía zoom, se analizó la solicitud del artista Zapata que por fin llegó por hoja de ruta oficial y por canal regular desde la central, se respondió al encargado de artes plásticas que trabaja en la central indicándole que no sería posible realizar la exposición de manera presencial por la pandemia, señalando como alternativa que se haga un streaming de las obras de Zapata y que se lo difunda vía la página oficial de Facebook del museo. El encargado de artes plásticas remitió en noviembre de 2020 la hoja de ruta al Secretario General de Cultura, quien instruyó a su secretaria en la hoja de ruta mandar la alternativa al artista. En diciembre de 2020 los 17 funcionarios del museo se hicieron presentes de manera presencial en el acto de Navidad en la central, allí se les entregó con distanciamiento social la papeleta de pago con doble aguinaldo, doña Rosita no podía creer la suma que se hizo, algo así como Bs 27.000, además recibieron un canastón repleto de conservas, harina, whisky, vino, con tarjeta del Alcalde. Doña Rosita solicitó antes de Año Nuevo sus vacaciones, se habían acumulado tres meses de vacaciones, eso sí, cada primero del mes hacía cola puntual para el cobro de su sueldo. En abril de 2021, doña Rosita se reincorporó convocando a todo su personal a la primera reunión de equipo del año vía zoom, estuvieron presentes los 17 funcionarios del museo, la secretaria de doña Rosa informó la mala noticia que en marzo había fallecido el maestro Zapata, no de COVID-19, más bien de hambre y que no se pudo hacer por esta razón la exposición por streaming. Por decisión unánime se resolvió hacerle un homenaje vía Facebook Live.

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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CH’ALLA DEL CD 60 A

Nos hemos inventado esta ch’alla de mi último disco 60A porque es triste vivir sin dar conciertos, sin el afán de las tocadas; es triste estar sin el contacto con la gente

Por El Papirri

/ 14 de abril de 2021 / 13:02

CH’ENKO TOTAL

Nos hemos inventado esta ch’alla de mi último disco 60A porque es triste vivir sin dar conciertos, sin el afán de las tocadas; es triste estar sin el contacto con la gente, sin el murmullo de la butaca; es triste estar sin música en los dedos, sin letras dando vueltas la cabeza; es triste sacar todo un disco con 13 canciones y sentir que no vuelan, que creaste canciones sin alas. Nos inventamos esta ch’alla gracias a los jóvenes gestores culturales de 8B Departamento Cultural de Cochabamba. El 8B se debe a la generosidad del cantautor y guitarrista Mauricio Canedo y de su esposa, la artista audiovisual Gabriela Olivera, quienes decidieron abrir las puertas de su casa a los artistas, entonces el living y comedor hacen de pequeño teatro algunas veces, otras de set de fotos y sesiones de video, en el fondo de la casa hay pequeñas aulas; es departamento porque al inicio, hace tres años, todo transcurría en un departamento, sin embargo la pareja se animó a cambiar el departamento por una casita, está lindo, extenso, el 8B.

Decidí tocar con el mismo trío del anterior streaming, el de inicios de octubre del año pasado. El  Papirri y su trío Cochala suena sólido, Luis Mercado en la batería y percusión es un músico cabal, un artista que ve la batería como un instrumento de percusión y eso se agradece. Hugo de Lafuente es un excelente bajista, ambos estudiaron en la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA), una institución pionera del Gran Buenos Aires que forma a músicos populares. Sinceramente, en Bolivia no creo que haya músicos solo de música “culta”, todos hacemos música popular, sin embargo los Conservatorios no lo consideran y nos alejan de los centros de formación, en mi generación teníamos que estudiar teoría de la música cuatro años para recién hacer sonar algo, aunque sea una lata de aceite. La EMPA llena este vacío, los chicos agarraron sus maletas y se fueron para allá, su formación no es solo musical sino también de tecnología del sonido, están bien actualizados, ensayar con ellos es un gran alivio, tocar un enorme sostén pues ya los años pesan. Más aún porque —a la vejez viruela— me dieron ganas de tener una guitarra eléctrica, todo el mes de marzo estuve con esa idea adolescente, tomé contacto con un excelente guitarrista eléctrico, Juan Ernesto Saavedra, fue mi guía sobre las alternativas, precios, modelos, una búsqueda tensa que concluyó con la compra de una guitarra que estabaen remate, de media gama, una estilo Stratocaster medio chutita, pero bien nomás está.

En el primer ensayo, hace una semana, me emocionó tocar Un k’usillo en Nottingham con esa guitarra eléctrica, se me salieron unas lágrimas al cantar y pensar en mi hermano que está como la canción, el sonido de mi Tocai (así es la marca) salió pleno en esta canción, mis dedos buscaban sosiego y a la vez emoción, eso era lo mejor, hacer menor esfuerzo articular con resultados sonoros extendidos a diversos timbres debido a una palanquita que te lleva a cinco diferentes. Lo jodido es acostumbrarse a las cuerdas de metal, che, las cuerdas son rudas, las yemas se fríen en un sartén metálico, hay que acostumbrarse, sin llorar.

También me emocionó mucho ver mi cuadernito de canciones donde pongo las letras, estaba desabandonado, polvoriento, tenía anotaciones del concierto anterior, decía 10 de octubre de 2020, se notaba temor para cantar algunas canciones, los golpistas todavía estaban en el gobierno, los motoqueros fascistas podían lastimarnos. Hoy cantamos lo que el alma pida, por eso este concierto es una celebración, un agradecimiento a los poderes superiores que nos permiten aún cantar, una celebración a la vida, un disfrute democrático, el placer de cantar nuevas canciones en libertad y aún con salud. 

Hoy martes grabamos el concierto que se emitirá el sábado 10 y domingo 11 de abril, apóyennos llamando a la productora Amalia Canedo a los celus del artecito. Interesante ver al Papirri con su guitarra eléctrica, interesante ver un streaming con cuatro cámaras, con buen sonido y luces, interesante escuchar las nuevas canciones del disco 60 A, mezcladitas con varios hits, interesante apoyar a los artistas nashonales. Estamos vivos. Respiramos. Todavía cantamos. Estamos algo solos. Algo gordos. Bastante achacosos. Entonces, mientras se pueda: ¡bien le cascaremos con un Ch’utis!

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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