Monday 24 Jun 2024 | Actualizado a 10:34 AM

Fiorito, Ciudad de D10S

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 26 de mayo de 2024 / 23:48

El tiempo se detuvo en Azamor 523, Fiorito. Lo que hace sesenta años podía calificarse como una casita humilde y mínima es ahora una tapera. El alambre que la separa de la vereda parece caerse, todo está desprolijo en lo que debiera llamarse jardín, hay trastos dispersos por el piso de tierra, los árboles sin podar fueron ganando terreno y le dan un aire sombrío.

El estado de abandono entristece. Lo único que emociona es una pintura de Diego Maradona vistiendo la celeste y blanca en el frente de la vivienda, tomada de una foto del astro en el Mundial ’82. Y algunas camisetas o bufandas de clubes que lleva la gente y deja colgada de un árbol, de una reja. Esa ruina que vemos es la primera morada de quien, para millones, fue posiblemente el mejor futbolista de la historia.

El descuido duele. ¿Por qué esto está así…? ¿Por qué no es un templo, un museo, un lugar de culto dedicado a quien se gambeteó a todos los ingleses y metió el golazo de todos los golazos, a quien hizo delirar de emoción a tantos, el que enloqueció a los napolitanos con su magia…? Es el pensamiento que nos asalta apenas ver eso. La emoción por llegar hasta la casa inicial de Diego se derrumba apenas verla.
-¿Esta es la casa de Maradona…?-, preguntamos al vecino de al lado.
-Ésta-, responde.

A tres días del que hubiera sido su cumpleaños número 61 y a pocas semanas del primer aniversario de su fallecimiento, la casa natal del Pibe de Oro fue declarada lugar histórico nacional por el Gobierno debido la «enorme influencia» que tuvo el futbolista en la cultura popular argentina, que trascendió sus «méritos deportivos» y se convirtió en uno de los «símbolos más reconocibles de nuestra identidad».

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«Declárase lugar histórico nacional a la casa natal de Diego Armando Maradona, sita en la calle Azamor Nº 523 de la Ciudad de Villa Fiorito, partido de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires», dice el Decreto 733, firmado por el presidente Alberto Fernández el 27 de octubre de 2021. Suena pomposo el dictamen después de ver esa pocilga.

Históricas las paredes, que encierran vivencias, que cobijaron los sueños de ese chico que dominaba la pelota como un dios. Era una cocina, una salita y dos piezas. Ahí se apretujaban don Diego, doña Tota y los ocho hijos. Luego, la habilidad inigualable del quinto de esos chicos los sacaría a todos de allí, les daría una vida distinta.
¿Por qué el Gobierno, la Provincia, la intendencia, los hinchas, la familia de Diego o el propio Diego no hicieron nada para conservarla…? “Aún sigue perteneciendo a los Maradona”, nos informa una vecina que se acerca desde enfrente. “Doña Tota se la prestó a una señora que trabajaba de doméstica en su casa de Villa del Parque porque no tenía dónde vivir. Luego la señora falleció y ahora vive su hijo. Se la quedó para él. Al que quiere entrar a ver la casa, le cobra”.

Una parte de la casa antigua de Diego Maradona en Villa Fiorito, en Buenos Aires. (Claudia Benavente)

Azamor ya luce pavimento, que le otorga cierto urbanismo, pero sigue siendo un barrio olvidado por los políticos, sobre todo por los que dicen luchar por ellos, los pobres. Tampoco Maradona miró para atrás. El que se quedó en Fiorito es Goyo Carrizo, el chico que lo presentó en Argentinos Juniors, donde comenzó la leyenda. Vive a unas cuadras.
-Yo tenía un chico en las infantiles de Argentinos, Goyo Carrizo, que era de Villa Fiorito. Era calladito, pero todos los días venía y me decía lo mismo: “Maestro, en mi barrio hay un pibe que juega mejor que yo”. Pasa que muchas veces los chicos quieren traer al hermanito o a un primo. No le hice mucho caso, sin embargo me lo repetía. Hasta que un día le pregunté ¿y por qué no viene? “Porque no tiene plata”, respondió. Le di un billete de diez pesos y le dije: “Mañana traélo”. El chico era Maradona…
El relato pertenece a Francis Cornejo, a quien entrevistamos para El Gráfico en 1986. Francis era de esos delegados que fungían de técnicos, padres, guías, consejeros. Y el primero que llegó a esa casa de Fiorito con la propuesta de ficharlo.
-Yo nací acá y nunca me fui. Con Diego estábamos siempre juntos, desde que nació hasta los dieciséis años que Argentinos Juniors lo llevó a vivir a La Paternal. Jugábamos en la calle, que era de tierra, se armaban unos partidos bárbaros-, dice Norberto Fernández, el Vaca, propietario de la casa de al lado. -Yo le daba la pelota a él, la agarraba, se gambeteaba a cinco y metía el gol. O a veces nos quedábamos todos mirándolo hacer jueguito, hacía cosas increíbles. Igual, nunca imaginamos que llegaría donde llegó. Pensábamos que era bueno en el barrio nomás.
-Pero llegó rápido a Primera, a los quince años.
-Sí, contra Talleres de Córdoba. Fuimos. De acá fue toda la cuadra a verlo ese día.
-¿Es verdad que era hincha de Independiente…?
-Fanático. La familia Maradona era de Boca, pero él salió de Independiente. Y yo soy boquense. Cuando jugaban Independiente y Boca era una guerra acá. Después se fue haciendo de Boca por la pasión de la hinchada. Su ídolo era Bochini. Vino un día el Bocha acá a ver la casa de Diego, quería conocerla y nos quedamos charlando un rato. Muy humilde, Bochini.
-¿Cómo era Diego…?
-Para mí siempre fue un grande, futbolística y personalmente. Para mucha gente era muy arrogante, temperamental, pero pasa que cuesta la fama. No le gustaba que lo tocaran, era quisquilloso con eso. “No me toqués”, te decía.
-¿Venía por acá…?
-Sí, mientras jugó en Boca venía siempre. Hasta que no podía estar más, llegaba y era un mundo de gente, todos encima de él y le escapaba a eso. Después ya se fue a España, a Italia y dejó. Aparte, cada vez que llegaba se producía una aglomeración de gente. La última vez vino con ese director de cine ruso que hizo su película (N. del A.: se refiere al cineasta bosnio Emir Kusturica).
-¿Lo volvió a ver, Norberto…?
-Sí, no mucho antes de su muerte. En el velatorio de un familiar, acá enfrente, en la casa de su abuela. Se decía que no andaba bien. Fui, me atendió bien. Estaba en una sala aparte. “¿Qué hacés, Vaquita…?, pasá.” No me gustó lo que vi, estaba con cuatro amigotes. Le dije ¿por qué vivís así…? Dejate de embromar, si tenés todo… Me contestó: “Te cambiaría siete días de mi vida por siete de la tuya”. Quería una vida normal y no la tenía. No podía vivir.
-¿Viene gente a ver la casa, Norberto?
-Mucha, de todos lados. Vienen de China, de Japón, de Italia, ingleses vienen muchos, turistas, hinchas, periodistas… Se quedan un rato, se sacan fotos, traen velas y las prenden acá en la vereda, rezan por él, dejan alguna camiseta. Cuando Diego murió se juntó una muchedumbre durante tres días.
Atrapado entre el Riachuelo y las vías del ferrocarril, Fiorito está en una confluencia difusa de Avellaneda, Lanús y Lomas de Zamora, en los fondos de los tres municipios. Y nadie mira hacia el fondo. Ahí son todos de a pie. Perros sueltos por todas partes, más de un caballo, montículos de basura en las calles. Diego es el orgullo de Fiorito, el único. Van a hacer cincuenta años que dejó ese arrabal, pero sigue presente en todo. En cada calle hay un mural pintado por la gente, o leyendas alusivas, la más frecuente, “Fiorito, ciudad de D10S”.
A cuatro o cinco cuadras de la casa natal del ídolo está “El potrero de D10S”, la cancha de Estrellas del Sur, donde el zurdito empezó a mostrar cosas grandes. El sueño de que otro Diego dibuje sobre ese piso de tierra está siempre, pero es difícil, las esquinas de alrededor están llenas de pibes con motos y un celular en la mano.

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El minuto fatal de Ecuador

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 23 de junio de 2024 / 23:39

La Copa América es el gran karma del fútbol ecuatoriano. Sus dolorosísimas estadísticas a lo largo de la historia en este torneo (ganó sólo 16 partidos sobre 126) echan sal en la herida y hacen aún más cruenta la derrota inaugural ante Venezuela.

Por inesperada y porque rompe la ilusión de arrancar, por fin, con el pie derecho en este torneo que le ha sido tan esquivo. También golpea doble por el exceso de confianza de mucha gente, entre la que se incluye a sus jugadores.

“Nosotros venimos acá a ser campeones”, dijo con total seguridad el zaguero Félix Torres un día antes del estreno, frase ya pronunciada por otros miembros del equipo, como si se tratara de un intento de autoconvencimiento.

Frase altiva que ni siquiera sale de la boca de jugadores brasileños, argentinos, uruguayos, colombianos. Estos hablan con cautela.

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Desde luego, el 1-2 ante la Vinotinto no significa la eliminación del torneo, pero complica mucho y es un mazazo a la ilusión. Para peor, que haya ganado México dificulta más el panorama, lo ideal era que empatara con Jamaica y quedaran ambos con un punto.

Hay que empezar por el minuto 18 con 24 segundos, donde una desgracia doble para Ecuador condicionaría el resultado final. Una buena apertura de Kendry Páez a la izquierda para Hincapié, devolución perfecta del lateral al punto del penal, Páez va a buscar y toca bien con derecha para gol, pero una milagrosa tapada del arquero Romo evita la conquista. Era el 1-0.

En el mismo instante, Enner Valencia comete una falta tremenda sobre el Brujo Martínez: planchazo en el cuello del venezolano. Enner no es un jugador violento, pero la falta fue insólitamente brutal y, tras ser amonestado, el VAR llamó al juez Wilmar Roldán para hacerle ver que era roja y no amarilla. Ecuador no abría el marcador, como esa bonita jugada merecía, y además se quedaba con diez.

Una auténtica fatalidad. Significaba quedarse sin su gran goleador por dos partidos, ése y el siguiente. Y jugar con diez los siguientes 85 minutos, porque el tiempo añadido fue muchísimo.

No obstante, un mal rechazo de Yordan Osorio y un notable gesto técnico de Jeremy Sarmiento en la pegada le permitieron a la Tricolor abrir la cuenta: ahora sí 1-0. Y estando en desventaja numérica. Incluso con justicia: Ecuador era más que una confundida Venezuela, que hizo un primer tiempo de espanto. Pero el hombre de menos y los acertados cambios realizados por Fernando Batista en Venezuela dieron un vuelco fundamental al juego. El dominio caribeño se acentuó, para redondear al final un 66% de posesión.

Los delanteros Jhonder Cádiz y Eduard Bello le cambiaron la cara a su selección y lograron los dos goles de la, hasta ahí, insospechada victoria vinotinto. En ambas acciones fue fundamental la experiencia y astucia de Salomón Rondón, primero para servirle el balón a Cádiz, quien con tiro bajo anotó, previo desvío en Félix Torres; luego, tras un centro de Alexander González, el veterano goleador conectó con una preciosa palomita, Domínguez salvó su arco atajando a medias y Bello aprovechó el rebote para enviarla a la red, en una acción en la que madrugó a William Pacho. Estando detrás del zaguero logró anticiparlo y convirtió. Reaccionó muy tarde Pacho.

Ahí se derrumbó Ecuador y, aunque quedaba tiempo de sobra para empatar, ya no tenía gasolina ni variantes ofensivas. Estando todavía 1-0 arriba, había salido Sarmiento, el mejor atacante, el más movedizo y peligroso, para que entrara Gruezo. Entonces Félix Sánchez alineó tres volantes de marca para contener el dominio venezolano, pero apenas un minuto después llegó el empate de Cádiz y Ecuador quedó en terapia intensiva, sin ofensiva. La derrota parecía inevitable y se consumó. Nuevamente un mediocampo exclusivo para luchar, con cero creatividad. Apenas unos metros adelante, Kendry Páez y, más arriba, Kevin Rodríguez como llanero solitario. Lo habíamos comentado en una columna anterior: es demasiado peso tirarle a un chico de 17 años la responsabilidad de crear todo el juego. No tiene socios, Páez. Además, sus virtudes técnicas son indiscutibles, pero entra poquísimo en juego. Tocó por primera vez la pelota al minuto 17. Puede llegar a ser una figura en Inglaterra, sin dudas, el tiempo lo revelará, hoy no es solución por sí solo.

Asimismo, se advierte una intención de hacerle sentir al rival el poderoso biotipo físico actual de Ecuador (Preciado y Gruezo son abanderados en este sentido), no obstante, hay que pensar más en la pelota, en jugar.

No es igual optimismo que triunfalismo. Hay una expectativa alta en Ecuador debido al hecho de tener varios jugadores actuando en Europa, pero este no es un factor diferencial, las demás selecciones también los tienen. Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Chile y otros cuentan con futbolistas en ligas importantes. Hasta Jamaica tiene 13 integrantes que militan en clubes de Inglaterra. También los títulos internacionales ganados por Liga de Quito e Independiente del Valle han sobreencendido la ilusión, al punto de considerar al ecuatoriano el tercer fútbol de Sudamérica. Y, por último, otro ítem que invita a la euforia es lo que se ha dado en llamar la Generación Dorada. Efectivamente, es dorada en defensa, del medio hacia adelante es una camada flaca en calidad y en cantidad. Y encima la defensa falló ante Venezuela en los dos goles. En el primero se durmió en un saque lateral, en el segundo hizo una siesta Pacho tras el rebote en Domínguez.

Igual, que quede claro: hay en general buenos jugadores y una mentalidad altamente competitiva, la entrega no puede ser puesta en duda, dejan todo. Esta derrota se puede dejar atrás con dos triunfos, pero hay que poner los pies sobre el piso, bajar las expectativas y la grandilocuencia, ir paso a paso.

Acerca de Sánchez Bas, hoy el hombre más detestado del Ecuador: tal vez no sea el técnico más adecuado. Lo que no se entiende es el apuro en ir a buscarlo inmediatamente después del Mundial sabiendo lo mal que le había ido con Catar. Pero es lo que le gusta a la dirigencia. Adora que tengan perfume europeo. Primero querían a Klinsmann, con asistentes alemanes, asesores alemanes y hasta con aguatero alemán. Luego fueron rimbombantemente por Jordi Cruyff, un fantasma de la dirección técnica que traía la receta para ser superpotencia mundial. Y tras aceptar a regañadientes a Gustavo Alfaro como última opción, porque no había más tiempo, volvieron por otro europeo. El hincha le apunta a Sánchez Bas, pero él no se contrató solo.

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La Copa de los inmigrantes

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 22 de junio de 2024 / 21:36

“Un solo partido del Real Madrid vale 20 millones y la FIFA nos quiere dar esa cantidad por toda la copa”, protestó Carlo Ancelotti hace dos semanas. Se refería al Mundial de Clubes.

Y un solo partido de Messi vale más que eso, pero a Argentina le pagan 2 millones por los tres juegos de fase de grupos en la Copa América. No cierra. Esta Copa América es un fantástico negocio, pero también muy incómoda. Y así será el Mundial dentro de dos años.

El fútbol sigue creciendo en Estados Unidos, pero sostenido por los 65 millones de inmigrantes latinoamericanos. En la población puramente norteamericana entra por goteo.

“Los estadounidenses van más cuando en la pretemporada vienen el Barcelona, el Real Madrid, el Manchester United… Ahí sí van, a la Copa América poco, pero sí va aumentando el interés, y el efecto Messi ha sido muy importante”, dice la periodista venezolana Johani Ponce, radicada en Miami.

“En Phoenix, Arizona, donde vivo, no hay nada de ambiente de Copa. El primer partido acá es el viernes, Costa Rica Colombia y voy a ir con mi hijo. Ese día podré dar una percepción más certera del ambiente, aunque no creo que ese partido atraiga a muchos aficionados aquí. Pero si vas por las calles no hay carteles ni anuncios. Para los gringos, al menos acá, el torneo no existe”, amplía José Luis Pierrend, estadígrafo peruano con años en el país del norte.

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Luego aclara: “Hay que considerar que están en pleno desarrollo las finales de la Stanley Cup (la liga de hockey sobre hielo) y eso atrapa a los norteamericanos. Es la cuarta liga después de la NFL (fútbol americano), la NBA (básquet) y la MLB (béisbol). Es, creo, la liga a la que la MLS debería apuntar a desbancar. Las otras tres me parecen intocables”.

Al Argentina 2 – Canadá 0 asistieron 70.000 personas en Atlanta, unos 40.000 argentinos y otros 30.000 que también alentaban a la Albiceleste, aunque son inmigrantes de Honduras, El Salvador, Guatemala, Venezuela y otros países latinoamericanos, todos llegados desde ciudades cercanas.

“Hay más afición que hace veinte años, no obstante, al norteamericano puro no le interesa la Copa América. Es un torneo más para la población inmigrante. Y ahí son mayoría mexicanos, colombianos, venezolanos, ecuatorianos y peruanos. A Argentina y Brasil lo verán no sólo inmigrantes de esos países, sino también de otros como los centroamericanos”, opina Nahum Valladares, hondureño que viaja permanentemente a la patria de Washington. Y agrega: “Los estadios de la Major League Soccer se ven siempre llenos, pero la mayoría de esos escenarios tienen capacidad para veinte o treinta mil espectadores. Los del fútbol americano, que son gigantes, sólo los usan en grandes partidos internacionales como esta Copa”.

“Es un torneo tortuoso y nadie ha pensado en la prensa, no hay apoyo de ningún tipo para hacer la tarea, la organización es muy mala, por decir algo suave, y está a cargo de gente inexperta”, dice Rafael Crisóstomo, fotorreportero peruano, con cuatro décadas de residencia en EE.UU. “Seguir el torneo es casi imposible. Vengo de ver Perú-Chile en Arlington, Texas. Estuve en el estadio con Miguel Ruiz, compatriota periodista de Latinmedia, que entre partido y conferencia de prensa salió del recinto a las 11 de la noche. Tomaba un vuelo para Kansas a las 8 de la mañana, pero hay que estar tres horas antes, o sea a las 5. Y un Uber hasta el aeropuerto le pone una hora, así que en lugar de ir al hotel se fue directo al aeropuerto a escribir y dormir un par de horas allí, en un banco. Y encima no había vuelo directo, debía hacer trasbordo en Orlando, lo que implica dos horas más. Así es todo. Es una Copa muy dura, con 14 ciudades, todas muy lejos una de otra y en un territorio gigante”. Y añade: “No hay transporte público desde los estadios y la organización no ha puesto buses para trasladar a fotógrafos y periodistas, como en los Mundiales”.

Es en este tipo de situaciones cuando uno se pregunta: ¿qué porcentaje de su popularidad debe el fútbol al periodismo, que viene difundiendo hasta sus más mínimos detalles desde hace un siglo y medio…? Es un fogoneo incesante de noticias y comentarios sin ningún tipo de rédito, pero es la información que más reclama el público. En 2008 entrevistamos al reconocido comentarista argentino Fernando Niembro. Cierta vez, Niembro comentó que lo más importante del fútbol es el periodismo. Le preguntamos por qué. “A mí de da la sensación de que sin difusión este gran espectáculo no existiría. Hablo del gran show profesional. Por supuesto que el fútbol va a existir siempre. Antes de que naciera el periodismo ya se jugaba, en la China o en Italia. Pero ¿qué sería del Mundial sin televisión, sin radio, sin fotógrafos, sin prensa escrita? Sería como un partido de solteros contra casados, un juego muy divertido del que se enterarían sólo los que participaran, por eso creo que la tarea periodística es más importante que el juego”. Y puso un ejemplo: “Imaginate que se va a jugar un partido donde estén Messi, Cristiano Ronaldo, Zidane, Ronaldinho, Iniesta, todos fenómenos, pero no tuviera ningún tipo de cobertura mediática, cero. ¿Para qué sirve…? ¿Quién se enteraría…?”

En la Eurocopa es otra cosa. Por un lado, la ventajosa ubicación geográfica de Alemania, su extraordinaria conectividad por avión, tren o carretera. Esa facilidad de transporte permite, sobre todo a los aficionados de países vecinos ir y volver en el día. Por eso a los partidos van decenas de miles de holandeses, franceses, polacos, checos, daneses, belgas, inclusos balcánicos. Y también los no tan vecinos, como españoles, portugueses, ingleses o escoceses. En esta Euro hay una región del oeste alemán con cuatro sedes en un radio de aproximadamente 80 kilómetros: Gelsenkirchen, Dortmund, Dusseldorf y Colonia. Y de Gelsenkirchen a Dortmund mucho menos: 34 km. Ideal para todo el mundo: organizadores, selecciones, prensa, hinchas.

Ah… hubo un partido. Pese a que estrenaban técnico (Fossati y Gareca), nada cambió: Perú y Chile jugaron como si fueran el último y el antepenúltimo de la Eliminatoria. Que lo son. El empate dejó satisfechos a los hinchas incaicos. “Es que de antemano pensábamos que nos metían tres, pero terminó siendo parejo”, dice Ricardo Montoya, comentarista de la televisión peruana. 

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Jerarquía de campeón… y Messi

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 21 de junio de 2024 / 22:41

Debemos dar vuelta la media del comentario y empezar por Canadá. Un equipo físicamente muy duro. Y lo hace sentir: raspa. Siete de sus once titulares afrodescendientes, que ya sabemos son atléticamente fantásticos, ágiles, fuertes, rápidos, resistentes.

El Canadá que en Catar compuso un partido sensacional ante Bélgica y el Canadá que hace 13 días empató 0 a 0 con Francia en Burdeos. Ese día, Deschamps alineó completo el once que debutó en la Eurocopa ante Austria. Todos, Kanté, Camavinga, Dembelé, Griezmann, Thuram, salvo Mbappé, que entró en el segundo tiempo por Giroud.

Con un agregado: jugó a fondo Francia, pero no lo peloteó, fue parejo. Ese Canadá evolucionado y que dejó la piel en el estreno de la Copa América fue el rival de Argentina. El Canadá de Alphonso Davies y de Jonathan David, quien marcó 26 goles y dio 7 asistencias esta temporada en el Lille.

El que tiene a todos sus jugadores actuando en Alemania, Inglaterra, España, Italia, Escocia o en la Premier League. Y que posee, además, un técnico de prestigio, Jesse Marsch, quien entrenó en Austria, Alemania e Inglaterra (salvó del descenso al Leeds en la última fecha de 2022).

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Para muchos, por desconocimiento, Canadá es un rival para hacerle cinco. Pero no. Puede que Perú y Chile le ganen al equipo de la hoja, pero les va a costar un poco.

A Argentina le costó, debió trabajar el partido más de la cuenta, sin embargo, impuso su jerarquía de campeón y superó el debut, siempre difícil en todo torneo. Aunque a los 8 minutos Di María quedó sólo con el arquero Crépeau y definió apurado, al cuerpo, dando la primera señal de peligro a favor, se vio sorprendido en el primer tiempo el equipo de Scaloni por la desenvoltura y la potencia física de los americanos del norte.

“Finaliza el primer tiempo en el que Canadá estuvo mucho, mucho más cerca del gol que Argentina”, dijo el relator de la televisión. No fue así. El computo de las situaciones claras de gol, que es la más importante de todas las estadísticas, dice que Argentina tuvo 8 (aparte de los dos goles), frente a 3 de los canadienses, que debutaban en la Copa América y lo hicieron muy bien.

«Tuvimos una gran actuación, creamos ocasiones, aunque también cometimos errores tontos en defensa», dijo Jesse Marsch en conferencia. Y aseguró que, en general, su equipo estuvo mejor incluso de lo que esperaba. Luego, se refirió al partido de Lionel Messi y lo elogió: «Creo que hemos tenido un buen plan de partido (contra el juego de Leo) y hemos ejecutado muchas cosas bien, pero es tan bueno que sigue haciendo esas jugadas. Las dos pelotas que dio en los dos goles son de clase mundial».  

Efectivamente, el genio de Rosario definió el partido en dos pases notables, uno a Mac Allister y otro a Lautaro Martínez. Insólitamente, falló en lo que nunca falla: dos ocasiones clarísimas, que tratándose de él son goles seguros, se le escaparon. Pero luego inventó los dos tantos del triunfo. “Si Messi está feliz, todos estamos felices”, dijo hace muchos años Pep Guardiola. Entendía que, si lo tenía a gusto, el Barcelona disfrutaría. Así fue. Así es con Argentina desde hace tiempo, se lo ve radiante dentro de la selección, con el grupo, con el cuerpo técnico (Scaloni es otro Guardiola en el trato especialísimo con el 10). Desde lo deportivo, lo habíamos advertido en los últimos partidos con el Inter Miami y, sobre todo, en el cotejo preparatorio ante Guatemala: está bien en lo físico, Leo, rápido, aguanta la pelota en los cuerpo a cuerpo y, si puede hacer eso, desnivela desde lo mental. Su inteligencia, su magia, su técnica, pero especialmente la velocidad con que procesa las jugadas es muy superior al resto de los futbolistas, infinitamente más que Bellingham, Vinicius o Mbappé, los tres candidatos al Balón de Oro. Mapea la cancha y decide en el acto. Y siempre con brillantez.

Arrancó bien la Copa. En líneas generales, bello espectáculo, sobre todo por el grado de oposición que presentó Canadá, que se ganó el respeto de todos. Bien plantado, generando riesgo al rival. Lo inentendible es que el DT norteamericano Marsch alineara de entrada a Buchanan, jugador limitadísimo, y dejara en el banco a Shaffelburg, un puntero derecho a la antigua, de raya, con habilidad y desborde a pura gambeta, que complicó seriamente a Argentina cuando entro, tanto que obligó a Scaloni a cambiar toda la defensa: Tagliafico por Acuña (no lo podía parar a Shaffelburg) y Otamendi entró por Paredes para hacer una línea de cinco atrás y cuidar la ventaja, hasta ese momento, de 1 a 0.

No fue la Argentina irresistible de la Copa del Mundo, sí tuvo solidez y supo cambiar en el entretiempo para ganar el partido. Nos dijo una vez Bolillo Gómez: “La diferencia entre Argentina y Brasil y los demás sudamericanos es que lo que ellos hacen mal en el primer tiempo lo corrigen en el segundo, nosotros al partido siguiente”.

Los números son contundentes: 65% a 35 de posesión en favor de Argentina, 8 situaciones de peligro a 3, 7 córners a 4, 9 remates a portería contra 2. Y 2 goles a 0. Mucha diferencia. Igual, algunas lucecitas amarillas en la Albiceleste para prestarles atención: se sostuvo una vez más en Messi, en Dibu Martínez, que salvó un gol en notable tapada, y en Cuti Romero, zaguero extraordinario, de cualquier época. El resto acompañó, no todos bien. Argentina tiene un promedio de edad de 28,5 años. Para esta Copa le da, más adelante debe rejuvenecerse. Lo bueno: de los últimos 40 partidos, Dibu lleva 29 vallas invictas, de lo que se infiere que no es fácil convertirle. Otro positivo: marcaron sus dos delanteros, Julián Álvarez y Lautaro.  

Lo bueno: la imponencia del Mercedes Benz Stadium de Atlanta, Georgia, y la puesta en escena inaugural dieron tinte de Copa Mundial. Lo malo: el campo es de piso sintético, lo cambiaron a césped natural 48 horas antes. Para hacerlo rápido plantaron los panes de pasto sobre el artificial. No pegó bien y los jugadores resbalaban. Una falla gruesa, hace siete meses que se sabía que el juego de apertura era allí.

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Mucha repercusión, escasa recompensa

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 20 de junio de 2024 / 21:43

Organizar la Copa América en Estados Unidos es una idea atractiva como caja de resonancia y por su efecto multiplicador.

La competencia crece en importancia, se expande, pasa a dieciséis competidores, une a las tres Américas y adquiere una dimensión similar a la Eurocopa, que no es poco decir.

Europa es el continente más próspero y engloba a 55 asociaciones, Sudamérica apenas tiene diez y en naciones con sempiternas crisis. Gran mérito de nuestro querido fútbol sudamericano, muy superior a sus países. Sin ir demasiado lejos, es más prestigioso el fútbol argentino que la Argentina.

Aunque en casi todos es igual. De modo que hay un rédito intangible que no se discute. Pero vender las joyas de la abuela amerita un resarcimiento considerable. Llevar la Copa a Estados Unidos suponía obtener grandes réditos económicos para nuestras asociaciones. Para eso la exportábamos, entre otras cosas.

No parece ser así. Fuentes de Conmebol informaron que los premios de la Copa América para las dieciséis selecciones participantes ascienden a 72 millones de dólares en total. Cada equipo recibirá un fijo de 2 millones por participar, o sea por disputar la primera fase. Eso significa que cada asociación cobrará unos 667.000 por partido. Como mínimo, sorprende.

Es una Copa que posiblemente genere ingresos por 2.000 millones de dólares entre taquillas, parqueo, comidas, mercadeo, publicidad y derechos de televisación (este certamen se transmite a 130 países comunicó el presidente de la Conmebol). En Estados Unidos los estadios están rodeados de gigantescos playones para estacionamiento pues todos los aficionados llegan en auto.

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Hay lugar para decenas de miles de carros y eso cuesta entre 40 y 100 dólares, por lo tanto genera recaudaciones casi tan importantes como las taquillas. Para este choque inaugural entre Argentina y Canadá, según adelantó Conmebol, se agotaron las 70.000 entradas entre todos los rubros. De modo que, sin contar hotelería y demás gastos fuera del estadio, posiblemente alcance los 50 millones de dólares. Uno sólo de los 32 encuentros.

Luego, al pasar de cuartos de final en adelante hay una escala de recompensas económicas. El campeón obtendrá 16 millones (aparte de los 2 iniciales), el subcampeón 7, el tercero 5, el cuarto 4 y así en orden decreciente. No obstante, y sólo por poner un ejemplo, parece insólito que Argentina, que presenta a Messi, quien llena todos los escenarios y moviliza cientos de millones, sea retribuida con 667.000 dólares por cada partido de primera fase. Si queda eliminada, eso es todo lo que obtendrá en la Copa. Es cierto que la retribución de este torneo reparte más del doble que el anterior, el de Brasil 2021, cuando la bolsa de cuartos de final en adelante fue de 19,5 M (en esta es 40) y el campeón se llevó 6,5 M. También cabe reconocer que en la gestión de Alejandro Domínguez los premios de las competiciones aumentaron alrededor del 350%. Realmente ponderable. Pero lo de esta Copa no cierra en función de los grandes ingresos. No condice. 

La campaña electoral para la reelección del presidente Joe Biden está muy enfocada en los residentes latinos, que ya suman 65 millones en Estados Unidos. Y su comité de promoción, entre otras vías, ha escogido muy especialmente la Copa América, que es un imán para los latinoamericanos. Decenas de millones de dólares invertirán en publicidad para convencer a los votantes latinos de las benignas políticas de Biden para los inmigrantes de esta parte del mundo.

“Biden planea un esfuerzo de organización y publicidad para latinos durante la Copa América. Un plan de gasto multimillonario durante el torneo internacional de fútbol apunta a conectar con votantes difíciles de alcanzar”, escribió ayer el colega Michael Scherer en el Washington Post. “Los planes incluyen la venta de camisetas de fútbol de la campaña de Biden, así como una batería de anuncios en televisión y digital en inglés y español en Fox, Univision, radio y otros medios digitales que cubren el torneo”, dice Scherer. Esto da una idea de la relevancia de nuestra Copa.

También, el hecho de que 14 ciudades solicitaran ser subsedes del torneo indica la apetencia que provoca la legendaria Copa y el negocio que representa. Además, es un tubo de ensayo para el Mundial 2026.

“No hay clima de competencia, para nada”, comenta Rafael Crisóstomo, fotorreportero peruano residente en Key Biscaine, península de la Florida. “Llegamos a Atlanta en avión esta mañana y la única referencia al torneo era un pasajero venezolano que llevaba puesta la camiseta argentina. Acá es así. Y en las calles tampoco se ve euforia”, completa Rafa.

Pese a ello, la Copa promete ser espectacular, por el fútbol y por la puesta en escena, con estadios espectaculares y rebosantes de público. Este es un torneo para la televisión, y eso es lo que verá el televidente: alegría, confort, grandes jugadores, selecciones mundialistas, Messi… La trastienda no le interesa demasiado. Pero hay una trastienda. Una vez que hizo pie en Estados Unidos, es difícil que la Copa retroceda en ciertos aspectos. Las federaciones sudamericanas no querrán que los premios bajen de esos 72 millones (que muchos piden a cuenta uno o dos años antes). Y nadie aceptaría volver a jugar con diez equipos, esto achicaría los ingresos. No será fácil devolverla a América del Sur. Pasó con la Copa Oro de la Concacaf. Al comienzo se jugó en El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Trinidad Tobago, Haití, México… Cuando llegó a Estados Unidos en 1991, no salió más de allí. Las últimas 17 ediciones se realizaron en la patria de Washington. Algunas, compartidas con Canadá o México, para democratizar un poco.

Eso puede suceder con la Copa América.

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Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 19 de junio de 2024 / 21:27

Adoro la Copa América, sus historias y personajes, las estadísticas, las predicciones, las fotos antiguas. He visto catorce in situ y otras por televisión, ya estoy mentalmente en zona de campeonato, ansioso por ver esta edición que arranca en horas.

La Copa es uno de los orgullos cumbre del fútbol sudamericano en tanto es la competencia continental más antigua del mundo. Y es nuestra. Ya está, llegó. Esta noche levantarán el telón y Argentina y Canadá (debutante) aparecerán ante 71.000 personas en Atlanta, Georgia. Y toda América estará pegada a las pantallas.

Nunca la vieja Copa había adquirido dimensión tan planetaria.

Dieciséis selecciones, el campeón del mundo presente con Messi, Brasil con sus cinco estrellas, Uruguay y su increíble historia, Colombia y su anhelo de ganar un título consagratorio, Estados Unidos queriendo demostrar por qué es el 11° del mundo, México que será local en todos sus encuentros, Chile intentando volver a la huella que marcó la Generación Dorada, Ecuador buscando por fin un podio en esta competencia…

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La disputa en paralelo con la Eurocopa le pone la vara bien alta, sin embargo, pronosticamos una competencia triple A: atractiva, atrapante, apasionante. De grado mundialista. Hay mucha evolución en el juego. Si hace 60 años hubiesen podido jugar un partido Rumania y Ucrania no les habría agradado ni a los que estuvieran jugando. El del lunes pasado resultó un espectáculo hermoso, con técnica, intensidad, velocidad, ambición, sentido ofensivo y goles magníficos. Si, ya sabemos, “los campos ahora son espléndidos, la pelota es de otro material, la preparación, la alimentación…” Lo que quieran, pero los encuentros tienen una vibración y emotividad notables. Y todos han crecido como medio.
«Esta Copa América será la más competitiva de la historia -pronostica Alejandro Domínguez, presidente de Conmebol-. Si alguien me pregunta qué selección es la favorita, no podría decir cuál porque será una Copa sumamente competitiva. Esperen partidos de altísima tensión», se ufanó. Pensamos ídem.

Hay dos elementos que llevan el análisis a esa conclusión: 1) la mejora general del juego (la Eurocopa así lo demuestra); todos han subido el nivel técnico, de intensidad y ya no existe el fútbol ultradefensivo de otras épocas, hoy todos van adelante, con lo que tengan. 2) Una serie de factores concurrentes: a) los dieciséis equipos acuden con lo máximo que tienen porque entienden que da un inmenso prestigio ganarla, como nunca, se la toma con total seriedad; b) los jugadores se anotan para venir desde Europa, no como antaño que muchos esquivaban el convite; c) ningún entrenador mira la Copa como tubo de ensayo para la Eliminatoria, como hace décadas, la Copa reviste un interés propio; d) la incorporación de los equipos de Centroamérica y del Norte le dan un aire a Mundialito; e) que se realice en Estados Unidos le otorga un carácter neutral, no habrá ventaja para un local tipo Argentina, Uruguay, Brasil; esto da posibilidades a otros.

«Es una muy linda competencia. A diferencia de otras Copa América, hay varias selecciones por fuera de Argentina y de Brasil que vienen muy bien, con mucho potencial y dispuestos a pelear el título, como Colombia y Uruguay, así que me parece que va a estar buena», considera Gerardo Martino, quien dirigió a Paraguay y Argentina en ediciones anteriores.

¿Por qué en el país del norte…? Un día, hace ya treinta años, los amistosos de nuestras selecciones comenzaron a jugarse en Estados Unidos. Era negocio, hay mucho latino deseoso de ver a la selección de su país. Los dirigentes (piensan ellos) no deben desgastarse organizando en casa, pagan más en EE.UU. y se regalan un paseo de una semana. Ahora el 95% de los juegos entre selecciones latinoamericanas tienen lugar en suelo norteamericano.

La Copa América también viajó una vez -experimentalmente- en 2016, esta será la segunda. Puede que se haga costumbre, el dinero que se genera en Nueva York, Miami, Houston, Las Vegas, San Francisco, jamás se embolsaría en ningún país sudamericano. No importa si hay clima de copa o si el ciudadano gringo no sabe que se juega semejante torneo en su casa. Es una satisfacción que la vieja competición se dispute en un lugar que es epicentro mundial, y que la misma Concacaf le dé más trascendencia que a su propio torneo (la Copa Oro). Pero en adelante va a ser difícil sacarla de Estados Unidos y devolverla a América del Sur. Hay un abismo económico entre ambos. Y otra realidad: ¿qué naciones sudamericanas están en posición de montar un evento con esta envergadura…?

Argentina comparte un grupo interesante con Chile, Perú y el debutante Canadá. A México y Ecuador les tocó un bloque agradable con Venezuela y Jamaica. Uruguay, el gran cuco de esta Copa, no debería tener problemas con Estados Unidos, Bolivia y Panamá. En tanto, Brasil y Colombia lucharán por el primer lugar ante Paraguay y Costa Rica. Si gana su grupo, Argentina tiene, a priori, una ruta más accesible para llegar a la final que Brasil, Uruguay y Colombia, que deberían cruzarse entre sí.

La Albiceleste de Lionel Scaloni sale al ruedo a defender su corona y coquetea con el favoritismo. Paga 2,75 dólares si retiene el título. Brasil está ahí nomás en las preferencias: 3,25. Uruguay devuelve 6 dólares por cada uno apostado, México 12 y Colombia 13. Los demás, lejos.
Vuelve el Tata Martino: «Argentina jugará con la tranquilidad de lo conseguido. Haber cumplido con el objetivo de ser campeón del mundo libera a los futbolistas y se empieza a ver en su mejor expresión… Y tanto Messi, como toda la Selección, tienen una postura, sea amistoso u oficial, que la verdad es de un equipo que te cuesta pensar cómo van a perder un partido».

¿Y Canadá…? Se estrena con Jesse Marsch en el banco, un técnico que estuvo en Austria, Alemania y en la Premier League, donde salvó al Leeds del descenso en la última fecha de 2022. El equipo de la hoja de arce, pese a perder, tuvo una actuación notable ante Bélgica en el Mundial de Catar. Y hace apenas unos días empató a cero con Francia en Burdeos. Tiene mayormente un biotipo afro, con alto poder físico. Y a Alphonso Davies, una motosierra, un arado. Veremos si le alcanza para jugar ante un equipo virtuosísimo en circular el balón. Si va ganando es muy difícil quitarle la pelota a Argentina. La empieza a circular y el rival se desgasta corriendo sin tocarla. Encima, mantiene muy seguido su arco en cero, su defensa es un muro.
Su otra grandísima virtud se llama Lionel Messi. Todos pensamos que Catar 2022 era su despedida de la selección, pero año y medio después sigue deleitando y jugará su séptima Copa América. Tanto en el Inter Miami como en los partidos preparatorios mostró un nivel fantástico. Cerebralmente está dos o tres escalones arriba de cualquier otro futbolista. Él tiene el mapa de la cancha en la cabeza, nosotros la suerte de ser sus contemporáneos

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